El amor y otras guerras

Por: Fausto Barragán

Si nos preguntamos ¿cómo debería ser una novela de la violencia política en el Perú? ¿Qué elementos debe tener para conferirle mayor verosimilitud? ¿De qué tópicos se debería asir para mantener el interés o impactar al lector? Creo que deberíamos evaluar cuáles son sus componentes, y de qué manera hacen mella en aquel. De por sí, el tema que se explota genera una sensibilidad particular, al margen de las estrategias narrativas de las que se sirva el novelista, que nos obliga a voltear la mirada, y darnos cuenta de que no hablamos de simple literatura, sino de una parte de nuestra historia,  esa que nos es difícil olvidar. Entonces, como de justa (y a veces injusta) manera fuimos testigos de una serie de publicaciones de ejemplares de ese tipo, desde escritores andinos, capitalinos, y hasta extranjeros; desde novelas comprometidas, las que buscan presentar melodramas baratos, o las que se aprovechan del contexto solo para elaborar un thriller, etc., todas son la prueba de que existen muchas maneras de afrontar nuestra historia. Hemos recibido de todo. Y así también como existen tales novelas, hay las que nos ofrecen lecturas alternativas, que exploran terrenos vírgenes dentro del mismo escenario funesto. Una de estas, es la que nos ofrece De amor y de guerra (Norma 2005) de Víctor Andrés Ponce. Un libro que definitivamente nos presenta otro lado de la guerra, uno que va más allá de escenas en parajes provincianos fantasmales roídos por la sombra de sendero luminoso, o por las fuerzas del orden. Nos vuelve testigos de traumas, paranoias, y secuelas irreparables que de seguro nos dejó la guerra interna en nuestro país.

La novela se compone por dos temas capitales: la religión, que es descrita como un vigente proceso de evangelización en un pueblo subdesarrollado, “Rinconada”; y las alucinaciones, que persiguen a los dos protagonistas de esta historia, moviéndolos a cometer los hechos más extremos, pero que a la vez, son propios de una guerra. Las acciones se desarrollan en varios planos temporales. Los saltos al pasado y al presente son constantes, no solo al narrar la historia de los protagonistas y de cómo llegaron a involucrarse en el conflicto, también de los escolares miembros de este grupo de resistencia civil (ronderos), y hasta de la figura del líder de las fuerzas terroristas, “el Manco Miguel”, mostrando sus primeros pasos en el campo, sus ilusiones, traumas, y las causas que lo llevaron a liderar la revolución en esa parte de la región. Los apartados no tienen un patrón fijo, ni un orden predeterminado en cuanto a dar la posta a las voces de algunos personajes. Estos saltos temporales, nutren la novela compensando “aparentes” vacíos e inconsistencias que un lector (primera lectura) pueda advertir. Vemos así que el narrador está constantemente un paso adelante del lector, y de esto, él mismo una vez sumergido en la lectura dará fe. De amor y de guerra narra principalmente la historia de Nicomedes Sierra, proveniente de una familia pequeño-burguesa, hijo de un hacendado beneficiado por la reforma agraria en los años de Velasco, y profesor de una escuela del pueblo de Rinconada, que luego de vivir por años en dichas tierras, queda proscrito por los terroristas que sorpresivamente ocupan la región, acusado de “terrateniente”, abandonando esos predios, hacia la capital. Es en esta ausencia, que se produce el macabro asesinato de su amada Violeta, hecho que permanece impune a la ley local (mostrándose su evidente corrupción). Nicomedes experimenta una muerte dentro suyo, la cual lo convertirá en una persona con agallas suficientes para encabezar la resistencia en Rinconada. Como también, empezará un diálogo con el más allá, específicamente, con Violeta, a quien a partir de ese momento, le dirigirá la narración, informándole los avances de su plan, que dicho sea de paso, tiene como fin máximo, no liberar a Rinconada, tampoco (en parte) vengar a su fallecida amada, sino, emprender el último viaje que lo lleve a ella. Así es, la muerte.

De amor y de guerra aparece dentro del canon literario popularizado a fines del siglo XX en el Perú, “literatura de la violencia política”, como una inquietante y peculiar propuesta, narrada por la voz de aquellos héroes olvidados dentro del panorama bélico: los ronderos. Son ellos quienes sostienen la narración, esa colectividad de brazos en alto con fusil en mano, esa voluntad por hacerle frente al abuso, a la matanza injustificada, y a la profanación de un pueblo con historia, costumbres y tradición, arrancado sin razón alguna por los denominados “Tucos”. Los pobladores, sin ayuda del estado, es más, con trabas puestas por él,  se ven obligados a decidir  entre vivir o morir. La presencia de Nicomedes y los miembros de su escuadrón, le dan una sólida formación al matrimonio amor/guerra presentado por el autor.

