ADIÓS, INDIO GASPARINO

Por: Fausto Barragán.

Nunca es tarde para despedir a un maestro. Aunque hayan pasado algunos días, decidimos rendirle un sentido homenaje al que en vida fue Rodolfo Enrique Facundo Cabral, fallecido repentinamente en un absurdo pero trágico accidente el 9 de julio en la madrugada, al ser interceptado por unos sicarios, en el interior del auto en el que viajaba, en Guatemala.

Aquí, una de las citas que considero más elocuente, arrancada de la bella canción Vuela bajo, compuesta en los primeros días el desaparecido Facundo Cabral:

“No crezca mi niño,
                                   No crezca jamás,
                              Los grandes al mundo,
                                 Le hacen mucho mal.”
                                              

 Este cantautor argentino, tuvo un pasado tumultuoso y montaraz, pero a la vez, rico en experiencias, las cuales le permitirían volver a nacer luego de conocer y sufrir a las personas y situaciones indicadas. Compartió escenario con figuras como Alberto Cortez, Pedro Vargas, Julio Iglesias, entre otros. Y deja una huella indeleble en la música latinoamericana; un espacio que será difícil de llenar.

9 Songs: Sexo, ¿drogas y rock alternativo?

Por: Alberto Luna

Anteriormente he dado alguna idea bastante apresurada sobre el cine independiente, un concepto muy mío, en el que me refiero a las producciones de esta “industria” como material aberrante que nos replantea internamente y demás, sin embargo no siempre es así, si bien el cine indie destaca por su constante invitación a mirar desde puntos de vista totalmente diferentes a los parámetros clásicos y acartonados del cine de género (con el cual no tengo ningún ensañamiento particular, casi totalitariamente está hecho para entretener y cumple muy bien con su función), no todas sus películas serán de carácter bizarro, ni mucho menos perturbador; esta labor (la de tomar nuevas perspectivas) acompañada por aquella otra de tocar la sensibilidad del espectador puede llevarse a cabo sin recurrir necesariamente a la provocación de harcadas en el público, también puede tocarse en lo más profundo con historias motivadoras o románticas sin caer en lo cursi como se ha hecho magistralmente con Once hace un par de años aproximadamente. Pues, hoy abordaré una película que me conmovió profundamente por su sinceridad y poesía (si se me permite la palabra) técnica y visual.

La película a la que me refiero se llama “9 Songs” y es del año 2004, dirigida por el realizador británico Michael Winterbottom el cual no sólo destaca por sus películas sino también por sus documentales. Cuenta una anécdota que Winterbottom había terminado de leer la novela “Plateforme” de Michel Houellebecq, una obra con una gran cantidad de contenido sexual y pensó “un gran libro, lleno de sexo y volví a preguntarme cómo los libros pueden hacer esto y el cine, que está mucho más preparado para ello, no”, así surgió la idea de hacer algo en respuesta a ese tabú tan marcado, en algún momento nos habremos topado con alguna escena en la que los personajes en pantalla se muestran bastante apasionados van subiendo por una escalera mientras se besan y desprenden de sus ropas, luego se tira en una cama o en el suelo y a la escena siguiente se les ve recostados conversando con rostro de satisfacción o vistiéndose apurados por la mañana; a través de los años ha existido ese terror a la sexualidad y el acto de retratarla no escapa de eso, por eso siempre es mejor dejarla en puntos suspensivos, además, también pienso que es algo que debe tratarse con mucho cuidado, como cuando se escribe sobre una relación sexual, un lenguaje inadecuado lo convertirá en algo grotesco por un lado o demasiado divino por otro, pienso que en este tema se requiera las dosis exactas de vulgaridad y endiosamiento, esto si se quiere elaborar algo real, lo demás se puede dejar en manos de la pornografía.

