La dura improvisación de vivir

Por: Fausto Barragán

 

 

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Cuántas veces hemos oído la palabra “muerte”. Creo que muchas. Y el simple hecho de hacerlo nos mueve a creer que estamos preparados para lidiar con ella. Algunas personas lo pueden ver demasiado lejano, ajeno a sus vidas, otras, pueden haberlo sufrido en sus cortos años, o quizás con una insana continuidad que definitivamente dejó huellas incurables. Pero qué pasaría cuando se lidia con algo mucho más complicado, por ejemplo, con la conciencia de nuestra propia muerte como algo próximo a suceder. Son esas pruebas que nos impone la vida, y de la que pocos son capaces de salir, la que nos plantea la siguiente película.

50/50 , estrenada el 2011 por Jonathan Levine, es una película de corte independiente basada en la vida de Will Reiser, quien colaboró con el guión original, que nos presenta el drama atravesado por Adam Lerner (Joseph Gordon Levitt), joven de 27 años quien después de llevar una vida estrictamente saludable, conservadora y lejos de cualquier práctica que pueda atentar contra ella, es golpeado súbitamente por la noticia de que padece un extraño cáncer, luego de presentarse al médico a raíz de unos continuos dolores en la columna que hace algunos días lo inquietaba. Una vez enterado, intenta reponerse, y para ello, tendrá la mano de su inseparable amigo Kyle (Seth Rogen), sus padres Diane y Richard Lerner, de su terapeuta, y hasta de su novia, quienes desempeñarán un rol importante, cada uno de ellos, en la apresurada carrera de Adam contra el tiempo, para salvarse, pero no de la muerte, sino de la fantasía de la vida, esa que lo cegó en cada día a día, e impidió que viera todo como a partir de esta experiencia, lo verá.

Luego de ese momento, los valores y preceptos tomados de la vida del protagonista sufrirán el abatimiento de ese extraño sabor de sentirse diferente al resto, a esa masa abstrusa que lo espera listos para despedirlo sin que aún se vaya, y hacer su vida lo más placentera posible. Los recursos visuales aportan al sentimiento de desvarío y pérdida del lugar, la sugestión, que opera y carcome las fortalezas de una ejemplar vida echada a perder por el capricho del destino. Sumado a esto, los conflictos que lleva dentro de sí en la relación con sus padres, específicamente con su madre, quien desde el punto de vista de aquel, le hace la vida imposible, representan una carga incómoda en particular. Tenemos también la relación con su novia, quien luego de la noticia se vuelve distante con él, falsa e indiferente, llegando a descubrirse gracias a su amigo Kyle, su infidelidad. Siendo éste también un personaje importante, pues a su estilo, aparece como el incondicional confidente de Adam, al margen de que vivan juntos, lo acompaña en su travesía, incitándole a sacarle el lado positivo a esa súbita noticia de enfermedad, aunque en su mayoría, esté inclinado hacia el placer sexual, del que no solo Adam salga beneficiado. Pero, una de las revelaciones de la historia, será la relación que surja con su terapeuta, quien le enseñará sin proponérselo, que la vida no reside en papeles, y todo lo que está documentado no necesariamente encuentra correspondencia con la realidad.

Pero definitivamente, uno de los rasgos que predominan en la película son las bocanadas de humor, esa sensación lúdica, fuera del comprensible drama del cual pueda ser víctima ante la muerte. Los diálogos apelan al contraste de sus probabilidades de vida con los juegos de azar. 50/50, ganar o perder. A partir de la idea de que todos estamos de pasada en el mundo, somos pasajeros y necesariamente tendremos que morir, opta por probar el otro lado de la vida, ese que tanto mantuvo al margen, y que al final no le sirvió para nada. Los diálogos, y la tensión de verse cada día en el espejo, salir, confraternizar con otros pacientes, ver al mundo que seguirá girando, son conducidos por un osado optimismo que ciego, avanza sin mirar hacia atrás, devorando con sonrisas y pensamientos positivos cualquier vacío que alimente a ese monstruo que yace al final, esperando, listo para tumbarlo a una fría realidad. De manera que, el humor opera como un eficaz soporte para mitigar el peso de lidiar con un cáncer a tan temprana edad, como también, formar parte de un proyecto mayor que es el de darle un sesgo auténtico a un drama tan duro como este.

La banda sonora, debo reconocerlo, es un recurso atractivo de la película; el manejo de las escenas con las canciones, le aporta un cariz distinto a este drama, que en mi opinión, lo convierte  en un inusual representante dentro de su género (dramas de luchas contra el cáncer). Es básicamente el recurso prestado para burlarla por un momento lo que la vuelve curiosamente intensa, con estos brincos repentinos de humanidad, que por momentos nos hacen olvidar, junto a Adam, el por qué se rapó el cabello, o por qué continuamente conversa con su terapeuta; esos momentos que lo hacen pisar tierra.

50/50 apuesta por una visión particular, optimista, pero siniestramente realista del proceso que atraviesa un paciente de cáncer. Por lo general, las películas que abordan estos dramas se encargan de conmover al público con una visión paternalista y condescendiente de estas víctimas por el hecho de que no muchas logran sobrevivir. Lo que diferencia a 50/50, es que el mismo orgullo del protagonista, temperamento, y miedos, dialogan con todo el repertorio que sabemos muy bien acompaña a alguien en tales circunstancias: despedidas, llantos, frases finales, sonrisas falsas, negación de la realidad, juramentos vanos, etc., porque esos ingredientes, están dentro de la película, y es precisamente ahí donde su mérito radica, en que él no decide aceptar el trágico suplicio de sufrir, sino que las confronta a su manera, sin importar que la muerte lo tenga en sus manos, encaminando su mal, robándole a él todo rastro de vida, sin dejarle nada. Vean un ejemplo de ello cuando camina risueño por los pasillos del hospital, con una agradable banda sonora, entre las víctimas de estos callejones sin salida a los que conduce esta enfermedad.

