Fiction… a cuatro años

Por: Fausto Barragán

 

 

 

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Han pasado ya cuatro años desde la partida de uno de los músicos más talentosos que ha botado esta generación, mundialmente hablando. Prodigioso joven, empezó a tocar sus primeros instrumentos desde muy chico, labrando quizás sin saberlo un futuro ingente, lleno de flashes, cámaras, luces, pero sobre todo, encontrando los caminos para arrojar esos fantasmas que lo persiguieron en vida. Las breves palabras que haré en esta oportunidad no son más que el humilde tributo que le rindo a un héroe personal, puede que sea demasiado humilde, pero no encuentro manera otra de hacerlo, que a través de la palabra.

James Owen Sullivan, más conocido como The Reverend Tholomew Plague (The Rev), músico multi-instrumentista, compositor, y cantante, miembro recordado de bandas como Suburban legends, Pinkly smooth, y la más conocida en la actualidad, que viene arrasando con el mundo, uno que se rindió ante su infatigable cabalgar de bombos y tambores: Avenged Sevenfold (A7X). The Rev fue su miembro y fundador, teniendo protagonismo en muchas de las composiciones de esta extraordinaria banda ( Critical Acclaim, Almost easy  y Crossroads,  A Little Piece Of Heaven, Brompton Cocktail, y muchas más), el mismo que no se agotaba con el simple empuñar de un bolígrafo ante la hoja en blanco, sino al entonar, casi despojando de las luces a M. Shadows (vocalista principal) con sus agudos, taladrantes como desgarradores, que te hacen pensar, “¿por qué diablos no se abre, y canta en su propia banda?”. La respuesta es: porque ya tiene una asombrosa banda, y cuando quiere cantar en ella, lo hace muy bien.

jamessullivanportOtro punto viene a ser su destreza para los redoblantes. De hecho, ese es el aspecto por el que resalta en la actualidad, siendo reconocido como uno de los 100 mejores bateristas del mundo. Fue capaz de romper de manera imposible la velocidad de una batería de trash metal y hard core, imprimiéndole un sello propio a sus canciones, y por ende, a la banda. No hay manera de que otro intente reemplazarlo, por más que desde el 2011, oficialmente ya se dio. Admirador de Portnoy (Dream Theater), Unrich (Metallica), Lombardo (Slayer), hasta comentó que de alguna forma se sentía influenciado también por el polémico baterista glam de Motley crue, Tommy Lee. Desde la edad de cuatro años tuvo su primer contacto con baquetas y platillos, regalándole años después su padre, su primer juego de batería, con el que ya nadie podría detenerlo.

Lamentablemente el 28 de diciembre del 2009, nadie, salvo él mismo, pudo hacerlo. A la 1 p.m es hallado muerto, a los 28 años de edad, en su habitación. La banda dio un comunicado de su muerte, pidiendo comprensión a los fans y a todas las personas que sintieron algo por Jimmy (The Rev). El diagnóstico arrojado por la autopsia fue el de sobredosis “accidental”, al mezclar varios calmantes, pastillas y etanol (alcohol); a ello, se suma la enfermedad que padecía Jimmy, cardiomegalia, un crecimiento excesivo del corazón, lo que el médico diagnosticó como afección determinante para su muerte. Algunos manifiestan que murió por una sobredosis de drogas (cocaína, heroína, metanfetaminas, etc.), y algunos más osados, afirman que se suicidó. Pero viéndolo bien, si nos ponemos a revisar sus últimas canciones, esa teoría no parecería nada despreciable. En fin, las razones pueden ser muchas, mas no debemos permitirle al morbo gobernar.

Su ausencia es grande, y el legado que deja dará valía de ello. Es probable que muchos no conozcan a James Owen Sullivan, o por las mezquinas palabras que de él escribo esta tarde, lo juzguen como un músico más de una banda mediocre, que murió por imprudencia, o que nunca será como los clásicos dioses del rock. A ellos, les digo que el mundo sigue girando, cada año surgen nuevas bandas que contienen enormes talentos, y es justo celebrarlos cada vez que sea necesario, o despedirlos, si es que aún no hemos aceptado (para los admiradores de su trabajo) su todavía doliente ausencia.

The Rev en uno de sus grandes últimos conciertos

 

Video de la banda en homenaje a The Rev

Noche del demonio húmedo, en Lima

Por: Fausto Barragán

 

Ante todo, disculpen el retraso con este post.

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Es curioso cómo después de haber bebido muchos de los sueños e ideales heredados de joven, el sentimiento de liberación y realización va quitando una gran pero inadvertida roca sobre nosotros, haciéndonos más livianos (no sé si para bien o mal), grabando en nuestro semblante un gran “por fin los vi”. Es mi caso, con este grupo californiano, ese que tuve como banda sonora durante muchos años de mi vida; similar a otras que llegué a ver, sí, mas única en su especie: Incubus.

La compra de entradas formaba parte de previos rituales para una consumación mayor, finalizando en el cuerpo sudado y la garganta hecha añicos; las cámaras, fotos y videos, también venían como parte de la fiesta, la misma que veo se ha intensificado en estos años. Debo recalcar ahora, esa curiosa palabra, “formaba”, ya que en esta oportunidad abandoné completamente la necesidad de perennizar el instante en absurdos aparatos (me refiero para esas actividades) que tienen el mismo resultado, al pasar el tiempo, que el de sentarte en el ordenador y teclear un video de la banda en youtube. Lo que perdura, o al menos lo que habita bellamente dentro de nosotros es el instante de algarabía en proceso, cuanto dure. Por ello dejé morir esa etapa, y disfruté como nunca del espectáculo.

Hablando llenamente del espectáculo, me desconcertó algo la presencia de esos teloneros, nombre que no recuerdo y es necesario busque en google para ponerlo aquí, “Donavon Frankenreiter”, fue algo que aún no consigo descifrar su finalidad. ¿Qué pensó Incubus o la producción del concierto? Hubiera querido que apuesten por bandas nacionales, “Gaia” por ejemplo, “Por hablar”, en fin, muchas, pero no poner a los músicos acústicos, que si bien (debo admitirlo) brindaron un simpático número con breves canciones, éstas en un momento determinado, llegaron a serle indiferentes al público, adormeciéndolos, si no con las bocanadas de cannabis que nos abofeteaban por parte del público, sí con el cannabis que salían de sus guitarras y voces. Como menciono, simpáticas, melódicas, buenas, pero nada más.

El concierto plenamente, luego de haber empezado con un recuento de 5 minutos, estuvo a la altura de las expectativas que todo fan, adicto a los videos de sus mejores presentaciones en festivales gringos y europeos, podía imaginar. No solo el escenario, la puesta en escena, la entrega de Brandon, los acordes mágicos y perfectos de Mike, y un profesionalismo tal, que cualquiera presente hubiera pensando que se trataba de un playback; todo un colectivo delante y detrás de la tarima, fueron responsables que el 5 de diciembre pasado quedara indeleble en nuestra memoria. Carente de algún tipo de improviso, impecable en su performans, y aunque entre canción y canción Brandon tendía puentes verbales con el público a través de sus (algo masticados) “gracias”, el público en ningún momento amenazó con responderle a punta de carcajadas, todo lo contrario: al finalizar cada canción (Nice to Know you, Circles, I wish you were here, Pardon me, etc.),  muchos repetían “gracias, Incubus, muchas gracias”, se ahogaban entre gritos de satisfacción y desenfreno. Así es, luego de ello, muchos de los que asistimos, podremos descansar en paz.