Los protagonistas, Matt y Lisa, se conocen en un concierto y comienzan una relación, él es un joven inglés y ella un estudiante norteamericana, lo datos particulares sobre ellos como individuos son escaso, no se sabe más salvo por algunas referencias, todo sucede en su privacidad, esa especie de espacio íntimo inmaterial que aparece en toda relación de este tipo. El título resulta de lo más simple, el tiempo en el que se narra la historia parece estar medido por los nueve conciertos que se intercalan con los episodios de intimidad que es el verdadero punto fuerte de la historia pero no pretendo

menospreciar la banda sonora, las nueve canciones escogidas son excelentes, pero con el resto de imágenes uno podría pasarlas por alto. Sin embargo, se amalgaman bastante bien con el ambiente que mencioné en el título de este post, el director parece actualizar esa máxima todavía vigente, aunque de manera tácita de “sexo, drogas y rock n’ roll”, ésta frase exaltaba el exceso y desenfreno de una época, en 9 songs todo es más mesurado, consumo ocasional de cocaína, concierto de rock alternativo donde la gente va a relajarse por la noche sin ánimos de perder el conocimiento y sexo de pareja, sensual y estimulante.

Cuando menciono la sinceridad técnica y visual (luego hablaré de lo poético) lo hago porque la película fue rodada sin guión, todo fue improvisación de los actores en cuanto a lo técnico y visual porque la cámara no se esconde de lo que sucede en la cama (cocina, baño, etc.). Sobre lo poético es muy difícil hablar, para ello es necesario haber visto las escenas, como aquella en la que Matt le da sexo oral a Lisa mientras se cuelan por las persianas entreabiertas algunos rayos de sol, el lugar es cálido y las sensaciones se transmiten más allá de la pantalla y más allá de la vista, es imposible no sentirse conmovido, y no sólo emocionalmente, lo cual me lleva al verdadero punto fuerte del film y es precisamente la manera en la que el director logra explotar más allá de los límites un medio audio-visual generando otro tipo de sensaciones utilizando el oído y la vista. Como dije antes, estimulante, es exactamente lo que hace, artístico y excitante, incluso se me ocurriría definir 9 Songs como pornografía para parejas, la cual debo aclarar, es extremadamente diferente a la que está pensada para la autosatisfacción.

Como siempre, invito a consumir este tipo de producciones. Por otro lado quiero decir que mi interpretación sobre el desarrollo de la historia lo he suprimido porque luego de releerlo me pareció totalmente innecesario, los aparentes simbolismos se los dejo a cada uno, creo que analizar esta pela como un texto es un tanto ofensivo al menos para la línea que he seguido con mis anteriores publicaciones y el blog en general.

Aquí, para los curiosos la lista de canciones que se pueden escuchar en los conciertos, si no he convencido con los puntos anteriores esto podría cambiar las cosas: -Black Rebel Motorcycle Club, “Whatever happened to my rock and roll” -The Von Bondies, “C’mon, c’mon” -Elbow, “Fallen angel” -Primal Scream, “Movin’ on up” -The Dandy Warhols, “You Were the Last High” -Super Furry Animals, “Slow life” -Franz Ferdinand, “Jacqueline” -Michael Nyman, “Nadia” Black Rebel Motorcycle Club, “Love Burns” .

L’enfant terrible del cine mundial

Por: Alberto Luna

Lars von Trier es, sin pensármelo dos veces, uno de mis diosecillos en cuanto a cine se trata. Es un director danés, altamente experimental e independiente dentro de lo independiente, podría decirse que él es un género aparte (todo esto dicho desde mi “no extenso” pero tampoco “breve” bagaje cinematográfico). Antes de continuar debo aclarar que esta vez no trataré sobre su obra última: Antichrist; la cual siento que aún no he terminado de ver, a pesar de haberla visto tres veces. Si bien me ocuparé de sus trabajos en general dándole una visión más incluyente y algo tangencial he decidido dejar esa película para otro post futuro, cuando haya terminado de digerirla.

