Todos flotan aquí abajo

Por: Fausto Barragán.

 

 

imagesLa manera como una película puede marcarnos recae de formas distintas. Están los que se dejan atrapar por la historia, aunque muchas veces los recursos fílmicos adolezcan de las condiciones necesarias para ello, y los que van en busca más que de una gran historia, de las astucias cinematográficos del director. Es complicado situarse en uno de estos bandos, que dicho sea de paso resultan sumamente básicos, por la enorme cantidad de cineastas que transitan a su gusto por tales dominios. Pero en mi caso, que no me precio de cinéfilo (o similar calificativo) he tenido la oportunidad de ver una de las películas más ricas (incido nuevamente, para mí) después de mucho, que sentí mía desde siempre, desde el leer parte de su sinopsis, o desde el ver la simple portada. Es curioso que nos ataque tal sensación, pero estoy seguro de no ser el único.

Parte de este entusiasmo es probable que se deba a mi humilde educación como consumidor del séptimo arte, orientada específicamente a películas de terror del conocido cine “serie B”. Dentro de este grupo, creo que se encuentran las clásicas, ahora consideradas películas de “culto”, las de Wes Craven, J. Carpenter. David Cronenberg, Tommy L. Wallace, entre otros. Estas muestras, es probable que por su autenticidad, o por su falta de “animación”, producto obviamente de la época, hayan calado en mí de tal manera que, disfrutar de obras de tamaño calibre, es casi como encontrarme con partes de mí, que sin haberlas conocido antes, sé que me pertenecen.

Esa misma sensación fue la que me acompañó al ver un clásico (para muchos) del género de terror, ese que toma como ícono la figura de un personaje tétrico de por sí, sin ornamentos que lo vuelvan terrorífico, pero que al estarlo (para esta película), ha logrado perturbar seguro a más de una generación. La película de la que hablo, es nada más y nada menos que la conocida y recordada “IT”, o “ESO”, basada en la novela homónima (para variar) del maestro de terror norteamericano, Stephen King, siendo considerado también como un personaje de “culto” no solo por los seguidores de su obra sino, por los fanáticos de este tipo de películas . Es así que este payaso, se vuelve un elemento recurrente en alguna de sus novelas, apareciendo esporádicamente y ayudando a propalar la todavía existencia de su espectro en su mundo, el que al fin y al cabo importa, el mundo de la ficción.

La película IT (1990 ) dirigida por Tommy Lee Wallace, en colaboración con Stephen King (guión), le da vida a un peculiar pueblo azotado por inexplicables desgracias, las cuales presentan víctimas en común: niños. El nombre de IT o “ESO”, responde a la variada e imprecisa forma que adopta el mal en la película. En un momento puede ser una persona, un animal, etc., aunque frecuentemente tome la forma de un payaso. Es por ello que lo mencionan como “Eso”, al sentir más que cualquier materialización física, una terrible e intimidante maldad, incapaz de nombrar.

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La historia presenta como protagonistas a un grupo de niños que se hacen llamar “El club de los perdedores”, conformado por Bill, Ben, Beverlie, Richie, Eddie, Mike y Stan, objetivo del mencionado payaso, conocido también como Pennywise, quien intenta acabar con ellos a como dé lugar. Su aparición se da de forma inmediata, en la primera escena, y esto de hecho es un punto que atrae mi inquietud, al no gastarse en posibles explicaciones sobre su origen, vuelve a los espectadores testigos mudos de un problema ya iniciado, de uno más en una larga lista que esquiva todo tipo de explicación (al menos en la película), sino más bien expone una continuidad. Esto, funciona astutamente con la propuesta del director, al entrelazarse de maravilla con los saltos en el tiempo de los personajes, inicialmente niños, hasta sus respectivas versiones adultas, teniendo todos ellos como fin, acabar con ESO.

