take acid now…

Por: Fausto Barragán

La atracción que tengo por la música sesentera gringa, específicamente por la psicodélica y experimental, creo que no es ningún secreto. Cuando pienso en ella, no sólo me llegan a la mente bandas como Jefferson airplane, Velvet ungerground, Hendrix, etc., sino que también, lo hace una agradable sensación de libertad y dejadez, llegándome a veces a perturbar. Y es que dentro de toda esta gama de experimentación musical que nos heredó la fusión del rock con la influencia oriental -donde radica sustancialmente su carácter rico y abundante-, surgen de manera anacrónica unos jóvenes que maman directamente del seno de estos gigantes, para crear un tipo de música fuera de todo, hasta de sí mismos.

Quizá sean considerados exponentes tardíos de este género, o posiblemente fanáticos que esgrimaron la tendencia musical de su tiempo. Liderados por un excéntrico y curioso personaje que responde al nombre de Antón Newcombe, “Brianjonestown masacre” irrumpe en la escena musical a inicio de los 90, ajeno a toda tendencia “alternativa” que plagaba las radios locales y extranjeras de su momento. Como atrapados en el tiempo, despiertan con una sola consigna, resucitar el espectro psicodélico de fines de los 60´s, claro que con algunas variaciones, y tales, se pueden percibir en la novedad de instrumentos, formas de grabación, mezclas, etc. Es que los masacre, le deben mucho al talento multiinstrumentista (80 instrumentos aproximadamente) de su fundador, además de la sintonización con el espíritu de esa época, y su frialdad, en lo que a la composición e interpretación se refiere.

Una buena pregunta sería ¿quiénes son? Bueno, este grupo fue fundado por el mencionado Newcombe, Matt Hollywood, Ricky Rene Maymi, Patrick Straczek y Travis Threlkel, en San Francisco, California; pero en la actualidad, es conformado por Anton Newcombe, Matt Hollywood, Frankie “Teardrop” Emerson, Ricky Maymi, Collin Hegna, Dan Allaire, Rob Campanella, Will Carruthers y Joel Gion. Coincidentemente provienen del San Francisco, cuna de la vanguardia artística y musical, liderada en su momento por otro excéntrico personaje, Andy Warhol, descubridor de los míticos “terciopelos subterráneos”. Si podríamos considerarlo, ésta sería otra de las bandas íconos que influenciaron a los masacre, pero no la más importante.

Sí, nuevamente mis amigos los Stones, estos simpáticos ingleses fueron la fuente de inspiración, pero específicamente una figura dentro de ellos, y creo que está demás decirlo ¿no? Así es, Brian Jones. “The Brianjonestown masacre” se da a conocer por un celebrado documental que retrata su día a día, la cotidianidad de su fracaso, la pequeña vida que soporta una lucha de enormes egos y un destino que se empeña en verlos caer, llamado DIG! (2004), realizado por de Ondi Timoner. Y gracias a ello, es que se hicieron de cientos de fanáticos en el mundo ¡Ojo! No son “estrellas del rock”, simplemente son, estrellas de rock.

“The Brianjonestown masacre” lanzó su primer álbum Their Satanic Majesties’ Second Request en 1996, demostrando así una directa filiciación con esa joyita, fruto de un momento de libertad creativa que le sumó al espectro inmortal de los Stones: Their Satanic Majesties Request. Pero ahora, con una –relativamente- nueva producción Who Killed Sgt Pepper? (2010) – haciendo alusión nuevamente a otro de los álbumes íconos de este género, el recordado Sgto. Pimienta, de los Beatles- prometen desconcertar a fieles seguidores y persuadir a quienes curiosos, se dejen trasportar por la melódica y bizarra huella de su peculiar sonido; atrapados por sus audífonos, en el vaivén estimulante de cada canción.

¿Si no es ahora, cuándo?

Por: Fausto Barragán

Este pasado 12 de julio, la banda norteamericana “Incubus” lanzó una nueva producción discográfica titulada If Not Now, When?, la cual fue acompañada por una gran expectativa tras el lanzamiento de sus singles Adolescents  y Promises promises, el mismo añoPosiblemente este álbum sea una desilusión para muchos fanáticos que esperan nuevos Pardon me, Stellar, when it comes, A Certain shade of green, y otros temas con punche de batería, sintetizadores, riffs marcianos y pedaleras distorsionadas.