Y para finalizar, no está demás mencionar que el sentimiento predominante en la película es el de “incipiencia”, la bisoñez con la que el ser humano afronta situaciones nuevas, buscando escarbar en lo más hondo de todos nosotros, para ser interpelado por esa parte nuestra, vulnerable a cualquier tipo de desgracia, que sigue veloz esperando nunca toparse con la pared que de seguro la vida depara para nosotros, y que todo ello, dependa de un hilo, tan simple y brutal como eso; es exponernos como personas que por más que hayamos pasado por diversas situaciones en la vida, la tragedia nos puede alcanzar, pero que solo de nosotros dependa cómo conducirla, cómo responder a esa dura improvisación que en esas condiciones, resultaría el vivir.

 

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Radiohead: El precio de la evolución musical

Por:  César Espino

 

 

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Distorsiones rítmicas de guitarras, voces estruendosas y melódicas, eran los Ochenta y el rock de ese tiempo estaba en auge, era el ímpetu musical mundial. Pero en Inglaterra unos jóvenes de Oxford trataban de buscar un estilo propio que pueda otorgarle otras afinidades musicales. TNT, fue la primera banda musical de Thom Yorke y Colin Greenwood con estilo Punk y que más adelante lo llamarían On a Friday, pues sólo ensayaban los viernes, y que contarían con la presencia de Ed O’ Brien, Phil Selway y Jonny Greenwood, este último, hermano menor de Colin. Tuvieron su primera presentación en la Taberna de Jericho en Oxford  en 1986. Su estilo musical era diferente, presentaban un estilo glamoroso, bailable, en ciertos momentos rudos y otros con ritmos despampanantes. Estaba claro desde el principio, se buscaba un hito musical que los pudiera consagrar en cualquier momento. Pero era un futuro lejano, ya que sólo se dedicaban a sus Demos.

Es así que después de 3 años y con Chris Hufford, como productor, empezarían su carrera musical con EMI en 1992 y bajo el sello discográfico Parlophone[1]. Pero había un inconveniente, el nombre de la banda. Tenía que ser simple, que resalte y que sea fácil de recordar: Radiohead[2]. Ese fue el nombre que catapultó a la banda a inicios de los 90. En el año 1992, su single Creep no obtuvo la acogida que se esperaba, se tuvo que realizar ciertos cambios para que éste llegase a ser el boom musical.

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Pre-inicio (1990-1992)

Anterior al Pablo Honey hubo demos que sirvieron de base para formalizar el primer disco de la banda. Como relevancia prefiero tomar tres de ellos: Dungeon Demo (1990) Manic Hedgedog (1991) y el Drill EP (1992). Algunos demos, tuvieron su acogida en el primer disco que marcó su inicio de carrera musical. Todavía no eran Radiohead, sino On a Friday. En el demo de 1990 se encuentra Stop Whispering, el del año 1991 tenemos a I Can’t, Thinking about you y You. En el Drill EP, tanto You y Thinking About You, suelen ser más rítmicas, las guitarras son más efusivas en sonido. Todas estas canciones nombradas anteriormente fueron incluidas en el álbum musical de 1993.

 

Inicio y avance de carrera musical (1993-1996)

 

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Ya siendo Radiohead en 1993 sale a la venta el Pablo Honey donde Creep se catapulta junto a otras canciones. Este álbum producido por Sean Slade y Paul Q. Kolderie, se encuentra en la época de las distorsiones de guitarra, de las letras amorosas, desgarradoras y egocentristas. Como que la banda iba más a lo comercial, aunque más que comercial era un inicio, un despegue en la cual se tenía que captar la atención del público. You, Creep, Lurgee y I Can’t, por nombrar algunas, suelen tener su tendencia rock alternativa, pero en las letras rondan temas como el amor, el desamor, el consuelo y el perdón.

 

En el año 1995 sacan el The Bends, teniendo como productores a John Leckie y a Nigel Godrich, éste último será el sexto integrante debido a que la banda no se separará de él al ser un buen productor musical. Este álbum va más allá del Pablo Honey, las letras de las canciones dejan de ser de cierto modo amorosas, buscándose un estilo más crudo, más rudo, pero también melancólico. Esto ya nos lleva a pensar que Radiohead está en un punto de cambio. Escuchar Fake Plastic Trees, Bulletproof, Nice Dream y Street Spirit, se dirige a un mundo reflexivo, ensoñador y por qué no decirlo, triste. A partir de aquí su carrera musical sigue en avance y son teloneros de R.E.M, que más adelante consiguieron estrechar una amistad.

