Recojamos nuestros ojos

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Interesante película dirigida por Icíar Bollaín, que desarrolla como tema central un tópico que lentamente está dejando de ser un grito sedicioso con aires de moda, sino una voz constante de cambio: la violencia contra la mujer.

Te doy mis ojos (2003) nos presenta la vida de un matrimonio que de buenas a primeras uno puede juzgar de monstruoso, violento o simplemente, atroz, pero que si se toma la molestia de pensarlo un poco más, puede llegar a considerar como uno… “Normal”. Es que los medios, roles, hábitos de los personajes, no solo de la pareja protagónica (Pilar y Antonio), sino del resto de la sociedad, representada por los familiares, amigos, colegas, y todos los que rodean a la pareja, ayudan a normalizar el problema: el maltrato físico y psicológico dentro del hogar. Es tan terrible que uno mismo como espectador puede llegar a voltear la mirada y albergar pensamientos como “es un problema de ellos; nadie más se debe meter”, por las mismas actitudes de la pareja al manejar ese juego de ruptura y reconciliación que termina siendo su relación. Aparentemente tan normal en nuestra sociedad, pensamos que cuando se exceden estos problemas (graves daños físicos que terminan en el hospital), simplemente se da un “mal momento” de la pareja, un problema que hablando se solucionará. Pero a veces, no se soluciona, es más, muchas de las veces, solo termina por empeorar.

Por otro lado, la manera cómo desarrollan y conducen las acciones en la película, me parecen un recurso poco menos que genial. De todas en Te doy mis ojos, me quedo con estas dos escenas: Cuando Pilar le cuenta a su hijo el mito de Orfeo y Eurídice, sugiriendo un paralelismo con la relación con su esposo Antonio, quien ciego por sus celos, ha volteado constantemente hacia ella consiguiendo alejarla más y más. Y la siguiente escena es cuando Pilar está trabajando en el museo, haciendo un guiado a un grupo de personas, explicándoles el cuadro que representa el mito de Zeus y Danae, frente a su esposo, quien había ido a visitarla a escondidas. A partir de esto, vemos cómo ella incide en la naturaleza cautiva del cuadro, similar a la suya, dentro de su relación. Bueno, debo aceptar que esta selección de escenas esconde un gusto personal por la mitología griega.

Es un película recomendable, si lo que quieres es enfrentar (al menos) desde tu asiento un problema que, lejos de suceder en la ficción, pasa a diario en la vida real, y peor aún, muchas veces con nuestra actitud, de alguna forma, logramos darle vigencia en la actualidad. Recojamos nuestros ojos y veamos de cerca este problema, pero no solo de curiosos, sino para lograrlo cambiar.

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