Stop breakin down…

Por: Fausto Barragán

 

 

Los recuerdos musicales que me trae el verano -hace un par de años, de forma específica- son ciertamente agradables; desde pequeñas bandas juveniles, hasta la grata sorpresa de haber escuchado por primera vez a una de la más antiguas y máximas autoridades de ese género, propio del folklor estadounidense, al cual se le denomina Blues. Está claro que no sólo  por tal mérito escribo acerca de él –si lo comparamos con mis indiscriminadas elecciones musicales. Si pensaban que seguramente tiene que ver con una leyenda, o historia inverosímil, déjenme decirles que sí. Es la historia de Robert Johnson y su célebre pacto con el diablo, historia la cual, va de la mano con su gran espectro musical.

La leyenda en la que un guitarrista vendió su alma al diablo a cambio de hacerlo tocar el blues mejor que nadie. No pretendo contarles tal historia, pues basta poner su nombre en Wikipedia si quieren saber sobre él, o poner en Youtube, si quieren escucharlo. En lo personal, no me considero un melómano blusero, pero eso no implica que no guste de algunas de las bandas y músicos solistas clásicos de tal género. Un ejemplo, el Sr. Johnson. Llegué a él indirectamente, no escuchando su música, sino enterándome de historias que inevitablemente tendrían que ver con su célebre “trato”. Ese conocimiento, de alianzas o acuerdos paranormales que tienen como protagonistas a hombres terrenales con entidades demoniacas en busca de superación o motivadas por desesperadas ambiciones, no tiene su origen en esta historia, viene de hace mucho, como tampoco este músico es el único vinculado con tal práctica, simplemente encuentro este ejemplo ilustrativo, y en lo personal, muy atractivo. La figura de Robert Johnson, ha dejado su marca en la música, en sus viscerales riffs cuadrados (propio del blues), pero tan peculiar, tanto en las notas, en destreza, como en el clima generado, que nos grafica una suerte de desolación casi mágica, suspendidas en la impostada voz, sumados con aullidos, lamentos, y en diversos elementos que terminan siendo toda una experiencia. ¿Es posible que una persona, de ser aficionada a la guitarra, 1 año después, se vuelva una eminencia en el género?

Historias descabelladas se han tejido sobre él. Dicen que en el estudio donde tocaba, lo hacía siempre de espaldas a los pobres paneles y ventanas, dándoselas también a los técnicos, para sincronizar con el diablo, y así tocar; otros dicen que lo hacía para que no vieran sus ojos luminosos mientras era poseso; al igual que hablan de una mítica “canción 30”, la cual explicaría a manera de muestra su servidumbre al rey de las tinieblas. Es que, el mismo Johnson contribuyó a la popularización de su leyenda, ¿en dónde?, en las letras de sus canciones. Lo vemos hablando de pactos en su popular “Crossroad”, como también en la clásica y casi de culto “Me and the Devil”; me parece que estos dos ejemplos, si se toman la molestia de escucharlos, los llevarán a un lugar desconocido del blues, como me pasó a mí: escuchar el lado más crudo del blues, interpretado sólo por el músico y su guitarra, y porqué no, por un tercero, que muchos se niegan a aceptar. Les queda escuchar sus 29 temas, y si no tienen tiempo, algunos, entre los cuales destaquen los dos aquí mencionados, les aseguro que no se arrepentirán.

os recuerdos musicales que me trae el verano -hace un par de años, de forma específica- son ciertamente agradables; desde pequeñas bandas juveniles, hasta la grata sorpresa de haber escuchado por primera vez a una de la más antiguas y máximas autoridades de ese género, propio del folklor estadounidense, al cual se le denomina Blues. Está claro que no sólo  por tal mérito escribo acerca de él –si lo comparamos con mis indiscriminadas elecciones musicales. Si pensaban que seguramente tiene que ver con una leyenda, o historia inverosímil, déjenme decirles que sí. Es la historia de Robert Johnson y su célebre pacto con el diablo, historia la cual, va de la mano con su gran espectro musical.

La leyenda en la que un guitarrista vendió su alma al diablo a cambio de hacerlo tocar el blues mejor que nadie. No pretendo contarles tal historia, pues basta poner su nombre en Wikipedia si quieren saber sobre él, o poner en Youtube, si quieren escucharlo. En lo personal, no me considero un melómano blusero, pero eso no implica que no guste de algunas de las bandas y músicos solistas clásicos de tal género. Un ejemplo, el Sr. Johnson. Llegué a él indirectamente, no escuchando su música, sino enterándome de historias que inevitablemente tendrían que ver con su célebre “trato”. Ese conocimiento, de alianzas o acuerdos paranormales que tienen como protagonistas a hombres terrenales con entidades demoniacas en busca de superación o motivadas por desesperadas ambiciones, no tiene su origen en esta historia, viene de hace mucho, como tampoco este músico es el único vinculado con tal práctica, simplemente encuentro este ejemplo ilustrativo, y en lo personal, muy atractivo. La figura de Robert Johnson, ha dejado su marca en la música, en sus viscerales riffs cuadrados (propio del blues), pero tan peculiar, tanto en las notas, en destreza, como en el clima generado, que nos grafica una suerte de desolación casi mágica, suspendidas en la impostada voz, sumados con aullidos, lamentos, y en diversos elementos que terminan siendo toda una experiencia. ¿Es posible que una persona, de ser aficionada a la guitarra, 1 año después, se vuelva una eminencia en el género?

Historias descabelladas se han tejido sobre él. Dicen que en el estudio donde tocaba, lo hacía siempre de espaldas a los pobres paneles y ventanas, dándoselas también a los técnicos, para sincronizar con el diablo, y así tocar; otros dicen que lo hacía para que no vieran sus ojos luminosos mientras era poseso; al igual que hablan de una mítica “canción 30”, la cual explicaría a manera de muestra su servidumbre al rey de las tinieblas. Es que, el mismo Johnson contribuyó a la popularización de su leyenda, ¿en dónde?, en las letras de sus canciones. Lo vemos hablando de pactos en su popular “Crossroad”, como también en la clásica y casi de culto “Me and the Devil”; me parece que estos dos ejemplos, si se toman la molestia de escucharlos, los llevarán a un lugar desconocido del blues, como me pasó a mí: escuchar el lado más crudo del blues, interpretado sólo por el músico y su guitarra, y porqué no, por un tercero, que muchos se niegan a aceptar. Les queda escuchar sus 29 temas, y si no tienen tiempo, algunos, entre los cuales destaquen los dos aquí mencionados, les aseguro que no se arrepentirán.

Otro de los datos, para todos aquellos jóvenes seguidores de ese clásico y popular panteón de breves pero ingentes estrellas del rock llamado Club 27, déjenme decirles que el fundador no es nuestro buen amigo Morrison, ni Hendrix, ni tampoco, siendo más ambiciosos, el gran compositor y multiinstrumentista, Brian Jones. No. Es nada menos que Robert Johnson. Él muere a los 27 años, en 1938,  siendo todo un conquistador y mujeriego, como reza la ley para todo gran músico, y claro, sin olvidar las adicciones, en este caso: el alcohol. Dicen que murió luego que el dueño del bar donde tocaba le invitara una botella de whisky envenenado, al estar tras la esposa del mismo; otros dicen que muere de neumonía, como también de sífilis.

De una u otra manera, la sombra de R. Johnson marca la música y el espectro que por naturaleza debe acompañar a esos míticos intérpretes del siglo XX. Es que si lo vemos de esta manera, R. Johnson ha marcado no sólo con su música y vida, sino también con su leyenda, la dirección de Blues y del rock mundial. Lo digo, ya que muchos de nuestros héroes de guitarra (de jóvenes y viejos) Hendrix, Slash, B. May,  e inclusive el hilarante showman de Keith Richard, todos lo reconocen como influencia, la cual, no es para nada gratuita. Me queda exhortar a los lectores de este post que escuchen y vean algunas de las películas inspiradas en tan misteriosa historia Crossroads(1986) la que lleva esa clásica escena del duelo de guitarristas entre el popular “Karate Kid”  Ralph Macchio y Steve Vai; O Brother, Where Art Thou?(2000), que muestra claramente la vida del mítico blusero de los años 30; y la no tan conocida Stop breakin down. Aquí les dejo un enlace, disfrútenla.

