“Lo que más me ocupa es la caricatura política” entrevista a Markus Ronjam

Por: Juan Valle Quispe

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http://caraxoman.blogspot.com/

No debe ser sencillo leer una sola tira de las aventuras de Caraxo Man o ver alguna caricatura política de su autor Markus, sin que te vengan ganas de buscar más. Su estilo no ha tratado de estancarse, y tal parece que sus temas de interés lograron que eso no suceda. Con una notable madurez, propia de quien se siente más seguro de lo que sabe, Markus denuncia, critica, tal vez sin dejar el plan de estar  “jodiendo como siempre”, recordando el eslogan del blog de Caraxo Man del que dejaremos el enlace al final.  Agradezco también a Verónica, la novia de siempre de Markus, por su apoyo en la entrevista.  

¿Cuándo quisiste unir lo que te molestaba de la sociedad con tus dibujos?

Creo que por el año 92. Hacía historieta, sí, pero respecto a humor político propiamente dicho, empiezo con las viñetas hechas para El otorongo. Antes solo coqueteaba con la política, como en algunas tiras de Caraxo Man, hay una donde aparece Vladimiro, aunque seguía sin ser muy directo. Me has hecho acordar que desde el colegio ya hacía algunas cositas. El “profe” de música trabajaba en otro colegio en donde había una directiva corrupta que era puro “chanchullo”. Como uno de los que dibujaba en el salón era yo, entonces se le ocurrió que una idea para denunciar estas cosas era con caricaturas. Seríamos dos o tres patas los que dibujaban en ese tiempo. De repente llegó un día de examen y me hizo salir del salón; “¿profe, qué he hecho?” reclamé y él “mira, en mi otro colegio pasa esta cosa…”. Ya de ahí salía una idea y yo sobre eso planteaba una imagen. Más o menos, creo que eso podría ser una suerte de inicio.

Entonces, empezaste por encargo.

Claro, pero no me lo tomaba como “putamare este huevón ya me cagó…”. Pienso que lo que ayudaba era que yo me compraba el pleito. Él decía, “pasa esto” y yo “¿ah, sí? Ta’ huevón, ni cagando…”, y hacía el dibujo. Nunca lo tomé como una obligación para mí; al contrario, yo pensaba “esto está mal, hay que hacer algo”. De paso que tenía nota en música.

¿Qué tanto de formación teórica debería tener alguien que se aventura a la historieta y al dibujo?

Uno debe leer un huevo, leer de todo.  Es cierto que si quieres dibujar tienes que tener en cuenta la cosa teórica, pero hay que leer, y mucho.

Aunque no has vuelto a sacar un libro sobre Caraxo Man, ha sobrevivido discretamente, ¿qué tanto te costó dejar de hacerlo tan seguido?

No siento que lo haya dejado de hacer o que me haya despegado de él, sucede que hay otras cosas que a veces te jalan más. Antes hacía una página cada cierto tiempito, pero después me aboqué al humor de corte político. Ni bien pasa algo, si un ministro de mierda hizo algo o la ha embarrado, me pongo a cranear todo el tiempo. Ni siquiera así podría decir que “he dejado” el personaje. El 2011 hubo un poco de chongo por el tema de Mistura, entonces se me ocurrió una de Caraxo que se zampa a Mistura haciéndose pasar por “Guatón Angurrio”. Creo que si sale una idea de Caraxo que me atrapa de repente, voy y la hago. No es que haya puesto en internet un aviso de “hasta aquí nomás dibujo a Caraxo”, simplemente creo que hay facetas y en esta, lo que más me ocupa, es la caricatura política.

¿Sientes más satisfacción con las publicaciones por las que te pagan o con las que difundes por el Facebook y blogs?

La única publicación en donde me han pagado por chambas de este tipo, si no me falla la memoria, ha sido El otorongo. Allí pagaban por colaboración publicada, o sea, no es que mandes veinte dibujos, seleccionen dos y te paguen por esos veinte. Mi experiencia no fue como la de otros que manejan una constancia o tienen mayor eficacia, es decir, que cada cosa que mandaban salía publicada. No podría hablar de una satisfacción a carta cabal porque muchas veces mandaba viñetas que al final no salían, lo que en menos de un año me obligó a replantearme las cosas y dejar el suplemento. Distinto ha sido con las publicaciones “no pagadas”, o sea las que cuelgo en internet, no solo por la gráfica en sí, sino por la discusión que genera. El “Tajo Perú”, por ejemplo, cuando lo publiqué, las primeras reacciones fueron positivas, luego se armó un chongo entre los que decían que era la pura verdad y los que se arañaban y reclamaban porque “no amaba mi país”; como cuando se criticó a la Marca Perú: sale el video Perú Nebraska y el público se hizo la paja viendo a Machín y compañía haciendo payasadas. Luego empezaron las reacciones, justamente porque esto salía con el país sumido en conflictos sociales, con el Baguazo fresquito todavía y de ahí surgió un accidentado “debate” que finalmente desnudó la precariedad del discurso. Es este tipo de cosas lo que hace que publicar un dibujo, independientemente de si es para una publicación formal o si es por tu cuenta, sea una labor interesante.

Colaboraste en El otorongo, suplemento de Perú21, ¿eso quiere decir que alguna vez sentiste simpatía por un medio periodístico?

En la época que entro a El otorongo, yo acababa de publicar ¡Por un caraxo! Ahí nomás me puse a dibujar para sacar segunda parte, en eso surgió el suplemento, justo para las elecciones del 2006 entre Alan, Lourdes Flores y Humala. Yo no tenía intenciones de participar hasta que unos cumpas que ahí dibujaban me dijeron para mandar trabajos.  Para ese tiempo no estaba tan marcada la concentración de medios como ahora que la cosa ya es rochosa. ¿Si en esa época tenía simpatía por algún diario? Quizá veía con buenos ojos a Perú21 como podría haber visto con esa misma mirada cualquier otro medio, pero tampoco es que haya visto mucho que se diga. Por parte mía había ignorancia e indiferencia acerca de cómo operan los medios o qué papel han desempeñado en el correlato de nuestra historia, defendiendo cualquier cosa, menos la “verdad” o la “justicia”. Lo puedes notar, por ejemplo, en las elecciones de 2011, cómo la prensa hizo lo imposible por levantar a Keiko, o cuando ven a más de dos mil manifestantes y dicen que fueron solo trescientos, o cuando hablan de una marcha por el agua y lo reducen a “revoltosos”. Uno podría sorprenderse por ello, pero si contextualizas, empiezas a ver las cosas con otros ojos y saber qué puedes esperar de los medios.

¿Alguna vez viste algo salvable o rescatable en la política peruana?

No, y te digo por qué. Como te conté, manejo moto, y en el 2010 el gobierno de Alan, en uno de esos manotazos de ahogado para combatir la “inseguridad”, promulgó una ley para obligar a los motociclistas a llevar chaleco y casco con su placa pintada. La gente reaccionó y comenzó la movilización. Al final, llegamos al congreso donde se presentaron dos proyectos de ley para derogarlo. Un asesor del congreso nos dijo que no nos preocupáramos, que el proyecto lo iban a aprobar porque el congresista  que lo presentó se llevaba bien con todas las bancadas. “¿Y si no se lleva bien?”, le pregunté. Él respondió “Le dan de baja al proyecto”. Es decir, al final se trata de una cuestión de simpatías e intereses partidarios, y no de sentido común.

Desde el 2011 publicas “quillcas”, los dibujos basados en el estilo de Guaman Poma de Ayala, ¿cómo llegaste a la lectura de La nueva corónica y buen gobierno?

Digamos que gracias a mi hermano. Él me regalo una edición de la Nueva corónica… donde aparecen buen número de ilustraciones. Ya había visto antes dibujos sueltos, en libros de historia, pero ajenos a su real contexto o motivación. Luego de ver la obra uno entiende que no son dibujitos donde se describan pasajes bucólicos o una oda al paisaje incaico, y que la imaginería de Don Felipe no tiene motivaciones decorativas ni mucho menos.

¿Cómo calificarías su estilo?

Sé que Felipe no era un experto dibujante. Si recurrió al dibujo fue para expresar en gráficas lo que él ha visto, más que ser un Dalí. Hay una etapa donde se nota un tipo de trazo y otra donde se ve un poco más elaborado, como que fue evolucionando hasta hacerse reconocible, como un estilo propiamente dicho.

¿Le ubicarías alguna influencia de otro artista de su tiempo?

Sobre Guaman Poma se habla de su cercanía o amistad con un español que también hacía algo parecido, describir sucesos, dibujarlos, etc. No recuerdo bien cómo plantean esa relación, es decir, si había amistad u  odio. Sobre si hay alguna influencia, eso te lo podría decir un erudito. Yo pienso que es un autor original.

¿Cómo viste el tema de la denuncia en Guaman Poma y cómo trataste esto en las “quillcas” que haces?