Así mismo, otro de los personajes a quien se entrega la narración es, Lucio Sulluchuco, pastor evangélico de Rinconada,  fiel seguidor y creyente de las Sagradas Escrituras, a quien muchas veces serán ellas mismas las que lo tormenten en su afán por explicar las desgracias desatadas de forma imprevista en su pueblo. Su situación es la de un humilde trabajador, que cautivado por la palabra divina (Sagradas Escrituras) asume la convicción de propalar esta misma, a aquellos faltos de fe, y desamparados espirituales hambrientos de luz y esperanza. Es un activo colaborar del pueblo, y preocupado por el devenir espiritual de su gente. Su historia, transcurre entre el constante cuestionamiento de sus sólidas creencias religiosas, a partir de la premisa “este infierno que estamos viviendo ¿será el mismo que dicta el Apocalipsis?”. Es por ello, que constantemente es asaltado por dudas existenciales, vuelcos repentinos y trastornos de la realidad, siendo esta característica, pólvora para los hechos traumáticos que le toque vivir, y lo motiven a levantarse en armas, cual ángel vengador, hasta que los causantes de su desgracia paguen por haber encendido la mecha, sea cual sea el final.

Víctor Andrés Ponce apuesta por la humanidad obviando los paisajes terroríficos, y los clásicos enfrentamientos entre las fuerzas armadas y terroristas, para centrase en la búsqueda interna de sus actores, y sus pequeños dramas particulares que son los que al final de todo, sostienen la narración. En ningún momento se llega al uso y abuso de los personajes como ornamento para dar rienda suelta deliberadamente a las historias de otros. Este pueblo, Rinconada, es el que rebosa de vida, lo dice el relieve de sus tierras (ceja de selva), el misticismo de sus animales, y sobre todo, la gente que lo compone. Si bien es cierto, que tienen dos figuras centrales (Sierra y Sulluchuco), éstas, no impiden el asomo de voces que alteren el rumbo de la historia con pequeños paralelismos dramáticos, permitiendo al lector voltear la cara, no hacia atrás, sino hacia los lados, y ser testigo de que la novela es capaz de alcanzar a todos los personajes, desde los protagónicos, hasta los que aparecen ocasionalmente. Es por eso que De amor y de guerra presenta una solidez narrativa, en donde ningún personaje, y por supuesto, ninguno de sus dramas, están de más. Todos retornan en algún momento de la historia golpeando al lector en la cara, haciéndolo caer en cuenta de su descuido. Un claro ejemplo de que en la literatura, nada es gratuito.

Y al respecto de las críticas en cuanto al “amor más allá de la muerte”, y lo “exagerado” que resulta en el contexto de la guerra su diálogo con Violeta, cabe mencionar y resaltar que dentro de la ficción (pues recordemos que por más que toque este tema, sigue siendo una “novela” ) el trastorno que experimenta Nicomedes, es tan válido, como muchos de los habidos y reportados en guerras, no solo en la que nos tocó vivir, sino en muchas más. Para abordar la novela, debemos asumir que el narrador nos presenta a sujetos alterados psicológicamente, expuestos a los más severos cambios físicos y mentales, y sobre todo, proclives a una inminente locura. Ese drama crítico es el que alimenta a la novela. Y si necesariamente, el lector pretende anular dicha condición, obviamente estaría ante un texto mutilado y sin valor.

Y para finalizar. Me queda decir que ésta novela, si bien no es la última de Víctor Andrés Ponce, es la que lo catapultó, dándole lugar dentro de la narrativa peruana contemporánea. Tras haber tenido con Los aniquiladores (San Marcos 1999) un debut relativamente flojo, con la novela aquí tratada, demostró de qué estaba hecha su pluma. Es, De amor y de guerra, en definitiva un libro que no puede pasar desapercibido. No solo por los temas que presenta (la violencia política, la religión, el parricidio, el narcotráfico, entre otros.), sino por la destreza con la que logra hilvanar estos pequeños dramas, y por la violencia con la que encara a la sensibilidad del lector.

