Narración extraordinaria

Por: Alberto Luna

Generalmente resulta un poco más complicado consumir cine diferente, no mejor ni peor,  solamente distinto, porque es el que no aparece en Cinescape (no me están pagando por publicidad) ni llega a nuestra cartelera, ni la piratería se interesa mucho por él porque no hay demasiada gente que pague, al igual que toda industria se basa en la demanda pero siempre hay pequeños bastiones a los que se puede acceder. Pero ese no es el punto, ya me encargaré de hablar de eso en alguna otra introducción, lo que quiero tratar esta vez es sobre una producción realmente arriesgada y realmente brillante también.

En Argentina existe uno de los eventos más importantes del cine independiente mundial, el BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) que se realiza desde 1999 y cada año la concurrencia aumenta, en él se proyectan películas de todas partes del mundo y hay espacio tanto para los consagrados como para los nuevos talentos indies, a pesar de haber sido proyectadas múltiples películas en sus salas de turno en el 2008 (10ma edición) el director argentino Mariano Llinás sorprendió y, literalmente, se robó el show con el estreno de su película Historias extraordinarias, la cual es el tema de este pequeño artículo.

Si se revisan los datos de la película antes de empezar a verla se pensará en ella como un reto, con una duración de más de 4 horas puede intimidar o disgustar por su aparente exageración; después de verla queda totalmente claro que no podía ni debía durar menos. Historias extraordinarias cuenta las aventura de tres personajes, X, Z y H, así es, sin nombres, no resulta algo necesario para el desarrollo de las mismas, se  presenta como un libro (incluso, es probable que se trate de la mejor adaptación literaria al cine si se piensa en el guión como una novela) gracias a los primeros dos de los tres elementos, según yo, principales del film, este primer gran elemento articulador del relato es la voz en off, la que nos detallará todo lo sucedido con respecto a los personajes centrales, es un narrador interesante porque puede mencionar con gran exactitud los pensamientos y sensaciones experimentadas por estos, pero ya no es tan certero cuando se trata de otros acontecimientos, como algo que ocurre lejos de la vista de X por ejemplo, además estos discurso manejados por las voces en off (no es una sola, son tres que se intercalan para contar las diversas historias) poseen un valor estético de gran calibre, no son descripciones simples, son manifestaciones bellas, poéticas incluso. En segundo lugar se encuentra la división por capítulos que recuerdan claramente la lectura de una novela con particular inclinación o similitud por la novela de aventura, en la que el título de cada capítulo insinuaba lo suficiente como para capturar al lector y al mismo tiempo no dejaba ver demasiado como para romper el suspenso. Como tercer elemento de gran importancia yo propongo el magnífico e impecable uso del enfoque, la técnica estética visual alcanza una destreza y un tino que se amalgama perfectamente con las dos característica ya mencionadas, de esta forma Llinás nos guía con los enfoques haciendo que veamos lo que compete a la narración de ese momento y al mismo tiempo sugiere en la parte “borrosa” el complemento de la idea principal. Creo que hasta aquí es suficiente del aspecto formal, es inevitable ahora que pase por alto otros aspectos y además me guarde mi subjetiva y efervescente opinión sobre la película.

Además de lo mencionado cabe resaltar la escases de diálogos, los cuales son rellenados por la voz en off o por otros personajes secundarios, X, Z y H no tienen voz, la banda sonora es insuperable, las pequeñas historia que aparecen como meras anécdotas son igual de entrañables que las principales, la combinación de narración violenta y pausada junto al requerimiento de prestar mucha atención a las secuencias policiales de la historia de X le dan una dinámica atmosférica a éste texto fílmico y hace que resulte prácticamente imposible mantenerse indiferente ante él.

Como último punto no está demás mencionar la lectura esperanzadora que pueden darle los realizadores independientes a esta película, la cual no contó con mucho apoyo, aún así puedo decir, sin miedo a equivocarme, que Llinás logra ejecutar una obra maestra con un presupuesto moderado, una cámara en mano y suficiente talento.