Los vi como un testimonio crudo, que no esconde nada. Uno siente impotencia e indignación al ver cómo queman a su abuelo para robarle o más (violación, matanza, etc.) unos ladrones de mierda. Siglos más tarde la cosa continúa. Ahí tienes las noticias de Cajamarca, los policías que patean ollas comunes, calatean a un periodista para quitarle la cámara, los muertos por bala, etc. ¿Cómo ilustrar tanto abuso? Pues la respuesta está ahí, en la chamba de don Felipe que, salvo cuestiones de forma, mantiene su vigencia. Porque habría que estar totalmente enajenado para pensar que la barbarie que él ilustra en su crónica pertenece al pasado, cuando eso sucede todo el tiempo, y no precisamente se trata de un choro común y corriente que asalta a alguien, sino de las autoridades, del gobierno, o sea, del poder. Joroba ver que sucede eso y mientras tanto los medios están ocupados en que si fulanita se acostó con tal o si tal otro pata mandó sus fotos calato.

Retomando a Caraxo Man, en ¡Por un caraxo! hay un episodio llamado “Caraxo se va a la recuntracunchaysumaytrix”. Recordé que desde que era chibolo, al pasar por el zanjón de Javier Prado, veía pintas de “ALAN VUELVE”. Desde que vi tu tira hace unos años, siento que es muy actual. Hasta ahora Alan García da la idea de que quiere hacer todo lo posible para volver al poder.

Creo que si Alan es reelegido el 2016, puede morir tranquilo. El gran plan que tiene para su ego megalomaníaco es ser “el presidente del bicentenario”. Ya con eso, el 28 de julio del 2021, entregando el fajín, que le metan un tiro o que le dé un infarto, no le va a importar. Ahora aparece piola porque es un ajedrecista, siempre está calladito pero de repente sale para decir algo. Cuando sale lo de la Megacomisión, el huevón suda frío, pero al final sale como si nada. Aunque la cosa para el 2016 será complicada. El 2006 salió el outsider, que era Humala, pero por el pánico chavista se votó tapándose la nariz. El 2011, a pesar del reeditado cuento de la amenaza chavista, ganó Humala, que de cuco chavista ahora es el mejor amigo de los empresarios, con lo que la esperanza en el outsider ha quedado pulverizada. ¿Por quién va a votar la gente ahora? ¿En quién va a poner sus esperanzas de cambio? ¿En Keiko? ¿En PPK? ¿En el traidor de Toledo? Nadine podría encarnar esa esperanza, aunque dice que no se va a lanzar, pero recordemos que en el 89 Alan dijo que no quería volver a ser candidato nunca y ya lo vemos, postuló el 2001 y el 2006 y ahora está que se hace el que no.

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Entrevista a Luis Nieto Degregori

Por: Fausto Barragán

 

 

A fines del año 2012, tuvimos la suerte de entrevistar a uno de los primeros  y más destacados representantes de la narrativa de la violencia política en el Perú. Aprovechando su estadía en Lima, Luis Nieto Degregori nos brindó una agradable entrevista en la que compartió con nosotros parte de su vida, influencias, testimonio sobre su tránsito por los años de violencia, proyectos y demás anécdotas que sumaron en él un escritor de respetable trayectoria.

Luis Nieto Degregori, (1955)  narrador cusqueño, ha publicado los siguientes libros: Harta cerveza y harta bala (1987), La joven que subió al cielo (1988), Como cuando estábamos vivos (1989), Señores destos reynos (1994) y su primera novela Cuzco después del amor (2003), que fue considerada la mejor novela del año. Recientemente ha publicado el libro para niños Pepe, Pepo y Pipo y la laguna misteriosa (2006).

¿Cuáles fueron tus influencias literarias? ¿Qué textos puedes identificar en tu narrativa?

Copia de 2012-10-21 18.44.13Mi vocación de escritor mucho tiene que ver con haber nacido en la familia de un poeta. Mi padre es un poeta muy reconocido en el Cusco, y era el anfitrión de cuanto intelectual llegaba por la ciudad. Es así que, lo que forjó mi vocación literaria fue haber tenido en casa a un sin número de poetas y escritores. Tuve la suerte de niño de conocer a Mario Vargas Llosa, estar sentado en la sala de mi casa y escuchar conversar a Bryce Echenique cuando recién había publicado Un mundo para Julius. Todo eso marcó mi deseo de ser escritor. Y a eso luego se sumaron las primeras lecturas; vivía rodeado de libros. En casa había una biblioteca que ocupaba todos los espacios, no solo un ambiente como suele ser, sino, todos los cuartos. Desde que habría los ojos veía lomos y lomos de libros. Fui leyendo de manera desordenada los libros, porque me llamaban la atención, por el título, porque formaban parte de alguna colección, etc. Pero creo que no fueron esas las lecturas que marcaron mi vocación de escritor.

En realidad es cuando viajo a Moscú a estudiar literatura; es cuando empiezo a hacer lecturas ordenadas en los cursos, y por ello, descubriendo a los escritores que me han acompañado a lo largo de mi vida. Me deslumbraron los cuentos de Chejov, sus novelas cortas, su teatro, que no solo pude leer sino también ver su representación en el Teatro Académico de Moscú, el mismo teatro en el que representó sus obras el mismo Chejov, y para mí, ese fue maravilloso. Entonces Chejov, podría decir que fue uno de los maestros que me enseñó a escribir. Y el otro, fue José María Arguedas. Empecé a leer su obra en la universidad, en la sección de lenguas extranjeras en Moscú. Decidí hacer mi tesis universitaria de Arguedas, y para mí, fue un descubrimiento maravilloso. Antes recuerdo de adolescente que mi padre me había dado a leer La agonía de Rasu Ñiti, pero como era muchachito, no le di importancia, me aburrió. Ya en a universidad con 17 o 18 años empiezo a leer a Arguedas y me sentí deslumbrado. Descubro a un  escritor que me mostraba cómo era mi país, cómo de complejo, dramático y maravilloso era este mundo, y nunca más me pude separar de Arguedas. Soy un admirador de absolutamente toda la obra de Arguedas. He leído textos críticos sobre él en mi época universitaria, todos los libros que se han producido sobre él, más tarde, la correspondencia que ha mantenido con distintas personas; hasta ahora sigo regresando a Arguedas, me parece que es el mejor escritor peruano del siglo XX, y de lectura obligatoria si se quiere verlo así.

Cuánto nutrió tu experiencia en el extranjero para forjar tu pluma, y a la vez tu visión del país.

Para mí fue muy rica mi permanencia en el extranjero en muchos sentidos. Estuve 6 años en Rusia, un país que en ese entonces era socialista, la Rusia soviética, luego estuve 2 años en España, un país que recién acababa de salir de la noche del franquismo, y que recién se abría a Europa occidental. Luego estuve unos 4 o 5 meses en París, Francia, una experiencia cultural muy variada. Pero sobre todo, en mi época en la que viví en Moscú, fue muy valioso en cuanto a mi formación como persona. Me fui muy joven, apenas acabado el colegio, sin haber pisado una universidad en Perú, y descubría un mundo que era el mío de muchas maneras.

Yo venía de la ciudad cusqueña, donde tener pasión por la literatura era un fenómeno bien raro. En mi caso podría ser visto como algo normal, peor en mi barrio, en mi casa, en mi colegio, entre los muchachos de mi edad, era algo que más bien había que esconder. La pasión común era el fútbol, los juegos, etc., pero tener interés por la literatura, por el arte y el cine, era algo que definitivamente desentonaba. Cuando llego a Moscú, descubro por primera vez que lo que a mí me apasionaba era algo que se valoraba muchísimo en la universidad. Me sentí como el patito feo del cuento infantil mientras vivía en Perú, porque no tenia habilidad para los deportes, porque me gustaba muchísimo la lectura, y muchas veces prefería sentarme a leer que ir a jugar con mis amigos; porque me gustaba mucho el buen cine, que los chicos de mi edad no comprendían. Yo tenía que ir a solo a las funciones del Vermut a ver las películas que me gustaban. Entonces descubro que lo que me había vuelto el marginado y raro del grupo, en Moscú, me abría la puertas del aprecio de los profesores y del reconocimiento de mis compañeros. Estaba en una sociedad donde se daba una producción editorial asombrosa; libros con tirajes de miles de ejemplares, tratándose de los clásicos de la literatura Rusa; cines por toda la ciudad, salas de teatro como nunca había visto en el Perú. No existía no solo en Cusco sino en todo el Perú; salas que montaban los clásicos de la literatura universal y por supuesto los clásicos de la literatura rusa. En general una vida cultural pletórica, dinámica, efervescente que me cautivó, y que cambió mi manera de relacionarme con mi entorno. Yo sentía que Perú había sido como un desierto y llego a Moscú y era como un paraíso, referido a la vida cultural. Entonces entre los 17 y 23 años pude empaparme de todo eso, que me permite comparar dos maneras de ver el mundo, la sociedad, la política, y creo que finalmente la virtud que tiene, es la de abrir mi horizonte, de permitirme una mirada mucho más amplia de las cosas, de enseñarme lo importante que es compara tu realidad con otras realidades, y creo que eso me ha ayudado bastante a lo largo de toda mi carrera como escritor y de mi vida como persona.

