Entrevista a Luis Nieto Degregori

Por: Fausto Barragán

 

 

A fines del año 2012, tuvimos la suerte de entrevistar a uno de los primeros  y más destacados representantes de la narrativa de la violencia política en el Perú. Aprovechando su estadía en Lima, Luis Nieto Degregori nos brindó una agradable entrevista en la que compartió con nosotros parte de su vida, influencias, testimonio sobre su tránsito por los años de violencia, proyectos y demás anécdotas que sumaron en él un escritor de respetable trayectoria.

Luis Nieto Degregori, (1955)  narrador cusqueño, ha publicado los siguientes libros: Harta cerveza y harta bala (1987), La joven que subió al cielo (1988), Como cuando estábamos vivos (1989), Señores destos reynos (1994) y su primera novela Cuzco después del amor (2003), que fue considerada la mejor novela del año. Recientemente ha publicado el libro para niños Pepe, Pepo y Pipo y la laguna misteriosa (2006).

¿Cuáles fueron tus influencias literarias? ¿Qué textos puedes identificar en tu narrativa?

Copia de 2012-10-21 18.44.13Mi vocación de escritor mucho tiene que ver con haber nacido en la familia de un poeta. Mi padre es un poeta muy reconocido en el Cusco, y era el anfitrión de cuanto intelectual llegaba por la ciudad. Es así que, lo que forjó mi vocación literaria fue haber tenido en casa a un sin número de poetas y escritores. Tuve la suerte de niño de conocer a Mario Vargas Llosa, estar sentado en la sala de mi casa y escuchar conversar a Bryce Echenique cuando recién había publicado Un mundo para Julius. Todo eso marcó mi deseo de ser escritor. Y a eso luego se sumaron las primeras lecturas; vivía rodeado de libros. En casa había una biblioteca que ocupaba todos los espacios, no solo un ambiente como suele ser, sino, todos los cuartos. Desde que habría los ojos veía lomos y lomos de libros. Fui leyendo de manera desordenada los libros, porque me llamaban la atención, por el título, porque formaban parte de alguna colección, etc. Pero creo que no fueron esas las lecturas que marcaron mi vocación de escritor.

En realidad es cuando viajo a Moscú a estudiar literatura; es cuando empiezo a hacer lecturas ordenadas en los cursos, y por ello, descubriendo a los escritores que me han acompañado a lo largo de mi vida. Me deslumbraron los cuentos de Chejov, sus novelas cortas, su teatro, que no solo pude leer sino también ver su representación en el Teatro Académico de Moscú, el mismo teatro en el que representó sus obras el mismo Chejov, y para mí, ese fue maravilloso. Entonces Chejov, podría decir que fue uno de los maestros que me enseñó a escribir. Y el otro, fue José María Arguedas. Empecé a leer su obra en la universidad, en la sección de lenguas extranjeras en Moscú. Decidí hacer mi tesis universitaria de Arguedas, y para mí, fue un descubrimiento maravilloso. Antes recuerdo de adolescente que mi padre me había dado a leer La agonía de Rasu Ñiti, pero como era muchachito, no le di importancia, me aburrió. Ya en a universidad con 17 o 18 años empiezo a leer a Arguedas y me sentí deslumbrado. Descubro a un  escritor que me mostraba cómo era mi país, cómo de complejo, dramático y maravilloso era este mundo, y nunca más me pude separar de Arguedas. Soy un admirador de absolutamente toda la obra de Arguedas. He leído textos críticos sobre él en mi época universitaria, todos los libros que se han producido sobre él, más tarde, la correspondencia que ha mantenido con distintas personas; hasta ahora sigo regresando a Arguedas, me parece que es el mejor escritor peruano del siglo XX, y de lectura obligatoria si se quiere verlo así.

Cuánto nutrió tu experiencia en el extranjero para forjar tu pluma, y a la vez tu visión del país.

Para mí fue muy rica mi permanencia en el extranjero en muchos sentidos. Estuve 6 años en Rusia, un país que en ese entonces era socialista, la Rusia soviética, luego estuve 2 años en España, un país que recién acababa de salir de la noche del franquismo, y que recién se abría a Europa occidental. Luego estuve unos 4 o 5 meses en París, Francia, una experiencia cultural muy variada. Pero sobre todo, en mi época en la que viví en Moscú, fue muy valioso en cuanto a mi formación como persona. Me fui muy joven, apenas acabado el colegio, sin haber pisado una universidad en Perú, y descubría un mundo que era el mío de muchas maneras.