Algo más, las dos fotos que anexo a este post son las únicas que se registran en la historia como pertenecientes a él.

Otro de los datos, para todos aquellos jóvenes seguidores de ese clásico y popular panteón de breves pero ingentes estrellas del rock llamado Club 27, déjenme decirles que el fundador no es nuestro buen amigo Morrison, ni Hendrix, ni tampoco, siendo más ambiciosos, el gran compositor y multiinstrumentista, Brian Jones. No. Es nada menos que Robert Johnson. Él muere a los 27 años, en 1938,  siendo todo un conquistador y mujeriego, como reza la ley para todo gran músico, y claro, sin olvidar las adicciones, en este caso: el alcohol. Dicen que murió luego que el dueño del bar donde tocaba le invitara una botella de whisky envenenado, al estar tras la esposa del mismo; otros dicen que muere de neumonía, como también de sífilis.

De una u otra manera, la sombra de R. Johnson marca la música y el espectro que por naturaleza debe acompañar a esos míticos intérpretes del siglo XX. Es que si lo vemos de esta manera, R. Johnson ha marcado no sólo con su música y vida, sino también con su leyenda, la dirección de Blues y del rock mundial. Lo digo, ya que muchos de nuestros héroes de guitarra (de jóvenes y viejos) Hendrix, Slash, B. May,  e inclusive el hilarante showman de Keith Richard, todos lo reconocen como influencia, la cual, no es para nada gratuita. Me queda exhortar a los lectores de este post que escuchen y vean algunas de las películas inspiradas en tan misteriosa historia Crossroads(1986) la que lleva esa clásica escena del duelo de guitarristas entre el popular “Karate Kid”  Ralph Macchio y Steve Vai; O Brother, Where Art Thou?(2000), que muestra claramente la vida del mítico blusero de los años 30; y la no tan conocida Stop breakin down. Aquí les dejo un enlace, disfrútenla.

Algo más, las dos fotos que anexo a este post son las únicas que se registran en la historia como pertenecientes a él.

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¿Una verdadera banda de Rock Nacional?

Por: Fausto Barragán

En estos últimos tiempos, el rock peruano se ha visto eclipsado por una pasividad asombrosa. Podemos verlo en el elocuente vacío que se dejó después de ese legado de importantes bandas como La liga del sueño (1991), Mar de copas (1992) Amen (1995),Libido (1996), más adelante Zen(2002) entre otras, siendo algo exigente con este ejemplo. No hemos visto a otras bandas que figuren de la forma que ellas lo hicieron en su respectivo momento. Es probable que mucho de esto dependa de la susceptibilidad de la sociedad peruana (en especial de la limeña), nuevas exigencias, o simplemente la aceptación de la muerte del rock por estos lares. Por ejemplo tenemos a quiénes, actualmente representándonos… ¿Adamo, quizás?… En ese sentido, estaríamos en graves aprietos. Podríamos decir que bandas como ésta dilapidan al rock nacional, convirtiéndolo en el resultado de una mala elección de sus influencias musicales. Es verdad que en estos tiempos es difícil hacer música buena, pero tampoco exigimos que sean unos Frágil, por ejemplo. Sólo algo bueno.

El motivo de este texto responde principalmente a dos causas: la primera, rescatar a una de las bandas que en mi opinión vienen haciendo las cosas bien; y la segunda, es abrir la pregunta de qué entendemos por rock peruano.

Cuando hablo de rock peruano, no piensen amigos y admiradores del buen rock nacional que omito por ignorancia a todo el repertorio que plaga religiosamente las intensas y excitantes jornadas de “Rock en el parque”. Es evidente que me refiero a estos buenos exponentes: Contracorriente, Los fuckin sombreros, G-3, D´mente común, Por hablar, Dolores Delirio, M.A.S.A.C.R.E – de gran talla entre otras. Muchas son las bandas locales que mantienen vivo el fuego del rock, en ese sentido. Pero, seguro preguntarán ¿por qué primero dijo que el rock nacional estaba muerto, y ahora menciona a estas bandas? Lo hago para señalar que me refería sólo a las bandas de culto, esas que lograron atravesar la inexorable barrera que son los medios radiales y televisivos, llegando hasta su difusión extranjera en grandes cadenas musicales, como Mtv, por ejemplo. Una banda que cumple las exigencias de ambos extremos, a mi parecer, que dicho sea de paso ganó un premio muy importante “The People´s Music Awards” en Inglaterra el 2010, son los Emergency Blanket.

Los emergency Blanket saltaron por primera vez a los estudios y sacaron el 2005 su EP llamado “What is the Emergency Blanket?”, de relativa importancia, generándole reconocimiento en el extranjero por la revista Rolling Stones (América latina), gracias también a su single “Next Passenger”. Años después, tendríamos su “Combi + Nation” (2008), la cual estaría conformada por temas en inglés como en español. Es a partir de este año que empiezan a dar sus frutos en el mercado mundial, con reconocimientos nacionales y extranjeros (curiosamente más que los locales), siendo teloneros de bandas de peso y grandes leyendas del rock como, Faith Not More y Aerosmith. Actualmente nos vienen deleitando con su “Absenta” (2012) que ahora, ya con un suelo más firme y cimentado, prometen sorprendernos con más de su buena música.

Si bien esta banda no es tan nueva, su brillo y  fama, lo es. Formada de un largo reciclaje que empezaría a fines de los 90, esta banda fue puliendo su estilo. Definitivamente hijos de su época, desde escolares comenzaron a emular los sonidos de sus héroes noventeros, el caso de Sound garden y específicamente Pearl jam, que creo, es su banda de culto. Es gracias a ello que logran ese sonido de rock clásico, refrescante, y definitivamente positivo para el rock nacional. Lo que me lleva a mencionar mi segundo punto, acerca de qué es lo que podríamos considerar “Rock nacional”.

Si tengo entendido, por definición “Rock nacional”, o sea peruano, podría considerarse como toda aquella muestra de ese universal estilo musical interpretado específicamente por peruanos. Si seguimos esta premisa, muchas bandas podrían estar dentro de esta clasificación. Pero cuál es el problema ¿podría una banda “peruana” componer temas en un idioma que no sea necesariamente el suyo? Tenemos aquí el particular caso –en este texto- de la banda Emergency Blanket, que como sabrá el público lector, desde su primer álbum, la composición en inglés fue un carácter llamativo, claro está, después de su sonido.

Si bien, por nacionalidad Paco Holguin y los demás musicos los podríamos considerar peruanos, no veo porqué la razón de algunos comentarios negativos contra ellos, apoyados en el burdo y famélico argumento de “no es peruano porque no cantan en español”… o si no, peor aún “no escuches esa música, escucha mejor rock peruano” Y es cuando digo “¿el lenguaje puede trascender a la música?”, en este estricto sentido, el musical. Entonces, por ejemplo Uchpa, ¿es más peruano por cantar sus canciones en Quechua? Yo creo que no, es más, viéndolo de esta manera, sería la más sacrílega al género, y por su lado, Emergency Blanket, haría gala de honestidad al género, interpretando sus temas en el idioma natal del lugar donde proviene el rock. Claro, todo esto es una retorcida interpretación producto de comentarios –cada vez más escasos, pero aún existentes- mezquinos hacía esta excelente y prometedora banda nacional, que le duela a quien le duela,  seguirá siendo nacional.