Qué nos puedes comentar sobre tu experiencia como profesor de la universidad de Huamanga, en los años de la violencia.

2012-10-21 18.40.14Yo llegué a la universidad de Huamanga de casualidad. Había regresado a Perú después de ocho años y medio, con el título de licenciado en filología en literatura y lingüística, y estaba trabajando en una librearía en el centro de Lima, “el Caballo Rojo”, una librería donde caían muchos intelectuales, muchos artistas, profesores, etc., hasta que llegó un profesor de la Universidad de Huamanga, que antes había sido alumno de mi padre, me refiero a Juan Alberto Osorio, y él me reconoció y me contó que era jefe del departamento de literatura de la Universidad de Huamanga, había visto mi experiencia en Moscú y me invitó a presentarme mis papeles. Yo tenía algo de conocimiento de esa universidad por los comentarios que me había hecho un primo mío, antropólogo, especialista en los temas de Sendero, Carlos Iván Degregori. Entonces acepté de inmediato la propuesta de mi amigo. Presenté mis papeles a dicha universidad, y al muy poco tiempo me avisaron que había sido contratado para enseñar allí. Fue así que en el año 1981, cuando ya habían empezado las acciones de Sendero Luminoso, comencé a enseñar en dicha universidad. Y fue una experiencia, en un inicio signada por la casualidad, mutuamente enriquecedora y que me abrió a la realidad de lo que era definitivamente el Perú.

En la universidad, donde me tocó enseñar, ya no había actividad política, porque Sendero había pasado a la clandestinidad, empecé conversaciones con los alumnos, siendo testigo de las primeras acciones armadas de Sendero Luminoso en la Ciudad, todavía tímidas: petardos en la puerta de la municipalidad de acción popular, pintas en las calles, etc. Fui descubriendo los conflictos que atraviesa la sociedad peruana, la profunda gravedad de estos conflictos, el dramatismo de esta sociedad fragmentada, dividida por abismos étnicos y culturales insalvables. Y poco a poco, en los dos años que estuve en Huamanga, tuve la suerte de conocer a personas que luego estuvieron muy cercanamente involucradas con Sendero Luminoso. Compartí el mismo pupitre en las reuniones de departamento con Hildebranto Pérez Huarancca, escritor que había estado en China, y que sin saberlo nosotros sus colegas militaba en SL; compartí con otros colegas que no necesariamente eran de Sendero, pero     que tenían también tenían filiación izquierdista. Y de todo eso fui testigo de acciones mucho más violentas de SL en Ayacucho, la más dramática, el asalto a la cárcel de Huamanga,  que por esas casualidades del destino quedaba a dos cuadras de la habitación que yo alquilaba. Pude escuchar  durante toda la noche las explosiones de los cartuchos de dinamita, los disparos de las ametralladoras, los cristales, y demás, que fue más o menos desde las 11 de la noche hasta las 5 de la mañana, sin que nadie en la ciudad supiera a ciencia cierta qué estaba ocurriendo. Y todo eso me volvió un testigo privilegiado y observador atento del fenómeno de la violencia antes de que otras personas, escritores, artista e intelectuales se dieran cuenta de la gravedad del conflicto que había empezado en Ayacucho. Yo dejo Ayacucho porque la situación se hacía insostenible. La policía en las noches de toque de queda entraba a cualquier departamento de cualquier profesor o estudiante de universidad, había riesgo de que te detengan, de los atentados, etc., y por ello decido marcharme al Cusco, a mi ciudad natal. Desde un comienzo siento que había una necesidad de plasmar en mis textos esta experiencia que me tocó vivir y es lo que hice en los siguientes años. Prácticamente desde que dejo Ayacucho, a fines del 82 u 83, durante toda la década de los 80 estuve escribiendo ficciones o relatos sobre la violencia en Ayacucho.

2012-10-21 18.07.28

En los años de la violencia política en el Perú, el novelista ¿escribía con miedo?

En general, en el Tercer Encuentro de Narradores Andinos volví a sentir la situación que se dio a fines de los 80, cuando empecé a publicar mis primeros cuentos sobre SL, y me he dado cuenta que siguen habiendo escritores que no zanjan claramente con SL y con el baño de sangre en el que nos sumió esta organización política de un fanatismo maoísta, que no logró entender qué es nuestro país, nuestra sociedad. Y me di cuenta que hay escritores que hasta ahora no terminan de zanjar con este movimiento como ocurría en esa época. Me da pena descubrir que tanta sangre pareciera que ha corrido en vano, que tanta víctima, 60 mil (según la CVR), pareciera que ha muerto en vano. Me parece muy importante que los escritores que trabajamos el tema de la violencia tengamos una posición muy clara, que deslinde con los crímenes que cometió SL, e igual de clara respecto a los excesos represivos que cometieron las fuerzas del estado (Los sinchis, las FFAA, la policía). Me parece que ese es un punto de partida para trabajar desde la ficción, desde la literatura, el tema de la violencia.

Por eso yo no estoy de acuerdo con escritores que tratando de crear una leyenda -porque eso es algo que sabemos hacer muy bien los escritores, crear leyendas en torno a nuestras personas-, dicen que “era peligroso” trabajar el tema de violencia desde la literatura en los años de la violencia política. No lo era. Yo una vez lo dije en una polémica con Dante Castro, en un suplemento del diario Cambio, “en nuestro país no se le daba (y no se le da hasta ahora) casi ninguna importancia a la literatura”. Tú podías escribir sobre SL, sobre la violencia, sobre los enfrentamientos que se estaban dando en ese momento en nuestro país, y no pasaba nada. Lo que sí había era una falta de comprensión de la crítica literaria de los textos de ficción sobre la violencia política.

¿Qué elementos identificas como propios dentro de tu narrativa, al respecto de los demás escritores de tu generación?

En mi producción literaria he tratado de mantener dos tipos de lectura de nuestra sociedad: por un lado los cuentos y novelas de temas contemporáneas, de ambiente urbano, no solo de ambientes de las ciudades de la sierra, y con este tipo de literatura, he tratado de abordar dos temas que me parecen centrales en mi narrativa: el racismo y el machismo. Sobre todo creo que trabajar sobre el “machismo” me hace distinto al resto de narradores andinos. Es un problema que la mayoría de escritores varones en el Perú no suelen percibir pero del cual yo tengo bastante sensibilidad; y la otra vertiente de las ficciones que yo trabajo es la histórica. He tratado de remontarme al pasado de nuestro País en cuentos y novelas, para entender las razones de la terrible fragmentación de la sociedad peruana hasta el día de hoy. Creo que el complemento de estas dos visiones es lo que hace distinta mi narrativa de las de otros narradores andinos.

Qué nos puedes comentar en retrospectiva de tus primeras obras ¿Estás complacido con ellas?

Yo he tenido dificultades parecidas a las que mencionaba Cronwell Jara ayer en el Tercer encuentro de narradores andinos. Yo me fui a estudiar literatura, y no se me ocurrió la posibilidad de hacer talleres de creación literaria, eso en Moscú se hacía, pero lo enseñaban en una escuela literaria muy especial y selectiva, en la que entraban personas con una carrera universitaria terminada, o personas que ya escribían. Entonces cuando empiezo a escribir de manera intuitiva, descuido mucho las técnicas de construcción del relato, del manejo del punto de vista, la construcción de los personas., y creo que eso se nota en los primeros libros que he publicado. Estoy satisfecho con ellos temáticamente, los tres primeros libros que giran en torno al tema de la violencia política y son en cierto modo, pioneros, junto con el de otros colegas escritores, que se publican en los años 87 y 88, en pleno auge del conflicto armado, Harta cerveza y harta bala (1987), La joven que subió al cielo (1988) y Como cuando estábamos vivos (1989), tres libros que los junté en un tomo titulado “Con los ojos siempre abiertos”, don están todos los cuentos, y ésta última novela corta, en torno al tema de la violencia, y la experiencia que me tocó vivir en Ayacucho siendo profesor de la Universidad San Cristóbal de Huamanga. Pero técnicamente, son textos que ahora los hubiera podido escribir mejor, de hecho, uno de ellos lo he reescrito La joven que subió al cielo (1988), porque en un afán de zanjar con Sendero Luminoso, no encontré mejor manera que poner discursos políticos en labios de los personajes. Y años después con la experiencia que ya gané como escritor, me di cuenta que eso mismo se podría hacer utilizando las propias herramientas de la ficción. Y es así como un par de años La joven que subió al cielo apareció una nueva versión en la editorial Norma, de la cual estoy muy satisfecho.

¿Volverías al tema de la violencia política?