Yo venía de la ciudad cusqueña, donde tener pasión por la literatura era un fenómeno bien raro. En mi caso podría ser visto como algo normal, peor en mi barrio, en mi casa, en mi colegio, entre los muchachos de mi edad, era algo que más bien había que esconder. La pasión común era el fútbol, los juegos, etc., pero tener interés por la literatura, por el arte y el cine, era algo que definitivamente desentonaba. Cuando llego a Moscú, descubro por primera vez que lo que a mí me apasionaba era algo que se valoraba muchísimo en la universidad. Me sentí como el patito feo del cuento infantil mientras vivía en Perú, porque no tenia habilidad para los deportes, porque me gustaba muchísimo la lectura, y muchas veces prefería sentarme a leer que ir a jugar con mis amigos; porque me gustaba mucho el buen cine, que los chicos de mi edad no comprendían. Yo tenía que ir a solo a las funciones del Vermut a ver las películas que me gustaban. Entonces descubro que lo que me había vuelto el marginado y raro del grupo, en Moscú, me abría la puertas del aprecio de los profesores y del reconocimiento de mis compañeros. Estaba en una sociedad donde se daba una producción editorial asombrosa; libros con tirajes de miles de ejemplares, tratándose de los clásicos de la literatura Rusa; cines por toda la ciudad, salas de teatro como nunca había visto en el Perú. No existía no solo en Cusco sino en todo el Perú; salas que montaban los clásicos de la literatura universal y por supuesto los clásicos de la literatura rusa. En general una vida cultural pletórica, dinámica, efervescente que me cautivó, y que cambió mi manera de relacionarme con mi entorno. Yo sentía que Perú había sido como un desierto y llego a Moscú y era como un paraíso, referido a la vida cultural. Entonces entre los 17 y 23 años pude empaparme de todo eso, que me permite comparar dos maneras de ver el mundo, la sociedad, la política, y creo que finalmente la virtud que tiene, es la de abrir mi horizonte, de permitirme una mirada mucho más amplia de las cosas, de enseñarme lo importante que es compara tu realidad con otras realidades, y creo que eso me ha ayudado bastante a lo largo de toda mi carrera como escritor y de mi vida como persona.

Qué nos puedes comentar sobre tu experiencia como profesor de la universidad de Huamanga, en los años de la violencia.

2012-10-21 18.40.14Yo llegué a la universidad de Huamanga de casualidad. Había regresado a Perú después de ocho años y medio, con el título de licenciado en filología en literatura y lingüística, y estaba trabajando en una librearía en el centro de Lima, “el Caballo Rojo”, una librería donde caían muchos intelectuales, muchos artistas, profesores, etc., hasta que llegó un profesor de la Universidad de Huamanga, que antes había sido alumno de mi padre, me refiero a Juan Alberto Osorio, y él me reconoció y me contó que era jefe del departamento de literatura de la Universidad de Huamanga, había visto mi experiencia en Moscú y me invitó a presentarme mis papeles. Yo tenía algo de conocimiento de esa universidad por los comentarios que me había hecho un primo mío, antropólogo, especialista en los temas de Sendero, Carlos Iván Degregori. Entonces acepté de inmediato la propuesta de mi amigo. Presenté mis papeles a dicha universidad, y al muy poco tiempo me avisaron que había sido contratado para enseñar allí. Fue así que en el año 1981, cuando ya habían empezado las acciones de Sendero Luminoso, comencé a enseñar en dicha universidad. Y fue una experiencia, en un inicio signada por la casualidad, mutuamente enriquecedora y que me abrió a la realidad de lo que era definitivamente el Perú.

