Cuando la redención orbite la Tierra

Por: Alberto Luna

 

 

 

descargaHace unos días leí el pequeño prólogo de Jorge Luis Borges en el libro La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares; en él, el famoso escritor critica la visión de algunos estudiosos de las letras que sostienen la imposibilidad de  ciertos tipos de novela  para generar tramas convincentes o de interés superior, refiriéndose a la novela psicológica como la máxima exponente en la construcción de buenas tramas y acusando a la novela de aventura de facilista o carente de argumento. Borges defiende la posibilidad de crear grandes argumentos en escenarios diferentes y agradece a la novela de Bioy por presentar la combinación de ambos elementos: una historia de aventura y un argumento bastante rico que cuestiona “elevados”. En determinadas oportunidades ocurre algo similar con el cine, afortunadamente, como ya he manifestado en otros artículos, la vertiente del séptimo arte que ha destacado por la repetitiva creación de historias contundentes, el cine de autor —con sus respectivas excepciones, vamos, que en el cine de género también hay buenas historias, pero es el cine independiente que sostiene esta característica por sí mismo, casi por definición encontramos buenas historias en este tipo de películas, en gran parte gracias a la libertad de estar desligadas de la premisa comercial—, ha comenzado a incursionar en narrativas diferentes sin perder su característica principal e invitándonos a mirar temas conocidos desde otra perspectiva.

La película que comentaré hoy es Another Earth (2011) o En otra Tierra, la ópera prima del director estadounidense Mike Cahill. En ella presenta a Rhonda Williams (Brit Marling), una destacada joven estudiante con un prometedor futuro en el mundo de la astrofísica y a John Burroughs (William Mapother), un gran compositor en la cima de su carrera, felizmente casado y esperando el nacimiento de su segundo hijo. Ambos personajes se ven unidos por la fatalidad de un accidente la noche en que aparece un nuevo astro en el cielo, visible como una pequeña estrella azul que distrae a la protagonista quien salía de una reunión y ocasiona que empotre su auto contra el del señor Borroughs, asesinando a su familia: su esposa embarazada y su pequeño hijo. Rhonda es menor de edad y su identidad no es revelada al afectado, ella usará este oportuno anonimato para, una vez cumplida la pena, relacionarse con él, quien ha caído en depresión y muestra indicios de alcoholismo. Rhonda intentará sacarlo del foso emocional en el que se encuentra impulsada en gran parte por el sentimiento de culpa que la agobia.

Toda esta historia, relativamente sencilla, se encuentra sumergida en un escenario de ciencia ficción bastante verosímil. El astro mencionado en el párrafo anterior, esa pequeña estrella azul, es en realidad una copia del planeta tierra, un fiel reflejo en el que cada ser humano tiene un doble. La película tomará cuerpo precisamente con esta Tierra II (como se le llama) que se mantiene constantemente presente como una promesa de redención a la que aspira Rhonda y una posibilidad bastante accesible al abrirse un concurso para ganar un viaje a esa tierra. Además, la trama termina de aderezarse con referencias a teorías sobre física cuántica y universos paralelos sobre la alteración de lo idéntico de esa nueva Tierra.

En el aspecto formal la cinta se encuentra bien hecha y tiene grandes postales que guardar en la memoria, como aquellas en que la protagonista va constantemente a un muelle a pensar sobre su situación y en cada ocasión se ve a la Tierra II, cada vez más cerca. La última escena presenta un buen juego de angulación de cámara y detona con una sorpresa un tanto previsible pero que no deja de abrir muchas preguntas, dando chance a que quepa la duda sobre la desilusión del resultado.

En resumen, se trata de un relato apasionante que amalgama perfectamente los componentes de un film de ciencia ficción, entretenido e interesante y otro de corte dramático, capaz de despertar sensibilidades y condiciones humanas. Es necesario aclarar, antes de terminar, que no pretendo propones a Another Earth como una película que rompió esquemas, sin pensarlo mucho A space Oddysey lo hizo hace mucho tiempo con este género, solamente quiero plantear la forma en que el cine independiente va apoderándose de poéticas que hace algunos años le eran bastante ajenas y hasta prohibidas por temas de ser congruente, evitando apelar a lo que captura la atención mediante lo fantástico —en el sentido laxo de la palabra— y centrándose en la profundidad de una historia «real».

Este tema, las nuevas herramientas del cine independiente, tiene mucho potencial y cada vez aparecen más ejemplos. Como agregado diré que pronto haré una reseña de Beast of the southern wild, un muy buen ejemplo de este tema. Tal vez al final de todo, esto termine con un ensayo.

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