Lamentablemente si lo esperan así, quizá deje de ser su banda favorita. Pues “Incubus”, en esta nueva producción apuesta por un sonido distinto del que lo popularizó en los 90, pretencioso y atrevido, que fue evolucionando para bien en sus siguientes álbumes: Light grenades (2006) y Monuments  and melodies -disco doble- (2009), donde arrojó algunos temas nuevos entre la compilación de toda su carrera. Así que para los que siguieron la línea por la que decidió conducirse la banda, este nuevo disco no nos sorprendería, es más, sería un resultado favorable. Sumándole a los dos singles mencionados canciones como, Isadore, Tomorrow´s food, Friends and lovers, y la del mismo nombre del álbum If not now, when?, “Incubus” promete cautivar con una nueva sensibilidad y atmósfera, que en lo personal, me parece necesaria.

Quedan entonces avisados –si habían olvidado a esta banda-, los espacios donde pueden escuchar la música es su misma página web http://enjoyincubus.com/  -aunque no les recomiendo porque sólo pasan segundos de cada canción, dejándonos con la miel en la boca-, como también en youtube; hubiera sido perfecto que tomasen el ejemplo de Radiohead, facilitando desde la web su nuevo disco a sus fans, pero será algo que quede a la espera. Es un álbum recomendable. ¡Ha escucharlo todos!

¿Red Hot Chili Peppers o Pearl Jam?

Por: Julio Carrascal

 

Como viene ocurriendo últimamente en la escena nacional, se presenta una nueva disyuntiva musical para las personas que pueden acceder a por lo menos dos conciertos grandes (por el cartel de la banda) debido al corto tiempo entre espectáculo y espectáculo. Hacer un esfuerzo para pagar una entrada de más de trescientos soles ya es casi una hazaña, y para muchos sería un acto heróico pagar dos entradas de ese tipo en pocos meses.

Si bien es cierto hay diferentes maneras de financiar la compra de un boleto, esto acarrea unos intereses altos en pagar por lo que en general se opta por ir a un concierto cada tres meses aproximadamente, claro, para la mayoría de las personas. Ahora, en el Perú, el 14 de setiembre en el remodelado Estadio Nacional se presentará “Red Hot Chili Peppers” y el 18 de noviembre tocará en el estadio de San Marcos “Pearl Jam”. Así podría decirse que el publico entrará en un dilema muy fuerte sobre el evento al que acudirá debido a la diferencia de casi sólo un mes entre cada espectáculo.

Los californianos tienen una amplia trayectoria en el medio musical desde los ochenta hasta la fines de la última década en la que presentaron su último disco, siendo sus discos más vendidos Blood Sugar Sex Magik y Californication. “Pearl Jam” por su lado, es una agrupación emblemática de la era de los noventas, que ha sabido mantener su estatus de banda de culto por su vigencia musical ya que supo sobrevivir a su incalculable fama luego de la desintegración de otros grupos de la época dorada del sonido de Seattle como Nirvana o Soundgarden. Si bien el tiempo en que estas bandas explotaron en el mercado fue casi a la par, el éxito de los Red Hot se debió a dos sencillos: Give it away y Under The Bridge; diferenciándose entonces la banda de Eddie Veder por un trabajo con más continuidad respaldado por discos enteros como Ten o Versus. Sólo con estos dos álbumes  -antes mencionados- de “Pearl Jam”, se puede decir que son imprescindibles para conocer la movida musical de los noventas. Posteriormente, los chicos de California lograrían su mejor etapa con el álbum Californication de 1999, colocándolos como una de las más importantes de la escena; a la par, “Pearl Jam”seguía su carrera pero alejados de los grandes circuitos comerciales sin que ello viera mermado su carácter de gran banda y su venta de discos, produciendo placas como Vitalogy o Riot Act.

Cada banda tuvo distintos momentos de desarrollo dadas diferentes circunstancias, por lo que “Pearl Jam” ha sabido mantener una carrera constante a lo largo del tiempo casi sin hiatos entre disco y disco, además de mantenerse vigentes musicalmente en cada producción. Red Hot  por su parte sigue en el imaginario del gran público por su difusión, por los grandes medios de comunicación masivos; su desarrollo ha tenido múltiples altibajos y variaciones aunque sin desmerecer por eso su calidad musical y su desarrollo gracias a distintas fusiones musicales.