Estoy seguro que todo lo expuesto no muestra más que en un mínimo porcentaje todo lo que engendra Historias extraordinarias en uno al momento de verla, invito efusivamente a que sea revisada, hasta ahora no me he topado con ninguna agenda cultural de ningún lugar de Lima que haya anunciado su proyección pero ya se puede conseguir en versión pirata gracias a la magia del gran emporio comercial Polvos Azules.

Ya para cerrar con esta edición (un poco alucinado con el adjetivo) y a manera medio anecdótica quisiera agregar que la película posee dos intermedios, uno cada hora y media aproximadamente, dividiéndola en tres partes, originalmente, como ya mencioné, fue estrenada en el BAFICI, es decir fue una proyección en una sala de cine, creo que estos intermedios fueron un acto de bondad por parte de Mariano Llinás para la audiencia, ya que de no haber sido fragmentada de esa manera (cada intermedio duró 10 minutos) era muy probable que los asistentes hubieran preferido omitir cualquier salida de la sala antes que perderse un minuto de estas extraordinarias historias.

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El hombre de ningún lado

Por: Fausto Barragán

Debido a la reciente llegada del ex-Beatles a tierras peruanas, el popular “Macca”, me gustaría comentar, paralelamente al delirio y entusiasmo colectivo con el que responde el público peruano a la llegada de este ícono mundial, acerca de una de las historias más oscuras y misteriosas que envolvió a los cuatro de Liverpool durante mucho tiempo, y en especial, a ese que hará volar el estadio monumental hoy, lunes 9 de mayo por la noche. Esa historia sería: la muerte de Paul.

No pretendo demostrar la muerte de nadie, ni “sabotear” en algún sentido la expectativa generada por este tan elevado recital, ya que celebro –y celebraré- los eventos musicales en general, no sólo los de tamaña magnitud. Lo que intento en definitiva, es exponer algunos puntos que evidencien la intención de acrecentar o difundir la tan escurridiza historia por parte de los mismos Beatles. ¿Cual sería el sentido de ello? Es evidente que Sir Paul McCartney no está muerto, pero, por qué participar en una campaña que partió de la misma banda ¿por qué popularizar la historia? Algunos pueden arrojar como respuesta: la fama. Bueno… la verdad que lo dudo pues, cuando comienzan los rumores, ya eran mundialmente famosos, así que no había sentido para recurrir a historias de poca monta por un poco más de popularidad, en vista que ya la tenían toda. Otra de las posibles respuestas -más creíble, claro está-, es la del espíritu jovial y bromista de la banda. Les gustaba tomar el pelo al público y a la prensa particularmente ¿Cuál puede ser la verdadera causa?, no lo sé, y no creo que alguien la sepa, para serles sincero. Pero qué buena manera de jugar y crear -aunque sea de la más mínima forma- la duda en el público, porque con las pruebas –sólo algunas- que a continuación mostraré, estoy seguro que al menos por unos segundos concebirán la remota posibilidad de que algo esconden, no necesariamente la muerte de Paul, pero definitivamente, something.

Año 1966, 5 a.m, una misteriosa llamada alertó a los Beatles, diciendo que su compañero, Paul McCartney, había muerto decapitado en un accidente en la carretera. De inmediato, se produce una reunión entre los restantes miembros para discutir cuál sería el futuro de la banda, llegando a la conclusión de un inminente reemplazo. El pretexto, sustancialmente era la ola de suicidios que arrastraría la muerte de Paul, dentro de su enorme círculo de fans. Como salida a eso, se rumoreó la existencia de cierto concurso que premiaría a la persona más parecida a Paul, del cual extrañamente, nunca se conoció al ganador. El nombre del supuesto impostor sería William Campbell, de nacionalidad escocesa, quien se sometería a una cirugía plástica para aumentar la ya natural similitud. Siendo éste personaje el “nuevo Paul”, desde de 1967 hasta hoy. Ahora, esa básicamente es la historia que circula con respecto a la muerte del ex-Beatles. Pero nada está probado.