El porqué esta película me inquietó responde a condiciones que en lo personal siento carente en el cine actual, hablando del género de terror específicamente. Desde el punto de la continuidad, (véase al inicio de la película) del saber que estamos siendo testigos de un proceso mayor, que escapa a nosotros, resulta atractivo. Las desapariciones en serie bajo el mismo patrón, y la necesidad de encontrar al asesino, urge la aparición del típico detective o civil (pero con dotes innatas de agente de FBI) que logre descubrir el meollo del asunto. A esto, la historia nos sorprende al ofrecernos a un grupo de niños como los encargados de resolverlo. Desde este punto de vista, la película no es condescendiente, para nada. Si los niños son las principales víctimas, ellos mismos deben velar por su seguridad, enfrentándose con el problema cara a cara. Y es ahí donde radica su valor, que la visión predominante, que gobierna en las escenas, es la de los niños, esa, la del temor que implica luchar contra el miedo de cada uno de nosotros, el cual, está presente toda nuestra vida, por más que se comiencen a usar pantalones largos, trabajar, pagar impuestos, etc.

“El club de los perdedores”, los cambios constantes de tiempo, las terribles imágenes de terror, desarrolladas con la música e indumentaria atinadas, los mínimos detalles que nunca están de más (el caso de los aretes de plata), la trama aparentemente simple, pero envuelta de misterio, de un pasado que no logra ser disipado, y la sensación de continuidad del mal, son los elementos que más me atraen de IT. Más allá de ello, la pasión, ingenuidad, lentitud y sobre todo el factor de la “promesa”, de que pase lo que pase, si el mal (ESO) llegara a retornar, ellos no dudarían en volver para sofocarlo nueva y definitivamente;  esta promesa es la que sostiene la película, ya que se compone de los recuerdos (niños) de cada uno de estos adultos mientras se dirigen a su pueblo, lugar donde sucedieron y treinta años después vuelven a suceder las misteriosas desapariciones, predominando siempre la mirada pueril persistentemente mencionada.

La zozobra en los personajes, los lúgubres espacios dentro de sus dominios, el espíritu de lucha, la lealtad, los viajes en el tiempo, y todo bajo la sonriente mueca de Pennywise, estoy seguro que superan las un poco más de tres horas que dura esta joya cinematográfica. Los transportará a un espacio auténtico, del mismo corte que los de pesadilla en la calle Elm, o los tétricos parajes de Cristal Lake, etc. El sentimiento de persecución y el llamamiento a terminar con una amenaza que después de treinta años vuelve a asomar como peligrosa, esperando que cada uno de los “perdedores”, esos que lejos de súper héroes o protagonistas detectivescos, logren vencer sus miedos, para no terminar como los que sí perecieron en ese intento, los que en palabras de Pennywise, “siguen flotando allí abajo”…

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4 comentarios en “Todos flotan aquí abajo

  1. Es un lugar común, pero ni hablar: creo con toda firmeza que la novela ofrece recompensas mucho mayores a los pacientes lectores que se adentran en sus incontables entrañas; sin embargo coincido contigo y probablemente pertenezco a la misma generación marcada por el payaso abre-resumideros; una cosa rara la que ocurre con las criaturas de esta época, que los niños siguen enganchándose muy fácillmente con ellos; preferible Englund, al nuevo señor Krugger, vamos. Linda reseña. Saludos y te sigo.

  2. Muchas gracias estimado José. Esta película fue una revelación para mí, pero en definitiva me aúno a la preferencia del recordado Englund, que a ese remedo sin rostro que escandalosamente ha decidido tomar su lugar. Saludos José. Y espero tener la oportunidad de sumergirme en el mundo de Stephen King, y especialmente en esta novela.

  3. Te comprendo totalmente, Fausto. Hay ciertas películas que tienen la capacidad de transportarte a su mundo y vivir por unas tres horas en él (y es muy buena por mucho tiempo más). Lo mismo me sucede con El Padrino de Coppola y las obras de arte de Hitchcock.
    Ya me dio curiosidad ver IT, la veré alguno de estos días.
    ¡Muy buena redacción, por cierto! Me gusta como te expresas.
    Saludos y abrazos.

  4. Por supuesto Tania, es gratificante escribir sobre las diversas experiencias que consumo. En este caso, It vendría a ser una grandiosa experiencia para mí. Espero que puedas verla y también que compartas lo que yo. Saludos y abrazos también.

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