En la universidad, donde me tocó enseñar, ya no había actividad política, porque Sendero había pasado a la clandestinidad, empecé conversaciones con los alumnos, siendo testigo de las primeras acciones armadas de Sendero Luminoso en la Ciudad, todavía tímidas: petardos en la puerta de la municipalidad de acción popular, pintas en las calles, etc. Fui descubriendo los conflictos que atraviesa la sociedad peruana, la profunda gravedad de estos conflictos, el dramatismo de esta sociedad fragmentada, dividida por abismos étnicos y culturales insalvables. Y poco a poco, en los dos años que estuve en Huamanga, tuve la suerte de conocer a personas que luego estuvieron muy cercanamente involucradas con Sendero Luminoso. Compartí el mismo pupitre en las reuniones de departamento con Hildebranto Pérez Huarancca, escritor que había estado en China, y que sin saberlo nosotros sus colegas militaba en SL; compartí con otros colegas que no necesariamente eran de Sendero, pero     que tenían también tenían filiación izquierdista. Y de todo eso fui testigo de acciones mucho más violentas de SL en Ayacucho, la más dramática, el asalto a la cárcel de Huamanga,  que por esas casualidades del destino quedaba a dos cuadras de la habitación que yo alquilaba. Pude escuchar  durante toda la noche las explosiones de los cartuchos de dinamita, los disparos de las ametralladoras, los cristales, y demás, que fue más o menos desde las 11 de la noche hasta las 5 de la mañana, sin que nadie en la ciudad supiera a ciencia cierta qué estaba ocurriendo. Y todo eso me volvió un testigo privilegiado y observador atento del fenómeno de la violencia antes de que otras personas, escritores, artista e intelectuales se dieran cuenta de la gravedad del conflicto que había empezado en Ayacucho. Yo dejo Ayacucho porque la situación se hacía insostenible. La policía en las noches de toque de queda entraba a cualquier departamento de cualquier profesor o estudiante de universidad, había riesgo de que te detengan, de los atentados, etc., y por ello decido marcharme al Cusco, a mi ciudad natal. Desde un comienzo siento que había una necesidad de plasmar en mis textos esta experiencia que me tocó vivir y es lo que hice en los siguientes años. Prácticamente desde que dejo Ayacucho, a fines del 82 u 83, durante toda la década de los 80 estuve escribiendo ficciones o relatos sobre la violencia en Ayacucho.

2012-10-21 18.07.28

En los años de la violencia política en el Perú, el novelista ¿escribía con miedo?

En general, en el Tercer Encuentro de Narradores Andinos volví a sentir la situación que se dio a fines de los 80, cuando empecé a publicar mis primeros cuentos sobre SL, y me he dado cuenta que siguen habiendo escritores que no zanjan claramente con SL y con el baño de sangre en el que nos sumió esta organización política de un fanatismo maoísta, que no logró entender qué es nuestro país, nuestra sociedad. Y me di cuenta que hay escritores que hasta ahora no terminan de zanjar con este movimiento como ocurría en esa época. Me da pena descubrir que tanta sangre pareciera que ha corrido en vano, que tanta víctima, 60 mil (según la CVR), pareciera que ha muerto en vano. Me parece muy importante que los escritores que trabajamos el tema de la violencia tengamos una posición muy clara, que deslinde con los crímenes que cometió SL, e igual de clara respecto a los excesos represivos que cometieron las fuerzas del estado (Los sinchis, las FFAA, la policía). Me parece que ese es un punto de partida para trabajar desde la ficción, desde la literatura, el tema de la violencia.

Por eso yo no estoy de acuerdo con escritores que tratando de crear una leyenda -porque eso es algo que sabemos hacer muy bien los escritores, crear leyendas en torno a nuestras personas-, dicen que “era peligroso” trabajar el tema de violencia desde la literatura en los años de la violencia política. No lo era. Yo una vez lo dije en una polémica con Dante Castro, en un suplemento del diario Cambio, “en nuestro país no se le daba (y no se le da hasta ahora) casi ninguna importancia a la literatura”. Tú podías escribir sobre SL, sobre la violencia, sobre los enfrentamientos que se estaban dando en ese momento en nuestro país, y no pasaba nada. Lo que sí había era una falta de comprensión de la crítica literaria de los textos de ficción sobre la violencia política.

¿Qué elementos identificas como propios dentro de tu narrativa, al respecto de los demás escritores de tu generación?

En mi producción literaria he tratado de mantener dos tipos de lectura de nuestra sociedad: por un lado los cuentos y novelas de temas contemporáneas, de ambiente urbano, no solo de ambientes de las ciudades de la sierra, y con este tipo de literatura, he tratado de abordar dos temas que me parecen centrales en mi narrativa: el racismo y el machismo. Sobre todo creo que trabajar sobre el “machismo” me hace distinto al resto de narradores andinos. Es un problema que la mayoría de escritores varones en el Perú no suelen percibir pero del cual yo tengo bastante sensibilidad; y la otra vertiente de las ficciones que yo trabajo es la histórica. He tratado de remontarme al pasado de nuestro País en cuentos y novelas, para entender las razones de la terrible fragmentación de la sociedad peruana hasta el día de hoy. Creo que el complemento de estas dos visiones es lo que hace distinta mi narrativa de las de otros narradores andinos.

Qué nos puedes comentar en retrospectiva de tus primeras obras ¿Estás complacido con ellas?