No lo podría decir, para mí fue en algún modo una experiencia dolorosa trabajar ese tema, algo traumática, al igual que con la relación que padecía en esos momentos con la crítica, tanto academia y periodística. Había mucha incomprensión de la literaria en el momento en el que aparecía. Mis textos empezaron a ser valorados muchos años después de que terminó el problema de violencia en el Perú, más desde las ciencias sociales, y crítica literaria propiamente. Y por eso en realidad no sé si volveré al tema, es algo que todavía no puedo saber, tal vez se de la oportunidad y vuelva a trabajar el tema de la violencia, tal vez no, es algo que no puedo saber ahora.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Estoy trabajando bastante literatura infantil, acabo de terminar un pequeño cuento de un detective infantil, está por salir en estos meses; está también la continuación de Pepe, Pepo, Pipo, la historia de tres niños de la costa que viajan a la Sierra y descubren el mundo mágico de ese lugar, Pepe, Pepo, Pipo y la montaña de nieve resplandeciente. Y en mis novelas, estoy trabajando un policial sobre el tráfico de bienes Moches, en el que combino mi pasión de la historia con la temática del día de hoy. Y para más adelante me gustaría ficcionar algunos de los episodios de la vida del cronista Guamán Poma de Ayala. Por ahora esos son los planes que tengo.

 

Lima, 21 de octubre del 2012

Entrevista a Fredy Ortiz

Por: Fausto Barragán

La primera vez que vi tocar a Uchpa fue en el recordado programa de televisión Tv Rock, hace muchos años. Cuando los vi, no sabía bien qué pensar al comienzo. Me había acostumbrado tanto al rock importado (inglés), que escuchar la misma calidad, pero en otro idioma, me resultó sumamente extraño. Pero ello, no impidió que lo disfrutara de todas maneras. Y con el paso del tiempo, después de escuchar y ser testigo del ascenso de esta banda, encontrando su estilo, incorporando nuevos elementos, pero todo dentro de una propuesta ya trazada desde el comienzo, sumó de tal manera en mí, que puedo considerarme fan de Uchpa.

Es así que, hace un par de semanas, entrevisté al cantante de esta extraordinaria banda, aprovechando su estadía en Lima, el cual accedió gustosamente. En esta breve entrevista, Fredy Ortiz nos revelará muchas cosas antes no dichas, datos equivocados acerca de la banda, primicias, con la humildad y la escuela que lo caracteriza.

Entrevista a Pipe Villarán

Por: Fausto Barragán

A inicios de año, tuvimos la oportunidad de realizarle (con tiempo de anticipación) esta entrevista a uno de los músicos más reconocidos en el medio rockero peruano: Pipe Villarán. Ha participado en bandas como G3, en los extrañados Fuckin sombreros, sorprendiéndonos también en  proyectos personales como Long player, entre otras colaboraciones. 

En definitiva, con sus nuevos singles lanzados este año (Island on the second sun y Curtain call) , y el reencuentro de sus dos bandas (G3 y los Fuckin…), podemos decir con toda seguridad no solo que este es el año de Pipe Villarán, sino que musicalmente, dará mucho que hablar.

“La poesía de la pansensualidad”. Una entrevista con Julio Heredia

Por: Fausto Barragán

 

 

 

Recuerdo que hace meses tenía en mente entrevistar a uno de los miembros del grupo “Kloaka” que, a mi parecer, se diferencia notoriamente del resto. Julio Heredia (1959), poeta limeño quien hace sus primeras apariciones en 1982, con su poemario “El libro de los instintos”, con el que ganó el premio nacional José Gálvez Barrenechea, no ha cesado de sorprendernos con diversas entregas, a las cuales, curiosamente le anteceden la palabra “Libros”. Eso explica el proyecto estético que cuaja desde la década de los 80´s hasta la actualidad, un proyecto de continuidad que no implique una ruptura al final de cada poemario, sino más bien una pausa, un cambio de página, un capítulo más de su obra total. Más adelante publicaría “Libro de los muchachos chinos” (1989), texto que tiene como sustrato gran parte de su estadía en China, entre otros, cada uno de ellos, dialogando siempre entre sí. Es esta búsqueda estética de la esencia en su trabajo la que me permite hablar de él como un poeta, y me entusiasma el publicar al menos una parte, de la vida de este destacado poeta peruano.

 

¿Cuáles fueron los primeros libros que te motivaron a desarrollar el interés y la práctica literaria?

No tengo una memoria exacta de los títulos que haya podido leer en la adolescencia, lo que tengo es una noción bastante clara del clima que pudo haberme influenciado. Creo que ese clima influye y determina mi vocación literaria: los Barrios Altos, donde nací; un sector de Lima que tenía mucho de vestigio colonial y un color local criollo popular. Me parece que la decadencia de ese rincón de Lima no era aún patente, aunque ya había zonas, hacia el fondo, cerca del cementerio, con presencia delincuencial. Pero por lo menos el marco donde yo nací, alrededor de la Plaza Italia, siendo popular e incluso pobre, tenía todavía cierta pretensión de ciudad. Por momentos debo haberme sentido, curiosamente, en el Centro. Ese clima debe haberme hecho tomar conciencia, muy temprano, que continuaba una tradición cultural, y esa tradición era la llamada “criolla”, porque mis padres lo eran, y mis tíos, etc. De ello se desprende que la música criolla acompañó mis primeros años, aunque, irónicamente, de niño no me gustara, pero ya  adolescente me di cuenta que me sabía de memoria las letras de esos valses. En la universidad, me percaté que la gente de mi entorno, compañeros -poetas, profesores, gente generalmente mayor-  consumía este tipo de música, pero nunca acertaba tanto como yo con las letras. Cuando uno lee las estrofas de las canciones de Manuel Covarrubias, por ejemplo, o de Felipe Pinglo Alva, por supuesto, se encuentra con un sustrato literario bien interesante. Y eso, posiblemente, no porque fueran demasiado amantes de la literatura, sino porque entonces todavía la “Cultura” influenciaba a las capas populares, y como creo que ha dicho Borges, esas capas imitaban a la cultura “culta”. A veces son casi perfectos versos modernistas y no necesariamente románticos. Entonces mis primeras influencias son esas. Es por eso que varios de los epígrafes de mis poemarios están tomados de algunos valses de Lima.

 

¿Cómo crees que el panorama universitario dialogó con tu práctica de poeta, asumiendo que ingresaste a la universidad con un poemario bajo el brazo?

Bueno, ya he contado que el primer examen de ingreso, que me ilusionó mucho y  que estaba convencido de haber resuelto brillantemente, fue anulado al descubrirse un fraude. Logré ingresar a San Marcos después, pero casi de mala gana. Dentro, mi situación como estudiante fue ambigua y contradictoria. Por un lado estuve muy entusiasmado de encontrar profesores tan motivadores como Manuel Velázquez Rojas y Antonio Cornejo Polar y poetas tan  destacados como Washington Delgado y Francisco Bendezú (ahora me percato que en Literatura había en general un nivel muy alto) pero al mismo tiempo el clima político que había en San Marcos me desazonó. Yo era una persona muy tímida todavía y creo que por timidez me dejaba arrastrar por determinadas corrientes materialistas siendo que muy temprano me había convencido la democracia como sistema y ya desde adolescente mi temperamento me inducía más a la metafísica. Había un clima politizado al máximo, todo el mundo era no sólo de izquierda, sino fundamentalmente marxista y maoísta, es el caso de Roger Santiváñez y de Dalmacia Ruíz Rosas, que fueron mis primeros amigos en la Universidad. Yo era secretamente escéptico de la “revolución” armada, pero asistí algunas veces a “talleres” de adoctrinamiento. Me sentía obviamente muy del lado del pueblo, de lo popular, sentía que provenía de allí, y ansiaba una transformación en el Perú que impusiera la  justicia social en democracia. Parece que la “tercera vía” me había seducido.  San Marcos, efectivamente,  fue para mí muy motivadora desde el punto de vista literario, pero decepcionante en lo político.

Me parece que intuitivamente opté rápidamente por la libertad, es decir, preferí las opciones que consideraban al individuo y su complejidad. Quizá entonces no lo tenía muy claro, pero ahora me doy cuenta que era ya un librepensador. Tengo la convicción que el altruismo, la solidaridad, la fraternidad, el amor, sólo pueden surgir de un sujeto –el individuo? a quien se le acuerda valor absoluto. Ni siquiera la democracia puede imponerse a los pueblos bajo la coartada de su superioridad moral. Admito que es una postura más bien filosófica y que en la práctica induciría al relativismo o a la indulgencia respecto del Poder,  cualquiera que este fuere. Pero, en mi visión, tal postura debe acompañarse de una ética, y esa ética sostiene una acción crítica (y autocrítica) y contributiva. Más que al “compromiso” de que hablaba Sartre, lo que digo se emparenta a la noción del deber.

