La perra en el satélite

Por: Fausto Barragán

Héctor Velarde fue un escritor peruano, nacido en 1898, arquitecto de profesión, que cultivó desde temprana edad la afición por la escritura, llegando a publicar su primer libro en Kikiff (1924), y a partir de ahí, sería considerado uno de los escritores satíricos más relevantes dentro de las letras peruanas.

La perra en el satélite, fue un libro publicado por Héctor Velarde en el año de 1958. Al comienzo, me llamó la atención el divertido e interesante rótulo “La perra en el satélite”, la verdad fui muy lento en advertir que el mismo, hacía una referencia a Laika, la primera perra en ir al espacio, mandada por los Rusos a fines de la década del 50. Y es precisamente con un breve relato homónimo, que da inicio el texto.

En seguida, la sucesión de relatos, y más aún los títulos de los mismos, me permite colegir una astucia verbal  destacable para la época. Es más, creo que muchos de los títulos presente en este libro le dan una paliza, en cuanto a lecciones de originalidad y atrevimiento, a muchos de nuestros “narradores” contemporáneos “pseudo-sui generis”: El concho telúrico de acometividad, Lucky Strike y el destete, El flautista Piccelli  y “los Platillos voladores”, “Rock and roll”, Willy, Mazamorra  con porridge, etc. No se vayan a confundir, todo esto, fue publicado ya en 1958. Estos son algunos ejemplos de la astucia con la que H. Velarde dispara inicialmente, sin que de ellos desborde un cosmopolitismo trillado y absurdo, pues, tales son aplicados astutamente a circunstancias, vicisitudes, y hechos en particular que obedecen a los cambios sociales de su momento, oscilando entre la cotidianidad y el reporte internacional. Qué ejemplo más puede haber que “la perra en el satélite”.

Otro de los aspectos rescatables estriba en la crítica a las costumbres limeñas de estratos sociales diversos, sin caer en la abrumadora y popular tendencia urbano-realista, que definió la prosa de esa época, la década del 50. El lenguaje ágil y dinámico facilita el cometido de la obra: ofrecer una narración acorde con la frescura y novedad de los temas a tratar. Los hábitos y rasgos personales (Mecanismos limeños), los vicios “justificados” (Drogas de sociedad), la carencia de proyectos (Los medios superan a los fines), el cinismo (Dos viejos en un santo), y  los ritmos musicales de moda (“Rock and roll”),todos tratados  a la par con hechos extranjeros históricamente destacables.

Así, el narrador pretende cotejar el tránsito de dos imponentes etapas, resaltando viejas con  nuevas costumbres, viejos con nuevos ambientes, pero sobre todo, dándole al lector la posibilidad de celebrar o denostar esta propuesta: la seguridad de una Lima tangible y real que vivió, ante la incertidumbre de un monstruo urbanístico sin rostro. El tiempo, la desesperada contemplación de su ciudad querida, sólida, pero ausente, en reemplazo de una  inminente, que denuncia de forma camuflada con fino humor, ignorando el rumbo que tomará. Es el pavor, la ignorancia que lo mueve a criticar los hábitos de una vívida pero loca época que pasa ante sus ojos.

Héctor Velarde, no se posiciona –a mi parecer- como libre creador de ficción, sino como un  reportero, como un “radiógrafo” social, de todo su contexto. Es un acerbo crítico de su tiempo, el cual, consideró necesario fijar y representar desde su lectura irónica, una sociedad limeña que empieza a cambiar, sin saber aún, si es para bien o para mal.

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