“La poesía de la pansensualidad”. Una entrevista con Julio Heredia

Por: Fausto Barragán

 

 

 

Recuerdo que hace meses tenía en mente entrevistar a uno de los miembros del grupo “Kloaka” que, a mi parecer, se diferencia notoriamente del resto. Julio Heredia (1959), poeta limeño quien hace sus primeras apariciones en 1982, con su poemario “El libro de los instintos”, con el que ganó el premio nacional José Gálvez Barrenechea, no ha cesado de sorprendernos con diversas entregas, a las cuales, curiosamente le anteceden la palabra “Libros”. Eso explica el proyecto estético que cuaja desde la década de los 80´s hasta la actualidad, un proyecto de continuidad que no implique una ruptura al final de cada poemario, sino más bien una pausa, un cambio de página, un capítulo más de su obra total. Más adelante publicaría “Libro de los muchachos chinos” (1989), texto que tiene como sustrato gran parte de su estadía en China, entre otros, cada uno de ellos, dialogando siempre entre sí. Es esta búsqueda estética de la esencia en su trabajo la que me permite hablar de él como un poeta, y me entusiasma el publicar al menos una parte, de la vida de este destacado poeta peruano.

 

¿Cuáles fueron los primeros libros que te motivaron a desarrollar el interés y la práctica literaria?

No tengo una memoria exacta de los títulos que haya podido leer en la adolescencia, lo que tengo es una noción bastante clara del clima que pudo haberme influenciado. Creo que ese clima influye y determina mi vocación literaria: los Barrios Altos, donde nací; un sector de Lima que tenía mucho de vestigio colonial y un color local criollo popular. Me parece que la decadencia de ese rincón de Lima no era aún patente, aunque ya había zonas, hacia el fondo, cerca del cementerio, con presencia delincuencial. Pero por lo menos el marco donde yo nací, alrededor de la Plaza Italia, siendo popular e incluso pobre, tenía todavía cierta pretensión de ciudad. Por momentos debo haberme sentido, curiosamente, en el Centro. Ese clima debe haberme hecho tomar conciencia, muy temprano, que continuaba una tradición cultural, y esa tradición era la llamada “criolla”, porque mis padres lo eran, y mis tíos, etc. De ello se desprende que la música criolla acompañó mis primeros años, aunque, irónicamente, de niño no me gustara, pero ya  adolescente me di cuenta que me sabía de memoria las letras de esos valses. En la universidad, me percaté que la gente de mi entorno, compañeros -poetas, profesores, gente generalmente mayor-  consumía este tipo de música, pero nunca acertaba tanto como yo con las letras. Cuando uno lee las estrofas de las canciones de Manuel Covarrubias, por ejemplo, o de Felipe Pinglo Alva, por supuesto, se encuentra con un sustrato literario bien interesante. Y eso, posiblemente, no porque fueran demasiado amantes de la literatura, sino porque entonces todavía la “Cultura” influenciaba a las capas populares, y como creo que ha dicho Borges, esas capas imitaban a la cultura “culta”. A veces son casi perfectos versos modernistas y no necesariamente románticos. Entonces mis primeras influencias son esas. Es por eso que varios de los epígrafes de mis poemarios están tomados de algunos valses de Lima.

 

¿Cómo crees que el panorama universitario dialogó con tu práctica de poeta, asumiendo que ingresaste a la universidad con un poemario bajo el brazo?

Bueno, ya he contado que el primer examen de ingreso, que me ilusionó mucho y  que estaba convencido de haber resuelto brillantemente, fue anulado al descubrirse un fraude. Logré ingresar a San Marcos después, pero casi de mala gana. Dentro, mi situación como estudiante fue ambigua y contradictoria. Por un lado estuve muy entusiasmado de encontrar profesores tan motivadores como Manuel Velázquez Rojas y Antonio Cornejo Polar y poetas tan  destacados como Washington Delgado y Francisco Bendezú (ahora me percato que en Literatura había en general un nivel muy alto) pero al mismo tiempo el clima político que había en San Marcos me desazonó. Yo era una persona muy tímida todavía y creo que por timidez me dejaba arrastrar por determinadas corrientes materialistas siendo que muy temprano me había convencido la democracia como sistema y ya desde adolescente mi temperamento me inducía más a la metafísica. Había un clima politizado al máximo, todo el mundo era no sólo de izquierda, sino fundamentalmente marxista y maoísta, es el caso de Roger Santiváñez y de Dalmacia Ruíz Rosas, que fueron mis primeros amigos en la Universidad. Yo era secretamente escéptico de la “revolución” armada, pero asistí algunas veces a “talleres” de adoctrinamiento. Me sentía obviamente muy del lado del pueblo, de lo popular, sentía que provenía de allí, y ansiaba una transformación en el Perú que impusiera la  justicia social en democracia. Parece que la “tercera vía” me había seducido.  San Marcos, efectivamente,  fue para mí muy motivadora desde el punto de vista literario, pero decepcionante en lo político.

Me parece que intuitivamente opté rápidamente por la libertad, es decir, preferí las opciones que consideraban al individuo y su complejidad. Quizá entonces no lo tenía muy claro, pero ahora me doy cuenta que era ya un librepensador. Tengo la convicción que el altruismo, la solidaridad, la fraternidad, el amor, sólo pueden surgir de un sujeto –el individuo? a quien se le acuerda valor absoluto. Ni siquiera la democracia puede imponerse a los pueblos bajo la coartada de su superioridad moral. Admito que es una postura más bien filosófica y que en la práctica induciría al relativismo o a la indulgencia respecto del Poder,  cualquiera que este fuere. Pero, en mi visión, tal postura debe acompañarse de una ética, y esa ética sostiene una acción crítica (y autocrítica) y contributiva. Más que al “compromiso” de que hablaba Sartre, lo que digo se emparenta a la noción del deber.

Creo que uno no solo siente sino también piensa según su temperamento, es por eso que una propuesta que se suponía revolucionaria y liberadora, como la marxista, como la comunista, a mi me aterró, y la percibí tan castradora como el catolicismo medieval. Para remate, poquísimo tiempo después, viví en carne propia la acción delirante de Sendero luminoso. Yo había comenzado a trabajar muy temprano en periodismo, después de trabajar en El Diario de Marka pasé a Caretas, entonces gente cercana, estudiantes de Letras como yo, dirigentes, en la Ciudad universitaria, comenzó a atacarme porque “me había vendido a la burguesía”, por escribir en Caretas. Incluso llegaron a agredirme físicamente. Algunos de los que ahora con ligereza me tildan de derechista, de fujimorista, o cosas por el estilo, podrían tomarse el tiempo de analizar las causas de mis posiciones actuales. Ya he contado alguna vez que comenzando nomás la década violenta de los 80, no solo me libré de lo de Uchuraccay, donde perdí a mis dos colegas entrañables de El Observador (Jorge Luis Mendívil y Willy Retto) sino también a mi compañero de carpeta de la Secundaria, y a mi mejor amigo de entonces, Miguel Portugal. Jamás he caído, sin embargo, en el macartismo ni en la delación. La gran mayoría de mis amigos sigue siendo de izquierda y yo comparto aún con ellos algunos sueños y combates. Y tengo siempre al cristianismo, al taoísmo y al budismo como mis grandes soportes ideológicos.

 

 ¿Recuerdas alguna relación con los de Hora Zero? Al ser ellos sus predecesores en cuanto a la propuesta poética iconoclasta, es seguro que la tuvieron. ¿Qué me puedes decir sobre ello?

Guardo mucho afecto por varios de los poetas de Hora Zero, por Jorge Pimentel, especialmente, y  por Juan Ramírez Ruiz, como ya te dije. A los dos nombrados y a Enrique Verástegui, me parece, debe corresponderles el título de renovadores del lenguaje de la poesía peruana de la segunda mitad del siglo XX, más que a los poetas mayores de la década del 60. Abundando en la respuesta que me pides, te contaré que Juan Ramírez Ruiz, desde que yo publiqué mis primeros poemas, trató de convencerme de que yo era “un grande”, es difícil decir esto ahora que ya está muerto y que no puede venir a desmentirme, pero te lo digo para que te hagas una idea de lo entrañable que puede ser para mí. De Verástegui guardo diálogos invalorables en mi etapa formativa en algún café o en su casa de entonces; es, sin duda, uno de los príncipes de nuestra poesía, así fuere sólo por su primer libro. Y está Eloy Jáuregui, brillante intelectual que ha sabido no salir del barrio, con quien comparto tantas cosas como es lógico, pues él sale de Surquillo y yo de los Barrios Altos. E incluso Tulio Mora tan gruñón ( o tan “niñín” como diría Vallejo) no me convoca sino admiración y respeto.