Creo que uno no solo siente sino también piensa según su temperamento, es por eso que una propuesta que se suponía revolucionaria y liberadora, como la marxista, como la comunista, a mi me aterró, y la percibí tan castradora como el catolicismo medieval. Para remate, poquísimo tiempo después, viví en carne propia la acción delirante de Sendero luminoso. Yo había comenzado a trabajar muy temprano en periodismo, después de trabajar en El Diario de Marka pasé a Caretas, entonces gente cercana, estudiantes de Letras como yo, dirigentes, en la Ciudad universitaria, comenzó a atacarme porque “me había vendido a la burguesía”, por escribir en Caretas. Incluso llegaron a agredirme físicamente. Algunos de los que ahora con ligereza me tildan de derechista, de fujimorista, o cosas por el estilo, podrían tomarse el tiempo de analizar las causas de mis posiciones actuales. Ya he contado alguna vez que comenzando nomás la década violenta de los 80, no solo me libré de lo de Uchuraccay, donde perdí a mis dos colegas entrañables de El Observador (Jorge Luis Mendívil y Willy Retto) sino también a mi compañero de carpeta de la Secundaria, y a mi mejor amigo de entonces, Miguel Portugal. Jamás he caído, sin embargo, en el macartismo ni en la delación. La gran mayoría de mis amigos sigue siendo de izquierda y yo comparto aún con ellos algunos sueños y combates. Y tengo siempre al cristianismo, al taoísmo y al budismo como mis grandes soportes ideológicos.

 

 ¿Recuerdas alguna relación con los de Hora Zero? Al ser ellos sus predecesores en cuanto a la propuesta poética iconoclasta, es seguro que la tuvieron. ¿Qué me puedes decir sobre ello?

Guardo mucho afecto por varios de los poetas de Hora Zero, por Jorge Pimentel, especialmente, y  por Juan Ramírez Ruiz, como ya te dije. A los dos nombrados y a Enrique Verástegui, me parece, debe corresponderles el título de renovadores del lenguaje de la poesía peruana de la segunda mitad del siglo XX, más que a los poetas mayores de la década del 60. Abundando en la respuesta que me pides, te contaré que Juan Ramírez Ruiz, desde que yo publiqué mis primeros poemas, trató de convencerme de que yo era “un grande”, es difícil decir esto ahora que ya está muerto y que no puede venir a desmentirme, pero te lo digo para que te hagas una idea de lo entrañable que puede ser para mí. De Verástegui guardo diálogos invalorables en mi etapa formativa en algún café o en su casa de entonces; es, sin duda, uno de los príncipes de nuestra poesía, así fuere sólo por su primer libro. Y está Eloy Jáuregui, brillante intelectual que ha sabido no salir del barrio, con quien comparto tantas cosas como es lógico, pues él sale de Surquillo y yo de los Barrios Altos. E incluso Tulio Mora tan gruñón ( o tan “niñín” como diría Vallejo) no me convoca sino admiración y respeto.

 

¿Cómo llegas al grupo literario Kloaka; cuál es el vínculo, el elemento en común que te permitió adherirte a ellos, y claro está, los comentarios que te deja?

Varias veces me han preguntado eso, y creo que nunca he respondido como te voy a responder ahora. Yo ingresé a Kloaka porque tuve un arrobamiento amoroso con alguien que ya integraba ese grupo. En el curso del  año el 82, creo, Roger Santiváñez, Edián Novoa, Mariela Dreyfus y Guillermo Gutiérrez habían creado Kloaka. Por entonces, yo había  decidido no pertenecer a ningún grupo. Había tenido una experiencia muy temprana, apenas ingresado a San Marcos, en el grupo llamado La sagrada familia, al cual me habían llevado  Roger Santiváñez y Dalmacia Ruiz Rosas. Era un grupo que pretendía emular a Hora Zero  pero al mismo tiempo diferenciarse. Entonces los de Hora Zero veían a los integrantes de La sagrada familia como “pitucos de izquierda”, en ese tiempo no se había acuñado el término “caviar” (risas). Estaban allí además de la pareja nombrada, Edgard O´hara, Guillermo Niño de Guzmán, Luis Alberto Castillo, Eleonora Falco, creo que Juan Luis Dammert, Luis Rebaza, Enrique Sánchez Hernani, luego se integró  Carlos López Degregory, y Óscar Malca y yo, que éramos los más jóvenes. Dentro ya del grupo, me pareció una cosa infructuosa, el escenario para la lucha entre los narcisismos más desenfrenados. Me salí un tanto decepcionado y al poco tiempo el grupo se deshizo. Ahora, que lo veo en retrospectiva, me parece que fue divertido e instructivo: nos juntábamos, hacíamos bohemia, me parece que el nivel intelectual y creativo de sus miembros era alto…bueno, disculpa la sinceridad: todo lo anterior a la década del 90 me parece más nutricio en comparación con lo que tenemos ahora. Luego, los de Hora Zero quisieron jalarme, e incluso un día en una borrachera dije: “me uno a ustedes”, o una cosa por el estilo. Y después publicaron un artículo en el Diario de Marka, histórico periódico de izquierda que existía en esa época, diciendo que yo me había incorporado a Hora Zero, con Roger Santiváñez, Dalmacia, entre otros, y yo lo desmentí. Desde entonces, creo, Tulio Mora, me tiene una gran bronca…quizá sea solo aparente, pues a pesar de las diferencias, yo siempre les he profesado una gran amistad y admiración, incluyendo a Juan Ramírez Ruiz que ya se había apartado del movimiento, y que fue mi gran amigo. Volviendo a Kloaka,  ya entrado el año 82, me reencuentro con Roger, me cuenta que han fundado un nuevo movimiento llamado “Kloaka”, y como siempre hubo mucho afecto entre nosotros, decido hacerles una entrevista para la revista Gente, donde yo trabajaba en ese momento. Fue una entrevista amplia. Proponían allí la “pansensualidad”,  y si alguna postura política quedaba clara, era la apuesta por la libertad amatoria y sexual. Se reivindicaba practicas marginalizadas o estigmatizadas socialmente. Eso me pareció valiente, útil, novedoso. Y terminé incorporándome a Kloaka donde además se encontraba el sujeto de mi amor (risas). Pero al poco tiempo se radicalizó la postura desde el lado marxista militante y, sobre todo, fue mal vista y condenada por Mariela Dreyfus, una de las fundadoras, la relación que mantuve con uno de los miembros del Grupo. Entonces, fue evidente para mí que ya nada tenía que hacer allí.

 

¿Cuánta presión o influencia representó la presencia de Sendero Luminoso en Kloaka y en ti?

Mientras yo estuve en Kloaka no hubo ninguna acción ni manifestación que fuera explícitamente pro-senderista o pro-subversiva. Creo que algunos de ellos se autoconferían una misión revolucionaria, pero eran cercanos a partidos legales. Yo, en tanto periodista, estuve tres veces en Ayacucho y esa experiencia fue para mí definitiva: Sendero era una deriva desquiciada y criminal.

 

Sobre algunas las influencias de poetas mayores ¿Qué te dejó Juan Gonzalo Rose?

Guauuu….ya no me queda aliento para responderte esa pregunta. La influencia que he recibió de él, más que literaria es de vida, me ha quedado su soplo agónico que contenía toda su vitalidad tormentosa y prodigiosa. Creo que he respondido antes esta pregunta. No me cabe duda que fue un ser tocado por la divinidad, una persona que vivía en olor de poesía. Tuvo la capacidad de asumir el dolor en clave de estoicismo. Juan Gonzalo muere, ahora me doy cuenta, joven, pues tenía 55 años, un poco mayor que yo ahora. Como se sabe muere, en mis brazos, de alcoholismo, atribulado por episodios depresivos, pero,  fundamentalmente, muere habitado por el alma de la poesía. Más poeta que él no he conocido.

 

Y en relación a tu estadía fuera de Perú ¿Cuánta influencia tuvo Pekín en tu poesía?

Es verdad que estuve asentado en Pekín,  pero es China, ese pueblo, esa cultura, los que me asaltan y penetran, me trituran. Es casi un continente, ¿no?, y lo estuve recorriendo de norte a sur y también a lo ancho en apenas dos años. China es la frontera entre el que fui y el que ahora soy. Me sirvió para descubrirme, lo que he intentado plasmar en el “Libro de los muchachos chinos” (1989) y para darme cuenta que las fronteras terrenas son tan artificiosas como inexpugnables.

 

Y para terminar ¿Qué opinas de la producción artística, específicamente literaria, de los jóvenes actualmente en Lima?

Quizá sea un poco impúdico confesar que el periodo depresivo por el que estuve atravesando, me hizo perder contacto con el mundo artístico y literario, pues  me acostumbré a recorrer esos universos en una compañía que ya no está. Últimamente, gracias al programa que tengo en Radio Capital, he conocido y descubierto a algunos jóvenes escritores, hombres y mujeres, y, como es previsible, me percato que hay de todo. En general, me parece que hay inventiva e imaginación pero quizá se haya perdido la formación humanística y el rigor con que se trabajaba la palabra, la escritura, hasta mi Generación. Soy sincero, eso me parece lamentable. A veces tengo la impresión que los jóvenes creadores, tanto narradores como versificadores, están más ocupados en aparecer y en afinar sus itinerarios de viaje con destino a encuentros y festivales nacionales e internacionales, que en resolver el dilema de conciencia que supone agregarle un objeto estético a lo existente, conocerse, y publicar un libro.