Regresando al título ¿Red Hot Chili Peppers o Pearl Jam? Mi opinión -muy personal- es por la segunda agrupación, por dos motivos: primero, “Pearl Jam” es una banda de culto, aún hoy se mantiene muy vigente a pesar de las variaciones musicales actuales siendo importante durante toda su trayectoria y no sólo en etapas, como lo es Red Hot. Segundo, por un fin práctico las entradas a “Pearl Jam” son sustancialmente más baratas que las de Red Hot, por lo que por un menor precio se puede obtener un producto de igual o mejor calidad. Finalmente, la decisión es de cada uno, pero no dejen de ir a los conciertos, ya que tal vez con el tiempo esto sirva para traer otras bandas y porque no, abaratar los costos por la concurrencia masiva a estos espectáculos.

Suicide club: Diferentes formas de morir viendo un solo film

Por: Alberto Luna

Hoy abordaré un tema que es muy importante para mí desde el rubro que trato constantemente, es decir el cine, o la producción cinematográfica para ser más específico. Hasta ahora no había tocado la línea del cine oriental, el cual me ha marcado profundamente ya que desde pequeño fui un gran seguidor de la cultura japonesa, la misma que llegó a mí, como a tantos otros, a través de la animación (Saint Seiya, Dragon ball, Evangelion, etc.), posteriormente me vi un poco más inmerso en toda esta cultura gracias a la capacidad de los orientales para explotar el recurso de la sangre y la violencia de manera bastante acertada. Gracias a la necesidad de saciar mis más sádicas fantasías adolescentes fue que descubrí grandes títulos del cine oriental (japonés sobre todo), aun así mi conocimiento sobre esta industria del este es bastante escaso, más todavía que el que tengo del correspondiente a nuestro hemisferio, debo confesar.

En esta ocasión me ocuparé de una de las películas más interesantes que he visto; antes debo aclara que aquellas referencias generales que haga no incluyen a esos títulos de terror coreano (si no me equivoco) que han pasado por nuestra cartelera en diversas oportunidades y, desde mi modesto punto de vista, no me llaman ni un poquito la atención, todas me parecen iguales y la gente me dice “pero dan miedo”, a lo que yo respondo “no me interesa”. La película a la que hago referencia y el eje de esta publicación es “Suicide club” o “Suicide circle” (o “Jisatsu Sakuru” en japonés) dirigida por el talentoso Sion Sono, quien además de cineasta es poeta. El título por sí solo resulta ya bastante provocador e insinuante, coquetea muy descaradamente con nuestro lado más retorcido y reprimido.

La temática ha sido replanteada hace pocos años en una producción hollywoodense titulada, si la memoria no me falla, “El fin de los tiempos”, agradable y entretenida pero sin mayor trascendencia. Reseñando brevemente esta película, recuerdo que de un momento a otro en una de las grandes metrópolis estadounidenses la gente comete suicidios en masa. La respuesta que nos brinda la película es que tras años de contaminación y maltrato a la naturaleza, ésta ha decidido cobrar venganza produciendo un extraño químico que inhibe la parte de nuestro cerebro encargada del instinto de autoconservación; como imaginan, ha resultado un típico producto de la poética del cine norteamericano de género. Años antes de El fin de los tiempos, Suicide club ya había ganado bastantes premios apelando a una historia similar pero con un giro de acontecimientos diferente.

La escena inicial es, sin exagerar, un auténtico baño de sangre (es precisamente el video que les dejo adjunto, perdonen la calidad pero fue lo mejor que conseguí); en una estación de metro en Tokyo un gran grupo de colegialas se toman de las manos y saltan a las vías del tren justo cuando éste se encuentra a punto de arribar en el andén, la primera toma después del salto muestra como la cabeza de una de las chicas queda sobre una de las vías en donde inmediatamente estalla al ser alcanzada por la primera rueda del vehículo. Así es como empieza este grotesco tránsito fílmico de corte medio policial aunque alguna crítica lo ha enclaustrado en el género del “horror-gore”, calificación que no termina de convencerme. Sin embargo, todo este despliegue de violencia explícita no es una forma de distraer al espectador de una narración sin sentido o carente de contenido, contrariamente el verdadero valor del film se halla en la trama, la misma que se encuentra sumergida en el mar de sangre y vísceras.

El relato invita a cuestionar la visión que se tiene del “otro”, es decir, todo aquello que es ajeno al “yo”, siendo visto este “otro” inicialmente como el enemigo desde el aspecto policial, para luego convertirse en el “otro” en general, desde la visión humana y las relaciones inter e intrapersonales. A diferencia de la otra película citada líneas arriba, en Suicide club la historia sí admite al hombre como ejecutor de su propia destrucción, una visión totalmente desesperanzadora y, por qué no decirlo, posmoderna de la sociedad, agregando el plus del agobio tecnológico e informático.

