Sin afán de “inflar” este texto, manifestaré un sentimiento nuevo para mí acerca de una de las películas navideñas familiares más conocida en la historia: Home alone, o recordada como Mi pobre angelito. Sé que muchos disentirán de esta afirmación, pero al verla hace unos días, no pude evitar contener la rabia e indignación. ¿Qué lo causó? Ver a uno de mis héroes del cine Joe Pesci, haciendo el ridículo. Sí, también sé que algunos me dirán “!oh, qué gran descubrimiento!”, pero qué les puedo decir, recién lo pude reconocer. Para que se ilustren más y pueden comprender algo de esto, les diré que Joe Pesci es uno de los actores que, de la mano Martin Scorsese, se popularizó como “ganster” en el mundo de millones de fanáticos adictos a las mafias y a la tensiones producto de ellas: Casino, Raging Bull y la inmortal Goodfellas, entre otras . Es que no era un simple matón, era un monstruo maniático, que podría disparar o clavar un bolígrafo en el cuello de cualquiera por pura diversión. Entonces, verlo liderando una “banda” de ladrones, junto a un torpe malhechor como asistente, y recibir una paliza por parte de un niño indefenso solo en su casa, me resulta vergonzoso. Simplemente hay que ver cuál era el espectro de los personajes que caracterizaba para desear no cruzarse en su camino. Eso es todo lo que tengo que decir: Odio Mi pobre angelito.

Imagínense ver este rostro frente a ustedes:

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