 

Entrevista a Roger Santivañez

Por: Shéridan Medina Cabrera

A fines del año pasado, tuve la oportunidad de contactarme con uno de los miembros fundadores de “Kloaka”, grupo poético más incendiario de la década de los 80´s: Roger Santivañez. Tenía tiempo ya investigando acerca del grupo y sobre el autor en cuestión: poemarios, manifiestos, entrevistas y demás archivos que pasaron por mis manos. Así que, luego de algunas conversaciones, me sorprendió su entusiasmo al acceder a responder mis inquietudes, haciendo posible la realización de lo que más adelante se convertiría en esta entrevista. Él accedió de la mejor manera, haciéndose un espacio entre sus labores académicas para responder y entregarme el texto que a continuación veremos. No me queda más que darle nuevamente las gracias, por la entrevista, por las charlas, los datos, la bibliografía, por los consejos, y sobre todo, por la atención y la estima que me ha demostrado. Roger Santivañez tiene años publicando poesía de la mejor calidad, entre las que destacan: Antes de la muerte (1979) Homenaje para iniciados (1984) El chico que se declaraba con la mirada (1988) Symbol (1991) CorCordium (1995) Santa María (2001) Eucaristía (2004).

1) ¿Cuál fue su primer contacto con la poesía, lo recuerda? Digamos que, ¿hubo algún poeta  cuya lectura significó el nacimiento de su práctica literaria? 

Mi primer contacto con la poesía ocurrió a muy temprana edad. Estaba yo de vacaciones en Lima (vivíamos en Piura) en el verano de 1964 y un buen día escribí una suerte de poemas –en realidad juegos de palabras y ritmos- influenciado por la música rock que oía a través de mis hermanos mayores. Yo tenía siete años aquel verano que contempló mi nacimiento a la poesía, pero aún no poseía alguna idea de ella: fue un arranque solitario y personal, un impulso espontáneo que pasó como el fuego del estío. Muchos años después –en la pubertad- un mediodía piurano hacia 1969 o 1970 mi padre trajo a la casa una grabadora de caset (una novedad a la sazón) y para probarla se puso a leer en voz alta unos poemas de García Lorca que él amaba. Escuchar a mi papá leyendo al gran Federico me produjo una conmoción de la que todavía no me repongo. Pero ahí quedó la cosa. En 1971 estando en cuarto de secundaria –sin saber porqué- de súbito empecé a componer versos y entonces me animé a leer la famosa edición de Moncloa (1968) de la obra poética de Vallejo que mi papá tenía en la biblioteca de mi casa y entonces experimenté la hecatombe. Allí empezó –o prosiguió mejor dicho- todo.

2) Años después decide viajar a lima, ¿“Hora Zero” significó el primer paso “serio” como poeta?

Empecé a mudarme a Lima en el verano de 1974.  Hora Zero en ese momento era para mí la imagen de la rebelión en poesía, pero yo no conocía todavía a nadie del grupo, sólo había leído la antología Estos 13 y los primeros libros de Pimentel, Ramírez Ruíz y Verástegui. Hora Zero existía desde enero de 1970 –cuando yo entraba a tercero de secundaria en Piura- y no estaba en la poesía todavía. Me enteré de la existencia de HZ a través de ‘Estos 13’ libro que me compré en la librería Studium de Piura en el verano de 1973. En Julio de 1973 viajé a Lima en las vacaciones de Julio y allí consegui Los Nuevos la antología de la generación del 60 que me marcó muchísimo tambien. Y Vuelta a la otra margen otra antología de poesía peruana moderna que fue decisiva para mí. De modo que HZ -en ese momento- no fue ningún paso serio como poeta ya que aún no los conocía; sólo los admiraba como lector.

 

3) Qué significó “La sagrada Familia” ¿Por qué y cómo concluyo?

La Sagrada Familia (que fundé con Edgar O’hara e invitamos a Enrique Sánchez Hernani, Luis Alberto Castillo,  Willy Niño de Guzmán y Mito Tumi que se abrió antes de iniciar el camino) fue mi primer grupo literario constituído como tal. Antes de ésto yo estuve en el grupo que editaba la revista AUKI (1975-76 con Luis La Hoz y Armando Arteaga) y en el que publicaba la revistaEscritura (Mito Tumi y Lucho Castillo) pero no eran grupos propiamente dichos, sino colleras que sacaban revistas. En esta época es que conocí a los que luego –en 1977- serían mis compañeros en ‘La Sagrada Familia’. Este colectivo significó en su fundación el agrupamiento de los más jóevenes poetas de Lima en ese instante.También estábamos un poco cansados del prosaísmo y cierto descuido formal que veíamos en las secuelas del lenguaje de HZ. Nosotros buscábamos un trabajo más cuidadoso de la forma. Esto fue lo que nos unió al comienzo. Después vino el paro nacional del 19 de Julio de 1977 y la crisis política tremenda que se suscitó a la caída del reformismo del general Velasco. En ese momento los poetas jóvenes nos politizamos muy fuertemente. Y se produjo una intensa discusión en el grupo. Todos eramos marxistas. Pero de diferentes tendencias del marxismo. Yo personalmente había asumido el maoísmo y no me sentía cómodo en el grupo, de modo que lo critiqué abiertamente y eso produjo un cisma. La solución final fue el acuerdo común de dissolver el grupo. Y asi fue en abril de 1979. También fueron de La Sagrada Familia Dalmacia Ruíz- Rosas, Marisol Bello, Luis Rebaza, Guillermo Saravia, Ernesto Mora, Luis Angulo, Eleonora Falco, Oscar Malca y Julio Heredia.

4) ¿Cómo inicio “kloaka”?  Fue una urgencia del momento o un proyecto ya cuajado.

Kloaka vino mucho después. Luego de la disolución de la LSF pasé un tiempo solitario dedicado a preparar mi primer cuaderno ‘Antes de la muerte’  que salió publicado en diciembre de 1979. En 1980 hubo un intento de agrupar a todos los escritores y artistas de izquierda en Lima. Eso se iba a llamar ‘La Unión Libre’. Pero jamás cuajó. En las reuniones de ‘La Unión Libre’ trabé amistad muy cercana  (aunque ya lo había conocido unos años antes) con Jorge Pimentel, quien m - e invitó a intregrarme a HZ, cosa que hice en diciembre de 1980. Milité allí hasta abril de 1982, cuando me reunía con José Mazzotti, Dalmacia Ruiz-Rosas, Rafael Dávila-Franco y Mariela Dreyfus para organizar un nuevo movimiento literario. Este intento no funcionó. Y así fue como un dia de agosto de 1982 me encontré de casualidad con Mariela Dreyfus en el restaurant Wony del centro de Lima y decidimos fundar el Movimiento Kloaka. Fue una urgencia del momento. Nos parecía que  la sociedad peruana era una cloaca. Pore so tomamos ese nombre (y para significar la ciudad también) pero con las letras K en una onda de vanguardia. Queríamos reivindicar todo lo subterraneo –eramosunderground– estábamos influidos por los beatniks, por el movimiento hippie, y por todas las vanguardias que en el mundo han sido, principalmente DADA y el surreealismo. Representábamos la Contracultura en el Perú de esos días. No, no fue un proyecto cuajado, fue una creación espontánea motivada por la necesidad de expresarnos frente a todo lo que sucedía en nuestro país –empezando por la guerra de Sendero que acababa de inciarse-  así como el narcotráfico copando las esferas del poder y el gobierno “democrático” de Belaúnde que no hacía nada por resolver los graves problemas del pueblo peruano, sino que profundizaba la crisis llevándolo a extremos de miseria y desesperación. Kloaka quería responder –desde la poesía- a toda esta terrible y dramática realidad. Integraron también el MK: Domingo de Ramos, José Alberto Velarde, Mary Soto, Guillermo Gutiérrez, Julio Heredia, el narrador Edián Novoa y el pintor Enrique Polanco. Participaron como alidos principales José Antonio Mazzotti, Dalmacia Ruíz- Rosas y en su onda expansiva Rodrigo Quijano, Rafael Dávila-Franco, Frido Martin, Bruno Mendizábal y el pintor Fernando Bryce. Piero Bustos y sus bandas de rock-fusión Delpueblo y Delpueblo & Delbarrio, así como los proto-subtes Kilowatt y el grupo Medias sucias,  estuvieron muy cerca del Movimiento Kloaka.

5)¿Tenían algún sustento teórico, algún texto fundacional por así decirlo?

Nuestro sustento teórico eran las lecturas colectivas que realizábamos. Entre las obras fundamentales:  Gramática de la vida del antisiquiatra David Cooper,  Manifiestos del Surrealismo de Andre Bretón,  Aullido de Allen Gisnberg, Una estación en el infierno de Rimbaud, El Matrimionio del cielo y el infierno de Blake, Obra Negra de Gonzalo Arango, Trópico de Cáncer de Henry Miller, El Caos de Pier Paolo Passollini, Visiones de Cody de Kerouac, Vox Horrísona de Luis Hernández, The Wall la película basada en la música de Pynk Floyd, los  poemas de María Emilia Cornejo, Hotel del Cuzo y otras provinciaas del Perú de Pablo Guevara. Estos títulos son los que mi memoria rescata en este instante.