 

El cambio: 1997-2001

 Con la salida del Ok Computer (1997), Radiohead se torna más melódico, reflexivo y melancólico. Sus canciones provocan un éxtasis de tristeza que logran ser combinados con rudeza, ese es el caso de Paranoid Android. Se utilizan otros tipos de instrumentos musicales: el xilófono electrónico, el piano, la cabasa, etc. Los temas que recurren en las canciones son producto de la vida social y del entorno en que se está viviendo: el mundo moderno, el inconformismo político, el consumismo entre otros temas, son abordados en este álbum. Esto hace que la banda tome otro rumbo y vaya experimentado con otros instrumentos musicales, por eso el Ok Computer, es el puente entre sus dos primeros discos y el que vendría a ser el de la nueva era radioheadniana: Kid A

Con el Kid A, que salió a la luz en el año 2000, Radiohead no era la banda emblemática que muchos habían adorado en la época del Ok Computer o antes de este. Las guitarras dejan de sonar de manera estruendosa, el bajo trata de suplirlas con un sonido grave, se usa las ondas Martenot, los instrumentos de viento, sintetizador, es decir, era un disco experimental con influencias de Aphex Twin,  Autechre, entre otros. Era un disco que guardaba parsimonia; al parecer los integrantes de la banda ya estaban saturados de tanta explosión de guitarras o del mismo sonido tradicional. Experimentar está bien, pero era algo arriesgado. No les importó y lo hicieron. Esto hay que rescatar de Radiohead, ya que muchas bandas suelen estancarse en su propio género musical provocando en el receptor el hartazgo del mismo sonido y la misma costumbre. Fue muy difícil que sean aceptados con esta nueva característica experimental, pero con el tiempo poco a poco fueron ganándose al público nuevamente. Por otro lado Nigel aún seguía con la banda como productor, pero hubo una persona que dio origen a ciertas rarezas o extrañezas que encontramos en el booklet; estos dibujos fueron la sensación. Verlos tan grotescamente llamaban la atención y esto, era la prueba contundente del cambio musical de Radiohead, ver personas distorsionadas, letras por todos lados, era el nuevo estilo de la banda. Todos estos dibujos se logró gracias a Stanley Donwood y Tchock, este último fue el seudónimo de Thom Yorke. En este álbum se rescata una canción del pasado que es Motion Picture Sountrack, tema que fue tocado acústicamente por Thom. Por eso lo que le gusta a la banda es reciclar las canciones que tienen guardadas bajo siete llaves, cuando llega el momento de la salida de un nuevo álbum estas son tocadas en los conciertos sirviendo de antesala de un futuro proyecto.

Con el Amnesiac (2001), la situación sigue igual. Los sonidos son tan parecidos al del Kid A, pero son más melódicos. La guitarra toma una posición sonora y emotivamente distorsionada; eso podría ser la pequeña diferencia entre estos dos álbumes. Se dice que Amnesiac vendría ser la segunda parte del Kid A, ya que Thom Yorke no había querido realizar un disco doble y por eso algunas canciones se editaron para este álbum. Lo bueno es que el público ya los había aceptado tal como son. Los que escuchen los lados B de estos dos últimos discos, verán la diferencia abismal y del sonido es tan penetrante que permite que uno esté fuera de sí. Después se editó el EP I Might Be Wrong: Live Recordings, compuesta por ocho pistas musicales y todas las canciones fueron grabadas de los diferentes conciertos que tuvieron.

 

De regreso al pasado (2003-2011)

 Los últimos discos de Radiohead como el Hail to the Thief (2003), In Rainbows (2007) y el The King of Limbs (2011) fueron aquellos en la cual se ve el trabajo completo de la banda. En dichos discos vemos todo un mix de géneros musicales que ahondan como lo electrónico, la música experimental y el rock alternativo, es una música híbrida por la cual los integrantes de Radiohead buscan seguir experimentando con nuevos aires. Está claro que no olvidan su pasado y regresan a las guitarras estridentes, pero sin dejar la característica experimental que los había opacado en los inicios del 2000. Ahora la lucha no sólo se torna política mediante las letras, también suelen ser sociales.


En conclusión, Radiohead es una banda de armas tomar, que cuando desea evolucionar o progresar de un estilo a otro, al parecer, no les importa. Siguen experimentando, así la crítica los trate mal. Ellos siguen haciendo música, reclaman contra la injusticia como mal cancerígeno, y nos han demostrado que, a los largo de los años, hay una etapa de madurez que toda banda debe seguir y hacer entender a su público, puesto que un disco es como un libro: se vive cierto conflicto en la cual se pone en juego su destino.


[1] En Estados Unidos la subsidiaria de EMI es Capitol, que también formó parte de Radiohead en dicho país.

[2] Este nombre tuvo origen en la canción Radio Head  de Talking Heads, dicha pista musical se encuentra en el álbum True Stories.

Vivir por la ficción

Por: Julio Carrascal

 

 

 

Hay como una llegada de un pragmatismo

muy insólito y muy poco redituable en estas pampas,

que va dejando de lado la idea de que la ficción es algo necesario.

Se abandona la idea de que para vivir también se necesitan ficciones.

Osvaldo Soriano

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El escritor, cronista y periodista argentino Osvaldo Soriano publicó su primera obra, Triste, solitario y final en 1973, convirtiéndolo en el escritor vivo más leído de su país, en el marco de la narrativa post-boom. Su texto inicial trata de la aventuras del detective de ficción Philip Marlowe junto a Stan Laurel (más conocido como El Flaco) y el propio Osvaldo Soriano. Adicionalmente, entre otros personajes se puede encontrar a Charles Chaplin, John Wayne y demás.

La novela se puede dividir en dos partes; primero, donde se cuenta el deseo de Laurel por averiguar por qué ya no es contratado para alguna película, y para lograr su objetivo, decide contratar los servicios del detective Marlowe. La segunda parte se ubica en años posteriores a la muerte de Laurel y cómo el personaje creado por Raymond Chandler (Philip Marlowe), continúa con el pedido del Flaco ayudado por Osvaldo Soriano.

En sus casi doscientas páginas se nos presenta una historia entretenida sin grandes dilaciones en las descripciones y cavilaciones de los personajes o del narrador. Soriano hace buen uso de las formas periodísticas para entregarnos una novela sobre las peripecias e infortunios de los personajes. No se trata de la historia de una familia, de un grupo social o político; simplemente es una novela de individuos.

