La crisis de la old escul

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Seré honesto, este post, debí hacerlo hace mucho; es probable que se remonte a la creación del mismo blog.

Empecemos con la siguiente pregunta: ¿cuál es mi película de ganster favorita? Partiendo de ello, un gran número de valiosos ejemplares me asaltaron, disputándose el primer lugar. Títulos tan buenos que considero una terrible falta de respeto dejarlos de lado. Pero, qué puedo hacer, es así. La película que me tocó elegir como la mejor, repito, para mi gusto, fue Carlito´s way (1993) de Brian De Palma. No me gusta el título en español, Atrapado por su pasado, porque considero que boicotea el espectro de la trama. En cambio Carlito´s way, el estilo de Carlito, la manera de Carlito, o por último, el camino de Carlito, !Vaya! Es otra cosa. Me gustó esta película por varias razones. En breve, intentaré precisarlas.

Carlito´s way me destruye desde el arranque, porque maneja de forma  lúcida el enfrentamiento entre el pasado y el presente. Un tipo (Carlito Brigante), antiguo ganster, sale de prisión luego de cinco años, buscando sus despojos para tomar una nueva vida. No pretendo contarles la película, pero, vamos, saben que eso, viniendo de un ganster, es casi imposible. Este pasado lo mantiene atado a una idea sólida de la calle (pre-encarcelamiento), que contrasta una vez libre, con ese nuevo barrio, que por más que sea el mismo, le resulta nuevo, a medida transite por él. Ese pasado, es el primer punto a favor, pues, el hecho de que condicione sus actos y alimente su ética en función a solo un recuerdo de aquellos “buenos años” , y que en un determinado punto estos, le jueguen una mala pasada, me parece algo conmovedor; la crisis de “la vieja escuela”.  Otro punto  destacable, y aquí sí debo ser enfático, son los recursos cinematográficos, que junto con los guiones (sólidas frases bien hechas), me terminan por volar la cabeza; un ejemplo de ello pueden verlo en la escena donde la cámara gira alrededor de la mesa en la que están sentados Carlito y algunos amigos; el clima, la cámara, los diálogos, y Al pacino, es sencillamente… !brutal! Está demás decir que los actores que componen esta película le dan otro peso: Al pacino, Sean Penn, John Leguizamo, Viggo Mortensen, y actuaciones especiales como la de Ruben Blades, hasta el mismo Jorge (gordo) Porcel. Pero, aquí sí viene el aporte, y el porqué de mi descarte de excelentes películas, lo repito, EXCELENTES, como Goodfeellas y la trilogía de The godfather, y ello se debe, simplemente, a el final. Y no quiero quedar como el típico discriminador de partes (me gusta el inicio, el nudo, solo el final), no. Lo que quiero es recalcar el final como un justo desenlace a toda la agonía sufrida por Carlito. A parte, sin intención de spoilear a nadie (si no lo quieres, deja de leer), el final, para aquellos quienes nos hemos amanecido en un bar, cantina y afines, leer los últimos parlamentos de Carlito en la camilla (sospechosamente como empieza la cinta), al margen de ser una experiencia casi poética, el efecto, es devastador.

Ese es el plus que me hace preferir esta película de las demás. Otro punto, pero esto obedece más al grado “paja mental”, que a cualquier punto críticamente objetivo, es que considero a Carlito´s way una secuela de Scarface. No solo porque ambas pertenezcan al mismo director, tampoco porque ambas presenten como protagonista a Al Pacino, sino porque la primera, nos cuenta la historia de un mafioso retirado que quiere cambiar su vida, y ésta última, sería una buena muestra de la que fue; sí, sí, sé que Tony Montana muere, y es imposible mi idea, pero me gusta pensarlo. De esta manera, si no has visto aún esta película, qué esperas, serán los mejores minutos desperdiciados de tu vida.