Mi primer acercamiento a “Lars” (creo que tengo la confianza suficiente como para tutearlo) fue de lo más azaroso, un día un par de años atrás, intentado consumir más cine no convencional pasé por una página en la que había una lista titulada, “Las 10 películas más extrañas de todos los tiempos”, el título me pareció exagerado -pero ese es otro tema. Recuerdo que antes de pasarme por esa página había visto en algún centro cultural la película Gummo, de Harmony Korine, dejándome bastante perturbado y fascinado a la vez. A raíz de eso comenzó mi búsqueda en internet hasta que llegué a este top 10 ya mencionado, donde uno de los títulos en particular llamó mi atención, Los idiotas, de un tal Lars von Trier. Hay que reconocerlo, su nombre es imponente, cualquiera que tenga un “von” delante de su apellido tiene que saber lo que está haciendo (luego descubriría que él lo colocó, su nombre original es Lars Trier), así que rápidamente corrí hacia el pequeño bastión subterráneo de la piratería y conseguí esa película.

Pocas veces recuerdo haberme sentido como luego de verla, para alguien como yo, bastante acostumbrado a las convencionalidades sensacionalistas del cine hollywoodense no podía suceder de otra forma. Si bien ese primer acercamiento al cine “monstruoso” que tuve con Gummo me sirvió de soporte para no sentirme tan incómodo con Los idiotas no fue suficiente, para empezar nunca había visto encuadres tan inestables como los que provoca la cámara en mano de Lars; su manera de desplazarse por el entorno es demasiado envolvente, sin embargo, y sin ánimos de pecar de morboso, el verdadero impacto llegó con la escena de sexo no simulado (así es, ¡No simulado!, al igual que el de las películas pornográficas), simplemente no podía creer que exista un tipo de cine que muestre primeros planos de una penetración -por ejemplo-, y al mismo tiempo pueda contar una buena historia.

Definitivamente Lars se encontraba fuera de cualquier perspectiva, al menos desde mi perspectiva. Sencillamente me encapriché con sus producciones, la segunda película que vi de él fue Dogville, otra narración sencillamente salvaje y con el plus del ambiente teatral, ya que en este film el escenario cuenta con escasos elementos y a manera de un plano las estructuras se encuentras trazadas en el piso con algo que podría ser tiza, con sus respectivos rótulos escritos en el suelo, como “Calle Elm” o “Casa de Tom Edison”, una propuesta extravagante como pueden imaginar.

De esta manera podría continuar enumerando las excentricidades de este director pero me tomaría demasiado tiempo hacerlo, prefiero pasar a la impresión que tengo de él, estoy seguro y con cuerdo con mucha gente que sin importar la apreciación de cada persona sobre las películas de von Trier nadie puede mostrarse indiferente ante ellas, o bien las aman o bien las detestan, pero no es un tipo de producción que provoque impasibilidad o aburrimiento, de alguna forma logra causar sensación, pero no de la manera visual precisamente, es algo más interior, sublime por decirlo más directamente y con el perdón de los más leídos. Estas historias te cambian y tocan en lo más profundo, sacan a la luz aquello que normalmente y por el bien de la sociedad tendemos a mantener oculto. Lars von Trier muestra sin temor condiciones humanas en estado puro y brutal, esa es su gran y verdadera herramienta como narrador, la capacidad de estrellar en la cara sin reparo alguno lo más atroz que se pueda ocultar en la gente y no gente de portada, ni íconos de masas, sino personas cualquiera. Todos sus relatos engendran incomodidad en los espectadores y despiertan pasiones muy al estilo de la catarsis y algunos, como es el ejemplo de Dogville, provocan un goce malsano y escalofriante con la sucesión de acontecimientos y posterior desenlace.

Hubiese querido poder comentar ampliamente sobre cada una de sus películas pero el espacio no es del todo apropiado, estoy seguro que más adelante podré comentar particularmente alguna otra de sus producciones como ya prometí hacerlo con Antichrist (la cual, como le resumí torpemente a una amiga: “Te va a doler en tu femineidad”).

Por lo mencionado queda claro el por qué de su apodo de l’enfant terrible del cine danés, y yo agrego: del cine mundial. Dejo un par de enlaces para aquellos interesados en el tema, ninguno demasiado sorprendente (wikipedia), pero para que tenga algo de referencia sobre sus otras películas, dentro de las que he visto particular importancia para Breaking the waves, Dancer in the dark (con Björk) y Manderlay (continuación de Dogville), pero todas las que he revisado me han parecido geniales y no creo equivocarme (aparándome en el valor de la opinión, convenientemente).