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Resistencia a la arqueología del espectáculo: ¿Led Zeppelin o Robert Plant?

Por Fausto Barragán

Lo que se nos vende

Sentado en mi escritorio, escuchando un poco de “Kashmir”, decido por fin escribir este pequeño texto, que de alguna manera condensa la (nuevamente) desilusión que siento por la difusión de los medios de comunicación, más que nada, de los spots publicitarios, surgidos a raíz de la extraordinaria noticia que nos dejó con la boca abierta a todos los admiradores de la buena música, no sólo a aquellos curtidos conocedores, sino también al más neófito aventurero dentro de los terrenos del rock: la llega a Lima de la leyenda viviente, Robert Plant.

No voy a negar, que después de la llegada de Paul McCartney el 2011, este, es el segundo arribo más esperado que registra nuestra joven historia de espectáculos musicales internacionales en Lima. Claro, para muchos admiradores de Led Zeppelin, la comparación con el Macca es inadmisible, por el mismo género musical, la tendencia de la banda, la apariencia con la que se vendían al público, etc. Pero, en cierto sentido comparten cosas en común, grandes facultades vocales, destreza en el escenario, vida llena de mitos y oscuras historias. Grandes músicos definitivamente que fueron… ¿fueron? o ¿Son? Qué podríamos decir de ambas leyendas vivientes hoy por hoy. Sin pretender restarle mérito a su trayectoria, ni siquiera cuestionarla, me permito sí hacerme la pregunta de ¿es justo que se cree la misma expectativa por Robert Plant que por bandas, como por ejemplo, la de Paul McCartney? ¿Sinceramente podemos considerar que ambos espectáculos coincidirán con lo que el público peruano desea escuchar? Yo creo que no. Pues existen diversos factores que vuelven todo el repertorio y espectro con el que está llegando el intérprete de “Black dog” y “Rock n roll”, como algo único dentro de los conciertos precedentes en nuestra capital. En estas siguientes líneas descargaré algunas ideas que pretendan centrar y tomar con agua fría la  pronta llegada del mítico Robert Plant.

Todo empieza desde que, hace algunas semanas, estando en mi habitación, en la mañana, me tomó por sorpresa la publicación en la radio (doble nueve, obviamente), que el cantante de la titánica banda Led Zeppelin, Robert Plant, vendría a nuestra capital. Inicialmente pensé que era una broma. Después reparé en la fuente, y nunca he escuchado en esta radio que se hiciesen bromas de tamaño calibre. Entonces un entusiasmo me embargó inicialmente, no lo voy negar. Hasta que, de forma rápida, sucediéndole a la noticia, una pista, una rara canción que acompañó al instante el titular, que me hizo pensar… “¿qué tiene que ver eso que estoy oyendo con Led Zeppelin?” Y fue en ese momento que recordé algo vital, y creo, fundamental tener en cuenta para toda persona que vaya a disfrutar de este espectáculo: Robert Plant no es, ni será (al menos solo) Led Zeppelin. La canción que acompañaba la noticia, era una versión de “Black dog” que Robert Plant suele tocar en sus conciertos hace algunos años. Siendo así, que en un primer momento, Radio Doble nueve fue honesta en la difusión de la noticia, algo extraña no lo voy a negar, pero honesta al fin y al cabo. Cosa que no podemos decir ahora de la misma.

Es probable que se pregunten cuál es el problema de pasar en los spots o videos promocionales del concierto las mejores canciones de la banda, interpretadas en su mejor época por sus miembros, o los temas clásicos en sus versiones originales, o cualquier muestra de lo que “fue” el cantante en cuestión. Nada. Si lo vemos de esa forma. Nada. Por ejemplo qué pasa con las bandas como Aerosmith, Kiss, Guns N roses, Iron Maiden, Deep purple, Ozzy Osbourne, entre otras. Por qué cuando llegaron estas agrupaciones sí se les puso como videos promocionales sus antiguos hits, y estuvo bien. Por la sencilla razón de que todas esas, eran las canciones que las bandas precisamente iban y debían tocar. Nada más que eso. Por eso que no hubo problemas, y es más, era un deber por parte de los organizadores crear la euforia de los conciertos con sus respectivas canciones. El caso de Plant es más complicado, ya que el público se enfrentará a una vieja figura del rock, la cual no se siente comprometida de tocar el repertorio que popularizó a su banda a finales de los años 60´s, claro está, en su forma “original”.

