Sombras y murmullos de una Marcha silenciosa, a propósito del estreno de “Rec 3”

Por: Fausto Barragán

Max Brooks (New York, 1972) quien asoma en el mundo no sólo literario, sino ficcional, como una de las eminencias y experto en el tema que últimamente está dando de qué hablar, tanto en estrenos de películas por muchos meses esperadas, como también en la vida real (los recientemente aparecidos caníbales). Así es. Este tema sería: “el mundo Zombie”. Las diversas publicaciones de M. Brooks fueronZombie-guía de supervivencia (2003), Guerra mundial Z: Una historia oral de la guerra Zombie(2006) y Guía de supervivencia: ataques registrados (2009). Y ahora, nos sorprende con una de sus últimas entregas La marcha Zombie(2012).

Para los que gustan de las novelas detectivescas, o en el caso de este tipo de textos, la supervivencia, el atrincheramiento, la masacre y brutal carnicería, este libro, no es para ellos. Si bien La marcha Zombie está compuesto por cuatro relatos que, viéndolo de una manera entusiasta, serían cuatro posibilidades de acción al más puro estilo hollywoodense, o a las películas de culto como La noche de los muertos vivientes o El regreso de los muertes vivientes, no resulta así. Brooks apuesta por otro tipo de tensión, no por la acción de los personajes (humanos, no-vivos, etc.,) o cualquier elemento explosivo registrado en las historias. Esta tensión de la que hablo, radica en la perspectiva paisajística del caos, en la posibilidad del “y si hubiera…”, en el tiempo ido, reemplazado por un presente cruel, el cual sus personajes están obligados a respirar, y al parecer, lo hacen con una asombrosa naturalidad.

En la primera historia, El desfile hacia la extinción, vemos un panorama eclipsado por la catástrofe de la invasión zombie. Es una historia que revela a manera de diario, la travesía de los protagonistas, que curiosamente son unos turistas en la historia de la humanidad, comentando sus experiencias en diversos momentos (específicamente guerras) de la historia, y cómo es que lograron sobrevivir. Por momentos estos diálogos tienen vagas reminiscencias de Anne Rice y su Entrevista con el vampiro, que casualmente éste último (entre dos fuegos cruzados: los humanos y los zombies) no es algo ajeno en la historia.

La gran muralla, una historia de la guerra zombie, es el segundo título de los relatos aquí presentes, que instintivamente nos remite a una guerra, a trincheras, a sangre, pero para aquellos que esperan la “acción”, se topan de cara nuevamente ante un relato confesional. Esta vez, será una mujer la que nos cautive y asombre con su lúgubre testimonio de cómo llegó a formar parte de la última resistencia humana contra una infección letal que conminó a los de su especie a la desaparición. Casualmente encuentro un paralelismo entre una de estas escenas, con la de la exitosa película dirigida por Juan Carlos Fresnadillo, 28 weeks later, que a nuestros lares llegó como Exterminio 2, en la que los pocos sobrevivientes atrincherados en sus casas, logran ser rescatados en helicópteros por el ejército. Claro que en la película este acto obedece a otras circunstancias, pero sería poco fructífero para el texto explicarlas.

Steve y Fred, quizás se uno de los relatos más extraños del libro, por lo mismo, que deberíamos escatimar antes de emitir cualquier comentario, que presumo por el relato, sería negativo. Por qué me atrevo a indicar esto. Por la sencilla razón de que el narrador cambia al igual que la atmósfera. Esta vez ya no estamos ante un personaje reflexivo, sino de acción. A la vieja escuela de Chuck Norris, Steve lucha contra los zombies en una moto, portando un “sable”, y a la vez con una linda acompañante. Pero dónde se encuentra lo “a escatimar”. En que se produce un vuelco ficcional, donde el buen Steve era un personaje de una historieta que leía Fred, joven atrincherado en un reducto carente de comodidades, poco espacioso, escondido y maldiciendo constantemente su infortunio tras haber elegido un lugar así para guarecerse de los no-vivos, que esperan hambrientos su salida.

Y para culminar, Punto final, S.A, una historia de la guerra mundial Z, nos hace retornar nuevamente a ese clima post-epidémico, cuando ya la plaga explotó y se ramificó en toda la extensión terrestre. Lo curioso de este relato, estriba en su atmósfera de paz y sosiego, contrastada con la Apocalipsis paralelamente desarrollada. Pero a diferencia de los otros relatos, esta paz provendrá de la “normalización” de este mal. Quiere decir, que científicos, atrincherados en un viejo depósitos de juguetes, han encontrado la manera de controlar la plaga, dándole una oportunidad de vida, de nuevo comienzo, a los afortunados que fueron seleccionados para salvarse.

Es con estas historias que Max Brooks busca impactar al lector, otorgándole reflexivos y contemplativos paisajes dentro de la (como lo menciona) “invasión Z”. Muestra así también una flexibilidad de la atmósfera en la trama, y variedad de sensibilidad de sus personajes acorde a las circunstancias en cada historia respectivamente. Sin centrarse tanto en los errores ortográficos y de edición (voy a darle la ventaja al no haberlo leído en su idioma) M. Brooks, propone lentamente con sus sagas, construir el universo Zombie, auténtico y verosímil, que todo fanático (me incluyo) de este sobrecogedor y enigmático mundo espera.

