(casi) Todo entra por los ojos

Por: Alberto Luna

En pocas oportunidades me he encontrado cautivado por alguna película tan sólo con haber visto el título, esa parte tan importante que juega como introducción en ciertos casos. Existen títulos que me han sobrecogido ampliamente y cabe resaltar que estos pueden ser bastante engañosos; en este momento se me ocurren dos: el primero, “Los amantes del círculo Polar”, el título sugiere más de lo mismo -amantes- , pero explorados en otras latitudes; el segundo es “El fin del mundo en 35mm”, título contundente también, pero grande fue mi desilusión luego de verla, al descubrir que la traducción literal al español sería “Quemadura de cigarrillo”, que si bien no resultó un fiasco, tampoco estuvo a la altura del fraudulento título con el que la adquirí. A lo que quiero llegar con esto es que el título (esa parte tan difícil de hallar para algunos cuentistas o escritores, como también para cineastas o artistas en general; yo hablo de esto, desde mi lugar de enunciación como escritor aficionado que soy) me ha guiado a lo largo de muchas compras aleatorias en cuanto a cine y literatura sobre todo. De ahí viene el título de este post.

La película que abordaré hoy no escapa de esta suerte de violenta selección prejuiciosa; fue elegida por mí bajo los parámetros brevemente mencionados: “71 Fragmentos de una cronología del azar”, sencillamente avasallador, me resultó imposible dejarla de lado, y por culpa de ella y mi poca solvencia, tuve que renunciar en su lugar alguna otra que también me interesaba pero con alguna carencia nominal que la hizo perder puntos ante mi extraño sistema selectivo. El director es Michael Haneke, el mismo que se encargó de esa otra película que me han recomendado hasta el cansancio llamada “Funny games”, precisamente 71 fragmentos cierra un cicló de tres películas con el tema de la violencia, del cual “Funny games” es la segunda entrega.

La película es aburrida y me recordó mucho a “Elephant”: unas cuantas porciones de la vida cotidiana en la que no sucede mucho, explorando la rutina de algunas personas hasta llegar al desenlace, el cual tampoco resulta ostentoso. Sin embargo, cuando digo que es aburrida no quiero decir que sea mala, por el contrario, ese aburrimiento y tedio en la narración es lo que la hace tan brillante. Hasta donde tengo entendido, a Haneke le encanta proponer más que mostrar, es decir, él prefiere darle un papel más activo al espectador, hacerlo pensar o que realice su verdadera labor como alguien que pretende consumir cine. No he tenido la paciencia para contar los fragmentos, cada plano viene seguido de un fundido en negro que deja muy claras las divisiones e invita a pensar que cada escena que se muestra es un evento aislado o, a lo mucho, una sucesión de eventos intercalados.

La película inicia con una noticia sobre la guerra, lo que vendría a ser el fragmento 1 y que al mismo tiempo le da un plus realista, ya que parece sumergirnos en un documental (el primer fragmento es el extracto de un noticiero real), posteriormente y sin ser muy obvio la película juega a escapar de la violencia que nos presentó al principio insinuando ser el eje de la historia, para sumergirnos en otros tipos de violencia menos ligados a las armas o la agresión física, y más cercanos a las relaciones humanas, las mismas que son exploradas de manera magistral con muy pocos diálogos, planos estáticos y eventos cotidianos. A pesar de esto, el final -tal y como sucede en la vida real- nos arranca de esta especie de refractor (por no decir reflector, porque me parece un tanto exagerado) de la vida, a raíz de un evento de violencia explícita fuera de la rutina.

Creo que Haneke se muestra muy lúdico con el espectador, en algunos casos demasiado, tal vez llegando al punto de lo irritante como podrán apreciar en el fragmento (creo que nunca usé mejor esta palabra) que dejo como cabecera de este post. Aunque resulte altamente densa la película y sea toda una hazaña verla sin cabecear un momento, la recompensa es alta; ofrece un goce particular que no debe medirse en intensidad, sino en la calidad del mismo, no te dejará asombrado, no te hará llorar ni reír, no serás una mejor persona después de verla, pero definitivamente algo muy bueno e indescriptible nos deja. “71 Fragmentos de una cronología del azar” es una película sincera en cuanto a la historia y hermosa si hablamos de la forma, cuando se hace un film. Como este sólo existen dos resultados posibles, la gloria absoluta o el fracaso más miserable, no hay puntos medios y, con respectos al que ha sido el tema de esta publicación (no tengo que especificarlo si prestaron atención mientras leían), ya saben cuál de los dos resultados creo que es el obtenido.

Como último punto quisiera aclarar, para evitar conflictos, que no pienso que el cine sea exclusivamente visual, hay mucho de audio y, en otro nivel, mucho de psicología. El título del post va orientado a la descripción anecdótica de que hacía al inicio con relación a los títulos, creo que yo soy muy malo poniéndolos, por eso es que me fascino tanto cuando encuentro alguno realmente imponente.

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