 

¿Cómo llegas al grupo literario Kloaka; cuál es el vínculo, el elemento en común que te permitió adherirte a ellos, y claro está, los comentarios que te deja?

Varias veces me han preguntado eso, y creo que nunca he respondido como te voy a responder ahora. Yo ingresé a Kloaka porque tuve un arrobamiento amoroso con alguien que ya integraba ese grupo. En el curso del  año el 82, creo, Roger Santiváñez, Edián Novoa, Mariela Dreyfus y Guillermo Gutiérrez habían creado Kloaka. Por entonces, yo había  decidido no pertenecer a ningún grupo. Había tenido una experiencia muy temprana, apenas ingresado a San Marcos, en el grupo llamado La sagrada familia, al cual me habían llevado  Roger Santiváñez y Dalmacia Ruiz Rosas. Era un grupo que pretendía emular a Hora Zero  pero al mismo tiempo diferenciarse. Entonces los de Hora Zero veían a los integrantes de La sagrada familia como “pitucos de izquierda”, en ese tiempo no se había acuñado el término “caviar” (risas). Estaban allí además de la pareja nombrada, Edgard O´hara, Guillermo Niño de Guzmán, Luis Alberto Castillo, Eleonora Falco, creo que Juan Luis Dammert, Luis Rebaza, Enrique Sánchez Hernani, luego se integró  Carlos López Degregory, y Óscar Malca y yo, que éramos los más jóvenes. Dentro ya del grupo, me pareció una cosa infructuosa, el escenario para la lucha entre los narcisismos más desenfrenados. Me salí un tanto decepcionado y al poco tiempo el grupo se deshizo. Ahora, que lo veo en retrospectiva, me parece que fue divertido e instructivo: nos juntábamos, hacíamos bohemia, me parece que el nivel intelectual y creativo de sus miembros era alto…bueno, disculpa la sinceridad: todo lo anterior a la década del 90 me parece más nutricio en comparación con lo que tenemos ahora. Luego, los de Hora Zero quisieron jalarme, e incluso un día en una borrachera dije: “me uno a ustedes”, o una cosa por el estilo. Y después publicaron un artículo en el Diario de Marka, histórico periódico de izquierda que existía en esa época, diciendo que yo me había incorporado a Hora Zero, con Roger Santiváñez, Dalmacia, entre otros, y yo lo desmentí. Desde entonces, creo, Tulio Mora, me tiene una gran bronca…quizá sea solo aparente, pues a pesar de las diferencias, yo siempre les he profesado una gran amistad y admiración, incluyendo a Juan Ramírez Ruiz que ya se había apartado del movimiento, y que fue mi gran amigo. Volviendo a Kloaka,  ya entrado el año 82, me reencuentro con Roger, me cuenta que han fundado un nuevo movimiento llamado “Kloaka”, y como siempre hubo mucho afecto entre nosotros, decido hacerles una entrevista para la revista Gente, donde yo trabajaba en ese momento. Fue una entrevista amplia. Proponían allí la “pansensualidad”,  y si alguna postura política quedaba clara, era la apuesta por la libertad amatoria y sexual. Se reivindicaba practicas marginalizadas o estigmatizadas socialmente. Eso me pareció valiente, útil, novedoso. Y terminé incorporándome a Kloaka donde además se encontraba el sujeto de mi amor (risas). Pero al poco tiempo se radicalizó la postura desde el lado marxista militante y, sobre todo, fue mal vista y condenada por Mariela Dreyfus, una de las fundadoras, la relación que mantuve con uno de los miembros del Grupo. Entonces, fue evidente para mí que ya nada tenía que hacer allí.

 

¿Cuánta presión o influencia representó la presencia de Sendero Luminoso en Kloaka y en ti?

Mientras yo estuve en Kloaka no hubo ninguna acción ni manifestación que fuera explícitamente pro-senderista o pro-subversiva. Creo que algunos de ellos se autoconferían una misión revolucionaria, pero eran cercanos a partidos legales. Yo, en tanto periodista, estuve tres veces en Ayacucho y esa experiencia fue para mí definitiva: Sendero era una deriva desquiciada y criminal.

 

Sobre algunas las influencias de poetas mayores ¿Qué te dejó Juan Gonzalo Rose?

Guauuu….ya no me queda aliento para responderte esa pregunta. La influencia que he recibió de él, más que literaria es de vida, me ha quedado su soplo agónico que contenía toda su vitalidad tormentosa y prodigiosa. Creo que he respondido antes esta pregunta. No me cabe duda que fue un ser tocado por la divinidad, una persona que vivía en olor de poesía. Tuvo la capacidad de asumir el dolor en clave de estoicismo. Juan Gonzalo muere, ahora me doy cuenta, joven, pues tenía 55 años, un poco mayor que yo ahora. Como se sabe muere, en mis brazos, de alcoholismo, atribulado por episodios depresivos, pero,  fundamentalmente, muere habitado por el alma de la poesía. Más poeta que él no he conocido.

 

Y en relación a tu estadía fuera de Perú ¿Cuánta influencia tuvo Pekín en tu poesía?

Es verdad que estuve asentado en Pekín,  pero es China, ese pueblo, esa cultura, los que me asaltan y penetran, me trituran. Es casi un continente, ¿no?, y lo estuve recorriendo de norte a sur y también a lo ancho en apenas dos años. China es la frontera entre el que fui y el que ahora soy. Me sirvió para descubrirme, lo que he intentado plasmar en el “Libro de los muchachos chinos” (1989) y para darme cuenta que las fronteras terrenas son tan artificiosas como inexpugnables.

 

Y para terminar ¿Qué opinas de la producción artística, específicamente literaria, de los jóvenes actualmente en Lima?

Quizá sea un poco impúdico confesar que el periodo depresivo por el que estuve atravesando, me hizo perder contacto con el mundo artístico y literario, pues  me acostumbré a recorrer esos universos en una compañía que ya no está. Últimamente, gracias al programa que tengo en Radio Capital, he conocido y descubierto a algunos jóvenes escritores, hombres y mujeres, y, como es previsible, me percato que hay de todo. En general, me parece que hay inventiva e imaginación pero quizá se haya perdido la formación humanística y el rigor con que se trabajaba la palabra, la escritura, hasta mi Generación. Soy sincero, eso me parece lamentable. A veces tengo la impresión que los jóvenes creadores, tanto narradores como versificadores, están más ocupados en aparecer y en afinar sus itinerarios de viaje con destino a encuentros y festivales nacionales e internacionales, que en resolver el dilema de conciencia que supone agregarle un objeto estético a lo existente, conocerse, y publicar un libro.

 

Fight Club, novela pensada para la pantalla

Por: Alberto Luna

Con seguridad muchos habrán ido al cine con una gran expectativa al enterarse que alguno de sus libros favoritos había sido adaptado a este formato y en más de una ocasión la desilusión, la ira, las nauseas y un popurrí de sensaciones desagradables se habrá apoderado de ustedes. Es un efecto normal, definitivamente existen casos aparte, pero siempre que converso con algún crítico-fan de la obra adaptada el resultado es el mismo, disgusto en mayor o menos medida, pero disgusto después de todo. Lo que pretendo tratar hoy es sobre el éxito de una adaptación en particular. Deseo analizar cuáles son los puntos que han favorecido la fidelidad y respeto por el texto que da origen al filme mostrando de esta manera un gran trabajo al extrapolar un relato de un formato a otro.