Al desarrollarse la historia, los incidentes y características de los personajes producen una desmitificación de éstos. Los rasgos que podían ser atribuidos a  John Wayne, Charles Chaplin, Elizabeth Taylor, Stan Laurel, Oliver Hardy, entre otros, son ironizados e invertidos. La novela ironiza con el papel de cada uno de estos personajes en la vida cotidiana. Actúan o son de una forma completamente distinta a lo que intentan representar en sus películas. Para estos personajes hollywoodenses y todos los demás, la ficción será una herramienta de trabajo en un mundo donde lo principal es subsistir; en un mundo donde sólo interesa ofrecer algo consumible en el mercado.

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Sin duda lo que llama la atención no solo es este carnaval de los actores de cine, sino la introducción abierta y sin reparos del mismo autor como personaje. Entonces, la novela que tiene como protagonista a Philip Marlowe se presenta como una antesala de lo que sería una novela sobre el Gordo y el Flaco. Sin embargo, el propósito inicial del narrador de introducir a su propio autor como personaje es el de presentar la idea de que todo convive en un solo plano; para aquellos sujetos que han sido afectados por los productos de la cultura de masas (Hollywood) la línea divisoria entre ficción y realidad no existe.

Triste, solitario y final representa un doble sentido frente a la ficción y la cultura de masas. Por un lado, se reprocha a las masas haber trastocado las fronteras realidad-ficción, habiendo banalizado productos de la alta cultura para su inmersión al gran público. Esta homogenización cultural supone homogenizar la realidad y la ficción. Por otro lado, la cultura de masas proporciona una solución a lo expuesto en el epígrafe inicial: “Se abandona la idea de que para vivir también se necesitan ficciones.” Es decir, la ficción vuelve a ser necesaria en cuanto, dentro de una sociedad de consumo, es el medio de sustento para los personajes ya sea a nivel económico u ontológico, en palabras de Stan Laurel sobre su trabajo junto con Hardy: “hacíamos lo único que justificaba nuestra vida: filmar”

 

 

Entrevista a Luis Nieto Degregori

Por: Fausto Barragán

 

 

A fines del año 2012, tuvimos la suerte de entrevistar a uno de los primeros  y más destacados representantes de la narrativa de la violencia política en el Perú. Aprovechando su estadía en Lima, Luis Nieto Degregori nos brindó una agradable entrevista en la que compartió con nosotros parte de su vida, influencias, testimonio sobre su tránsito por los años de violencia, proyectos y demás anécdotas que sumaron en él un escritor de respetable trayectoria.

Luis Nieto Degregori, (1955)  narrador cusqueño, ha publicado los siguientes libros: Harta cerveza y harta bala (1987), La joven que subió al cielo (1988), Como cuando estábamos vivos (1989), Señores destos reynos (1994) y su primera novela Cuzco después del amor (2003), que fue considerada la mejor novela del año. Recientemente ha publicado el libro para niños Pepe, Pepo y Pipo y la laguna misteriosa (2006).

¿Cuáles fueron tus influencias literarias? ¿Qué textos puedes identificar en tu narrativa?

Copia de 2012-10-21 18.44.13Mi vocación de escritor mucho tiene que ver con haber nacido en la familia de un poeta. Mi padre es un poeta muy reconocido en el Cusco, y era el anfitrión de cuanto intelectual llegaba por la ciudad. Es así que, lo que forjó mi vocación literaria fue haber tenido en casa a un sin número de poetas y escritores. Tuve la suerte de niño de conocer a Mario Vargas Llosa, estar sentado en la sala de mi casa y escuchar conversar a Bryce Echenique cuando recién había publicado Un mundo para Julius. Todo eso marcó mi deseo de ser escritor. Y a eso luego se sumaron las primeras lecturas; vivía rodeado de libros. En casa había una biblioteca que ocupaba todos los espacios, no solo un ambiente como suele ser, sino, todos los cuartos. Desde que habría los ojos veía lomos y lomos de libros. Fui leyendo de manera desordenada los libros, porque me llamaban la atención, por el título, porque formaban parte de alguna colección, etc. Pero creo que no fueron esas las lecturas que marcaron mi vocación de escritor.

En realidad es cuando viajo a Moscú a estudiar literatura; es cuando empiezo a hacer lecturas ordenadas en los cursos, y por ello, descubriendo a los escritores que me han acompañado a lo largo de mi vida. Me deslumbraron los cuentos de Chejov, sus novelas cortas, su teatro, que no solo pude leer sino también ver su representación en el Teatro Académico de Moscú, el mismo teatro en el que representó sus obras el mismo Chejov, y para mí, ese fue maravilloso. Entonces Chejov, podría decir que fue uno de los maestros que me enseñó a escribir. Y el otro, fue José María Arguedas. Empecé a leer su obra en la universidad, en la sección de lenguas extranjeras en Moscú. Decidí hacer mi tesis universitaria de Arguedas, y para mí, fue un descubrimiento maravilloso. Antes recuerdo de adolescente que mi padre me había dado a leer La agonía de Rasu Ñiti, pero como era muchachito, no le di importancia, me aburrió. Ya en a universidad con 17 o 18 años empiezo a leer a Arguedas y me sentí deslumbrado. Descubro a un  escritor que me mostraba cómo era mi país, cómo de complejo, dramático y maravilloso era este mundo, y nunca más me pude separar de Arguedas. Soy un admirador de absolutamente toda la obra de Arguedas. He leído textos críticos sobre él en mi época universitaria, todos los libros que se han producido sobre él, más tarde, la correspondencia que ha mantenido con distintas personas; hasta ahora sigo regresando a Arguedas, me parece que es el mejor escritor peruano del siglo XX, y de lectura obligatoria si se quiere verlo así.