Si bien el rumor resulta demasiado jalado de los pelos, las pistas que dejan a lo largo de su trayectoria, no. Gran parte de dichas “pistas” se dan en las portadas de los discos, fotos, videos, y en las letras de las canciones. En el disco Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, sólo en la carátula se pueden apreciar muchas imágenes. 1) El arreglo floral como base; sobre todo las flores amarillas, las cuales, no sólo asemejarían la figura bajo de tres cuerdas (denunciando la pérdida de un miembro), sino también la palabra Paul? 2) La mano que yace sobre la cabeza de Paul, símbolo hindú de reciente fallecimiento; como también está la similar figura de la divinidad Krishna, la cual apunta a Paul desde el suelo. 3) La niña que le da la espalda a la televisión, representando la noticia sobre la muerte de Paul que nunca llegó al público. 4) El muñeco que lleva bajo el brazo un carro de juguete, aparentemente con sangre, el cual es del mismo modelo del que conducía Paul en el momento del accidente. 5) El bombo lleva en la parte central LONELY HEARTS, que al poner un espejo a la mitad de dicho título se puede apreciar: ONE HE DIE. Después tenemos una de las canciones más memorables del mismo álbum, así como la más explícita, pues narra detalladamente la trágica noche: A day in the life.

Otro de los álbumes controversiales es el Abbey road, en la carátula por ejemplo. 1) Todos menos Paul caminan con zapatos. 2) La vestimenta de los cuatro denuncia una ceremonia fúnebre: John de blanco (sacerdote), Ringo de negro (Deudo), Paul con los ojos cerrados y descalzos (muerto), y George de azul (el enterrador). 3) En la matrícula del auto que figura en la imagen se puede ver 29 IF, que sería la edad que Paul tendría de no estar muerto.

Existen infinidad de pistas de esa naturaleza, por ejemplo, los disfraces de “morsa” que utilizan en Magical Mystery Tour, pues ella, presente en las creencias de muchas culturas, en la mayoría de ellas simboliza muerte, y sobre todo, la de Paul: la morsa negra. En el video de I Am the walrus, Paul es el único que está descalzo, y sus zapatos (a su costado) parece que estuvieran manchados con sangre. En el video Free as a bird, se observan dos de las pistas más claras: primero se ve una imagen que simula una cabeza cercenada en la luna trasera de la patrulla policial, donde extrañamente, el parecido más grande es con Paul; y también la perra de Paul, Martha, corriendo en un cementerio, al costado de un epitafio que lleva el nombre Eleonor Rigby, canción compuesta por Paul.

Esta fue una pequeña muestra de que los Beatles, sino no buscaban tapar una muerte, sí buscaban decir algo: jugar, engañar, esconder, o despistar al público. Dejo para los incrédulos que busquen en internet; muchos medios exponen esas claras pruebas de la intención no precisa aún, que los llevó a erigir tamaña leyenda. Claro que, existe otra historia que sería -en lo personal- mucho más verosímil, una muerte también, pero no la de Paul, sino la de su eterno compañero: John. Pero eso será motivo de otra publicación.

Hi, How are you?

  Recuerdo

Por: Fausto Barragán

el verano del 2009, específicamente, una noche de verano de 2009, ]cuando sentado en mi sofá -11 p.m aproximadamente-, veía en la televisión cierto comercial, el cual anunciaba que en breve daría inicio un documental. La verdad, sólo me interesó porque sabía que el protagonista era un músico, no quién específicamente, pero uno al fin y al cabo. The Devil and Daniel Johnston figuraba como título, quedé impacto, knock out para ser sincero. Muchas ideas pasaron por mi cabeza, pero como siempre, la mayoría de ellas descansaba sobre la esperanza de ver oscuros pasajes biográficos –ligados obviamente a Satán- influyentes en la producción musical del –hasta ese momento- desconocido protagonista, del cual sin pensarlo, quedaría enganchado hasta la actualidad.

