Ficciones y excesos de cotidianidad

Por: Fausto Barragán

 

 

 

índiceLas fórmulas inmediatas para elaborar cuentos por lo general, no suelen disociarse de la realidad, cayendo en trilladas historias, que intentan con fracaso exponer complejos estados existenciales dentro por supuesto, de la “vida real”; nada inusual. Pero son pocos los cuentistas que apuestan por otro tipo de perspectiva (claro, sin blindaje al fracaso), esa que dicta nuestra cotidianidad, pero que necesariamente no podríamos ubicar dentro de una concreta “realidad”. Me refiero a la parte imaginativa, a las cavilaciones ambulantes con la que muchos complementamos nuestro día a día, aquella con la que lo volvemos extraordinario. Ese soporte ficcional que elabora nuestra mente en cualquier tipo de situación, alterando la rutina, y por lo mismo, enrumbándola a través. Esa será la materia prima de Alessandro Pucci en su reciente cuentario, Conejeras & camaleones (borrador editores: 2012). Personaje polifacético,  que en el 2003 publicara su libro de poemas Las aguas tintas, y textos que aparecen en algunas selecciones ese mismo año como Creación literaria 2003, por la universidad católica, y su incursión en el mundo de los micro-relatos en Circo de pulgas. Mencionando también su experiencia en la dirección cinematográfica, la cual lo ha llevado a desfilar por diversos festivales europeos, como el Festival de Cannes, el Milano Film Festival, el Festival Internacional de Cine de Huesca, entre otros. De esa manera, creo que esta experiencia le ha sumado cierta personalidad al momento de parir los relatos que en breve comentaré. 

Conejeras & camaleones nos da la bienvenida con “Descriptivo de la ciudad en agosto”, en él, podemos ver en vitrina las herramientas que el autor empleará en sus diferentes cuentos, moderado en algunos momentos, y dando rienda suelta a su peculiar inventiva, sin escatimar los riesgos, en otros. Vemos cuentos que ofrecen lenguaje sobre trabajado y recursos temáticos diversos, es el caso del recurrente cosmopolitismo, al igual que la inquietante versión impasible de una ciudad apagada, cual montaje, que soporta los inestables tránsitos mentales de sus moradores. El movimiento de la narración es simple, carece de velocidad y de espacios diversos, su único combustible son las paranoias de sus personajes, y lo que ellos deciden, o (en algunos casos, víctimas de su circunstancia) están obligados a padecer.

El cuerpo de las narraciones lo componen estados descabellados de pensamientos que parten de un exceso de cotidianidad. Las historias más logradas del libro son las que aplican justamente esta fórmula. No son para nada pretenciosas, con dramas artificiales o típicas historias protagonizadas por personajes intelectualoides, artistas o eclécticos melómanos, que llenan páginas y páginas discutiendo sobre banalidades. No. Son personajes comunes, que van a sus trabajos a pie, por la calle, que acuden a citas tratando de ser puntuales,  que duermen arropados en sus camas por las noches, o viven encerrados en sus áticos con mucho tiempo libre y sin nada que hacer.  Entonces ¿cuál sería el atractivo de estos? En que los contextos señalados actúan como base para un eficaz transcurrir de recursos ficcionales que le insuflan un vertiginoso vuelco a la narración. Es por ello que el narrador abandona en repetidas oportunidades el esquema lineal dislocándola hacia los terrenos de lo absurdo, surreal, y hasta fantástico.  

El narrador es un punto aparte. Si hablábamos de los personajes como humildes ejemplos comparables a nuestra vida diaria, consideramos al narrador en el otro polo. Él sí plantea desde el inicio un alejamiento marcado con sus personajes, para poder así diseñar con un lenguaje (sometido a cambios constantes) refinado, violento, irónico, y a veces torpe e innecesario, cada uno de los cuentos que compone este libro. El tacto con el que el narrador dispone la historia y acciones, por momentos impostado, más que nada cuando funge de cosmopolita (en repetidas ocasiones) o de diletante de salón, deja un mal sabor que se arrastra por los relatos, confiriéndole cierto tufillo de artificialidad, nada convincente.

La ironía es otro tema que reclama protagonismo, aunque a veces es eclipsada por los ajustes arbitrarios del narrador, pero que en algunos cuentos, logra dejar su impronta tornándolos atractivos. Por ejemplo, nos referirnos al segundo título, “Rigoberto, el loro”. Una simpática historia de una niña que desea adquirir un lorito para enseñarle algunas cosas, simples frases escuchadas a su tía, para ser así un poco más feliz. Claro, no contaba con que su loro era un experto anglo-parlante, obligando a la pequeña a tomar clases de inglés para poder entenderlo, y de esa manera confraternizar con él.

