Mucho más que maquillaje y un acento extranjero, Joseph

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En esta oportunidad, le toca a Joseph Gordon Levitt protagonizar este post, por la interpretación de un funámbulo francés de la década del 70, que atrajo la mirada mundial al utilizar las recientemente (en esa época) inauguradas torres gemelas (1974), nada más y nada menos que para uno de los espectáculos que, por no decir menos, le cambiaría la vida a las pocas personas que fueron testigos de ello esa mañana: caminar por ellas sobre una cuerda. The walk (2015), a pesar de haber sido dirigida por Robert Zemeckis, y con ello me refiero a la seguridad de presenciar excelentes efectos visuales, buena banda sonora y, por supuesto, un excelente guión e historia, no logra dar la estocada final, propia de sus sellos pasados. Probablemente afirme lo anterior debido a mi primer contacto con este ecléctico personaje, Philippe Petit (nombre real del funámbulo mencionado al inicio), en el documental Man on Wire (2008), en el cual se narra de forma cautivante y, en gran medida, reveladora: la belleza artística presenciada en un solo momento en la vida. Lamentablemente, en esta nueva película, se intenta emular esa sensación, mas no lo hace con éxito; claro está, para los que vieron el documental mencionado. Si es que no la has visto, es una buena oportunidad para que conozcas la vida esta este extraño personaje que, hasta el día de hoy, sigue siendo recordado, aunque, lamentablemente, las musas que le sirvieron para inmortalizar su trabajo ya no se encuentren de pie hoy.

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El llamado de la vieja Mary Todd

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La película The Hatefull Eight (Los ocho más odiados), dirigida por Quentin Tarantino, bajo la promesa de superar a una no tan buena (floja) producción anterior (Django), sobrevive de pie luego de, aproximadamente, tres horas de duración. Compuesta por los clásicos elementos que definen a las acostumbradas películas del director, esta reciente reafirma su capacidad todavía vigente de enganchar al espectador con un clima de tensión, diálogos cuidadosamente elaborados, personajes (aunque trillados) definidos, y la habitual exhibición gratuita de sangre. Desde el punto de vista cinematográfico, la película presenta planos trabajados con mayor rigurosidad, que parecieran hablar por sí mismo. Otro de sus aciertos es la interesante elección musical para el acompañamiento de las escenas; para ahorrarme palabras: Ennio Morricone. Así, al margen de la temática, que se podría tomar como alegoría de uno de los rostros más exhibidos de América (el dinero bañado en sangre) y los elementos ya mencionados, esta película cumple con su objetivo: entretener. Sin embargo, si esperan “algo” distinto de la ya conocida propuesta de Tarantino, no se ilusionen demasiado.

Pd: Si reconocen alguna analogía con Reservoir dogs (1992) (espacios cerrados, rostros familiares, traidor infiltrado, etc.) olvídenla y solo disfruten de la película.

!No era una comedia, Jack!

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Al parecer, uno de mis artistas favoritos de la comedia, Jack Black, se equivocó al aceptar el papel coprotagónico en la adaptación al cine de la exitosa serie (¿juvenil?) Escalofríos, en la cual interpreta al autor de los libros que componen esta historia, R.L. Stine. Probablemente no tenga más autoridad que la de un contrato millonario en sus manos, para haber podido impedir la filmación de esta, por ello, en breve, me tocará condenar de formar tajante y confinar al olvido esta terrible cinta. Es cierto, parece una pataleta escandalosa, pero, para quienes hemos visto la serie, despotricar contra aquel mamotreto, será cuestión de minutos. Desde el aspecto fílmico, los diálogos, la “¿tensión?” en el ambiente, hasta las referencias a los clásicos personajes de terror que componen la(s) historia original, fracasan. Alguien debió avisarle a los productores y, con mayor razón, al director que Escalofríos eran libros de TERROR (bueno, también de ciencia ficción) y no material para una olvidable adaptación cómica, que lo único que logró fue ser el ejemplo perfecto de cómo relegar a un segundo plano la riqueza del contenido original, para reemplazarlo por una historia barata de amor juvenil, como si de las masturbadas más cursimente desagradables de John Green se tratase. No pierdan su tiempo viéndola.