El texto que da origen a este ensayo, estudio, artículo o como se le quiera llamar es Fight club (“El club de la pelea” para Latinoamérica y “El club de la lucha” en España), en realidad debería hablar de los textos, el libro y la película, en fin, Fight club película, de David Fincher es, desde mi punto de vista y sin miedo a equivocarme, un clásico moderno, una obra de culto justamente valorada. No hablo exclusivamente de la historia, es más que eso, es el audaz ritmo narrativo, las actuaciones que dan vida a los personajes ácidos y desencantados, la banda sonora y la perfecta contextualización de la misma a finales de los noventa, en pocas palabras, es toda una joyita del cine contemporáneo. Pero unos años antes que aparezcaFight club película existió un Fight club libro, de Chuck Palahniuk, una obra de perfil bajo y que ha llegado a mí casi 15 años después.

El problema inicial de las adaptaciones, que es similar al de los remakes en cine y televisión o covers en el ámbito musical, es la primera mirada, normalmente sin importar de que se trate, lo primero que llega a nosotros es lo que más gusta, es el efecto de la primicia, de esta manera, si alguien escucha primero Smooth criminal de Alien Ant Farm, es probable que luego le cueste adaptarse a la versión original del desaparecido Michael Jackson, sin importar los argumentos sobre lo clásico, lo original, la calidad musical, etcétera, el efecto primicia ya se disparo y es complicado contrarrestarlo. Entonces, ahora me sucede lo mismo y eso complica realizar un análisis objetivo (aunque bien podría decir “un análisis positivamente subjetivo”, pero ese es otro tema) ya que, como la mayoría, primero accedía a la película y después, mucho después, al libro de la obra que vengo citando desde el párrafo anterior. A pesar de esta suerte de conflicto investigativo me lanzaré a exponer los puntos que dan la genialidad de toda esta producción y aseguran su éxito tanto literario como cinematográfico.

1. Buena aplicación de la lógica: Es conocido que un mal guión, no genera necesariamente una mala película, también existen casos en los que un guión brillante es echado por tierra durante la filmación. Con Fight club ocurre algo muy curioso, el libro es demasiado cinematográfico, es como si estuviese escrito en planos y ángulos de cámara aunque no posee grandes descripciones de entorno, pero su agilidad para avanzar y desarrollar la historia si tiene mucho del estilo cinematográfico de la época, expuesto porTarantino años antes y que también adoptará Ritchie con su producción, como el caso de Snatch, por mencionar algún ejemplo. Entonces se trata de simple consecuencia, una transición lógica prácticamente, un libro muy cinematográfico producirá una película muy literaria.

2. Temática e impacto: El consumismo, la mediocridad en el mundo laboral, la pérdida de los conceptos primitivos sobre la masculinidad, el impulso anarquista latente dentro de todos, la frustración y la autodestrucción, la violencia explícita, son los temas que se sobreexponen a lo largo de Fight club, teniendo escaso reparo para tocar temas un tanto escabrosos como el aborto o el suicidio, todo esto tendrá la capacidad de estrellarse a gran velocidad contra el espectador-lector, el mismo que se sentirá identificado, teniendo en cuenta que a fines de los noventa los miembros de la generación X ya habían envejecido y comenzaban a notar las carencias que tenían mientras la generación Y se abría paso, la misma que arrojará jóvenes profesionales o “yupis”, hombres de éxito, es decir.

3. Excelente reparto: no puedo decir nada sobre los actores que dan vida al cínico trío Narrador (también llamado Jack de forma equivocada) – Tyler Durden – Marla Singer que pueda superar a lo que representan sus propios nombres Edward Norton – Brad Pitt – Helena Bonham Carter.

4. Escenas omitidas y giro final: La supresión de escenas es casi nula, todo lo que encontramos en el libro aparecerá en la película, incluso esta última cuenta con una nada despreciable cantidad de citas de la novela, en su mayoría todas memorables y dignas de ser pintadas en alguna pared. Sin embargo hay algo que es completamente diferente: el final. Y aquí resurge el problema de la primicia, yo vi la película primero y me encantó el final, luego que leí el texto el final me dejó completamente insatisfecho, parecía más bien un triste intento por cerrar un círculo de acción que bien pudo quedar como cabo suelto al igual que en la película, la novela finaliza con un triste intento por “ocultar” lo sucedido con el protagonista dejando una especie de pista para los “lectores atentos”, así es, todo entre comillas porque no es necesario estar muy despierto para entender lo que sucede. Por otro lado y de forma totalmente opuesta el final de la película es un poco menos que divino, las última palabras del narrador a Marla Singer, la sugerida explícita realización del plan maestro de Tyler que acarrearía el colapso de la civilización, la canción de The Pixies y el plano maravilloso de la vista panorámica de la devastación.

Creo que he resumido de manera algo torpe, pero no por eso ineficiente, los puntos que me hacen considerar a Fight club como una gran adaptación, tal vez una de las mejores que he visto, a pesar de no conocer mucho sobre estas. Para despedirme les dejo la escena que mencioné antes, el desenlace de la película. En su brillante interpretación Norton dice “You met me at a very strange time in my life.” (Me has conocido en un momento extraño de mi vida).

Entrevista a Roger Santivañez

Por: Shéridan Medina Cabrera

A fines del año pasado, tuve la oportunidad de contactarme con uno de los miembros fundadores de “Kloaka”, grupo poético más incendiario de la década de los 80´s: Roger Santivañez. Tenía tiempo ya investigando acerca del grupo y sobre el autor en cuestión: poemarios, manifiestos, entrevistas y demás archivos que pasaron por mis manos. Así que, luego de algunas conversaciones, me sorprendió su entusiasmo al acceder a responder mis inquietudes, haciendo posible la realización de lo que más adelante se convertiría en esta entrevista. Él accedió de la mejor manera, haciéndose un espacio entre sus labores académicas para responder y entregarme el texto que a continuación veremos. No me queda más que darle nuevamente las gracias, por la entrevista, por las charlas, los datos, la bibliografía, por los consejos, y sobre todo, por la atención y la estima que me ha demostrado. Roger Santivañez tiene años publicando poesía de la mejor calidad, entre las que destacan: Antes de la muerte (1979) Homenaje para iniciados (1984) El chico que se declaraba con la mirada (1988) Symbol (1991) CorCordium (1995) Santa María (2001) Eucaristía (2004).

1) ¿Cuál fue su primer contacto con la poesía, lo recuerda? Digamos que, ¿hubo algún poeta  cuya lectura significó el nacimiento de su práctica literaria? 

Mi primer contacto con la poesía ocurrió a muy temprana edad. Estaba yo de vacaciones en Lima (vivíamos en Piura) en el verano de 1964 y un buen día escribí una suerte de poemas –en realidad juegos de palabras y ritmos- influenciado por la música rock que oía a través de mis hermanos mayores. Yo tenía siete años aquel verano que contempló mi nacimiento a la poesía, pero aún no poseía alguna idea de ella: fue un arranque solitario y personal, un impulso espontáneo que pasó como el fuego del estío. Muchos años después –en la pubertad- un mediodía piurano hacia 1969 o 1970 mi padre trajo a la casa una grabadora de caset (una novedad a la sazón) y para probarla se puso a leer en voz alta unos poemas de García Lorca que él amaba. Escuchar a mi papá leyendo al gran Federico me produjo una conmoción de la que todavía no me repongo. Pero ahí quedó la cosa. En 1971 estando en cuarto de secundaria –sin saber porqué- de súbito empecé a componer versos y entonces me animé a leer la famosa edición de Moncloa (1968) de la obra poética de Vallejo que mi papá tenía en la biblioteca de mi casa y entonces experimenté la hecatombe. Allí empezó –o prosiguió mejor dicho- todo.

2) Años después decide viajar a lima, ¿“Hora Zero” significó el primer paso “serio” como poeta?