Rec 3: Una película en la que solo su estreno fue esperado

Sinceramente me apena escribir sobre un rubro que no es el mío, pero creo necesario hacerlo esta oportunidad; compartir mi experiencia tras haber sido testigo de una de las películas que más esperé a que estuviera en nuestra cartelera. Por lo mismo que una de las pocas cosas que me llevaría a escribir sobre películas, son esos personajes, esos que más me apasionan: los Zombies.

Antes de comenzar con mi comentario respectivo, debo aclarar cuál es mi posición al respecto de las dos películas que precedieron a la misma. La primera vez que vi “Rec” (Jaume Balagueró y Paco Plaza) debo confesarlo fue en la sala de mi casa, exactamente el 25 de diciembre, con mi familia –un poco bizarro-, y menciono esto, porque aún después del paisaje antedicho, creo que fue la última vez que sentí miedo, suspenso, intriga, paranoia; caí redondo en el juego de los directores. Para empezar que la propuesta me pareció original, claro, recordando un poco a La bruja de Blair, con esta idea de una cámara absoluta, a manera de reportaje. No he visto nada similar. A parte que “Rec” fue estrenada bajo el rótulo de “falso documental”.

Al verla, para mí, fue como la consumación de algo hermoso, utópico, imposible. Siempre soñé con la existencia de estos personajes, con la idea de que en algún lugar habían existido, sea como accidente, como encubrimiento de los EE.UU, de cualquier manera. Y esta película entra de la nada, logrando gráficamente este matrimonio entre la realidad del reortaje día a día, común, simplón, y de repente una epidemia zombie, incontrolable, viral; simplemente, soberbia. Fue al verla, que sentí realizado todas las expectativas. Creo que en parte se debe a que los directores jugaron bien las cartas, eligiendo cuidadosamente el contexto menos pensado para una película de zombies en pleno siglo XXI. Así es. No apostaron por ciudades inventadas, ni por aldeas alejadas de cualquier posibilidad de rescate, ni amotinamientos en supermercados, en el que los pocos sobrevivientes disparan sádicamente a lo lejos a una turba momentáneamente contenida de no-vivos. No se complicó la vida, y apostaron por el absurdo. Sinceramente, un ejemplo de cómo la cotidianidad muchas veces puede resolver los problemas de exceso de ficción. Sin contar con la tensión desde la primera aparición de los “infectados” en la película, hasta el final. Definitivamente una buena película.

Hablando ahora de la sucesora, Rec 2 (mismos directores), lamentablemente no puedo comentar nada entusiasta de ella. En primer lugar porque rompe con la lógica de la primera. Si bien intenta parchar ese desliz con la idea de cámaras conectadas entre todos los miembros del escuadrón para-militar que ingresa a la residencia, se arruina con la historia paralela de los jóvenes que irrumpen clandestinamente en la misma, cargados solamente con su cámara digital. Otro de los elementos que le intentan sumar a la película serían: el primero, la religión, pues ya no van a ser simplemente infectados sino “demonios”; y la segunda, la posibilidad de una infección masiva (recordemos que “La niña Medeiros” bajo la apariencia de la reportera, amenazaba con salir del recinto). Eso, en lo personal me pareció tan común y de mal gusto, que ya podía adivinar una tercera parte, a lo Resident Evil, que dilapidaba ese halo de intriga y novedad para caer en la trillada “película de Zombies”.

Siguiendo esta secuencia, es casi seguro que no tendría nada que decir de esta última entrega. Pero se equivocan, tengo algunas ideas que no me permiten sepultarla por completo; la idea está media viva y muerta a la vez. En el fondo, podría ser conceptual.

Cuál es el problema de Rec 3 (Paco Plaza). Si podría celebrar algo de esta película, es el gran esfuerzo del director por evitar que caiga en un rotundo fracaso. Es que, cómo mantener un monstruo de tamaña magnitud. Cómo darle vida a algo que ni siquiera debió tener una segunda parte. Pero en fin, para bien o para mal, ya se hizo.

Creo que el hecho de la deformidad de esta película, evitó que (a mi parecer) cayera en el total absurdo. Me refiero a que esta nueva entrega de Rec, se aleja totalmente del modelo realista, para optar por la “sinceridad”: una película, pomposa, sí, pero película al fin y al cabo. Eso, en primer lugar es sacrílego para la línea que marcó Rec. Y a raíz de esta ruptura (llamada violentamente por mí “sinceridad”) de Rec 3, en relación al pacto ficcional de película de “reportaje”, las licencias que se toman en esta, se encargarán de rellenar y darle forma en lo que dure. Quiero decir que sí, esta nueva entrega cuenta con “banda sonora”; “manejo arbitrario de la imagen”, que podemos verlo en las tomas panorámicas, close up, etc.; “fragmentos de comedia” que incluso colindan con el absurdo; “inverosimilitud de los personajes”, visto en el cambio de 180 grados de lo heroína… porque sí señores, ¡tuvo heroína!; y sobre todo, el final, que es definitivamente la experiencia más catártica y sorpresiva que todo asistente a ver “Rec3”, esperaba vivir.

Son estas razones la que me obligan a sospechar de la “astucia” del director. Porque se puede ver que intenta tomar a la película de muchos lados (las ya mencionadas, líneas arriba), seguro para evitar el fracaso, o para exponer algo más, claro, mediante el pasmo del espectador. La sorpresa es lo que devino de la “sinceridad” en Rec 3; nadie esperó algo así, es seguro. Nos queda ver si el tiempo enterrará lo que pudo y (a mi parecer) debió enterrarse al comienzo, pero ahora, con esa cachetada al espectador, nada se sabe.

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