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La estocada de Nolan

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Tengo que decirlo, mis intentos de guionista o por último, mis más salvajes sueños de cineasta, han sido arruinados por personajes que aparecen en el momento justo con una película bajo el brazo, diciéndome “broder, hazte a un lado, tengo que pasar”. Es el caso de Christopher Nolan. A parte de su excelente trilogía de Batman, con la cual, debo reconocerlo, logra destacar con éxito de la inmensa lista de héroes o villanos de comics, videojuegos, o mangas que intentaron sin suerte romperla en la pantalla grande, llega con otra nueva muestra de su talento como guionista y director. La película que hace unos días vi fue El origen, para el público en habla hispana, o Inception, para el resto del mundo, especialmente, el angloparlante. Es cierto que la película tiene un par de años de estrenada (2010), pero si se toman la molestia de leer algunos textos de este espacio, verán que eso no importa.  No suelo consumir películas de este tipo, me refiero a las de acción. Hace mucho que no me entrego a ellas. Prefiero las de terror (pero del bueno), y por qué no, las de comedia. Pero las de acción… creo que no. Quizás sea ese el primer impedimento que tuve al querer aproximarme a ella. Pero también, hay que reconocerlo, asomaron ciertos paratextos que jugaron a su favor. Es el caso de la dirección, nada más y nada menos que Nolan, y los actores que la componen, de la talla de DiCaprio (a quien considero a pesar de todos los clichés, un buen actor), Joseph Gordon Levitt, Ellen Page, etc. En fin, luego de estar pegado a la pantalla más de dos horas, debo reconocer que Nolan es el más reciente director que me arrojó a la lona. Sencillamente porque esta historia (que no es del todo original, pues agarra bastante del psicoanálisis) llegó a fundir mi cerebro. Sí, más de lo que ya está. Dom (DiCaprio) y Arthur (Gordon Levitt) tienen un empleo muy inusual: infiltrarse en la mente de personas a través de sus sueños, para robar valiosa información y ofrecérsela al mejor postor. En este caso, gracias a su “máquina de los sueños”, con la que logran ingresar a los sueños de los demás, se encargarán de boicotear una gran empresa, introduciéndose en los sueños de su joven heredero, con el fin (nunca antes hecho) de no solo robar información, sino de convencerlo, persuadirlo, manipularlo, para que la destruya. Y como deben saber, no la tendrán tan fácil. Pero, qué es lo que me fascina de esta cinta. Si bien tiene buenos guiones, acordes a la rapidez de la atmósfera conspirativa, como también que evitaron el abuso de efectos especiales, dándole un cariz más serio, esta película me gustó por el constante estado de simulacro en el que viven los personajes. Me deslumbra el trabajo cuidadoso en la construcción de las plataformas, llámense “espacios oníricos”, por los que deben transitar, y cómo cada uno de estos niveles (habitualmente dos), son rellenados por el subconsciente de las víctimas. Pero sobre todo, me atrapó la idea apocalíptica del “comercio de consciencias”; el proceso de sembrar una idea (con una intención específica), un concepto, una palabra, por más vaga que sea, y ver cómo se ramifica dentro nuestro, para bien o para mal, es atroz. Ese clima de irrealidad e incertidumbre, de perder lentamente el sentido de lo que es real y lo que no; esa fragilidad por desconocer qué puertas sean las correctas de abrir; ese laberinto al que ingresaremos seguramente de la mano de Nolan, es una de las razones por las que me cuesta pensar (al menos por ahora) en no solo hacer cine, sino, en escribir ficción. Véanla. Muy buena película.

Somos parte de la noche

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Hace un par de semanas que no posteo nada ni en este medio, ni en ningún otro. No es algo de lo que me enorgullezca, pero tampoco lo contrario. Lo digo, como una suerte de disculpa para los pocos que se toman la molestia de leer alguna de mis palabras, y más aún, para los que les resulta algo interesante. Hace poco leí una novela del escritor peruano (subestimado, dicho sea de paso) Fernando Ampuero. La novela lleva por título Hasta que me orinen los perros. Debo reconocer que apenas lo vi, decidí entregarme por completo a su breve lectura. Quizás por mi anormal gusto por lo callejero, o por los recuerdos que ese rótulo despertó en mí. No lo sé. El hecho es que leí la novela, y si bien el final no me pareció brutal y contundente, debo reconocer que cumple su cometido de forma divertida, y por qué no, eficaz. Me enteré después que dicho texto forma parte de un corpus mayor, al que el mismo autor llamó “mi trilogía callejera de Lima”. La historia es sencilla. Alberto, taxista por obligación, es víctima del robo de su carro, lo que motiva en él, una comprensible necesidad por redimirse ante la sociedad, y sobre todo, ante su mujer, sin reparar en la legalidad de esos medios: el negocio de comercio y tráfico de borrachos. La novela si bien nos habla de la carrera desesperada de un taxista por no dejarse arrastrar por la tempestad, no cae en el trillado repertorio de las “anécdotas” que estos reyes del volante tienen a montón, sino que aborda de forma directa el problema. Por otro lado, la historia que vive con su mujer, quien representa una suerte de conciencia, de legalidad, al ser policía de tránsito, y convivir bajo el mismo techo, le suma una significante cuota de incomodidad, amor, y cinismo. No me es posible hablar de la calle, sin su referente mayor, Enrique Congrains Martin, quien dicho sea de paso, es homenajeado con esta novela. Recordemos un poco No una sino muchas muertes. Claro, que en esta oportunidad, no hay locos, sino borrachos. El libro está lleno de frases que anteceden a cada capítulo, divertidas, me arrancaron muchas carcajadas. Por ejemplo: “Llámalo cuestión de valores. Una cosa es ser un hijo de puta y otra un conchasumadre“. Y en otras, que te llevan a clavar el separador de páginas en tu libro, y reflexionar un poco “La noche, a la vuelta de la esquina es un montón de basura. La noche te ensucia el alma de improviso. Merodeando por las calles silenciosas, cuando casi toda la ciudad duerme veo cosas terribles -gente comiendo desperdicios, pervertidos manoseando niños, peleas salvajes- aunque lo peor, creo yo, es oír un llanto o un grito lejano. Alguien sufre por ahí, me digo. Alguien pide ayuda y nadie lo oye. Eso es la noche ¿Entiendes por qué me callo, Rosa? ¿Cómo decirte que yo también soy parte de la noche y que vivimos en ella?

Salgan a caminar, ahora, en la madrugada. Pónganse su casaca, y marchen hacia la noche. Ella siempre tiene un lugar para nosotros. Yo lo hago cuando puedo. Nunca está demás. Buena noche.