Dentro de todos los rumbos que podía tomar el documental, con un rótulo tan elocuente, y atiborrado de imágenes y ambientes abrumadores, me sorprendía cada vez más la original introspección en la que era sumido como espectador; el intenso viaje a su dispersa y tenebrosa mente. Pero, dejando de lado la extrañeza causada por las vicisitudes y ocurrencias de su vida personal, el pasmo por su música, tan desgarradora como visceral, definitivamente sobrepasaba cualquier tipo de sensación. Era el espectro, la energía que irradiaban sus canciones, todas ellas, oscilantes entre la genialidad y lo absurdo, donde muchas veces al escucharlas se las toma sin atención, o se las considera por último malos chistes. Es simplemente por el hecho de que Daniel Johnston cumple con una llana y básica función: tomar una guitarra y escupir lo que lleva dentro. Sólo así es capaz de dibujar con sus torpes manos una atmósfera turbia, pesada, lerda y simple, para rápidamente cabalgar sobre las mismas, violenta e intempestivamente. En resumidas cuentas, la música de D. Johnston la defino como “intensa”.

Al igual que la melodía, oscura e intimidante, las letras rezuman una particular belleza, ingenuidad, y obsesiva proyección de una vida inocentemente trágica. La densidad en este caso se compone por un lenguaje simple, pero atrevido, tomando del aire los elementos necesarios para armar el rompecabezas de su música, y por qué no, el de su vida misma; esa que podríamos llamar “Laurie”, “Dios”, “los superhéroes de Jack Kirby”, y hasta “Gasparín”, todos, retazos de una vida construida sobre la ignorancia de vivir. Es que al escuchar su espontánea música, no sólo estamos ante un auténtico outsider, sino ante un (siempre cambiante) artista particular. Desde bombardeos fotográficos a lo Subterranean homesick blues, hasta simples y elocuentes frases trilladas, al más puro estilo Beatles, dan un sello personal a la discontinua y heterogénea trayectoria del pequeño Danny.

Parte del interés que despierta en el ambiente musical descansa en la enorme inseguridad que implica un contrato serio, por lo tanto, discos, giras, etc., -todo tipo de interés mercantil- transformando su música literalmente en una experiencia única e irrepetible. Daniel Johnston no es un rockstar -ni pretende serlo-, es un hecho, así como también lo es, la indiscutible magia que envuelve muchas de sus canciones. Es una de esas –curiosas e interesantes- estrellas fugaces, que lamentable o afortunadamente, no gozó en su tiempo de popularidad. Pero ese no parece haber sido un obstáculo, por el contrario, ayudó a impulsar y difundir su leyenda a un ecléctico público impaciente por sumergirse en sus desconcertantes sesiones acústicas. Ahora, cómo se da a conocer en el ambiente musical, bueno, no fue precisamente por su música, sino gracias a un auténtico rockstar. Kurt Cobain, principal representante de la generación X, y batuta del movimiento musical desarrollado en los 90´s conocido como Grunge, usó la portada del álbum Hi, how are you en su camiseta, en uno de sus recitales, llamando instantáneamente la atención de la prensa, y convirtiéndola así, en una de las clásicas imágenes referentes al desconocido y enigmático autor.

Mentiría si dijera que soy devoto de su actual producción, pues la verdad si no la ignoro, no me parece tan intensa, y sobretodo, tan natural como la de sus primeras apariciones. Sería interesante y definitivamente una experiencia, revisar la figura de un genio como él, quien opacado por una crónica alteración mental, sigue en pie, si no es sobre un escenario, lo es con sus clásicos y simpáticos dibujos, en los muros de algunas galerías –cada vez en aumento.

Daniel Johnston es uno de esos personajes que siempre sobrevolará mi mente, recordándome con su música, que existe un refugio, un lugar capaz de entrañar dudas, ilusiones, anhelos, y pueriles deseos, tan seguros y verdaderos, como la intensidad y honestidad con la que fueron compuestas las que serán sus memorables creaciones, y en lo personal, por las que espero sea recordado.