Empecé a mudarme a Lima en el verano de 1974.  Hora Zero en ese momento era para mí la imagen de la rebelión en poesía, pero yo no conocía todavía a nadie del grupo, sólo había leído la antología Estos 13 y los primeros libros de Pimentel, Ramírez Ruíz y Verástegui. Hora Zero existía desde enero de 1970 –cuando yo entraba a tercero de secundaria en Piura- y no estaba en la poesía todavía. Me enteré de la existencia de HZ a través de ‘Estos 13’ libro que me compré en la librería Studium de Piura en el verano de 1973. En Julio de 1973 viajé a Lima en las vacaciones de Julio y allí consegui Los Nuevos la antología de la generación del 60 que me marcó muchísimo tambien. Y Vuelta a la otra margen otra antología de poesía peruana moderna que fue decisiva para mí. De modo que HZ -en ese momento- no fue ningún paso serio como poeta ya que aún no los conocía; sólo los admiraba como lector.

 

3) Qué significó “La sagrada Familia” ¿Por qué y cómo concluyo?

La Sagrada Familia (que fundé con Edgar O’hara e invitamos a Enrique Sánchez Hernani, Luis Alberto Castillo,  Willy Niño de Guzmán y Mito Tumi que se abrió antes de iniciar el camino) fue mi primer grupo literario constituído como tal. Antes de ésto yo estuve en el grupo que editaba la revista AUKI (1975-76 con Luis La Hoz y Armando Arteaga) y en el que publicaba la revistaEscritura (Mito Tumi y Lucho Castillo) pero no eran grupos propiamente dichos, sino colleras que sacaban revistas. En esta época es que conocí a los que luego –en 1977- serían mis compañeros en ‘La Sagrada Familia’. Este colectivo significó en su fundación el agrupamiento de los más jóevenes poetas de Lima en ese instante.También estábamos un poco cansados del prosaísmo y cierto descuido formal que veíamos en las secuelas del lenguaje de HZ. Nosotros buscábamos un trabajo más cuidadoso de la forma. Esto fue lo que nos unió al comienzo. Después vino el paro nacional del 19 de Julio de 1977 y la crisis política tremenda que se suscitó a la caída del reformismo del general Velasco. En ese momento los poetas jóvenes nos politizamos muy fuertemente. Y se produjo una intensa discusión en el grupo. Todos eramos marxistas. Pero de diferentes tendencias del marxismo. Yo personalmente había asumido el maoísmo y no me sentía cómodo en el grupo, de modo que lo critiqué abiertamente y eso produjo un cisma. La solución final fue el acuerdo común de dissolver el grupo. Y asi fue en abril de 1979. También fueron de La Sagrada Familia Dalmacia Ruíz- Rosas, Marisol Bello, Luis Rebaza, Guillermo Saravia, Ernesto Mora, Luis Angulo, Eleonora Falco, Oscar Malca y Julio Heredia.

4) ¿Cómo inicio “kloaka”?  Fue una urgencia del momento o un proyecto ya cuajado.

Kloaka vino mucho después. Luego de la disolución de la LSF pasé un tiempo solitario dedicado a preparar mi primer cuaderno ‘Antes de la muerte’  que salió publicado en diciembre de 1979. En 1980 hubo un intento de agrupar a todos los escritores y artistas de izquierda en Lima. Eso se iba a llamar ‘La Unión Libre’. Pero jamás cuajó. En las reuniones de ‘La Unión Libre’ trabé amistad muy cercana  (aunque ya lo había conocido unos años antes) con Jorge Pimentel, quien m - e invitó a intregrarme a HZ, cosa que hice en diciembre de 1980. Milité allí hasta abril de 1982, cuando me reunía con José Mazzotti, Dalmacia Ruiz-Rosas, Rafael Dávila-Franco y Mariela Dreyfus para organizar un nuevo movimiento literario. Este intento no funcionó. Y así fue como un dia de agosto de 1982 me encontré de casualidad con Mariela Dreyfus en el restaurant Wony del centro de Lima y decidimos fundar el Movimiento Kloaka. Fue una urgencia del momento. Nos parecía que  la sociedad peruana era una cloaca. Pore so tomamos ese nombre (y para significar la ciudad también) pero con las letras K en una onda de vanguardia. Queríamos reivindicar todo lo subterraneo –eramosunderground– estábamos influidos por los beatniks, por el movimiento hippie, y por todas las vanguardias que en el mundo han sido, principalmente DADA y el surreealismo. Representábamos la Contracultura en el Perú de esos días. No, no fue un proyecto cuajado, fue una creación espontánea motivada por la necesidad de expresarnos frente a todo lo que sucedía en nuestro país –empezando por la guerra de Sendero que acababa de inciarse-  así como el narcotráfico copando las esferas del poder y el gobierno “democrático” de Belaúnde que no hacía nada por resolver los graves problemas del pueblo peruano, sino que profundizaba la crisis llevándolo a extremos de miseria y desesperación. Kloaka quería responder –desde la poesía- a toda esta terrible y dramática realidad. Integraron también el MK: Domingo de Ramos, José Alberto Velarde, Mary Soto, Guillermo Gutiérrez, Julio Heredia, el narrador Edián Novoa y el pintor Enrique Polanco. Participaron como alidos principales José Antonio Mazzotti, Dalmacia Ruíz- Rosas y en su onda expansiva Rodrigo Quijano, Rafael Dávila-Franco, Frido Martin, Bruno Mendizábal y el pintor Fernando Bryce. Piero Bustos y sus bandas de rock-fusión Delpueblo y Delpueblo & Delbarrio, así como los proto-subtes Kilowatt y el grupo Medias sucias,  estuvieron muy cerca del Movimiento Kloaka.

5)¿Tenían algún sustento teórico, algún texto fundacional por así decirlo?

Nuestro sustento teórico eran las lecturas colectivas que realizábamos. Entre las obras fundamentales:  Gramática de la vida del antisiquiatra David Cooper,  Manifiestos del Surrealismo de Andre Bretón,  Aullido de Allen Gisnberg, Una estación en el infierno de Rimbaud, El Matrimionio del cielo y el infierno de Blake, Obra Negra de Gonzalo Arango, Trópico de Cáncer de Henry Miller, El Caos de Pier Paolo Passollini, Visiones de Cody de Kerouac, Vox Horrísona de Luis Hernández, The Wall la película basada en la música de Pynk Floyd, los  poemas de María Emilia Cornejo, Hotel del Cuzo y otras provinciaas del Perú de Pablo Guevara. Estos títulos son los que mi memoria rescata en este instante.

6) ¿Define a “kloaka” como un grupo anarquista?

Efectívamente el Movimiento Kloaka fue un colectivo de ideología anarquista. Bandera negra totalmente. Nosotros negamos esta sociedad, queríamos fundar una nueva, sin estado, sin patria, sin propiedad privada, donde primara la libertad humana y la propiedad colectiva.

7)Cuáles son las semejanzas y diferencia con “Hora zero”,  grupo con el que muchos asocian a “kloaka” como continuadores?

No fuimos continuadores de HZ. Kloaka tuvo su propio e independiente proceso de gestación y de actuación. Obviamente HZ estuvo antes en la cronología histórica y fue una inspiración para nosotros, pero no somos su continuación. Kloaka brotó de una nueva realidad en los 80s que no tenia nada que ver con las condiciones  de los 70s que es de donde nace HZ. Kloaka surge de las condiciones de los 80s: el surgimiento de la guerra de Sendero, la corrupción del narcotráfico a nivel de toda la sociedad incluyendo las esferas del poder, el altísmo nivel de miseria a la que se llegaba por vez primera en el Perú de Belaúnde en los 80s, la aparición del movimiento punk en el mundo, la propagación de la chicha –música y cultura-  en el Perú. Todo ésto no existía cuando surge HZ en 1970. HZ es producto de otra época: la de las condiciones que llevaron a la toma del poder por Velasco Alvarado en 1968. Además y haciendo un símil: HZ intentó lanzar pedradas al edificio de la poesía peruana; mientras Kloaka se propuso dinamitar ese edificio, hacerlo volar en mil pedazos.

 

8) Muchos jóvenes se sienten identificados con “kloaka” por el espíritu idealista y rebelde, por el activismo y la postura guerrera que tuvieron en su momento, pero más allá de la “anti-pose” o la llamada pose de odio ante la sociedad que tuvieron , ¿cuál fue el común denominador que permitió el nacimiento y la breve vida del grupo?