Cuánto nutrió tu experiencia en el extranjero para forjar tu pluma, y a la vez tu visión del país.

Para mí fue muy rica mi permanencia en el extranjero en muchos sentidos. Estuve 6 años en Rusia, un país que en ese entonces era socialista, la Rusia soviética, luego estuve 2 años en España, un país que recién acababa de salir de la noche del franquismo, y que recién se abría a Europa occidental. Luego estuve unos 4 o 5 meses en París, Francia, una experiencia cultural muy variada. Pero sobre todo, en mi época en la que viví en Moscú, fue muy valioso en cuanto a mi formación como persona. Me fui muy joven, apenas acabado el colegio, sin haber pisado una universidad en Perú, y descubría un mundo que era el mío de muchas maneras.

Yo venía de la ciudad cusqueña, donde tener pasión por la literatura era un fenómeno bien raro. En mi caso podría ser visto como algo normal, peor en mi barrio, en mi casa, en mi colegio, entre los muchachos de mi edad, era algo que más bien había que esconder. La pasión común era el fútbol, los juegos, etc., pero tener interés por la literatura, por el arte y el cine, era algo que definitivamente desentonaba. Cuando llego a Moscú, descubro por primera vez que lo que a mí me apasionaba era algo que se valoraba muchísimo en la universidad. Me sentí como el patito feo del cuento infantil mientras vivía en Perú, porque no tenia habilidad para los deportes, porque me gustaba muchísimo la lectura, y muchas veces prefería sentarme a leer que ir a jugar con mis amigos; porque me gustaba mucho el buen cine, que los chicos de mi edad no comprendían. Yo tenía que ir a solo a las funciones del Vermut a ver las películas que me gustaban. Entonces descubro que lo que me había vuelto el marginado y raro del grupo, en Moscú, me abría la puertas del aprecio de los profesores y del reconocimiento de mis compañeros. Estaba en una sociedad donde se daba una producción editorial asombrosa; libros con tirajes de miles de ejemplares, tratándose de los clásicos de la literatura Rusa; cines por toda la ciudad, salas de teatro como nunca había visto en el Perú. No existía no solo en Cusco sino en todo el Perú; salas que montaban los clásicos de la literatura universal y por supuesto los clásicos de la literatura rusa. En general una vida cultural pletórica, dinámica, efervescente que me cautivó, y que cambió mi manera de relacionarme con mi entorno. Yo sentía que Perú había sido como un desierto y llego a Moscú y era como un paraíso, referido a la vida cultural. Entonces entre los 17 y 23 años pude empaparme de todo eso, que me permite comparar dos maneras de ver el mundo, la sociedad, la política, y creo que finalmente la virtud que tiene, es la de abrir mi horizonte, de permitirme una mirada mucho más amplia de las cosas, de enseñarme lo importante que es compara tu realidad con otras realidades, y creo que eso me ha ayudado bastante a lo largo de toda mi carrera como escritor y de mi vida como persona.

Qué nos puedes comentar sobre tu experiencia como profesor de la universidad de Huamanga, en los años de la violencia.

2012-10-21 18.40.14Yo llegué a la universidad de Huamanga de casualidad. Había regresado a Perú después de ocho años y medio, con el título de licenciado en filología en literatura y lingüística, y estaba trabajando en una librearía en el centro de Lima, “el Caballo Rojo”, una librería donde caían muchos intelectuales, muchos artistas, profesores, etc., hasta que llegó un profesor de la Universidad de Huamanga, que antes había sido alumno de mi padre, me refiero a Juan Alberto Osorio, y él me reconoció y me contó que era jefe del departamento de literatura de la Universidad de Huamanga, había visto mi experiencia en Moscú y me invitó a presentarme mis papeles. Yo tenía algo de conocimiento de esa universidad por los comentarios que me había hecho un primo mío, antropólogo, especialista en los temas de Sendero, Carlos Iván Degregori. Entonces acepté de inmediato la propuesta de mi amigo. Presenté mis papeles a dicha universidad, y al muy poco tiempo me avisaron que había sido contratado para enseñar allí. Fue así que en el año 1981, cuando ya habían empezado las acciones de Sendero Luminoso, comencé a enseñar en dicha universidad. Y fue una experiencia, en un inicio signada por la casualidad, mutuamente enriquecedora y que me abrió a la realidad de lo que era definitivamente el Perú.

En la universidad, donde me tocó enseñar, ya no había actividad política, porque Sendero había pasado a la clandestinidad, empecé conversaciones con los alumnos, siendo testigo de las primeras acciones armadas de Sendero Luminoso en la Ciudad, todavía tímidas: petardos en la puerta de la municipalidad de acción popular, pintas en las calles, etc. Fui descubriendo los conflictos que atraviesa la sociedad peruana, la profunda gravedad de estos conflictos, el dramatismo de esta sociedad fragmentada, dividida por abismos étnicos y culturales insalvables. Y poco a poco, en los dos años que estuve en Huamanga, tuve la suerte de conocer a personas que luego estuvieron muy cercanamente involucradas con Sendero Luminoso. Compartí el mismo pupitre en las reuniones de departamento con Hildebranto Pérez Huarancca, escritor que había estado en China, y que sin saberlo nosotros sus colegas militaba en SL; compartí con otros colegas que no necesariamente eran de Sendero, pero     que tenían también tenían filiación izquierdista. Y de todo eso fui testigo de acciones mucho más violentas de SL en Ayacucho, la más dramática, el asalto a la cárcel de Huamanga,  que por esas casualidades del destino quedaba a dos cuadras de la habitación que yo alquilaba. Pude escuchar  durante toda la noche las explosiones de los cartuchos de dinamita, los disparos de las ametralladoras, los cristales, y demás, que fue más o menos desde las 11 de la noche hasta las 5 de la mañana, sin que nadie en la ciudad supiera a ciencia cierta qué estaba ocurriendo. Y todo eso me volvió un testigo privilegiado y observador atento del fenómeno de la violencia antes de que otras personas, escritores, artista e intelectuales se dieran cuenta de la gravedad del conflicto que había empezado en Ayacucho. Yo dejo Ayacucho porque la situación se hacía insostenible. La policía en las noches de toque de queda entraba a cualquier departamento de cualquier profesor o estudiante de universidad, había riesgo de que te detengan, de los atentados, etc., y por ello decido marcharme al Cusco, a mi ciudad natal. Desde un comienzo siento que había una necesidad de plasmar en mis textos esta experiencia que me tocó vivir y es lo que hice en los siguientes años. Prácticamente desde que dejo Ayacucho, a fines del 82 u 83, durante toda la década de los 80 estuve escribiendo ficciones o relatos sobre la violencia en Ayacucho.

