La ultraviolencia de los hombres

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“Si juntas a varios animales en un mismo lugar, tarde o temprano terminarán apareciendo los cazadores y las presas”. Es como podría resumirse The Experiment (2010), película dirigida por Paul Scheuring, y protagonizada por Adrien Brody y Forest Whitaker. La trama se desarrolla a partir de la incierta vida de Travis (Adrian Brody), quien luego de ser despedido de su trabajo, es obligado a buscar uno nuevo. Llega así por un aviso en el periódico a formar parte de un programa que experimenta con la “conducta” humana, por una generosa suma de dinero. Luego de ser seleccionado junto a otros, entre ellos, Barry (Forest Whitaker), es obligado a tomar un bando (prisionero/guardián) dentro de lo que sería una simulación de prisión, pero que al pasar los días, aislados del mundo, van experimentando notorios cambios, redescubriéndose a sí mismos; claro, la consigna es que para ganar el dinero, ninguno de los dos bandos debe ceder ante la violencia.  Interesante entrega que muestra la necesidad del hombre por explorar diversos caminos a los que a veces resulta difícil acceder, no por deseo propio, sino por lo pusilánime o distraído que puede llegar a ser. Es una película que atraviesa las convenciones éticas y morales, retroalimentadas en el ejercicio diario de vivir. “¿Somos más evolucionados que los monos?” A partir de esta pregunta, el protagonista representa la esperanza de una humanidad civilizada,  capaz de controlar sus instintos. Si bien existen breves guiños a La naranja mecánica, esta película nos ofrece una visión pesimista sobre cuánto al final es capaz de dominar el hombre a su bestia interna, y sobre todo, si realmente merecemos estar en la cima, en toda la historia de la evolución.

Una fiesta que nunca acaba…

Por: Fausto Barragán

 

 

 

imagesEl miedo que todos tenemos obedece por lo general a fuerzas que provienen de lo desconocido, de lo que no podemos fijar y dominar. Cuando las cosas se salen de control optamos por resistirnos en vanos intentos de seguridad que no conducen a nada, salvo al aplazamiento de lo inevitable. Como todo ser civilizado, estamos en la dura tarea de levantarnos día a día, y realizar las actividades que se nos han programado, luchar por los ideales que deseamos profundamente, etc. Pero al salirse de control las cosas, estallamos dentro de nosotros mismos, buscando salidas de emergencia, siempre condicionados por nuestro miedo, ese podrido miedo que crece dentro de todos. Qué sería del ciudadano si no existieran estas “opciones” que arroja sobre nosotros el sistema: licor, sexo y drogas (por lo general). Seguramente ya estaríamos muertos.

En esta película, basada en el libro de Hunter S. Thompson, Fear and Loathing in Las Vegas,Miedo y asco en las Vegas”, dirigida por Terry Gilliam, nos vomita inmediatamente acabado los créditos, un viaje en carretera abierta de dos bien llamados “personajes”, que huyen no se sabe de qué, pero van a toda velocidad. El periodista Duke (Johnny Depp) y su abogado Gonzo (Benicio del Toro) son los protagonistas de esta desesperada carrera hacia una turbulenta ciudad que representa el centro de la voraz cultura capitalista: Las Vegas. Duke es enviado para cubrir un evento de motocross, y una convención contra narcóticos. En esta travesía, mencionando la ironía que representa Duke al llevar consigo a cada momento un portafolio lleno de todas las drogas y sustancias químicas, como lo llegó a mencionar Duke en la película “inventadas hasta la época”, vemos a esta irreverente dupla sumergirse en aguas para nada cristalinas, a tientas bajo lo peor de los vicios y hábitos de la sociedad norteamericana.

Los temas que nos trae la película, no solo se agotan en el viaje de dos drogadictos (en su bastedad). También nos habla sobre los fracasos de los ideales vendidos por el país yanqui, a través de la forma más sórdida de impulsarlos. Qué papel representa esta ciudad en la propuesta de Gilliam. Simple. Al ser uno de los centros de recreación y vicios “legales” en Los Estados Unidos de América más populares y aceptados por todos, recae sobre su espectro la hipocresía de los ciudadanos, que si bien en un momento vieron al juego, la mafia del casino y al libertinaje, como lo peor de su impoluto país, su normalización y acogida suprimieron esa flaca intención ética, para darle paso a un cinismo cómplice, de cada uno de los ciudadanos que alimentaban la dulce mentira que muchos desean seguir escuchando: el sueño americano.

Por otro lado, con la presencia de las drogas y su excesivo consumo en esta película, sumado a la banda sonora (que dicho sea de paso, toda ella proviene de la época feliz, del verano del amor, la música, y la paz, así es, del movimiento hippie), podemos ver un diálogo entre ambos, por más que han pasado algunos años desde su agotamiento (ambientada en los 70), la presencia de Duke y Gonzo, funciona como la voz de esa generación, como el intento de resistirse a la muerte, evocando no más de una vez lo que fueron aquellos años. Es más, en sus reflexiones, Duke se precia de afortunado al haber estado presente en ese momento de contracultura más importante del país.

Pero con ello, no quiero decir que la película sea una apología al movimiento hippie, bueno, al menos esa no es la intención de la historia. Duke y Gonzo no solo representan al espíritu libre de esa época, (en su versión repotenciada) también, sin desearlo, lazan una feroz crítica a dicho movimiento cultural, mostrándolo vacío, frívolo y absurdo. El 90 % de Miedo y asco en Las Vegas, Duke y Gonzo, no dejan de darle uso a ese maletín lleno de drogas, erigir la bandera norteamericana, y proclamar una libertad que nunca llega, consumas lo que consumas, cantes lo que cantes, grites lo que grites. Es simplemente una forma (de las tantas habidas) de desperdiciar el tiempo. Solo eso.

Es una película recomendable, escandaloso fracaso en su estreno al cine (1998), pero considerada “película de culto” en la actualidad. Por ello me sorprende que en muchas encuestas de personajes importantes de Johnny Depp, no figure en lo absoluto Duke; pero bueno, Hollywood. La película refuerza visualmente una idea de resaca constante, de vestigios de una fiesta que ya pasó, de desilusión y a la vez, de esfuerzo por aferrarse a un fantasma que ya hace mucho tiempo se marchó; es más, quizás el dilema de la película sea que ese fantasma nunca tuvo razón de ser, nunca existió. Por ello, esta pérdida quiere compensarse con el abuso imprudente de todo tipo de drogas, resultando al final solo un vano intento de preservar a los monstruos que todos llevamos dentro.

“Quien hace una bestia de sí mismo se libera del dolor de ser un hombre.”

Dr. Johnson

Miedo y asco en las Vegas