6) ¿Define a “kloaka” como un grupo anarquista?

Efectívamente el Movimiento Kloaka fue un colectivo de ideología anarquista. Bandera negra totalmente. Nosotros negamos esta sociedad, queríamos fundar una nueva, sin estado, sin patria, sin propiedad privada, donde primara la libertad humana y la propiedad colectiva.

7)Cuáles son las semejanzas y diferencia con “Hora zero”,  grupo con el que muchos asocian a “kloaka” como continuadores?

No fuimos continuadores de HZ. Kloaka tuvo su propio e independiente proceso de gestación y de actuación. Obviamente HZ estuvo antes en la cronología histórica y fue una inspiración para nosotros, pero no somos su continuación. Kloaka brotó de una nueva realidad en los 80s que no tenia nada que ver con las condiciones  de los 70s que es de donde nace HZ. Kloaka surge de las condiciones de los 80s: el surgimiento de la guerra de Sendero, la corrupción del narcotráfico a nivel de toda la sociedad incluyendo las esferas del poder, el altísmo nivel de miseria a la que se llegaba por vez primera en el Perú de Belaúnde en los 80s, la aparición del movimiento punk en el mundo, la propagación de la chicha –música y cultura-  en el Perú. Todo ésto no existía cuando surge HZ en 1970. HZ es producto de otra época: la de las condiciones que llevaron a la toma del poder por Velasco Alvarado en 1968. Además y haciendo un símil: HZ intentó lanzar pedradas al edificio de la poesía peruana; mientras Kloaka se propuso dinamitar ese edificio, hacerlo volar en mil pedazos.

 

8) Muchos jóvenes se sienten identificados con “kloaka” por el espíritu idealista y rebelde, por el activismo y la postura guerrera que tuvieron en su momento, pero más allá de la “anti-pose” o la llamada pose de odio ante la sociedad que tuvieron , ¿cuál fue el común denominador que permitió el nacimiento y la breve vida del grupo?

El común denominador era el odio que sentíamos contra una sociedad tan injusta y salvaje como la sociedad burguesa del Perú. No podíamos quedarnos callados, teníamos que gritar nuestro rechazo a un mundo degradado, opresor, antihumano. Esa fue la razón del activismo del Movimiento Kloaka y la base de su propuesta artístico-literaria. En el último tramo de la existencia del colectivo nos declaramos una conciencia vigilante de la sociedad y planteábamos un radiante utopismo hacia la anarquía creadora.

 

9) Tengo entendido que en un primer momento apoyaron la revolución, sin embargo nunca se suscribieron a ningún partido, hablo en particular del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso. ¿Cual fue la posición del grupo y la suya especialmente sobre este grupo maoísta?

 El Movimiento Kloaka simpatizó con la Revolución pero lo hacíamos desde nuestrro anarquista punto de vista. Yo –en lo personal- estaba hastiado y dececionado tanto de la derecha como de la izquierda. Jamas estuvimos suscritos ni adherimos a ningún partido politico. No existe ningún documento  en el que Kloaka manifieste su filiación a nada ni a nadie. Kloaka fue un movimiento artístico de neovanguardia autónomo y absolutamente independiente. Mi posición personal sobre Sendero Luminoso fue la de un observador conciente de lo que estaba ocurriendo.

 

10)  Qué tan importante fue contar con los “aliados principales”.

 Los aliados principales (José Antonio Mazzotti y Dalmacia Ruíz- Rosas) se plegaron en la parte final de la historia del Movimiento. Fueron muy importantes porque –en la práctica- actuaron como militantes de Kloaka.

 

11)  Como miembro fundador del grupo, ¿cree que “Kloaka” llegó a definir su propia poética? Y si lo hizo, qué nos puede comentar sobre ella.

 La poética común de Kloaka fue  un pensamiento y sentimiento anárquicos compartidos, y en el plano del lenguaje la propuesta de trabajar con el habla de las calles, la expresión cotidiana de las sencillas gentes. Estaríamos cerca de un expresionismo urbano en el ámbito hegemónico de la poesía conversacional –modo y estilo que primaba cuando nuestra generación nació a la poesía- en una continuidad de ruptura que venía desde la Antipoesía de Nicanor Parra y el Exteriorismo de Ernesto Cardenal en los 1950s y la obra de los poetas peruanos de la generación del 60 y del 70. Sin embargo en Kloaka habían otras fuentes, como el surrealismo en Guillermo Gutiérrez o en Frido Martín (muy cercano al colectivo).  En la pintura de Polanco el expresionismo es clave y un color distinto, creativo, cerca de lo que se ha dado en llamarchicha en el Perú. A propósito de ésto, de hecho la banda Durazno Sangrando(Quijano, Bryce, Susti, Brodiano) que participó en los recitales de Kloaka hacía un pionero chicha-rock.

 

 12)  Cómo llega a su fin “kloaka” ¿Cuáles fueron los factores?

 Kloaka llegó a su fín por un proceso natural de desgaste, como sucede en casi todas las agrupaciones poéticas.  Después de un tiempo los miembros desean seguir su propio camino individual.  La poesía es un acto solitario. Kloaka se diluyó lentamente en el panorama, para que cada uno de sus integrantes desarrollara su obra. Y tras 30 años que han pasado vemos que cada quien construyó lo suyo, pero que –de todos modos- la experiencia del Movimiento es inolvidable.

13)  ¿Qué fue lo que significó para usted “kloaka”, y de alguna manera, viéndolo en retrospectiva, 30 años después, qué sentimientos le deja?

 Kloaka significó para mí la rebeldía que bullía en nuestros corazones. Un movimiento de neovanguardia artística que representara a nuestra generación: la de los 1980s. En lo personal fue el logro de la organización de un nuevo movimiento que cuestionara todas las bases de un sistema injusto e irracional con el que no estábamos de acuerdo. 30 años después su recuerdo me deja muy satisfecho porque nosotros fuimos consecuentes con lo que pensábamos y sentíamos. Y nos entregamos a eso. Me deja un sentimiento de alegría porque estoy seguro que teníamos razón. Y porque la obra de la mayoría de los integrantes de Kloaka es hoy por hoy un referente insoslayable del arte y la poesía peruanos contemporáneos.

 

14)  ¿Hubo la tentativa de algún proyecto “post-Kloaka”, que intentara expresar esta actitud rebelde ante el descontento social y literario?

 Existió un rebrote denominado Kloaka Internacional en 1986 liderado por el poeta José Alberto Velarde en Paris. Allí se editó un vocero y tambien una plaquette de Domingo de Ramos así como el libro Aproximación a S. Colonia & otros poemas  de Rodrigo Quijano. Posteriormente y en lo que podriamos llamar un espíritu del Movimiento, con el poeta César Angeles creamos el sello The-Posición en el que participó –de alguna manera- el taller de artistas plásticos NN a fines de los 80s y princiopios de los 90s. El evento Thanatos go home de donde nació el Comité Killka en el primer tramo de los 90s –en cierto modo- también recogió la memoria viva de Kloaka.

 

15)  Curiosa la experiencia de la lima en los 80´s, la asumen como un lugar que odian pero que no dejan de hacerla tema recurrente y hasta obsesivo en su literatura. Particularmente Roger, tomas bastante de la Piura natal para escapar de la Lima de “kloaka”, ¿cómo se da el tránsito entre la Piura de tu adolescencia y la Lima de tu juventud?

 El tránsito entre mi natal Piura y la Lima de la juventud fue un proceso que lo viví intensamente. O sea, Lima era un monstruo para mí viniendo de una ciudad chiquita. Sinceramente me fascinó Lima y durante un buen tiempo me dediqué a recorrerla lateando para inmiscuirme en ella y conocerla a fondo. Y cuando trabajé en la revisra OIGA pude conocer prácticamente todos los barrios y distritos de la gran Lima en misión periodística. De hecho Kloaka es Lima. La ciudad tentacular, violenta y salvaje que devora a sus hijos. Es verdad que –en cierto modo- Piura en mi poesía (o mejor dicho la memoria de Piura que yo llevo en el alma) es una vía para escaper del mundo y permanecer un tiempo en la región del paraíso. Para nadie es un sectreto que la infancia y la adolescencia son los edenes del recuerdo del ser humano. Y Lima fue para mí –en una época muy dura- una suerte de infierno, pero también fue la experiencia del amor y la belleza.  Buena parte de mi poesía tiene que ver con la ciudad de Lima, o con el habla de la gente en las esquinas de ella –por ejemplo después de la medianoche- como ocurre en mi libro Symbol.

16)  Cómo fue la relación con la música y el cine, pues vemos que mucha de su poesía hace alusión a estos elementos como referentes.