Para facilitar las cosas, el público debería diferenciar que la llegada de Robert Plant no significa la llegada de Led Zeppelin. Otra sería la historia claro está, si en vez de que viniera solo Plant, llegaran de gira Plant y Page. Tal es el caso que no estaría ni siquiera pensando en escribir este texto. Eso es otra cosa porque la presencia de Page, garantiza (se puede confirmar por videos) que el concierto sería exclusivamente una retrospección de la trayectoria de la banda. Pero, lamento desilusionarlos, no será así. Por ejemplo, mentando nuevamente a  Paul McCartney, su difusión coincidía con el repertorio que tocó no solo aquí, sino el todos los países del mundo desde la separación de los “cuatro de Liverpool” a inicios de los años 70´s. De esa manera se gana la vida. Pero Plant, a diferencia de él, no. Robert Plant es un artista sumamente atractivo, que siempre tiene algo que ofrecer, nunca estático, cambiando, buscando nuevas formas, asideros musicales que le sirvan para desarrollar su genio, violente y explore las culturas que se le pongan en medio. Como sabemos ya, Plant es un trotamundo, un viajero, que no cree en “Great hits”, salvo si la circunstancia lo amerita (reuniones de Led Zeppelin) pero ella, no estará la noche del 9 de noviembre, cuando pise el escenario en suelo limeño.

De esta manera, imprimo mi inconformidad para con los medios de prensa y difusión en general, creando falsas esperanzas al público; que lo único que logran es moldear una figura de barro, algo curioso que presumo si no se toman las provisiones del caso, puedan lamentar con su disconformidad. No pretendo con este texto arremeter contra Plant, pues lo considero un genio, y lo respeto musicalmente; tampoco pretendo restarle mérito a su trayectoria como solista, pues cualquier fan de Plant tranquilamente puede leer este texto y descargar su sincera indignación contra mí, ya que no soy seguidor de tal trayectoria, y mis palabras podrían herir susceptibilidades. Simplemente tomen este texto como la indignación de un fan de Led Zeppelin, que no está de acuerdo en restarle mérito a la (demás está decirlo) respetable trayectoria solista de uno de sus miembros, con falsas imposiciones de una figura que se perdió ya hace mucho, de un anacrónico ícono sexual, con el cual solo pueden encontrar consuelo en sus casas, con videos de sus gloriosos conciertos. Entonces, para los que piensas pasar una mágica noche con Robert Plant ese de octubre, no está demás darle una mirada a sus actuales conciertos. Nunca está demás conocer lo que realmente se consumirá.

Lo que será

UNE VIE DE CHAT, PROPUESTA SUTIL QUE LE VALIÓ UNA NOMINACIÓN

Por: Pedro C. Espinoza

Siendo la nominada al Oscar en la categoría de Mejor Película Animada, Une Vie de Chat, de los directores Jean-Loup Felicioli y Alain Gagnol, se le debe rescatar algunas características que -a mi parecer- la vuelven interesante y digna de la nominación. Daré algunos aspectos, en contenido y forma, porque considero que se debería, no solo darle el visto bueno a películas con una tecnología de alto nivel (tenemos el caso de Pixar y Dreamworks), sino también a una animación de no tan avanzada tecnología, que podría presentarnos algo interesante o, porqué no decirlo, impresionante.

Como primer aspecto, debo rescatar la temática, ya conocida por diversos cineastas, la clásica historia del bien y el mal, la riqueza y la pobreza, las distintas clases sociales, etcétera; historias que terminan relacionándose sentimentalmente, generando un “final feliz”. Para este caso se ha escogido a Jeanne, una comisaria de policía, y a Nico, un ladrón escurridizo. Éstos personajes al relacionarse no le agregan nada nuevo a la película, siendo una más, de la larga lista de películas con un “final feliz”. Aunque un poco carente de creatividad, se la puede enmarcar dentro de la temática policial.

Un segundo aspecto, lo ocupan los protagonistas y personajes secundarios. En el caso de los protagonistas, tenemos a Nico, ladrón experto, difícil de capturar, dedicado a trabajar de noche con Dino (el gato). Sin embargo, al ladrón nunca se le ve realizando sus “actividades” a la luz del día, además, nos trasmite aquellas características tradiciones de robos nocturnos en hogares, casas o residencias lujosas. Por otro lado, Zoe (dueña del gato), lleva una vida con diversos traumas, por el reciente asesinato de su padre y el constante abandono por parte de su madre, ya que ésta dedica la mayor parte de su tiempo a trabajar. Entonces, vemos cómo Dino por la mañana actúa de manera antagónica a su rol por la noche, ya que el día implica una manera de vivir tranquila y sin las fechorías que, según he mencionado, ocurren en las horas nocturnas. Es así, que el gato Dino presenta un aporte relevante que veremos a continuación.