Yo he tenido dificultades parecidas a las que mencionaba Cronwell Jara ayer en el Tercer encuentro de narradores andinos. Yo me fui a estudiar literatura, y no se me ocurrió la posibilidad de hacer talleres de creación literaria, eso en Moscú se hacía, pero lo enseñaban en una escuela literaria muy especial y selectiva, en la que entraban personas con una carrera universitaria terminada, o personas que ya escribían. Entonces cuando empiezo a escribir de manera intuitiva, descuido mucho las técnicas de construcción del relato, del manejo del punto de vista, la construcción de los personas., y creo que eso se nota en los primeros libros que he publicado. Estoy satisfecho con ellos temáticamente, los tres primeros libros que giran en torno al tema de la violencia política y son en cierto modo, pioneros, junto con el de otros colegas escritores, que se publican en los años 87 y 88, en pleno auge del conflicto armado, Harta cerveza y harta bala (1987), La joven que subió al cielo (1988) y Como cuando estábamos vivos (1989), tres libros que los junté en un tomo titulado “Con los ojos siempre abiertos”, don están todos los cuentos, y ésta última novela corta, en torno al tema de la violencia, y la experiencia que me tocó vivir en Ayacucho siendo profesor de la Universidad San Cristóbal de Huamanga. Pero técnicamente, son textos que ahora los hubiera podido escribir mejor, de hecho, uno de ellos lo he reescrito La joven que subió al cielo (1988), porque en un afán de zanjar con Sendero Luminoso, no encontré mejor manera que poner discursos políticos en labios de los personajes. Y años después con la experiencia que ya gané como escritor, me di cuenta que eso mismo se podría hacer utilizando las propias herramientas de la ficción. Y es así como un par de años La joven que subió al cielo apareció una nueva versión en la editorial Norma, de la cual estoy muy satisfecho.

¿Volverías al tema de la violencia política?

No lo podría decir, para mí fue en algún modo una experiencia dolorosa trabajar ese tema, algo traumática, al igual que con la relación que padecía en esos momentos con la crítica, tanto academia y periodística. Había mucha incomprensión de la literaria en el momento en el que aparecía. Mis textos empezaron a ser valorados muchos años después de que terminó el problema de violencia en el Perú, más desde las ciencias sociales, y crítica literaria propiamente. Y por eso en realidad no sé si volveré al tema, es algo que todavía no puedo saber, tal vez se de la oportunidad y vuelva a trabajar el tema de la violencia, tal vez no, es algo que no puedo saber ahora.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Estoy trabajando bastante literatura infantil, acabo de terminar un pequeño cuento de un detective infantil, está por salir en estos meses; está también la continuación de Pepe, Pepo, Pipo, la historia de tres niños de la costa que viajan a la Sierra y descubren el mundo mágico de ese lugar, Pepe, Pepo, Pipo y la montaña de nieve resplandeciente. Y en mis novelas, estoy trabajando un policial sobre el tráfico de bienes Moches, en el que combino mi pasión de la historia con la temática del día de hoy. Y para más adelante me gustaría ficcionar algunos de los episodios de la vida del cronista Guamán Poma de Ayala. Por ahora esos son los planes que tengo.

 

Lima, 21 de octubre del 2012

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10 comentarios en “Entrevista a Luis Nieto Degregori

  1. Felicitaciones. Una muy interesante entrevista al amigo y gran escritor Luis Nieto Degregori. Les deseo todo el éxito y una larga vida a su blog.
    Saludos.

  2. Siempre es importante entrevistar a los escritores comprometidos con la Literatura peruana y latinoamericana. Tenemos que leer a Luis Nieto Degregori.

  3. Luis Nieto es una de las plumas más valiosas de la literatura peruana. Tiene talento para hacer ficciones históricas o basadas en la violencia que sufrió el Perú desde los años 80 hasta los noventa y tantos y muestra ecuanimidad en las respuestas de la entrevista. Buena Lucho. Un abrazo fuerte.

  4. Luis Nieto es una de las plumas más valiosas de la literatura peruana. Tiene talento para hacer ficciones históricas o basadas en la violencia que sufrió el Perú desde los años 80 hasta los noventa y tantos y muestra ecuanimidad en las respuestas de la entrevista. Buena Lucho. Un abrazo fuerte.
    Feliciano Padilla

  5. Felicictaciones Lucho,esta entrevista es un gran recurso para los docentes, reconocer su casa como la primera fuente para el desarrollo del arte, es un claro ejemplo del rol de la familia. Me siento muy identificada con su tarea y sus compromisos.

  6. Pingback: “Señores destos reynos” de Luis Nieto Degregori | Oro de Indias

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