Afrontar al mundo día a día probablemente nos resulte un tema agobiante. Las amistades plásticas que estamos forzados a establecer, o en todo caso, mantener, terminan por agotar nuestra paciencia. La actividad diaria, llámese “rutina”, o el proyecto mayor de estabilidad y tranquilidad social llamado “status quo”, nos arroja combustible y esperamos no toparnos con alguna chispa en lo que va del día, aunque en ocasiones quedamos proclives a ello. Por otro lado, podemos ser víctimas de los mismos arrebatos de insatisfacción sin experimentar las mismas “¿causas?”; simplemente por todo lo contrario. La soledad, el ostracismo y el abandono juegan el mismo papel dentro de este esquema, aunque, me atrevería a decir, contienen una carga nociva adicional. De esa manera, si alguna vez sienten el cosquilleo estresante de ser un “ciudadano”, aprovechen en dar un paseo en la soledad de la noche; sin preguntas, sin respuestas, solo contemplen la naturaleza abstrusa de la noche.

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