Considero que los cuentos mejor desarrollados, y con los más claros efectos de madurez en Conejeras & camaleones, son los que utilizan el lenguaje, la velocidad, y el suspenso, de manera adecuada, “M”, “Pájaros en el desván”, “Intrusos” y “La carta”, en donde el pequeño pero sólido mundo ficcional despliega sus alas tomando por las riendas a las historias, llevándolas hacia sus dominios, las que no gratuitamente, atraviesan por una serie de ropajes y disfraces, formas varias, como el camaleón. Estos dos (“Pájaros en el desván” e “Intrusos”) principalmente contienen una sobriedad inquietante, donde los personajes deciden ser ellos mismos los protagonistas de una historia que no tiene razón de ser, pero la perturbación que muchas veces los desborda, resulta fundamental para su discurrir. El lenguaje empleado sobriamente, acorde con la laxitud y tensión de cada uno de los momentos, los grafica con una técnica y estilo particular. La primera, nos presenta el caso de un pajarito (no se esclarece si es un mirlo o un cuervo), que llega a dar accidentalmente a un desván, y entre reflexiones sobre el extraño lugar, es sorprendido por un hombre, que amenaza con cazarlo. Lo que predomina en este cuento es el tacto preciso de la “alteridad”, entre ambos personajes (hombre/animal), y cómo se desarrolla el factor “sorpresa”. Y la segunda historia, nos habla de un sujeto que está sumido en la tranquilidad de su hogar, cuando repentinamente escucha unos ruidos, que provienen del interior de ella. Se aísla para protegerse, pero no puede con la intriga de saber quién está dentro de la casa. Y así, toda la historia consiste el agotar de posibilidades, de quién es el intruso. Aquí, el narrador y su manejo del suspenso, se lleva un mérito indiscutible. Como lo menciono, los temas parecen simples, pero su arte estriba en la manera de abordar la historia.  

Pero por otro lado, el exceso y abuso de tales recursos narrativos, logran entorpecer en algunos cuentos el cometido del narrador. Por ejemplo en “Transfiguraciones de Arcádios Pulsen”, plantea la reiteración de un lenguaje irónico, usado en otro relato, idéntico, tornándose nada producente. Pareciera que ambos cuentos dependieran a manera de secuela, enmarcados y definidos por el lenguaje y la actitud irreverente del narrador. Ello, visto como totalidad, secunda la idea de que en Conejeras & camaleones el narrador está en constante aprendizaje de un lenguaje adecuado para abordar, como un disfraz, cada uno de sus cuentos, sin salvarse en algunas oportunidades, de caer en el fracaso.  

Existe también en el texto la necesidad de plasmar dos atmósferas distintas, una conteniendo la otra, en donde los personajes se encuentran lidiando con sus miedos, con sus delirios, por temor a salir hacia esa abstrusa nada, asomando como idea secundaria en el libro. Hay una constante en la idea del “refugio”, del “fuerte”, de los “nidos”; un marcado afuera/adentro, que grafica la urgencia natural de los personajes por sublevarse ante la rutina. Una protección contra un “afuera” desconocido, y por lo tanto, peligroso.

Así también, el lector es víctima de las excentricidades que sobrepasan los mundos planteados inicialmente. Vemos dos claros ejemplos en los cuentos “Transfiguraciones de Arcádios Pulsen” y “La cabeza de John Malkovich”. Si bien ambas parten de una situación inicial anodina, a medida escarba en sus descripciones (tanto de lugares y personajes), se tornan confusas, extrañas, y por momentos, inverosímiles. El primero, sondea los límites de los descabellados pensamientos existenciales de su protagonista en la calle, cuestionando la vida misma, y hacia dónde puede llegar en su habitual camino; por otro lado, “La cabeza de John Malkovich” presenta la historia de una pareja de esposos, que contienen en su ático a una peculiar cabeza coleccionista de botones, y aficionada a los sonidos nocturnos que hacen éstos al impactar con el suelo, en la madrugada.

Vemos así cómo el autor logra dibujar pequeños refugios, escondrijos, conejeras, en las cuales guarecer a sus volátiles personajes. La fortaleza de éstos reside justamente en su capacidad de hilvanar circunstancias diversas, una en un millón, con la que cada uno de los personajes da sentido a su existencia. Historias simples, anodinas, como la vida misma, pero que a pesar de ello, sirve como pista de aterrizaje para los más absurdos momentos de locura e ilusión que cada uno decide dosificar dentro de sí. Conejeras & camaleones, es un libro que si bien contiene relatos que adolecen de verosimilitud, perdiéndose dentro de un lenguaje caduco, auto-reciclado, y con historias excéntricas en demasía, sí presenta algunos otros con claros ejemplos de madurez narrativa y con una dirección lúcidamente establecida dentro de la dura batalla de los escritores por desarrollar y mantener un estilo.

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2 comentarios en “Ficciones y excesos de cotidianidad

  1. Definitivamente. Si bien hay cuentos que no me terminan por convencer, su propuesta en general es refrescante. Deberías leerlo. Gracias por el comentario, Desirée. Saludos.

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