El día de los Bafomets

Por: Fausto Barragán

 

 

images (1)Una de las bandas que últimamente me llamó la atención, y que de seguro muchos de nosotros la hemos escuchado, o por último, hemos oído hablar de ella, es la que motiva el siguiente texto en esta oportunidad. Está conformada principalmente por un méxico-norteamericano (multi-instrumentista y compositor general de la banda), fuera de serie, un artista, un visionario, o quizás el sepulturero de música contemporánea. Trabaja en dualidad con un norteamericano (vocalista) que coincidentemente habla el español; el nombre de éste, Cedric Bixler, y el nombre del genio mentado líneas arriba, Omar Rodríguez. Claro, estoy hablando de The Mars Volta.

Esta banda se forma bajo la dictadura de Omar Rodríguez, quien compone todas las canciones por escrito (música y letra), dándoselas después a los músicos de sesión, o a los que logra contratar. ¿Es una banda convencional? Por supuesto que no. No se puede hablar de The Mars Volta como una banda con espíritu “mosquetero”, que ante todo está presente la aprobación de todos sus miembros, sus ideas y propuestas, todo, No; es una triste falacia que aunque suene increíble, les ha dado mucho resultado.


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Cuando pienso en este excepcional músico, se me viene a la mente su paisano Carlos Santana, quien liderando también a una numerosa banda, luego de pasar algunos años en EE.UU, y desarrollar sus aficiones e influencias musicales, llegó a participar en un festival a fines de los años 60 (no puedo nombrarlo pues es imposible que lo desconozcan), el cual terminaría por catapultarlos a la fama. De igual manera, The Mars Volta irrumpe en la escena musical a inicio del nuevo milenio, con un súper álbum, fuera de lo normal, escapando a las tendencias musicales del momento, creando su propio horizonte, y por lo mismo, su propio mercado dentro de la industria de la música. De tendencias eclécticas, fusionando diversos géneros, siempre resaltando las raíces latinas, pero anclando movimientos en los frenéticos y arrogantes soportes del Jazz. Toda una diversidad musical descargada a través de nuestras venas, volándonos el cerebro, desencajando la tradición “rockera” impuesta a nosotros por la fuerza.

Cada una de sus presentaciones en vivo logra electrizar, no solo por su sonido sino por la performance. Las improvisadas convulsiones de Cedrix, los arrebatos de furia de Omar -generalmente en sus primeras presentaciones-, fueron unos de los atractivos inmediatos de la banda. Es una fórmula que en lo personal considero atinada, pues es la única manera en la que podían hacerle frente a tamaña intensidad en vivo. La descarga de energía, el sudor, la psicodelia, la velocidad, y el freno abrupto se vuelven parte de un viaje que está signado a cada instante por su sello personal.

Los álbumes que componen la carrera de The Mars Volta son los siguientes: Loused in the Comatorium (2003), Frances The Mute  (2005), Amputechture  (2006), The Bedlam in Goliath  (2008), Octahedron  (2009), y Noctourniquet  (2012). Cada uno de ellos exponiendo un clima distinto, superando de lejos a sus anteriores producciones. Como carácter homogéneo de su música, podría aseverar una constante actitud iconoclasta que supera el mercado musical, y a ellos mismos. La originalidad de Omar que brota en sus composiciones, a partir de experiencias y vivencias –como él mismo lo ha mencionado- convierte a sus canciones en únicas e irrepetibles.

Si bien la música adquiere vida por sí misma, las letras son un tema aparte. No hay simples historias, hay poesía en movimiento. Las imágenes que grafican cada una de las canciones, exploran hasta el máximo el lenguaje, estirándolo al de punto de sobrepasar la idea que -de forma para nada humilde- quieren sugerir. Y todo ello deviene en la debacle entre la música y la letra. Ello puede quizás explicar el porqué de su inmarcesible éxito desde el inicio de los 2000´s; esas canciones estaban destinadas para esta generación, y ya no podían esperar más.

 
Por ello, encomiendo a los lectores que si no han tenido aún el agrado de escuchar y darle un poco de tiempo a esta no fresquita pero “nueva” banda –les aseguro que no han sido testigos de nada igual, en los últimos años, claro-, no se arrepentirán. El sonido de Omar rodríguez y su banda, les volará la cabeza, arrojándolos a los límites del buen y mal gusto musical, para volverlos a traer, una y otra vez. Eso es lo que siento cuando escucho a The Mars Volta. Y que siga la buena música.