El común denominador era el odio que sentíamos contra una sociedad tan injusta y salvaje como la sociedad burguesa del Perú. No podíamos quedarnos callados, teníamos que gritar nuestro rechazo a un mundo degradado, opresor, antihumano. Esa fue la razón del activismo del Movimiento Kloaka y la base de su propuesta artístico-literaria. En el último tramo de la existencia del colectivo nos declaramos una conciencia vigilante de la sociedad y planteábamos un radiante utopismo hacia la anarquía creadora.

 

9) Tengo entendido que en un primer momento apoyaron la revolución, sin embargo nunca se suscribieron a ningún partido, hablo en particular del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso. ¿Cual fue la posición del grupo y la suya especialmente sobre este grupo maoísta?

 El Movimiento Kloaka simpatizó con la Revolución pero lo hacíamos desde nuestrro anarquista punto de vista. Yo –en lo personal- estaba hastiado y dececionado tanto de la derecha como de la izquierda. Jamas estuvimos suscritos ni adherimos a ningún partido politico. No existe ningún documento  en el que Kloaka manifieste su filiación a nada ni a nadie. Kloaka fue un movimiento artístico de neovanguardia autónomo y absolutamente independiente. Mi posición personal sobre Sendero Luminoso fue la de un observador conciente de lo que estaba ocurriendo.

 

10)  Qué tan importante fue contar con los “aliados principales”.

 Los aliados principales (José Antonio Mazzotti y Dalmacia Ruíz- Rosas) se plegaron en la parte final de la historia del Movimiento. Fueron muy importantes porque –en la práctica- actuaron como militantes de Kloaka.

 

11)  Como miembro fundador del grupo, ¿cree que “Kloaka” llegó a definir su propia poética? Y si lo hizo, qué nos puede comentar sobre ella.

 La poética común de Kloaka fue  un pensamiento y sentimiento anárquicos compartidos, y en el plano del lenguaje la propuesta de trabajar con el habla de las calles, la expresión cotidiana de las sencillas gentes. Estaríamos cerca de un expresionismo urbano en el ámbito hegemónico de la poesía conversacional –modo y estilo que primaba cuando nuestra generación nació a la poesía- en una continuidad de ruptura que venía desde la Antipoesía de Nicanor Parra y el Exteriorismo de Ernesto Cardenal en los 1950s y la obra de los poetas peruanos de la generación del 60 y del 70. Sin embargo en Kloaka habían otras fuentes, como el surrealismo en Guillermo Gutiérrez o en Frido Martín (muy cercano al colectivo).  En la pintura de Polanco el expresionismo es clave y un color distinto, creativo, cerca de lo que se ha dado en llamarchicha en el Perú. A propósito de ésto, de hecho la banda Durazno Sangrando(Quijano, Bryce, Susti, Brodiano) que participó en los recitales de Kloaka hacía un pionero chicha-rock.

 

 12)  Cómo llega a su fin “kloaka” ¿Cuáles fueron los factores?

 Kloaka llegó a su fín por un proceso natural de desgaste, como sucede en casi todas las agrupaciones poéticas.  Después de un tiempo los miembros desean seguir su propio camino individual.  La poesía es un acto solitario. Kloaka se diluyó lentamente en el panorama, para que cada uno de sus integrantes desarrollara su obra. Y tras 30 años que han pasado vemos que cada quien construyó lo suyo, pero que –de todos modos- la experiencia del Movimiento es inolvidable.

13)  ¿Qué fue lo que significó para usted “kloaka”, y de alguna manera, viéndolo en retrospectiva, 30 años después, qué sentimientos le deja?

 Kloaka significó para mí la rebeldía que bullía en nuestros corazones. Un movimiento de neovanguardia artística que representara a nuestra generación: la de los 1980s. En lo personal fue el logro de la organización de un nuevo movimiento que cuestionara todas las bases de un sistema injusto e irracional con el que no estábamos de acuerdo. 30 años después su recuerdo me deja muy satisfecho porque nosotros fuimos consecuentes con lo que pensábamos y sentíamos. Y nos entregamos a eso. Me deja un sentimiento de alegría porque estoy seguro que teníamos razón. Y porque la obra de la mayoría de los integrantes de Kloaka es hoy por hoy un referente insoslayable del arte y la poesía peruanos contemporáneos.

 

14)  ¿Hubo la tentativa de algún proyecto “post-Kloaka”, que intentara expresar esta actitud rebelde ante el descontento social y literario?

 Existió un rebrote denominado Kloaka Internacional en 1986 liderado por el poeta José Alberto Velarde en Paris. Allí se editó un vocero y tambien una plaquette de Domingo de Ramos así como el libro Aproximación a S. Colonia & otros poemas  de Rodrigo Quijano. Posteriormente y en lo que podriamos llamar un espíritu del Movimiento, con el poeta César Angeles creamos el sello The-Posición en el que participó –de alguna manera- el taller de artistas plásticos NN a fines de los 80s y princiopios de los 90s. El evento Thanatos go home de donde nació el Comité Killka en el primer tramo de los 90s –en cierto modo- también recogió la memoria viva de Kloaka.

 

15)  Curiosa la experiencia de la lima en los 80´s, la asumen como un lugar que odian pero que no dejan de hacerla tema recurrente y hasta obsesivo en su literatura. Particularmente Roger, tomas bastante de la Piura natal para escapar de la Lima de “kloaka”, ¿cómo se da el tránsito entre la Piura de tu adolescencia y la Lima de tu juventud?

 El tránsito entre mi natal Piura y la Lima de la juventud fue un proceso que lo viví intensamente. O sea, Lima era un monstruo para mí viniendo de una ciudad chiquita. Sinceramente me fascinó Lima y durante un buen tiempo me dediqué a recorrerla lateando para inmiscuirme en ella y conocerla a fondo. Y cuando trabajé en la revisra OIGA pude conocer prácticamente todos los barrios y distritos de la gran Lima en misión periodística. De hecho Kloaka es Lima. La ciudad tentacular, violenta y salvaje que devora a sus hijos. Es verdad que –en cierto modo- Piura en mi poesía (o mejor dicho la memoria de Piura que yo llevo en el alma) es una vía para escaper del mundo y permanecer un tiempo en la región del paraíso. Para nadie es un sectreto que la infancia y la adolescencia son los edenes del recuerdo del ser humano. Y Lima fue para mí –en una época muy dura- una suerte de infierno, pero también fue la experiencia del amor y la belleza.  Buena parte de mi poesía tiene que ver con la ciudad de Lima, o con el habla de la gente en las esquinas de ella –por ejemplo después de la medianoche- como ocurre en mi libro Symbol.

16)  Cómo fue la relación con la música y el cine, pues vemos que mucha de su poesía hace alusión a estos elementos como referentes.

 La música y el cine –las artes en general- siempre han sido elementos fundamentales de mi visión poética del mundo. De hecho yo hice teatro en la secundaria en Piura y soñé con hacer películas ya que durante mucho tiempo y hasta hoy he sido cinéfilo. En los 70s era fanático de Hablemos de cine revista de nivel mundial (y no exagero) que se publicaba en Lima en esa época. El llamado cine de autor – la nueva ola francesa, el free cinema inglés, la escuela de Nueva York, el nuevo cine latinoamericano de los 60s/70s, el neorrealismo italiano- tuvieron una gran influencia en nuestra generación. Lo mismo que el rock, desde sus orígenes con Elvis, los Beatles, los Rolling, y todo el movimiento hippie-psicodélico de 1967-1973 desde San Francisco hasta Lima, marcó nuestra sensibilidad poética con indeleble huella. Y tambien el punk-rock de 1977.

17)  Hoy, qué espera Roger Santivañez de la poesía. ¿Cual es el próximo paso?

 Lo espero todo y nada de la poesía. Es decir, uno no puede esperar nada de ella, e igualmente en la poesía ponemos toda nuestra esperanza. Sino no escribiríamos. Pero la poesía es libre, como el viento que pasa por las calles o por las playas y nadie sabe nada de ella. El próximo paso –naturalmente- es componer el siguiente poema.

