El burgués, las puertas y Buñuel

Por: Fausto Barragán.

 

 

 

 

images (1)Recuerdo una vez hace mucho tiempo que me recomendaron ver una película, de culto, o al menos considerada así por la mayoría de mis compañeros de entonces. Esta, se presentaba en sus labios como “genial”, “obra maestra”, “inigualable”, etc. Era tanto el repertorio con el que aparecía ante mí, que su título, Un perro Andaluz (1929), burdo y poco ambicioso, lograba incrementar mi curiosidad  cada vez más. Por un momento llegué a considerarlo una broma. Al consumir la película, fue interesante apreciar cómo toda esa sugestión me abordó de forma inmediata. Las imágenes, cada una de ellas, abriendo diversas posibilidades interpretativas, se presentaban atropellándose entre sí en una historia dispersa, lúdica y atroz. Pero, ¿qué me pareció Un perro Andaluz? Diría que es una interesante muestra de cómo gastar cinta, dinero y tiempo, pero que aún así, no se deja atrapar, se nos escapa, y eso la hace vigente. Pero, mi intención no era hablar tanto de Un perro Andaluz, tal vez sí de su director, Luis Buñuel, pero más allá de ello, era mencionar mi apreciación sobre otra de sus películas, una de mayor madurez, pero conservadora aún del espíritu intrépido de sus primeras realizaciones: El ángel exterminador (1962).

La presencia del “absurdo”, sumado a una surrealista explicación de acontecimientos que no responden necesariamente a nada establecido de forma previa en la película, la envuelven con un halo de misterio, difícil de igualar. Dentro de su experiencia fílmica, en su célebre faceta mexicana, con un gran número de películas como Él (1953), Una mujer sin amor (1952), El Bruto (1953), etc., viéndose en ella también ciertos atisbos de humor y genialidad como en Ensayo de un crimen (1955), por ejemplo, podemos reconocer que el estilo de Buñuel fue tomando forma con el tiempo, hasta consolidarse en su clásica “crítica a la burguesía” propia de su última y más popular etapa, la francesa. De esta, ya podíamos ver una interesante aproximación (aún en los finales de su etapa mexicana, la del 50) en El ángel exterminador, y su peculiar forma de tratar los fútiles y (hasta cierto modo) vulgares hábitos de los llamados burgueses, dentro de sus pomposas reuniones, o sea, en su más completa naturalidad.

descargaLa historia empieza cuando la familia Nóbile organiza una reunión en donde los amigos luego de la ópera deben ingresar y departir un momento en su mansión, gozando de todos los lujosos beneficios propios de una espléndida y refinada familia. Pero la cual, se vería seriamente afectada, cuando inexplicablemente los miembros de la tertulia estén impedidos de abandonar el recinto, no por circunstancias físicas, sino por inexplicables medios que trastoquen la conducta de los invitados haciéndoles volver paulatinamente a medida avance la noche, hacia su más primigenia y salvaje conducta. Pasarán numerosas horas encerrados, llamando la atención de otros (grupo de curiosos fuera de la mansión), tratando ellos por su lado de darse una explicación de este enclaustramiento, aunque tampoco puedan desde los extramuros penetrar ese fuero, salvo un pequeño niño con su globo, quien en su inocencia guiado ciegamente por los demás (adultos), logró avanzar algunos metros, pero acabó por dar la vuelta y volver. Esta secuencia en la historia le imprime una impronta indeleble del estilo de Buñuel, explotada a lo largo de los años, sucesivamente al estreno de esta película.

La situación previa surgida a la llegada de los señores y amigos invitados a la mansión, permite intuir hacia dónde vira la película. Me refiero a la extraña conducta de los sirvientes, que empiezan a huir repentinamente del lugar, como si adivinos, pudieran presagiar la desgracia que en breve se desencadenaría dentro de esas paredes. Claro que no todos se fueron al instante. Estaban también los cocineros, los vigilantes, las sirvientas, y por supuesto, el único en permanecer allí, fiel a sus amos: el mayordomo. Todos estos empleados experimentan un inexplicable arranque de moderada desesperación al abandonar a los señores dentro de la mansión.

imagesEsta línea inviolable generada en el umbral de la mansión que impide la salida de los invitados, es el recurso perfecto para que se desate el problema. Después de ello, solo hay que esperar cuánto se puedan demorar estos excéntricos personajes en caer en cuenta del desamparo al que han sido arrojados, sin sirvientes que los guíen, que les sirvan la comida, que les hagan más simple la vida, y chocar torpes unos con otros, sin saber con seguridad lo que están haciendo. Es tentador arrojar como potencial causa de este encierro, si podemos llamarlo “voluntario”, la falta del sujeto sirviente, quien a fin de cuentas, termina haciendo todo en relación a las labores hogareñas. De esta forma, muy entusiasta dicho sea de paso, nos topamos con una primera lectura que acusa la minusvalía de una clase social incapaz de solucionar sus problemas por sí misma. Entonces, este absurdo encierro que obedece a causas para nada lógicas opera como un simpático “salto con garrocha” para la elaboración de una mordaz crítica a la mentada esfera social.

Las imágenes surrealistas, las repeticiones de escenas, los espacios fragmentados, el absurdo de animales paseando por enormes salones, y la monstruosa visión de naturalidad aboliendo a la civilización, en un patético esfuerzo de los hombres por subsistir, se llevan definitivamente las palmas en esta película. Al igual que la idea seductora del caos, la destrucción, la colisión de valores y la caída de unos atrofiados parámetros de conducta. En definitiva, evidenciamos el desplomo del sujeto civilizado ante los inminentes efectos de lo absurdo, y a través de ello, se refuerza la conciencia del volátil carácter del ser humano. Pero en especial, hablando del sujeto burgués, se produce una dura crítica ante lo arbitrario de sus normas y estamentos que los diferencian de los demás. Al mostrarlos experimentando arrebatos propios de los animales, hurgando, mezquinándose, peleando por necesidades básicas, Buñuel desarrolla el sarcasmo como principal herramienta contra esta insana práctica erigida como una endeble tradición; contra este escollo en la historia de la humanidad, producto de la revolución francesa, el cual Buñuel tomó como una fuente rica para su creación.

El ángel exterminador, que podríamos asumirlo como la esencia dentro de los hombres, la misma que habita en los “burgueses”, capaz de aniquilarlos, desarmándolos de forma eficaz, en donde todos sus esfuerzos por aferrarse a una tradición de barro resulten inanes ante la monstruosa naturalidad que llevamos dentro, trasciende de las anteriores producciones cinematográficas del director,  como una joya inmarcesible de su cine.

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