 

Las trampas de un mundo al revés

Por: Fausto Barragán

 

 

 

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“Daniel Aparco (1974), estudió Fotografía e Historia del arte en Ginebra (Suiza), donde ha realizado numerosas exposiciones fotográficas. A su regreso al Perú obtuvo el Premio Nacional de Cuento Infantil-Juvenil “Perú mágico y Fantástico” por su antología Viajeros de Diciembre (Editorial Bruño y Municipalidad de Lima, 2009). Con esta novela reafirma su particular estilo narrativo y la singularidad de los personajes de su primer laureado opus: el pasajero perdido, híbrido y sin tiempo.”

Trampa para jóvenes escritores (Paracaídas: 2012) nos cuenta la historia de un aprendiz a escritor, Gabriel, que viaja por diversos lugares (dentro de su imaginaria y excéntrica Suiza) y tiempos en busca de fragmentos, que por instantes asoman materializándose en personajes como Pat, o su desaparecido amigo Fredo, pero que en el realidad, responden a necesidades existenciales mucho más fuertes. Los recuerdos y vicisitudes del protagonista, oscilando entre reuniones de café, bares, alcobas, la calle, la muerte y la locura, que dicho sea de paso, mantienen diálogo con una novela mayor, el clásico de Julio Cortázar, Rayuela, son los que se encargan de conformar los soportes de la narración.

La cotidianidad, mezclada con pasajes surrealistas, recorre los lugares frecuentados por almas confundidas y desoladas que por lo general resultan ser artistas, o quizás dementes que bailan sin rumbo, pero que al fin y al cabo, son los que alimentan con destellos fugaces de su presencia, esta novela. Aún así, hay momentos que le restan calidad al texto, por ejemplo, en las divagaciones de Gabriel y su “ligera” relación con los personajes a lo largo de su periplo. Si bien el autor se sirve de esta obra para explorar sus propios dominios dentro la hoja en blanco, rescato la historia de búsqueda de su protagonista, que enfrentado a situaciones adversas, aparentemente indiferentes, logran hacer mella en él.

Una constante dentro de la novela es el planteamiento inconcluso de situaciones ficcionales que al estar acompañadas de omisiones (por ejemplo, la ausencia de concreción de lugares, o la precaria descripción de personajes) y la falta de consistencia en la construcción de los espacios referidos, la vuelven imprecisa por momentos, pero que luego, al retomar la velocidad inicial a través de las acciones, logra encontrar el lenguaje preciso para sostenerse a sí mismo. Por otro lado, vemos cómo en este descubrimiento, el narrador, coincidiendo muchas veces con el protagonista, presenta al lector una tímida lucha entre contar los sucesos (con un lenguaje ágil y directo) y describir las imágenes (con un lenguaje más poético) dentro del mismo espacio. Esta pugna se da a cada instante envolviendo a la historia con un halo de sofocantes imprecisiones e imágenes surrealistas, para luego emerger aún viva, con el hilo de la narración.

En complicidad con su rótulo, Trampa para jóvenes escritores, nos sugiere que el mismo narrador deja pequeñas trampas, desde los personajes evanescentes, los monstruosos paisajes cerrados, a los diálogos infructuosos, etc., para descubrir qué caminos no tomar en su propia escritura, en la que presumo, se puede concebir como experimentación, al ser esta su primera incursión literaria. Esta prosa busca el lenguaje apropiado, que no escatima en ofrecerle al lector capítulos enteros de tal desesperación, sin guardarse nada, exponiendo el proceso de andamiaje de la novela en vivo y en directo.

Entonces, nos quedamos con el título, y con la promesa de que su próxima publicación nos devele los eslabones ocultos, los vacíos, y las “trampas” que dejó, de la fuimos testigos (algunos víctimas) en esta interesante entrega; porque sí, me quedo con la lucha perenne del lenguaje sobre-explotado por el autor, y la travesía utilizada como tema para esta novela; en el riesgo de fracaso, de no soportar mediante su prosa ornamentada una historia tan compleja y enrevesada, con diferentes caminos, los cuales algunas veces (pues nos lo indica) puede que sean sin salida.