 Orillas del río Copper, praderas de New Jersey Sur, febrero 2012.

 

Algo sobre Vallejo…

Por: Fausto Barragán

En estos últimos días, en especial, los concernientes al aniversario del emblemático y recordado poeta protagonista de haberle dado otro rumbo no sólo a la poesía peruana, sino a la latinoamericana y mundial, he sido testigo de una ráfaga de expresiones y debates en torno a él, de todo tipo y calibre. Los 120 años de César Vallejo se celebraron a lo grande en nuestra capital, y quiero creer que en el resto del mundo. Y por ello, me complace saber que hay gente que lo recuerda, o al menos -conociendo nuestra lamentable educación- sabe a quién obedece ese nombre. Palmas para todos ellos, como también para los artífices de eventos a su nombre, pues sé que detrás, estuvo constante el esfuerzo y la emoción de pregonar el nacimiento de un grande.

Pero lamentablemente el motivo de este texto no es para hacer ningún tipo de apología tanto del poeta en cuestión, como de los que se encargaron de realizarle un homenaje. Creo que esto es algo muy personal contra algunas opiniones que no logro eludir por más que quiera, en vista que bombardean, más aún por esos días, el tema “Vallejo”. Es así que existe un punto céntrico, una puerta, una ventana, algo en común entre las que se podrían asumir como “especialistas” opiniones, y las más prosaicas, por el otro lado; un tema que en resumidas cuentas me ofusca por el grado de “importancia” que se le puede conferir.

Esto no tiene que ver con eventos realizados por su aniversario, sino, como lo mencioné, con las manifestaciones, comentarios, o por último, ridículas disputas, fuego cruzado sin sentido, que a mi parecer no lleva a nada productivo, ya que en vez de hablar sobre su poesía, sobre el contexto de su publicación, sobre la consecuencia de la misma o, por último, a los que influenció, se le da más importancia a la supuesta “pose” que pudo tener.

Con qué opiniones me suelo encontrar, no una, sino ya muchas veces –es por eso el motivo de este texto-: “pero Vallejo era también alegre”, “No deben hablar así de nuestro poeta, el era muy serio”, “Vallejo era muy sufrido, muy trágico en la vida”; estupideces como esas. En verdad, ¿podemos desperdiciar el tiempo hablando de Vallejo de esa manera? Muy bien, es aceptable quizás en colegios de primaria o iniciales, ¿pero en personas adultas, y con grados de estudios y demás? Es gracioso, pues seguro se preguntarán, “¿y este quién es para hablar de Vallejo?” Bueno, tienen razón, no soy un vallejiano –como esos que han surgido repentinamente debajo de cada piedra- pero aún así, no puedo ser un testigo mudo de ello. Qué sentido tiene decir “Vallejo era el poeta, triste y que siempre sufría”, o si no la muy divertida afirmación: “pero si tiene imágenes con sus amigos, y se ve feliz.” ¿Es necesario defender a capa y espada dichas posturas? Tanto la una como la otra. Perder el tiempo en defender su postura “trágica”, como la otra idea, de afirmar que era feliz y demás, terminan pecando de pueriles. Y por otro lado, las diversas manifestaciones tan imprudentes, como la leída hace algunos días en el diario el Comercio, que tiene como autor a Diego de la Torre… qué les puedo decir. Este individuo que se atrevió ha publicar algo que seguramente cocinó en el instante sobre el celebrado poeta, no es más que una tomada de pelo, claro, si su intención era la de divertirnos, de manera que sólo merecería una carcajada, pero en vista que apuntó a serio, merece nuestra más sincera indignación; no debió ser considerado digno de publicar. Pero bueno, en otra oportunidad hablaré sobre su tan “ingeniosa” idea.

Para terminar, me queda aclarar que la intención de este texto no es la de agotarse explicando el correcto abordaje a Vallejo, quizás a su vida, o cosas por el estilo, sólo expresar mi indignación y aburrimiento contra este tipo de criterio que abunda acerca de él.

PREPARADOS PARA LOS ALL STARS?

Por: Fausto Barragán

Uno de los últimos conciertos de rock que tuvimos en nuestra capital, quizás nos remonte a Pearl Jam y Aerosmith. Pero hace cuánto que no tenemos un evento de rock, sucio, salvaje y violento: Guns, Maiden, Metallica, Kiss, etc. Es por eso que me intriga la próxima llegada de estas figuras musicales reconocidas, como estrellas de Rock, reunidas todas en un evento que perfila apoteósico bajo el originalísimo nombre de “Rock and roll all stars”.

La propuesta de juntar a tamaños personajes es algo entusiasta y novedoso (para nuestro país), que no deja de asaltarme el pensamiento. Pero, esta misma llegada me causa una inquietud, que si bien no augura algo negativo, es en cierta, una piedra en el zapato. Como figura en la programación, tendremos en el escenario a Gene Simmons (KISS), Matt Sorum (Guns, Velvet revolver, the Cult), Duff mcKagan (Guns, Velvet revolver), Mike Inez (Alice in chains), entre otros; muy motivador para muchos, pero no para mí. Personalmente creo que hubiera sido mejor traer a una de las bandas (salvo Kiss, que ya nos visitó) a la que pertenecen dicho músicos, en vez que a todos ellos por separado. Lo digo no con ánimos de aguafiestas, está bien que mucha de la gente vaya por ver a sus ídolos del rock, pero como ellos, supongo, irá gente deseosa por escuchar sus temas favoritos, pero, ¿qué pasará si todas estas estrellas no logran convencer a la fanaticada? es decir, qué pasará si de pronto despertara la consciencia del “culto por la canción”, y vieran a esos tipos en el escenario, sean las estrellas que sean, como un grupo de músicos haciendo simples covers. Claro, eso siempre y cuando sean sólo covers los de esa noche, puede ser que se pongan a improvisar, o lo dudo mucho, sorprender con canciones propias, no lo sé, aún de ser así, el efecto iría de mal en peor.

Voy al hecho de que sería fabuloso oír temas como “Slither”, “Would?” o quizás “Rock and roll all nigth”, pero, no me parecería definitivamente “fabuloso” que las mismas sean cantadas por Gene Simmons, Sebastian Bach y Joe Elliot, o cualquiera que sea, respectivamente. Como digo, hubiera sido mejor que llegara Alice in Chains, Velvet revolver, Sabbath, o Motley Crue, más no éste simpático e imponente combinado. No sé cuán preparado esté el público nacional de soportar esto. Espero al menos, que sea un lleno total, y que no se tope con la indiferencia y el desdén por parte de sus seguidores, como vergonzosamente ha pasado antes: Iron maiden (segundo concierto), Janes adiction, entre otras. Lo que es un hecho, es que el público peruano es impredecible. Creo entonces, que el clima con el que se debería abordar tal presentación sería el de una fiesta, una fiesta del rock, simplemente eso, que tenga por cometido el de animar al público con buenas interpretaciones, más que el de vender a sus respectivas bandas. Pues si esa es su intención, prefiero irme al “Tequendama”, o “la Noche”.

Otro hecho que me parece sumamente curioso, y que le daría (en caso de confirmarse) uno dosis significativa de bizarría al show, es la presencia del popular protagonista de la serie televisiva “Two and a half man” Charlie Sheen, quien a manera de maestro de ceremonia se encargará de presentar el espectáculo. Sinceramente, raro.

En definitiva, tendremos una disociación de espectadores el día del show: primero, aquellos a los que no les importa que vengan miembros separados de sus bandas originales, siempre que brinden un interesante y divertido espectáculo; y el segundo, que sólo irá por el hecho de que tales figuras estarán tocando en vivo, no interesa qué instrumento o cuál sea su participación, pero verlos al fin y al cabo. Sea de la forma que sea, espero que este “Monstruo” sea del agrado de todos los concurrentes, y no permita que se vayan con un disfrazada decepción.