2012-10-21 18.07.28

En los años de la violencia política en el Perú, el novelista ¿escribía con miedo?

En general, en el Tercer Encuentro de Narradores Andinos volví a sentir la situación que se dio a fines de los 80, cuando empecé a publicar mis primeros cuentos sobre SL, y me he dado cuenta que siguen habiendo escritores que no zanjan claramente con SL y con el baño de sangre en el que nos sumió esta organización política de un fanatismo maoísta, que no logró entender qué es nuestro país, nuestra sociedad. Y me di cuenta que hay escritores que hasta ahora no terminan de zanjar con este movimiento como ocurría en esa época. Me da pena descubrir que tanta sangre pareciera que ha corrido en vano, que tanta víctima, 60 mil (según la CVR), pareciera que ha muerto en vano. Me parece muy importante que los escritores que trabajamos el tema de la violencia tengamos una posición muy clara, que deslinde con los crímenes que cometió SL, e igual de clara respecto a los excesos represivos que cometieron las fuerzas del estado (Los sinchis, las FFAA, la policía). Me parece que ese es un punto de partida para trabajar desde la ficción, desde la literatura, el tema de la violencia.

Por eso yo no estoy de acuerdo con escritores que tratando de crear una leyenda -porque eso es algo que sabemos hacer muy bien los escritores, crear leyendas en torno a nuestras personas-, dicen que “era peligroso” trabajar el tema de violencia desde la literatura en los años de la violencia política. No lo era. Yo una vez lo dije en una polémica con Dante Castro, en un suplemento del diario Cambio, “en nuestro país no se le daba (y no se le da hasta ahora) casi ninguna importancia a la literatura”. Tú podías escribir sobre SL, sobre la violencia, sobre los enfrentamientos que se estaban dando en ese momento en nuestro país, y no pasaba nada. Lo que sí había era una falta de comprensión de la crítica literaria de los textos de ficción sobre la violencia política.

¿Qué elementos identificas como propios dentro de tu narrativa, al respecto de los demás escritores de tu generación?

En mi producción literaria he tratado de mantener dos tipos de lectura de nuestra sociedad: por un lado los cuentos y novelas de temas contemporáneas, de ambiente urbano, no solo de ambientes de las ciudades de la sierra, y con este tipo de literatura, he tratado de abordar dos temas que me parecen centrales en mi narrativa: el racismo y el machismo. Sobre todo creo que trabajar sobre el “machismo” me hace distinto al resto de narradores andinos. Es un problema que la mayoría de escritores varones en el Perú no suelen percibir pero del cual yo tengo bastante sensibilidad; y la otra vertiente de las ficciones que yo trabajo es la histórica. He tratado de remontarme al pasado de nuestro País en cuentos y novelas, para entender las razones de la terrible fragmentación de la sociedad peruana hasta el día de hoy. Creo que el complemento de estas dos visiones es lo que hace distinta mi narrativa de las de otros narradores andinos.

Qué nos puedes comentar en retrospectiva de tus primeras obras ¿Estás complacido con ellas?

Yo he tenido dificultades parecidas a las que mencionaba Cronwell Jara ayer en el Tercer encuentro de narradores andinos. Yo me fui a estudiar literatura, y no se me ocurrió la posibilidad de hacer talleres de creación literaria, eso en Moscú se hacía, pero lo enseñaban en una escuela literaria muy especial y selectiva, en la que entraban personas con una carrera universitaria terminada, o personas que ya escribían. Entonces cuando empiezo a escribir de manera intuitiva, descuido mucho las técnicas de construcción del relato, del manejo del punto de vista, la construcción de los personas., y creo que eso se nota en los primeros libros que he publicado. Estoy satisfecho con ellos temáticamente, los tres primeros libros que giran en torno al tema de la violencia política y son en cierto modo, pioneros, junto con el de otros colegas escritores, que se publican en los años 87 y 88, en pleno auge del conflicto armado, Harta cerveza y harta bala (1987), La joven que subió al cielo (1988) y Como cuando estábamos vivos (1989), tres libros que los junté en un tomo titulado “Con los ojos siempre abiertos”, don están todos los cuentos, y ésta última novela corta, en torno al tema de la violencia, y la experiencia que me tocó vivir en Ayacucho siendo profesor de la Universidad San Cristóbal de Huamanga. Pero técnicamente, son textos que ahora los hubiera podido escribir mejor, de hecho, uno de ellos lo he reescrito La joven que subió al cielo (1988), porque en un afán de zanjar con Sendero Luminoso, no encontré mejor manera que poner discursos políticos en labios de los personajes. Y años después con la experiencia que ya gané como escritor, me di cuenta que eso mismo se podría hacer utilizando las propias herramientas de la ficción. Y es así como un par de años La joven que subió al cielo apareció una nueva versión en la editorial Norma, de la cual estoy muy satisfecho.

