El bostezar de la fuerza

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Todo fan de las películas de Star War seguramente ha de haberse sentido emocionado con los teaser lanzados sobre la última secuela de esta saga; sin embargo, creo que, luego de haberla visto en las salas (en todo el mundo), su emoción sufrirá un ligero quiebre, transitando hacia otro tipo de sentimiento: la decepción. No es solo por el nuevo director (sí, no es G. Lucas), J.J. Abrams, quien ,seguramente por haber dirigido algunas películas de Star Trek, se aventuró a revivir el mundo jedi, y la fiebre colectiva que ello ameritaría, sino por la falta de verosimilitud en este universo que, a fin de cuentas, lo único que evidencia es que el proyecto le quedó grande.  Sin afán de “spoilear” a nadie (salvo con los que conversé personalmente), mencionaré a continuación los puntos débiles que resalto de esta película. Primero, las constantes referencias a escenas clásicas de sus viejas predecesoras (la trama de lucha contra la nueva “Estrella de la muerte”, los fines de la Resistencia, el conflicto parricida, una muerte relevante, el final comprometedor de secuelas, etc.), la convierte en un remake de la IV y V. Segundo, la inclusión de actores clásicos que interpretan a Leia, Han Solo, y hasta Luke (con sus brillantes parlamentos), obedece solo a la rastrera finalidad de asegurarse el éxito de su película. Tercero, el personaje de Fyn (el afroamericano), con su humor barato, típico de comedia gringa actual (hermanos Wayans), desentona con la trama, es decir, con la que “debería”ser la trama, y la convierte en un producto de mal gusto. Para finalizar, el antagonista de esta secuela, Kylo Ren, a pesar de que represente la lucha de dos fuerzas y la maldad en “formación”, fracasa como personaje verosímil (observación demasiada subjetiva) por su exceso de dramatismo, expresiones plásticas y la mediana comicidad que envuelve parte de sus acciones. Por esas razones, a pesar de tener ciertos “picos” de emoción, el espectador se quedará con el sinsabor de lo que pudo ser una mejor película. Sin embargo, véanle el lado positivo, la parte VIII no tendrá una vaya muy alta que superar.

VEINTE AÑOS GUSTÁNDONOS TOY STORY

Por: Pedro C. Espinoza

 

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Hace algunos días (19 de noviembre) se cumplieron veinte años del estreno mundial de Toy Story, primera película de animación realizada con efectos digitales por computadora en la historia del cine, justificación suficiente para volver a comentar ciertos aspectos del largometraje animado que, repetidas veces, vemos y lo seguiremos haciendo. No obstante, frente a esa preferencia de tantos años, puede surgir una pregunta, ¿por qué nos gusta tanto Toy Story? Nos dedicaremos a dar algunas posibles respuestas.

Desde pequeños, salvo injustos y desafortunados casos, hemos disfrutado del juego. Es una de las actividades con mayor entusiasmo e imaginación que se le dedica en la infancia; la mejor prueba la encontramos cuando creamos un mundo con diversos muñecos de juguete a los que damos vida momentáneamente para divertirnos. Creamos un mundo con nuestros juguetes, un mundo donde somos los únicos que establecen las reglas y normas, y Pixar supo jugar también con ello. Esta película nos presenta al niño Andy, para lograr identificarnos con él, y aquellas épocas donde jugábamos como él, con nuestra imaginación y nuestra propia historia. Creemos que es justamente este aspecto por el cual nos sentimos atraídos por Toy Story, pues nos presenta una época que muchos hemos compartido, gozado y, probablemente, no hemos dejado del todo: jugar y crear nuestros universos; sentirnos dioses por unos instantes.

Generalmente, dentro del mundo creado por cualquier niño, existen momentos en los que se tiene que dejar de jugar. Al suspender la creación de una historia para nuestros juguetes, es justamente ahí donde Toy Story empieza. El vaquero Woody y el astronauta Buzz Lightyear se nos presentan como protagonistas de una historia marcada por distintos aspectos que no se alejan a nuestra realidad. Es decir, el mundo de Woody y Buzz sufre una especie de humanización que implica adquirir, en buena medida, los mismos problemas de las personas. No obstante, como toda película de animación,  resulta, por varios momentos, amena y divertida. Entre las escenas de comicidad que encontramos en la película, podemos mencionar el breve cruce de palabras entre el personaje del Sr. Cara de papa al presentarse a sí mismo como “Picasso” frente a Hamm, quien se queda sin entender su forma.

Asimismo, recordamos las palabras de Woody al referirse a los soldaditos de infantería: “son profesionales ¡los mejores! Vamos, no están tirados descansando”; le sigue, a mi parecer, la escena más divertida, cuando Woody le pide a Buzz que le dé una mano y este le arroja su brazo. Todas estas escenas cumplen muy bien su propósito: divertir.

Por otro lado, encontramos escenas que muestran cierta seriedad como la organizada “Junta de Consejo”, el plan de Woody para salvar a Buzz y los soldados de plomo, al realizar sus operaciones de “Vigilancia Charlie”. Mencionadas acciones nos muestra la estructura de la cual está formada la historia de Toy Story donde se les presenta ciertas dificultades, pero obedeciendo a su norma fundamental: no mostrarse con vida ante los seres humanos. Este aspecto es quebrantado para salvar a Buzz y darle una lección al niño Sid Phillips. Aquí dos puntos para comentar; primero, cuando se transgrede su norma fundamental, realizan acciones de terror: los soldados saliendo de un charco, los autos emergiendo lentamente de la arena y la vuelta en 180 grados de la cabeza de Woody que alude a la clásica película de El exorcista. Estoy seguro que podríamos encontrar otras referencias pero nos extenderíamos más de lo debido; segundo, con Sid Phillips y Andy Davis se forma la dicotomía bueno/malo típico de diversos largometrajes y un buen recurso de las películas de animación. También, podríamos mencionar otra dicotomía como viejo/nuevo representada por Woody y Buzz.

Hasta ahora hemos intentado brindar algunas respuestas a la pregunta inicial. Toy Story entretiene, hace reír, llena aquel vacío de darle vida a nuestros juguetes, de ver realizado aquel mundo imaginado que se tiene desde niños. Consideramos que se seguirá viendo la película de Pixar, pues ya se ha convertido en un clásico animado moderno; representa una importante huella en la historia del cine. Un punto aparte sería hablar de sus secuelas que también han sido del agrado del público. Sin mucho esfuerzo, Toy Story alcanza a los escondidos niños que tenemos cada adulto, devolviéndonos a la mejor actividad infantil: el juego.