Los diablos de Castaneda

Por: Fausto Barragán

Salido de retorcidos momentos de elucubración, o fruto de exhaustivos trabajos de campo, el estudiante de antropología de la UCLA, que respondió al nombre de Carlos César Salvador Aranha Castaneda -del cual sorprende la abrumadora imprecisión biográfica -, afirmaba en el libro Las enseñanzas de don Juan (1968) la existencia de personajes malignos (diableros), como también el intrincado proceso pedagógico de traslado de conocimiento necesario, para la iniciación en el mundo de la hechicería y el chamanismo. Pero definitivamente se lleva todo protagonismo, la pormenorizada explicación acerca del uso de plantas ancestrales, capaces de dotar al hombre “en preparación”, de una privilegiada herramienta de percepción, al igual que los niveles o grados de consciencia atravesados a lo largo del libro.

Cuenta Castaneda que a inicios de 1960, hizo algunos viajes en su afán de buscar información sobre plantas medicinales usadas por los indios de la zona. Es en esos viajes que conoce a Juan Matus, viejo indio Yaqui, el cual, perfilaba como un eminente conocedor. Tuvieron que pasar innumerables horas, tediosas sesiones de pregunta y respuesta para entablar “realmente” comunicación. Pero no iba a ser tan simple, pues, encontrarle sentido a las imágenes inconexas proferidas con normalidad por el viejo chamán, demandaría cierto precio, un sacrificio en particular, que una libreta de apuntes y un vano espíritu entusiasta, no serían suficientes. Tenía que dejar atrás todo rastro lógico, sistemático y consecuente, para abrirse a una nueva forma de aprensión. Por eso, al no ver otro camino que la ingesta de dichas plantas -peyote por lo general-, enfrenta de manera cruda y directa, años de tradición, de ignorancia, de miedo. Siente en carne propia la inutilidad de libros y cualquier tipo de acervo “académico” acerca de ellos; esa atractiva periferia, que tan erradamente creía conocer.

Vemos entonces que Castaneda asume una postura alternativa, intermediaria entre ambas culturas, a manera de puente, facilitando la representación de un nuevo orbe sufridamente experimentado por él. La reelaboración de imágenes y escenas escalofriantes, contadas como única experiencia sobrenatural, arrastra también otros rasgos interesantes: la evolución del narrador en el texto. Dicha relación está marcada por el grado de sumergimiento en la cultura del otro, para lo cual, el primer momento de Castaneda, sería el de aprendiz, de alumno entusiasta e incisivo, pero evidentemente, provisto de métodos inadecuados e infructíferos; a diferencia de éste, el segundo momento se define por la supresión de todos las mecanismos aprendidos, atados fuertemente a un sistema consecuente, lógico y racional, el cual, permita la liberación del sujeto, hasta alcanzar cierto nivel de “consciencia” o por qué no, de inconsciencia. Ya que se ve obligado a recepcionar el conocimiento de una forma plural, heterogénea, simultánea, más no, cartesiana y unívoca, en pocas palabras: lúcido.

Para finalizar interesante y enigmáticamente, cabe resaltar que su tesis –pues recordemos que Las enseñanzas de don Juan fue su tesis doctoral- por más que haya sido aprobada por unanimidad, y una vez publicada, éxito de ventas –dicho sea de paso-, no ha sido corroborada, es decir, todo el universo narrativo y demás elementos integrantes que sustenten su verosimilitud, carecen de paralelismo con la realidad. Sí, aunque parezca ilógico, no existen pruebas contundentes que acrediten la existencia real, por ejemplo, de Juan Matus, personaje relevante en el texto. Pero, a pesar de todo, el libro muestra atinados y comprobados resultados dentro de los efectos propios del consumo de plantas alucinógenas, la representación de los espacios, niveles de consciencia, y el acercamiento al vasto mosaico cultural de los pueblos Yaqui de Arizona; es donde estriba la riqueza del texto, en su carácter dúctil y ambiguo, en el tránsito de su naturaleza por los terrenos tanto de la antropología, como de la literatura. Si bien no presenta referentes en la realidad, el acierto en muchos de los caracteres, y el influjo en la cultura occidental de fines de los 60´s, es un hecho innegable.

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