Cosas de poetas…

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Quizás una de las ventajas de leer literatura no tan voceada, sea que al momento de consumirla, no estaremos contaminados por ningún tipo de paratexto que pueda condicionar nuestra lectura. Es como darle una leída objetiva; una suerte de grado cero al momento del acercamiento. No he visto mucha propaganda sobre este libro, así que considero que mi opinión está libre de ataduras. Pero, tampoco voy a engañarlos. Hay un factor relativamente determinante en el texto del día de hoy: conozco a su autor. Con esto no quiero decir tampoco que para mí resulte imposible hacer un comentario sincero sobre un texto de amigos míos. No. Solo hago la aclaración para evitar que algunos “críticos” digan “ah no, es su pata, es sobón”, o comentarios por el estilo. Sé que los habrá. En fin, luego de lo dicho, volcaré los comentarios que considero honestos hacia este texto que lleva el nombre de Naufragios.

En primer lugar, no sé si estamos hablando de un poemario propiamente, o un cover rubendarioano trasnochado, ya que existen pequeños relatos orbitando entre sus páginas. Pero en vista de que el número de estrofas excede al de párrafos, decidiré llamarlo “poemario”. Entonces, siguiendo esta línea, el “yo poético”, “hablante lírico”, o cualquiera calificativo que se le encuentre (en los poemas), nos invita a dar un paseo por su día a día, entre bares, Quilca, besos, libros, y constantes frustraciones, presentándonos una vida al mejor estilo de poeta maldito, pero ambientado en el centro de Lima. Desde el primer verso, se percibe un acercamiento hacia su intimidad, desprolija y callejera. La distensión en el lenguaje siempre es un recurso interesante, pero a la vez peligroso, pues se corre el riesgo de que destruya su propuesta (si es que la hay), atravesando la frontera que separa la “honestidad” del “mal gusto”, y me temo que es en ésta última, donde caen en ocasiones los versos. Es el caso también de las referencias herméticas, en exceso personales, que lejos de inquietar y seducir, me terminan por alejar más. Y en cuanto a los párrafos, el narrador, mantiene una distancia disímil a la de los versos, dando a entender que estas pequeñas historias preludian reflexiones que parten de experiencias concretas en la realidad, para desplegarse a través de los ecos resonantes de una voz surrealista, estampada en los poemas. Ahora, no quiero con estos comentarios, decir que el gusto e interés por Naufragios, naufragó. Pues no es así. Y me toca mencionar el porqué simplemente no lo dejé pasar, como muchos otros libros que me parecen malos o indignos de siquiera dedicarles unas líneas. En este caso, a pesar de los factores que me pudieron incomodar, tengo que aceptar que aquellas “ocasiones” en las que afirmé excesos de “mal gusto” dentro del libro, son pocas. Más que con la narrativa del libro, me quedo con los momentos, lugares, y sentimientos graficados en los versos de sus poemas.

Existen arranques sorpresivos que evidencian notoriamente un estilo maduro y original al momento de verter imágenes, aquellas que lograron despertar mi interés. Lo lamentable, es que no mantiene el mismo trote en otros poemas, brindándole así al conjunto textual, cierto cariz de inestabilidad. Aunque, si lo vemos en perspectiva, jugando con el rótulo Naufragios,  estos poemas y relatos en general, no tendrían por qué estar bajo el mismo criterio y tensión sino estar a la deriva, a la espera de un salvavidas, que tranquilamente podría ser el estado de ánimo de cualquiera de nosotros, tendiendo puentes de identificación con el poeta. En resumidas cuentas, saltando el hecho de que el libro (tengo que decirlo) esté recomendado en la contraportada por un poeta ochentoso, miembro de un grupo poético que recientemente está dando de qué hablar, debo aceptar que fue una sorpresa agradable la que me llevé al leer el que sería el primer vástago de Danny E. Barrenechea. Y si no he citado ningún ejemplo de esos versos (que es lo correcto), es porque me gustaría que no se contaminen mucho por estas humildes palabras, y lo lean libres de presión; ustedes mismos decidan, si le tienden la mano o no.

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