Estatuillas de bajo presupuesto

 Por: Alberto Luna

Muchas de las cosas que captan mi atención o que resultan de mi agrado están desligadas de la publicidad. Debe ser por esa parte de mí que siempre estuvo fuertemente ligada a lo underground, es por eso que siempre debo estar muy atento a los pequeños volantes o afiches, más que a los grande paneles o largos comerciales que nos asedian diariamente, o, en su defecto, simplemente relajarme y apelar a que la buena suerte me lleve hacia alguna muestra interesante en la que no hay más de dos o tres personas, como ya me ha pasado antes. Sin embargo no quiero parece uno de esos tipos que afirman que lo verdaderamente bueno es aquello que nadie conoce, consumo de todo (y esto no es una apología a la droga, si revisan el contexto lo notarán), lo que apunta a lo general y también lo que va a lo especializado, de-autor y de-género, independiente y comercial.

El tema central del artículo lo revelaré un poco más adelante, pero va por el lado del cine, sobre el cual me gustaría hacer una pequeña crítica. Es cierto que he gozado con las proyecciones más aberrantes del cine llamado indie como Antichrist o Gummo, pero también me he divertido varias horas con otras cintas que muestran a Bruce Willis volando cuarenta metros por el aire, a lo bichos azules de James Cameron (los cuales no es posible definir si se encuentran en Pandora o en la sala de cine gracias a la tecnología 3-D) o a Julia Roberts corriendo detrás de algún chico lindo de Hollywood; así es, disfruto tanto con aquellas que muestran miseria y horror, como con esas otras que nos hacen creer que el mundo puede ser un lugar mejor, que los héroes existen o, en última instancia, esas que “traen un ‘buen’ mensaje” -soy de la idea de que cualquier persona que respete la obra de los demás procurará no buscar mensajes concretos dentro de la narración, texto, conjunto de signos o como se le prefiera llamar a las producciones artísticas en general, no todo tiene que ser un llamado a la consciencia por la crisis ambiental o la guerra en medio oriente-, pero debo aclarar que sí me encuentro un poco desilusionado en el aspecto de que el cine de masas, o el cine para masas limeñas si se quiere ser más especifico, se ha encargado de lavar el cerebro de varias generaciones ya, al punto de que la máxima de los habituales consumidores y los que no lo son tanto (al menos los de mi generación) parece ser: “si explota es bueno”, es extraño, pero cierto, he notado en más de una ocasión, que el valor de una película se juzga en base a la cantidad y calidad de efectos especiales en primer lugar, luego la capacidad de asustar en el género terror y la micro catarsis característica de la comedia romántica, todo esto en base a mi experiencia y el común denominador de mi muestra (la gente que he conocido en estos años). Por último y para acabar con esta extensa y medio inconexa introducción, debo aclarar de que al momento de tomar mi ejemplo coloco como género principal las películas de acción porque son las que, de ser “buenas” (bajo los parámetros ya mencionado), causan mayor emoción -y likes en facebook también-.

Ahora sí, lo que es de mi incumbencia y hablando de cine, a fines de febrero se celebró (seguro que ya están pensando en la entrega de los Oscar ¿verdad?) la vigésimo sexta entrega de los Film Independent Spirit Awards, es decir, el reconocimiento a las películas independientes o, como se me ocurrió (, muy astutamente,) llamarlo, la noche del anti-glamour del cine. El evento fue transmitido para Latinoamérica por el canal que se ha ganado mi corazón: I. Sat (Imagen Satelital es lo que significa creo), esta señal Argentina se caracteriza por su variada y también especializada selección de películas o, como comentaría con mis amigos, tiene un montón de películas caletas y buenas, además de series y algunos programas musicales. Volviendo a la celebración, esta resulta particularmente atractiva porque guarda la misma relación con los Oscar que las películas independientes con su contraparte hollywoodense. Suele llevarse a cabo un día antes que la de la academia pero muy por el contrario no se ocupa un gran teatro, ni los artista visten sus mejores atuendos, sino se coloca una carpa en un playa de California y las “estrellas” de la noche llegan vistiendo poco más que su ropa de diario; también se cuenta con un anfitrión el cual no se encuentra censurado al momento de expresarse y puede usar expresiones un poco más cargadas y fuertes que el humor un tanto más light que se aprecia en la noche de la academia; otra característica harto importante está en el tiempo del que dispone cada ganador para dar su discurso de agradecimiento ya que éste no cuenta con un límite y -en teoría- podría demorarse medio hora agradeciendo, creo que el fin de esta particularidad es hacer honor al título del premio.

Finalmente quisiera mencionar lo que creo es el detalle más importante e interesante de todos, estos premios hechos para los “olvidados” (lo coloco entre comillas porque la película multipremiada de la última edición fue El cisne negro, por ejemplo) me parece, desde un punto de vista más mágico o cósmico tal vez, que cumplen una especie de función equilibrante a nivel universal en el séptimo arte, se hace justicia ya que se premia a eso que nos aterra, no lo que muestra un lugar mejor, sino lo que enfoca desde un ángulo más cercano a las personas de a pie (un ángulo cámara al hombro probablemente), Hollywood nos muestra nuestro deseo, nos hace desplazarnos al héroe de la pantalla, las películas independientes, por otro lado, nos muestran eso que no queremos ser pero sabemos que en cierta parte somos, como se definió en I. Sat a los participantes del evento del espíritu libre: los perdedores, que es lo que habitualmente somos, frustrados, miserables, deseosos de cosas aparentemente inalcanzables, etc. y creo que es precisamente esta la razón por la que  me emociono mucho más con estos premios que cuando alguien se gana un pequeño hombre desnudo de oro macizo, porque hasta cierto punto alguien más parecido a mi es quien está obteniendo reconocimiento, alguien que vive en un lugar no pequeño pero tampoco grande, alguien que no puede comprar un par de hectáreas en la Luna o casarse con una súper modelo o actriz reconocida cada tres o cuatro años; siguiendo esa lógica y tratando de ver el lado de la utilidad esta entrega de premios a los pequeños realizadores (y los que no son tan pequeños pero tienen ganas de hacer algo fuera de los parámetros comerciales) resulta más entretenida y conmovedora que la Gran ceremonia ya mencionada para la que he debido usar diversas figuras y así no caer en redundancias.

Como último detalle quisiera comentar que, realmente, en cierto aspecto sí tengo un poquito de sujeto elitista que le gusta presumir moderadamente sobre las cosas que consume cuando sabe que no todos están enterados de ellas, siempre es divertido tener algún dato extra de algo y son muy útiles para evitar cualquier silencio incómodo en una conversación, en resumen, siempre será un plus decir “Yo vi la última entrega de los Independent Spirit Awards”.

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