El sentirse “estar aquí”

Por: Fausto Barragán.

 

 

images (1)Nadie sabe la vida de nadie. Es cierto que muchos de nosotros al andar por la calle, pasamos ante tantas personas que no reparamos al menos por cinco segundos en preguntarnos “por qué estará alegre” o en su defecto, “por qué estará llorando así”. No tenemos la intención, es normal. Pero, detrás de muchas sonrisas, la mayoría dirigidas hacia los demás, se esconde algo muy distinto. Por ejemplo, cuando se nos pregunta ¿cómo estás? en vez de responder con llanto, golpes, dolor, felicidad, en fin, un sinnúmero de alternativas, optamos por la más sosa y desabrida de todas: bien. Grandes dramas se esconden así. Varias historias turbulentas detrás de cada lágrima, cada silencio, o cada vez que percibimos una cicatriz frente al espejo. Es así que entramos a la extraordinaria vida de una joven que es víctima de los sueños y la realidad. Alguien que en vez de nacer en el seno de una familia funcional, cálida y tranquila, despierta con gritos, golpes, y sin más intenciones que abandonar ese hostil lugar, que resulta ser, irónicamente, su hogar.

Basada en la novela Push de Ramona Lofton,  Precious (2009) es una película dirigida por Lee Daniels, ambientada en los suburbios de Harlem, conocido barrio de Manhattan. Vemos la historia de Clarieece Precious Jones, una joven  de dieciséis años de edad, obesa, analfabeta, huraña, que es arrojada a la vida de manera atroz, cargando con el peso de un hijo con retardo mental y uno nuevo en camino (a raíz de las habituales violaciones cometidas por su propio padre), de duros días en la escuela secundaria a la que va, y sobre todo, al llegar a su casa y enfrentar a la déspota presencia de su madre. Estos elementos repercuten en su comportamiento, volviéndola un personaje a vista de todos, “inadvertido”,  salvo por su llamativo físico, que es motivo de burla y arteros comentarios en público. Si lo ponemos en pocas palabras, Precious, atraviesa por un calvario que pocos estarían dispuestos a pasar. Evitando ello, ingresa a un nuevo colegio, donde conocerá a nuevas personas, muy importantes para ella, convirtiéndose en una de las pocas puertas que le ofrezcan una verdadera salida. Pero en dónde radica el atractivo de esta película. No en las desgracias que le toca solucionar, o en algunos casos, arrastrar, sino en la capacidad sanadora y auto-curativa, con la que cicatriza sus constantes heridas. Esta capacidad se llama “ilusión”, y es, a mi parecer, el soporte fundamental sobre el que estriba todo el andamiaje de la historia.

images (2)Desde el otro polo, la madre de Precious, Mary Lee Johnston,  quien aparece como el personaje más logrado (aparte de la protagonista, claro), descollando con oscuridad propia e intimidante. Condensa la más pura y encarnizada maldad. Se encuentra asediando desde las sombras cada uno de los pensamientos de su hija. No la deja en paz, ni siquiera cuando ésta sale de casa, pues lleva impreso cada insulto dentro de sí. Ahí radica su importancia. Es tanto el trauma, la oscuridad con la se erige ante su hija, es tanto el odio, la aberración, que las frases de insano encono alteran cada uno de los actos de Precious, limitándola en su intención de relacionarse con los demás, de arriesgarse a hacer cosas, aunque sea la más mínima, por temor a corroborar lo que tan acerbamente se le recuerda día a día en casa. Así también, tenemos la identificación de una suerte de complejo de Electra atrofiado. La madre desde el inicio, muestra desprecio por su hija, por el vástago de ésta, y todo lo que venga de ella, pero no sin razón. Desde su punto de vista, todo su rencor se justifica en la “infidelidad” de su marido con su hija, pero específicamente, recae el peso en ella, a manera de “amante”.

El refugio al que asiste, luego de ser expulsada de su anterior escuela, al darse cuenta la directora de que esperaba un segundo hijo, será toda una revelación para su vida. Este cambio significará dos cosas distintas. Para Precious, será un molesto golpe pues en su anonimato, había aprendido herramientas eficaces, nuevamente basadas en su ilusión, de convivir dentro del salón de clases, un ejemplo de ello es cuando cuenta cómo sería una eventual relación de pareja con su profesor, asumiendo cosas por él; y por otro lado, se encuentra la madre, quien no duda en increparle esta repentina salida, complacida en el fondo, pues asume la adquisición de una ayuda a tiempo completo, cual sirvienta, para atenderla en casa. El nuevo lugar, de nombre “Each One/Teach One”, es un colegio alternativo, término que desconoce la confundida Precious, pero que asoma oportunamente como esa luz que tanto había necesitado para salvarse.

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Precious, reúne lo que muchos de nosotros somos, pero que por la rutina, la “madurez”, o por nuestros egos que ya olvidaron aquellos años de ilusión, no somos capaces de reconocer como una fortaleza. Ella misma es capaz de crear un robusto soporte que le ayuda a sobrellevar los males sufridos a diario. Esa imagen con la que cada día salíamos a la calle, a nuestros colegios, con peinados estrafalarios, con atuendos llamativos que quizás vimos en revistas, o la televisión. Ese “yo” que reconocíamos en el espejo cada mañana, previo a una salida por las noches, que nos decía “ya estás listo, puedes salir”. Sé que muchos de nosotros, y aquí cito en parte a Chuck Palahniuk y su Fight Club, vivimos asediados por los modelos occidentales, a manera de terrorismo cultural, recayendo en todo, y dictaminando el compás que debemos seguir. Es claro que la propuesta de esta película no es la misma, que de forma frívola y pesimista, pretende darle la vuelta al sistema, con el fin de destruirlo. En Precious, si bien la protagonista no se muestra conforme con su realidad, no rechaza los modelos impuestos, es más, convive con ellos, volviéndose su baluarte contra el mundo. Ser una estrella de rock, famosos, esperando que de la noche a la mañana heredemos un millón de dólares, encontremos al amor de nuestras vidas, etc. Puede parecer absurdo, pero muchos crecimos con eso, y algunos, el caso de nuestra Precious, quien se alimenta de esos sueños para armonizar su vida, son capaces de transformar su mundo externo en una gran fiesta, orquestada por su propia banda sonora, aunque muchas veces, la dura realidad se imponga, implacable.

images (3)De esta manera, estamos ante una recomendable película que se sirve de recursos visuales atractivos para contrastar los estados anímicos y los ambientes dentro de ella. Esa dualidad de la fantasía con la realidad, en lo personal adquiere un significativo valor, al ser una excelente alternativa para hacerle frente a la vida, y a las adversidades que se nos presenten. Y en el caso de Precious, vaya que son varias, y muy dramáticas. Sin palabras, nos vamos involucrando absortos en la vida de esta arisca joven de dieciséis años, que a pesar de lo gris que pueda parecer su mundo, siempre logra arrancarle un par de colores, dándole la oportunidad de soñar despierta. Que si esta película forma parte de un enorme repertorio de dramas con finales felices dentro de la tradición gringa, puede ser, pero los invito a que vean esta (entonces) versión alternativa, agradable, con diálogos violentos, brutales, pero humanos, que en ningún momento se sentirán embaucados por la consabida industria fílmica norteamericana, sino que reconocerán en esta película, una interesante muestra de lo que un poco de golpes, lágrimas y colores de glamour, pueden hacer.

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