 La música y el cine –las artes en general- siempre han sido elementos fundamentales de mi visión poética del mundo. De hecho yo hice teatro en la secundaria en Piura y soñé con hacer películas ya que durante mucho tiempo y hasta hoy he sido cinéfilo. En los 70s era fanático de Hablemos de cine revista de nivel mundial (y no exagero) que se publicaba en Lima en esa época. El llamado cine de autor – la nueva ola francesa, el free cinema inglés, la escuela de Nueva York, el nuevo cine latinoamericano de los 60s/70s, el neorrealismo italiano- tuvieron una gran influencia en nuestra generación. Lo mismo que el rock, desde sus orígenes con Elvis, los Beatles, los Rolling, y todo el movimiento hippie-psicodélico de 1967-1973 desde San Francisco hasta Lima, marcó nuestra sensibilidad poética con indeleble huella. Y tambien el punk-rock de 1977.

17)  Hoy, qué espera Roger Santivañez de la poesía. ¿Cual es el próximo paso?

 Lo espero todo y nada de la poesía. Es decir, uno no puede esperar nada de ella, e igualmente en la poesía ponemos toda nuestra esperanza. Sino no escribiríamos. Pero la poesía es libre, como el viento que pasa por las calles o por las playas y nadie sabe nada de ella. El próximo paso –naturalmente- es componer el siguiente poema.

 Orillas del río Copper, praderas de New Jersey Sur, febrero 2012.

 

Entrevista a Carlos Calderón Fajardo

Por: Fausto Barragán

La presencia del escritor peruano Carlos Calderón Fajardo se ha estado y está dándose a conocer cada vez más, ya sea en reseñas, entrevistas filmadas, presentaciones de libros, etc.; es un novelista que definitivamente se muestra reacio a la atención pública, pero siempre sin caer en el anonimato. Sociólogo de profesión, nos ofrece una propuesta narrativa sumamente interesante, que no se presenta sólo en secuelas novelísticas, sino en una reflexión “del carácter ficcional” dentro de las mismas. En esta oportunidad me complace presentar la breve entrevista realizada en circunstancias poco convencionales, lo cual no le quita el carácter de interés y sobretodo -de nuestra parte-, de profundo agradecimiento por su colaboración. El tema que motivó esta elocuente entrevista no es otro que el simple afán de saber “por sus propias palabras”, cuál es su condición como novelista en la actualidad, el repaso de su obra, los influjos que la condicionaron, y en especial, un comentario sobre algunos rasgos de su novela La noche Humana.

1) ¿Cuáles son los primeros contactos culturales que te inclinan, o de alguna manera te orientan como escritor?

Creo que a partir de los años 50 en el Perú las geografías se mueven. Yo, desde niño, estuve expuesto a las nuevas coordenadas culturales, sobre todo bajo la influencia del cine. Es el cine es el que nos abre al mundo a formas diferentes de percepción de la realidad, y del imaginario que reinventa literariamente esta realidad. Otro elemento que es  fundamental para los escritores latinoamericanos, y peruanos del 60 y el 70, es que vivimos y escribimos junto a la narrativa del boom,  que reactualiza a Carpentier, Rulfo, Sábato, Borges y Onetti. Es leyendo a estos escritores, a Cortázar, García Márquez, Fuentes, Donoso y Vargas Llosa, que son nuestros modelos, esto nos condiciona para acometer una literatura muy moderna, que ya no es la del realismo mimético, o la del costumbrismo.

 2) ¿Carlos Calderón Fajardo se considera un escritor profesional? Y si lo hacen ¿cuáles son los elementos que lo definen como tal?

No, qué va. Me considero un artesano. No sólo no vivo de lo que escribo, sino que publico en editoriales peruanas alternativas, para un público sobre todo joven que solicita de mí libertad para imaginar y para escribir. El escritor profesional se ve requerido por otras exigencias. Creo que ese público que es para quienes escribo me pide que me reinvente en cada libro que escribo, y que no caiga en modelos narrativos comerciales. Siento que de hacerlo traicionaría a mis lectores.

3) ¿Con respecto a la sociología que podrías identificar dentro de tu profesión que le sirva a tu narrativa?

 Sociología y literatura son dos caminos radicalmente distintos para llegar a un mismo lugar. Hay gente cree que hace buena literatura cuando lo que hace es sociología. Haber estudiado sociología me sirvió para no hacer sociología cuando escribo.

 4) ¿Existe un proyecto narrativo dentro de la obra de Carlos Calderón Fajardo?

 Cuando escribo no lo hago con un proyecto, me dejo llevar por una historia que imagino de manera irracional. Después reflexiono sobre lo que he escrito, incluso años después de publicado un libro. Creo que lo que a mí me interesó siempre fue imaginar una historia y contarla. Y siempre me preocupó implícitamente, sin pensarlo racionalmente, una ética de la imaginación. La ética surge como insatisfacción ante lo que existe. Una ética de la imaginación, en el sentido de que el valor ético fundamental para un narrador es escribir bien y al servicio de lo que es bueno para la literatura: la absoluta libertad para imaginar una historia en tanto ficción literaria.

 5) Tengo entendido que fuiste uno de los primeros en escribir en el Perú artículos sobre la post-modernidad. ¿Te consideras un escritor post-moderno? Y si es así ¿podrías dar algunos rasgos que podrían evidenciarlo?

 Te felicito por esa pregunta. Ese dato siempre estuvo ahí, y eres la primera persona que te das cuenta de eso. Si, así es, en los 80 junto con otros como José Ignacio López Soria, fuimos de los primeros en escribir sobre la Postmodernidad. En la revista Apertura escribí el primer artículo largo en el Perú sobre el tema, más de 40 páginas: “¿Qué es la post-modernidad?”. Mis aportes en ese tema fueron de alguna manera reconocidos, participé por ejemplo en el gran evento “Modernidad en los Andes” que reunió a intelectuales reconocidos en el campo de la filosofía y la sociología y escribí muchos artículos en periódicos y revistas sobre el particular. Indudablemente que mis obras narrativas posteriores al año 2000 tienen mucho de esta reflexión sobre el debate Moderno-Postmoderno, y son consecuencia, en parte, de estas preocupaciones mías de los 90. Creo que mi trilogía novelesca sobre Sarah Ellen es donde se ve más claramente una opción literaria post-moderna.

6) Muchos escritores se consideran libres, que su obra no encaja con ningún género literario, sea por su temática o la originalidad del andamiaje narrativo que exponen. ¿Consideras que tu obra puede encajar en un género o tendencia específica?

 Esa característica de mi obra ha sido frecuentemente mencionada: que incursiono en diferentes géneros narrativos. Tampoco lo he hecho conscientemente. Las historias que escribo son las que deciden en qué genero quieres ser contadas. En todo caso, siempre he buscado no repetirme. En cada libro, que escribo y publico, busco no repetirme. Me gusta que cada nueva obra sea una aventura artística y una propuesta nueva. Cada género brinda posibilidades que no se pueden lograr de otra forma. Hay cosas que se pueden decir solo en un género y en ningún otro.

 7) Ahora, con respecto a una de tus novelas en especial La noche humana, en lo personal me agrado mucho no sólo la historia, sino el juego cíclico meta-ficcional, que se elabora, claro, y los personajes Helba Huara, Gonzalo More y Anaïs Nin, y sobre todo la enigmática Milú. ¿Consideras a La noche humana una novela histórica?

“La noche humana” es una novela para mi entrañable. Es autobiográfica. No creo que sea una novela histórica porque para que sea una novela de este tipo tiene que estar presentes acontecimientos históricos considerados  por la historia pero de una manera novelesca que la historia no se permite. Esta una historia de peruanos en Paris desde los 30 hasta los 80. Yo conocí personalmente, muy joven, a Helba Huara, leer los Diarios de Anaïs Nin y encontrarla en esas páginas, fue el detonante para el nacimiento de la novela. Gonzalo More es quizás uno de los peruanos más novelescos que hayan existido: esposo de Helba Huara, amante de Anaïs Nin, luminotécnico de Artaud, amigo íntimo de Vallejo y de Henry Miller, militante comunista, amigo de Aragón y de Picasso, modelo de la novela de Lawrence Durrell, El cuaderno negro. Sucumbí a un personaje tan novelesco. El poeta Enrique Peña me contó en Paris sobre Milú, el personaje que es el eje de la novela.

 9) Amador R,  este personaje de La noche humana, sobre el que dices en la contracara del libro, se trata del poeta Armando Rojas, ¿Cuáles son los límites entre la persona y el personaje?

Armando Rojas y yo fuimos amigos íntimos en el Paris de los 70. Pero en esta novela representa lo que está en el centro de lo que intento decir. La vida que se vive en compañía de la muerte. Es el caso de Vallejo, de Ribeyro, personajes también de esta novela, que vivían sabiendo que se estaban muriendo. Armando sufría de un cáncer al cerebro que lo iba a matar en cualquier momento. Nadie más que yo en Paris lo sabía. Cómo es vivir la vida en esa tensión tan humana es lo que intenté también expresar en esta novela. Seres humanos vestidos de muerte. Peruanos que vivieron muriéndose en Paris.