La madre de las ovejas negras

Por: Fausto Barragán.

 

 

 

la mmaLas grandes obras en la literatura nos suelen sorprender sea por la historia que nos cuentan, o por la manera en que el autor decide presentarlas. De ello tenemos una lista enorme de ejemplos que descuellan entre sí. En lo personal, una gran historia puede ser suficiente para convencerme en el negocio (sano a veces) que resulta ser la ficción literaria. Muchas son de ellas me han atrapado, pero en definitiva, tienen un lugar especial las que presentan enormes tramas familiares. En resumidas cuentas: la unidad familiar.  Aunque parezca un tema secundario, o exclusivo para material de telenovelas, pienso que el tema familiar se esconde detrás de muchos otros grandes temas, que sin los cuales, no sería posible su completo y adecuado desarrollo. Es así, que en este texto, pretendo compartir mi lectura de una de las novelas (primeras), poco conocidas de este escritor gringo, llamado Mario Puzo, el cual, es probable que aún no les suene muy bien, pero estoy seguro de que al mencionar el rótulo de “The goodfather”, ya las cosas se empezarán a aclarar. Se trata de la novela La mamma (The fortunate Pilgrim), publicada en 1965, cuatro años antes de la épica, llevada al cine gracias a Francis Ford Coppola, “El padrino”.

Muchas veces nosotros, especialmente los jóvenes, quienes despreocupados por la vida, arremetemos contra ella con una violencia ciega, teniendo como consigna adueñarnos del mundo, o simplemente aprovechar todo lo que nos sirva de él. No solemos mirar hacia los costados, ya que solo la experiencia nos hace darnos cuenta de esos aciertos y errores, evocados de forma futura como simpáticas anécdotas o como una eventual parte oscura de nuestra historia. Esos somos nosotros, los jóvenes: impetuosos, sagaces, explotadores de nosotros mismos.  Y por lo general, si hacemos un recuento, sé que en muchos de los casos, uno de los grandes personajes que nos han acompañado toda, o al menos gran parte de la vida, fue nuestra madre. Es que ella, cargando a cuestas los problemas contra su familia, y para sí, soporta con coraje (evitando la sombra de Gorki) todos ellos, teniendo como único afán no apartarse de la luz, asumida en este caso como la estabilidad, el bienestar y la tranquilidad que todos anhelan en su hogar.

La protagonista de esta historia es Lucía Santa Angeluzzi Corbo, mujer nacida en Italia, y hecha la idea en esas tierras de morir en el campo, sin sueños, sin metas, y sin más deseos de mitigar la carga a sus espaldas que algún día terminaría por acabarla. Mujer luchadora, con una ética basada en la dura raigambre machista, propia de la atroz nación italiana de la segunda década del siglo XX. Las condiciones poco favorables en sus tierras, los duros golpes de la vida (muerte de su padre y futura muerte de su primer esposo), la llevan a tomar un buque, ya con hijos en sus regazos (Larry y Octavia), y marcharse a la tierra donde las promesas y sueños no solo se quedan en palabras, sino que se vuelven realidad: América. En la novela se grafica en parte la llega de los migrantes italianos en las primeras décadas del turbulento siglo que resultó plagado de guerras, con desventajas para algunos, y golpes de suerte para otros. Tiene a su cargo a toda una familia (sus hijos: Larry, Octavia, Vincent, Gino, Sal y Bianca) que, si bien más adelante le ayudarían a sobrellevar los gastos del hogar, no estarían libres de causarle severos dolores de cabeza (uno más que otros) a su madre.

Si bien no nos aventuramos a elegir un protagonista en esta “trillada” historia de mujeres que luchan contra la adversidad del destino, podemos entonces con toda seguridad optar por el simple, pero contundente vehículo de aquella historia: el lenguaje. Mario Puzo conduce diestramente con un lenguaje guía, las vivencias de la familia Angeluzzi-Corbo, arrojándonos con cautela entre las paredes destartaladas, las cenas humildes, deliciosas, las lisuras, las sonrisas, las lágrimas, todo un brutal repertorio puesto en resplandeciente palangana para nuestro deleite. Es el morbo ante la intimidad de una familia, que lentamente escaló a un estrato social lejos de la miseria inicial con la que asomó, y cuál fue el precio que debió pagar para ello. Solo una madre sabe cuánto perdió en la vida por el futuro de los suyos; solo una madre llora en silencio, esbozando una artificial sonrisa de confort para todos nosotros; solo esta madre, específicamente la de esta novela, decide por su voluntad llevar un vida turbulenta, sacrificando lo que tiene y lo que no. Por ello, la reacción de esta al perder a uno de sus retoños, que aunque mayor, sigue siendo (a partir de sus constantes saltos al pasado) el niño que corría junto a sus hermanos por la vieja casona, y aunque en miseria, desbordante de un calor hogareño sin igual.