¿Volverías al tema de la violencia política?

No lo podría decir, para mí fue en algún modo una experiencia dolorosa trabajar ese tema, algo traumática, al igual que con la relación que padecía en esos momentos con la crítica, tanto academia y periodística. Había mucha incomprensión de la literaria en el momento en el que aparecía. Mis textos empezaron a ser valorados muchos años después de que terminó el problema de violencia en el Perú, más desde las ciencias sociales, y crítica literaria propiamente. Y por eso en realidad no sé si volveré al tema, es algo que todavía no puedo saber, tal vez se de la oportunidad y vuelva a trabajar el tema de la violencia, tal vez no, es algo que no puedo saber ahora.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Estoy trabajando bastante literatura infantil, acabo de terminar un pequeño cuento de un detective infantil, está por salir en estos meses; está también la continuación de Pepe, Pepo, Pipo, la historia de tres niños de la costa que viajan a la Sierra y descubren el mundo mágico de ese lugar, Pepe, Pepo, Pipo y la montaña de nieve resplandeciente. Y en mis novelas, estoy trabajando un policial sobre el tráfico de bienes Moches, en el que combino mi pasión de la historia con la temática del día de hoy. Y para más adelante me gustaría ficcionar algunos de los episodios de la vida del cronista Guamán Poma de Ayala. Por ahora esos son los planes que tengo.

 

Lima, 21 de octubre del 2012

El teatro en La gaviota de Chéjov

Por: César Espino

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Mucho se ha hablado de Chéjov, específicamente de su narrativa, pero muy poco se ha dicho de su teatro. Muy aparte de reconocerlo como un maestro de los relatos cortos, es necesario explorar su imagen de dramaturgo. Lamentablemente en un primer momento no tuvo el privilegio de gozar de fama y elogios por parte del público, todo lo contrario, fue un fracaso total y sobre todo, al momento de estrenarse La gaviota (1896).

Aparte de ver temas recurrentes como el amor, el desamor, el fracaso, el éxito, etc., se maneja un mundo teatral de la vida misma. Es decir, para Chéjov la vida es como el teatro en donde nada debe hacerse sin gracia, sin forzar la voz, donde hay que expresar de manera natural el dolor y los sentimientos, asumiendo todos los pesares como una carga instintiva de la vida. Por eso Chéjov ha descrito un mundo triste y apagado[1].

Partiendo de la obra teatral La gaviota, el autor nos expone una vida de fracasos que nos lleva al exterminio de nuestra existencia. ¿No es así también el mundo en que vivimos?. Centrándonos en Trepliov y Trigorin. El primero es hijo de Arkádina, que se encuentra enamorado de Nina. Vive en un mundo lleno de fracasos por la incomprensión hacia sus proyectos teatrales. Muchos no lo entienden, hasta su madre siente que su hijo no tiene esa perseverancia que lo haga prevalecer, ella lo hace sentir como una persona decadente. Más adelante, él llega a suicidarse. El segundo, es un literato que goza de fama, pero al ver su realidad hace que no le interese el éxito. Lo único que lo hace diferente de Trepliov, es que goza de inspiración, o diciéndolo de las propias palabras de Trigorin: Al escribir, experimento una sensación agradable. (pp. 33). Esto es algo que Chéjov recomienda a los dramaturgos o a los que se dedican a la literatura.

Cuando uno lee La gaviota, se va dando cuenta que los temas teatrales, al transcurrir la obra, adoptan un aspecto pedagógico hacia los futuros dramaturgos. Entre Arkádina, Trepliov, Nina y Trigorin se forma una esfera teatral, y los demás personajes actúan de público que los valora. Estos cuatro personajes se presentan como dicotomías. Los femeninos son actrices que por un lado, una es consagrada (Arkádina) y la otra está emergiendo (Nina). En los masculinos Trigorin y Trepliov tornan a representar lo clásico y lo no clásico, respectivamente.

La imagen de Trepliov nos resulta muy cercana a la de Chéjov, puesto que estas ideas son las que el dramaturgo ruso quiso expresar en su teatro al momento de montarlas en escena. Fue muy difícil que el público lo aceptase, puesto que ellos aún tenían en mente el teatro con ideas clásicas(2), la cual no se llegó a compatibilizar con las innovaciones que Chéjov quería dar a relucir. Lo bueno fue que Stanislavsky  y Nemirovich-Danchenko, dan un salto con La gaviota que se estrena el 29 de diciembre de 1898[3], produciendo una serie de loas por parte de los espectadores que enloquecieron por ver una obra netamente crucial en la historia de Rusia. Stanislavsky había pronunciado las siguientes palabras:

Nuestro proyecto era la revolución. Nosotros protestábamos contra las             viejas formas de actuación, contra la falsa teatralidad, contra el falso énfasis de la declamación, contra las insensatas convenciones de los decorados, contra los “primeros” actores que desequilibraban el conjunto, contra el frívolo repertorio de los restantes teatros.

En conclusión, dejar a Chéjov como una imagen sólo de cuentista, ensayista, novelista es permanecer en lo ceñido y mezquino. Él transgrede los límites, va más allá del sentimiento y del entendimiento humano, mueve el mundo teatral con innovaciones que hay que saber aprovechar. El teatro no sólo es euforia y aplausos, es toda una vida por delante.


[1] Parte del prólogo de Enrique Llovet.