Los diablos de Castaneda

Por: Fausto Barragán

Salido de retorcidos momentos de elucubración, o fruto de exhaustivos trabajos de campo, el estudiante de antropología de la UCLA, que respondió al nombre de Carlos César Salvador Aranha Castaneda -del cual sorprende la abrumadora imprecisión biográfica -, afirmaba en el libro Las enseñanzas de don Juan (1968) la existencia de personajes malignos (diableros), como también el intrincado proceso pedagógico de traslado de conocimiento necesario, para la iniciación en el mundo de la hechicería y el chamanismo. Pero definitivamente se lleva todo protagonismo, la pormenorizada explicación acerca del uso de plantas ancestrales, capaces de dotar al hombre “en preparación”, de una privilegiada herramienta de percepción, al igual que los niveles o grados de consciencia atravesados a lo largo del libro.

Cuenta Castaneda que a inicios de 1960, hizo algunos viajes en su afán de buscar información sobre plantas medicinales usadas por los indios de la zona. Es en esos viajes que conoce a Juan Matus, viejo indio Yaqui, el cual, perfilaba como un eminente conocedor. Tuvieron que pasar innumerables horas, tediosas sesiones de pregunta y respuesta para entablar “realmente” comunicación. Pero no iba a ser tan simple, pues, encontrarle sentido a las imágenes inconexas proferidas con normalidad por el viejo chamán, demandaría cierto precio, un sacrificio en particular, que una libreta de apuntes y un vano espíritu entusiasta, no serían suficientes. Tenía que dejar atrás todo rastro lógico, sistemático y consecuente, para abrirse a una nueva forma de aprensión. Por eso, al no ver otro camino que la ingesta de dichas plantas -peyote por lo general-, enfrenta de manera cruda y directa, años de tradición, de ignorancia, de miedo. Siente en carne propia la inutilidad de libros y cualquier tipo de acervo “académico” acerca de ellos; esa atractiva periferia, que tan erradamente creía conocer.

Vemos entonces que Castaneda asume una postura alternativa, intermediaria entre ambas culturas, a manera de puente, facilitando la representación de un nuevo orbe sufridamente experimentado por él. La reelaboración de imágenes y escenas escalofriantes, contadas como única experiencia sobrenatural, arrastra también otros rasgos interesantes: la evolución del narrador en el texto. Dicha relación está marcada por el grado de sumergimiento en la cultura del otro, para lo cual, el primer momento de Castaneda, sería el de aprendiz, de alumno entusiasta e incisivo, pero evidentemente, provisto de métodos inadecuados e infructíferos; a diferencia de éste, el segundo momento se define por la supresión de todos las mecanismos aprendidos, atados fuertemente a un sistema consecuente, lógico y racional, el cual, permita la liberación del sujeto, hasta alcanzar cierto nivel de “consciencia” o por qué no, de inconsciencia. Ya que se ve obligado a recepcionar el conocimiento de una forma plural, heterogénea, simultánea, más no, cartesiana y unívoca, en pocas palabras: lúcido.

Para finalizar interesante y enigmáticamente, cabe resaltar que su tesis –pues recordemos que Las enseñanzas de don Juan fue su tesis doctoral- por más que haya sido aprobada por unanimidad, y una vez publicada, éxito de ventas –dicho sea de paso-, no ha sido corroborada, es decir, todo el universo narrativo y demás elementos integrantes que sustenten su verosimilitud, carecen de paralelismo con la realidad. Sí, aunque parezca ilógico, no existen pruebas contundentes que acrediten la existencia real, por ejemplo, de Juan Matus, personaje relevante en el texto. Pero, a pesar de todo, el libro muestra atinados y comprobados resultados dentro de los efectos propios del consumo de plantas alucinógenas, la representación de los espacios, niveles de consciencia, y el acercamiento al vasto mosaico cultural de los pueblos Yaqui de Arizona; es donde estriba la riqueza del texto, en su carácter dúctil y ambiguo, en el tránsito de su naturaleza por los terrenos tanto de la antropología, como de la literatura. Si bien no presenta referentes en la realidad, el acierto en muchos de los caracteres, y el influjo en la cultura occidental de fines de los 60´s, es un hecho innegable.