Ahora, me centraré en Dino y su doble rol en la película, al relacionarse curiosamente con los ciclos del día. En primer lugar, en el día notamos a un gato nada fuera de lo normal, doméstico. Vive en una casa con su dueña, alérgica a ciertos aromas, es cariñoso con Zoe, toma leche en su tazón, entre otros aspectos. Es así que, Dino cumple un papel asignado por la naturaleza sin alteraciones del mundo ficcional, no muy lejano de la realidad. En segundo lugar, advertimos en la noche un verdadero cambio en el mismo, porque vemos a Dino siendo cómplice de Nico, ayudándolo en sus robos con maullidos de alerta, para que sea preciso en sus pasos y evite levantar sospechas. Quizás el único rasgo natural que podría tener es la actividad de trepar sobre los techos. Asimismo, puedo observar en Dino un carácter anormal, y me atrevería a decir, “humano”, que se da por medio de su compañero de noche, Nico. En tercer lugar, debo mencionar una escena que me parece de gran importancia, que es la transformación de bueno, doméstico y normal, a malo, callejero y con signos de no cumplir el rol natural en su mundo. Este cambio sucede cuando Dino sale de casa de Zoe para irse con Nico, y desempeñar el rol propio de su doble vida. Y en cuarto y último lugar, debo resaltar un rasgo común que cumple Dino con los dos protagonistas (Nico y Zoe), vendría a ser un sujeto de compañía; primero, porque Zoe se siente sola por la reciente muerte de su padre y el excesivo trabajo de su madre Jeanne; segundo, porque Nico vive solo y su única compañía es el gato, además, se ve la tristeza de aquel cuando éste se va. Observamos en Dino un doble rol, su transformación y relación con sus dos dueños, Zoe y Nico.

Con respecto a otro personaje, Víctor Costa, debo mencionar que no nos trasmite alguna novedad sobre su rol de villano, pero así, llega a cumplir con las expectativas mínimas para ello. Lo que sí debo resaltar, es la escena previa a su muerte, pues es ahí cuando entramos a su mundo imaginario que trastorna la realidad de manera absurda. Salvo aquellos minutos, el resto es su rol clásico, y que no demanda mayor importancia. Por otro lado, la participación de Claudine es fundamental para que los roles de Dino se mezclen, formándose en su mayoría la trama de la película.

He hablado sobre la temática, protagonistas y personajes. A continuación me enfocare en el aspecto formal de la película Une Vie de Chat.

Como primer aspecto, la animación es sencilla y sin excesiva tecnología. Los personajes animados son bien construidos, notándose un gran esfuerzo por presentar algo tradicional y atractivo, además, encajan para una trama parisina, puesto que, las técnicas en 3D son más enfocadas al supuesto arte hollywoodense. En un segundo aspecto, hablaré de una escena que me ha impresionado bastante. Es en la que Zoe, estando custodiada por uno de los hombres de Costa, es rescatada por Nico y Dino. Aquel, genera un apagón dentro de la guarida de Víctor Costa, con lo cual entra a tallar un fondo negro, solo limitándose a delinear la animación con un color blanco. Ésta técnica me parece una peculiaridad dentro de su naturaleza de animación, que la vuelve atractiva. Seguidamente, cuando Nico escapa con Zoe por las escaleras se aprecia en éstas cómo la oscuridad está dividida por la iluminación de la noche haciendo que los protagonista pasen de un fondo negro a color rápidamente. Este sería un detalle que no olvidaron los directores de la película, que me ha parecido de gran valor.

Para finalizar, los aspectos mencionados han dado un interés trascendental a la película, aunque debo confesar que algunos podrían haber sido explotados con mayor dimensión y ambición; sin embargo, no quita el merecimiento para que Une Vie de Chat estuviera entre las nominadas al Oscar. Aunque este certamen ha bajado considerablemente su nivel, las muestras cinematográficas que se presentan son el único fundamento para que el certamen salga de su crisis. Une Vie de Chat es un ejemplo.