[2] Por el siglo XVII y XVIII, el teatro ruso era empleado como herramienta pedagógica en las Escuelas Clericales, aparte que en su mayoría los actores no eran rusos.

[3] Stanislavsky realizó el papel de Trigorin y Meyerhold en el de Trepliov.

Bibliografía:

-Chéjov, Antón. La gaviota – El jardín de los cerezos. Editorial Planeta. 2000. Lima.

¿Para la discusión?

Por: Julio Carrascal

 

 

Deseo pedir disculpas por desviarme de los temas de este blog, pero tengo la necesidad de escribir sobre este asunto.

 

 

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En el mundo siempre han existido polémicas que encienden enervados debates y que generan algo más que un simple desacuerdo. Desde ser anglicano o católico, pasando por alinearse a la izquierda o derecha, o decidir el voto para elegir a un representante político; a menudo debemos ventilar cuestiones indispensables para nuestro futuro. Sin embargo, nuestras elecciones pueden ser parte de un tema poco importante (según desde quién lo mire). En esta ocasión dejaremos algunas reflexiones sobre un asunto, para algunos, superfluo, pero no por eso menos interesante: ¿Messi es el mejor futbolista de la historia? ¿Péle, Maradona o Messi?

Empecemos por los defectos y obstáculos a superar del actual mejor jugador del mundo. Debe terminar de calzar en el molde dejado por Péle y Maradona; es decir, tiene que ganar un campeonato mundial de futbol. Estadísticamente, Lionel Messi es uno de los jugadores que más pierde el balón durante un partido; numerosas jugadas son interrumpidas por un regate o finta que no tiene un buen final. Desde nuestro punto de vista; sus jugadas son menos elegantes, estéticas o mágicas comparadas con las de Maradona u otros. Su impresionante vértigo al momento de atacar hace que lo vistoso del dribbling se vea menguado. Finalmente; a muchos les puede parecer aburrido un tipo que hace parecer simple algo tan difícil como hacer 91 goles en una temporada futbolística.

Sus virtudes son múltiples y bien conocidas. Los números del rosarino son casi insuperables al menos en los próximos 20 años aproximadamente, normalmente al cumplirse ese lapso nace algún ser superdotado para el deporte rey. Su constancia y auto superación son ejemplares. Los goles marcados y su rendimiento han ido en aumento año tras año. Sus 25 años juegan a su favor al momento de pensar en seguir batiendo records. Fuera de las canchas se muestra como mínimo, humilde y sin mayores pretensiones, a diferencia de Péle o Maradona (es sabido el inmenso ego de ambos).

El actual club de Messi puede ser considerado el mejor equipo de la historia pues combina eficacia goleadora, belleza en el juego y un sistema innovador (no usa centro delanteros netos y sus delanteros nacen del mediocampo). Jugar en Barcelona puede restarle puntos pues es la “pieza” más importante dentro de una maquina casi perfecta. En cambio, Maradona jugó en ese mismo equipo pero no brilló. El apogeo del Diego llegó en el pequeño Napoli italiano y la selección argentina, en ambos se vistió de héroe para sacar adelante a su grupo. Probablemente, Maradona nunca hubiera encajado en un equipo como el actual Barcelona debido a su protagonismo desmesurado.

Messi como Péle saben encajar en equipos con grandes estrellas y destacar entre éstas. El rey sobresalió dentro de la mítica selección brasileña ganadora del mundial de futbol de 1970. Brasil tenía a jugadores excepcionales como Tostao, Rivelino y Gérson sólo por mencionar tres de ellos. A nivel de selecciones el Brasil del setenta sólo es equiparable a la actual selección española. Hasta el momento en cuanto a mundiales va ganando el brasileño con tres coronas; sin embargo, el único mundial de Maradona no es menos importante.

Al parecer para ser elegido mejor futbolista de la historia como mínimo un jugador debe haber marcado un cantidad inmensa de goles, tener una cantidad similar de fieles seguidores, sobresalir dentro de su generación y ganar al menos un mundial. Ahora, la discusión no es saber si ¿Péle o Maradona es mejor? o si Messi alcanzará a Péle y Maradona. La única incertidumbre es saber si Lionel Messi ganará un mundial para erigirse como el mejor futbolista de todos los tiempos. Si Messi gana un campeonato mundial toda discusión estará terminada.

 

Presentación del libro “La última cena: 25 años despúes”

217922_580305155316939_27392125_nEl día de ayer, miércoles 9 de enero, en la librería “Sur” de San Isidro, a las 8:20 p.m se dio a cabo la presentación del libro La última cena 25 años después, de Paolo de Lima. La ceremonia estuvo a cargo de los presentadores Luis Fernando Chueca, Eduardo Chirinos, y José Antonio Mazzotti.

La presentación fue iniciada por Luis Fernando Chueca, el cual confesó públicamente no haber preparado un texto adecuado, además de su sorpresa por la repentina invitación a presentar el libro, ya que aparte de pertenecer a la década del 90, no figura como poeta antologado en la primera edición de la misma; paso siguiente, Eduardo Chirinos, aportó interesantes comentarios a manera de testimonio, en calidad de disidente de la propuesta poética limeña, al estar en esos años en el extranjero, pero que aún así fue incluido dentro de la antología La última cena (1987); y para finalizar, J. A. Mazzotti, se encargó de resaltar la relevancia de esta nueva edición, y por ende, preservar la producción poética que enmarcó y encasilló a la poesía de los 80, incluyendo por supuesto, a algunos de los miembros de Kloaka. A la par, no dudó en remarcar su distancia (por ejemplo, intelectual) con otros grupos poéticos precedentes (Hora Zero) que, en palabras de Mazzotti, “ se demoran en despegar”.

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