La mamma nos muestra también de forma cruda cómo se constituye la ciudad americana, alimentándose insaciable de sueños y desgracias. Mediante los esfuerzos, o las bocanadas de sus hijos al levantarse cada día y vivir la impostura de metas y sueños ajenos, pero necesarios para darle la cara a su rutinaria vida, mantienen encendida las chispas de esperanza en los ojos de su madre, sostén al que asisten todos los personajes. Mediante algunas anclas en la historia, el narrador le da un vistazo a la crisis social y económica atravesada por EE.UU, es el caso de la Gran Depresión, la que generó caos, congoja, sufrimiento, suicidios, y sobre todo, la llegada de un sinuoso momento en la vida de los Angeluzzi-Corbo. De similar forma está el caso de la 2da guerra mundial, y cómo implicó un oscurantismo mucho más agudo que el primero, donde todos vivían con el fantasma de sus propios hijos, quienes vivos aún, temían la llegada de las fuerzas del orden exigiendo que peleen por la patria, aquella que, contrariamente al sentimiento popular, veía una gran oportunidad para levantarse de su traspiés económico y enrumbar como gran potencia, mediante la venta de armas y su fabricación. Es así que la novela nos da un interesante acercamiento sobre lo que significó “el sueño americano”, y cuánto dolor, sufrimiento, y sacrificio, fue necesario para edificar entre sus muros, una considerable cuota de sangre y sudor del migrante, quien con justicia se atreve a proferir la clásica frase “nosotros construimos este país”.

Como dato final, al leer La mamma, pensamos seguro bajo las ideas antes expuestas, encontrarnos con una versión femenina del popular “Vito Corleone”, pero no. Cuando hablamos de esta novela, no nos referimos a una mujer que crió un nido de “mafiosos”, o preconizó la ya conocida “cosa nostra” en tierras yanquis. La relación que percibo, va más allá de ello. Teniendo como protagonismo la fortaleza de la cabeza de familia, Lucía Santa (La madre), y su esfuerzo por conservar la unidad de los suyos, asoma como vínculo sí con esta posterior novela (El padrino) y por ende con las películas surgidas a partir de esta, la necesidad de preservar la unidad familiar. Es un hecho.

mama 2Los invito a revisar nuevamente las películas para que comprueben la hipótesis que expongo: que el soporte de El padrino, más aún que la ínclita figura de las mafias, es la de conservar la unidad familiar. Un claro ejemplo de ello es la desgracia en la que está sumido Michael Corleone (su hijo, para los desentendidos), al ver a su familia desmoronada y dispersa ante sus ojos. Ese peso recae sobre él, convirtiéndolo en un personaje al cual le está prohibido la auténtica felicidad. Sino, comparen a Vito y Michael, y saquen sus propias conclusiones. Verán que la necesidad de mantener unida a la familia, está por encima de todo,  incluso que los mismos negocios. Esa necesidad es percibida en esta novela, en un extraordinario lienzo de unidad familiar, con sufrimiento claro está, pero al fin y al cabo,  unidad. Y sobre el tema de la mafia, como la esperada figura del “gánster”, déjenme arruinarles la sorpresa, no sobresale en esta novela. El tema del “gánster” es  tocado de forma tangencial, casi en las últimas cincuenta páginas, como el oficio que toma el mayor de los hijos de Lucía Santa, y gracias al cual (no en lo absoluto, pues todos los hijos trabajan) llegan a escalar social y económicamente. Es más, me atrevería a decir que la futura novela de Puzo, El padrino, explota el tema de las mafias italianas, a partir del bosquejo someramente desarrollado en esta predecesora novela, preservando el tema familiar.

Y para finalizar este texto, me gustaría compartir un cita, de la penúltima página, cómo el autor resume bellamente toda la novela en solo este párrafo, siempre utilizando las vueltas al pasado, mostrando el aciago rostro de su vida, mientras abandona el tugurio que la abrigó durante toda su vida en América, con lágrimas en los ojos, vislumbrando al fin la luz por la que tanto luchó:

“Vio con tremenda claridad que Gino no volvería a casa cuando la guerra terminara. Se dio cuenta de que la odiaba, como antes había odiado a su padre. Estaba segura de que se convertiría en un instrumento en busca de extrañas Américas, existentes solo en sus sueños. Y ahora por vez primera, Lucía Santa mendigó piedad. Déjame oír sus pasos en puerta y estaré dispuesta a vivir nuevamente esos cuarenta años. Volveré a hacer llorar a mi padre, y convertida en peregrina cruzaré nuevamente el peligroso océano. Dejaré que muera mi marido y volveré a esa casa de Jersey a maldecir a Filomena, con Vincenzo en mis brazos, y luego volveré a llorar al lado de su ataúd. Y volveré a pasar por todo una vez más.” (pág. 304)

mami

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Un comentario en “La madre de las ovejas negras

  1. Muy buena crítica. Mario Puzo es sin duda un escritor increíble, su prosa es muy singular. Recuerdo cuando leí El Padrino por primera vez, fue una revelación (sin exagerar). Me gustó mucho que hayas resaltado lo de la familia, la verdad es que eso era lo que Puzo demuestra en sus obras: la unidad y el honor familiar en las tempestades. Coppola comprendió eso maravillosamente (más el hecho de ser italoamericano) y es la razón por la cual la película es muy buena, no trata de mafiosos sino de defender a la familia.
    Veré dónde condigo La Mamma, ya me quedé con las ganas de leerla, gracias por hacérmelo saber. Seguramente Puzo se lució en ella.

    Saludos y abrazos…

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