Suicide club, tiene tal vez algunos puntos débiles en la narración que prefiero no molestarme en mencionar porque de todos modos no restan mérito alguno a la obra en general. Es sin lugar a dudas una producción cruda y entrañable (usando la palabra en un extensión distinta) que sabe reflejar bastante bien su espíritu tanto en el aspecto visual como en el discursivo. Altamente recomendable pero sólo para estómagos, corazones y mentes fuertes, le doy las tres calificaciones (la primera relacionada a lo repugnante, la segunda a la capacidad de tensionar o asustar, y la tercera por el impacto psicológico que pueda causar) aunque la película no asuste en realidad, pero el clima que puede crear a lo largo de la cinta sí es capaz de mantener en suspenso. Y para aquellos que tengan la oportunidad de verla o la hayan visto ya, quisiera agregar que mi escena favorita es la de los suicidios en cadena que comienza con las cuatro mujeres conversando sobre la utilidad de la vida, la manera de entrelazar tomas y mezclar de alguna manera lo cómico y rutinario con aquello otro tan atroz es magistral. Realmente merece el tiempo que se le deba dedicar a este film para poder apreciar la lectura que tiene el realizador sobre la vida, su significado y como esta se puede terminar.

MORIR PARA NACER: UN VIAJE POR EL TEMPLO DEL PERRO

Por: Fausto Barragán

Muchas de la veces que escuché Would?, canción de una de mis bandas favoritas, “Alice in Chains”, me preguntaba ¿cuál sería su contexto?, ¿en qué se pensó para ello? Y tras ver algunos links y videos, me di con la agradable sorpresa de que tal canción era una especie de alegoría de algo más, creo que tanto, que involucraba casi a la médula de la movida Grunge.

¿Por qué atreverme a tanto? No es mi intención molestar al buen Kurt en su tumba, ya que Nirvana fue una de los grupos más representativos de dicho “género”, sino, hablar de otra banda, que si la comparamos con la primera, es embestida al instante por tal, en popularidad, claro está. Me refiero a “Mother Love Bone”, una de las bandas surgidas en Seattle en 1987. Cabe resaltar que recibió muchas críticas positivas, y elogios para su cantante, quien fue Andrew Wood, líder de la banda y principal compositor. Mucha de esta crítica comparaba su voz con la del desaparecido de la escena musical Robert Plant (para que tengan idea de su gran destreza). Entonces, si hablamos de talentosas bandas de garaje, definitivamente “Mother Love Bone” tiene que estar en la agenda.

Es un hecho que los grupos que conformaron toda esta gama grunge -“Sound garden, Nirvana, Alice in chains, Pearl jam” (principalmente)- tuvieron éxito no sólo por sus disco en sí, si no, por la ayuda de fans o interesados en este movimiento musical que ya empezaba a calar en la sociedad. Por ejemplo, con la película “Singles”, dirigida por Cameron Crowe, podemos tener un panorama relativamente particular, pero no por eso poco importante de dicho movimiento, que inclusive, presenta la colaboración en algunos diálogos de los mismos músicos, es el caso de  Chris Cornell y Eddie Vedder. Pero ¿qué tiene que ver esa película, la canción Would?, y las bandas que he mencionado con “Mother Love Bone”?. Bueno, es una relación no tan clara, pero importante, porque no sólo habla de una canción, sino de un personaje, y a través de él, del nacimiento de una de las bandas más importantes de los 90´s.

Andy Wood muere lamentablemente de una sobredosis de heroína el 19 de marzo de 1990, un día antes de ser lanzado su primer disco. Esto, ocasionó una terrible conmoción y tristeza entre muchos de los que fueron sus amigos y grandes admiradores; se había perdido a un original y talentoso artista, convirtiéndose en una gran promesa del rock. Pero esta muerte no sólo traería congoja y lamento, sino también el nacimiento de la semilla de algo mayor. Por iniciativa de Chris Cornell, quien había sido su compañero de habitación, “Temple of the Dog” ve la luz ese mismo año, resultando de la fusión de dos bandas, la primera, ya con un reconocido lugar en la movida grunge (Sound garden) y la segunda, aún no tan posicionada (Mookie Blaylock), que más adelante pasaría a ser “Pearl Jam”. Sin pensarlo “Temple of the Dog” publica su primer y único álbum el 16 de abril de 1991, y digo eso porque la idea de esta banda no tenía aspiraciones mayores que grabar unas cuantas canciones, en homenaje al fallecido Andy. Lo curioso radica en que luego de la disolución de esta banda temporal, surge con furia una nueva, conformada por la mayoría de estos ex-miembros, llamada “Pearl Jam”.

Por otro lado, la canción Would? tiene una relación directa con Andy Wood, ya que básicamente fue realizada en su memoria. Todo ello por iniciativa de su cantante, Layne Staley -mayor admirador y fiel amigo del fallecido músico-, quien propuso y colaboró para la composición de esta canción. Es por eso que Would? tiene una fuerza especial; ese grito por el compañero ausente; por ese maestro que le enseñó a ser como él –les invito a comparar el look de Andy Woods con el primer Layne Staley-, y que ya no está vigilando sus pasos; por ese hermano que murió en su ley, llevando la vida como quiso, bailando a su propio compás, virgen aún de la presión de los grandes sellos discográficos, sellos que terminaron hundiendo a otros.

La canción Would? nos dice mucho. Nos habla sobre ese personaje, líder de una gran banda que lamentablemente fue silenciada por su muerte, pero que a la vez dio origen a otra, diferente, pero importante y con vigencia aún; y sobretodo, acusado de marcar con su espectro el camino que tomaría su generación. Reza en el popular estribillo “Into the flood again, same old trip it was back then; so I made a big mistake, try to see it once my way”  “dentro de la inundación otra vez, el mismo antiguo viaje de nuevo; entonces cometí un gran error, intenta verlo una vez más a mi manera”, aludiendo a un triste sendero por el que no sólo él sino muchos de sus colegas, tendrían que hacer una parada.

Todos héroes

Como los verdaderos héroes. Lima: Ediciones Copé, 2008

Por: Julio Carrascal

 

En una primera lectura Como los verdaderos héroes de Percy Galindo, se muestra como un relato de corte policial, en el que el hecho desencadenante de la historia es el asesinato de Adelguisa Ñahui (una mujer casada huancavelicana y madre de una niña con retardo mental). Esta extraña muerte causa gran conmoción en la comunidad y en la que de alguna manera todos estarán vinculados por diferentes motivos, donde la verdad, respecto del homicidio sólo se deja entrever casi al final de la narración.

La novela se divide en dos partes claramente diferenciadas. En la primera se destaca el narrador personaje que huye de Lima hacia Huancavelica debido a un amor frustrado; éste narrador nos cuenta su relación con algunos acontecimientos sucedidos en Huancavelica, ciudad en la que decide refugiarse de un incierto pasado, donde a la vez, conoce a una señorita de nombre Catherine (a quien decide llamar Catty con C, para distinguirla de su Katty limeña). En la segunda parte se da paso a otros personajes, los cuales narran en forma de un atestado policial su perspectiva del asesinato y su relación con el narrador de la parte primera. Aquí destacan las figuras de Lenin Huaranca (abogado que reabrirá el caso) y Alberto Ramirez (un profesor que participa en la investigación del crimen).

El profesor Antonio Gonzáles Montes en el prólogo del libro bajo el título de “Palabras Preliminares”, dice que la novela muestra el autoexilio y la soledad de un individuo contemporáneo que se construye entre lo hegemónico y lo subalterno. La propuesta resulta por lo menos interesante dado que, efectivamente, muestra un espacio regional y un recuerdo de la capital como lugar de origen; pero esta relación se construye mediante una alteridad, es así que el espacio es un otro desconocido en donde se habita eventualmente. La relación entre autor y héroe se construye de manera horizontal, los espacios no funcionan verticalmente, aunque sí de manera heterogénea.  Esta otredad nace a partir de la intención de conocer su lugar en el mundo planteado en el texto, por lo que en la segunda parte se da paso a otros personajes que representan una otredad radical. Sus puntos de vista completarán la visión limitada que posee el narrador personaje de la primera parte.

Por tanto, este relato merece una mayor atención por parte de la crítica para proponer distintas estrategias de interpretación y así se destaque su real valía dentro de la narrativa peruana contemporánea. A pesar de ser la primera novela de este autor merece ser leída, dado que permite leerse de distintas maneras y no se agota en una sola lectura.