La La Lamento esa entrada

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Originalmente había elaborado un texto, en plena proyección en el cine, sobre la nueva entrega del galardonado Damien Chazelle, La La Land (2016); sin embargo, por motivo de las vicisitudes que definen mis últimos días, no pude concretar su publicación. Por ello, en breves palabras, y con la prisa de la ya empezada premiación de los Oscar, las presentaré a continuación. En primer lugar, sentí una película dispersa, que intentaba asirse de todo, incluyendo “tributos” a clásicos del cine y varias tomas de otras películas menos reconocidas por la masa, pero que no concretaba ni definía su intención. En segundo lugar, el casting no me pareció el más atinado, es decir, para mí, Ryan Gosling no canta ni en la ducha, mejor cantó Russell Crowe en Los Miserables, y se les ocurre que aparezca como protagonista de un “musical”, musical que, dicho sea de paso, a media película se le olvidó que era musical, para dejarse llevar por un drama que, lejos de todo pronóstico, volvió a conectarse con el ambiente musical al final. Con ello no estoy descalificando a Gosling como actor, pues no solo en Drive, sino en varios films ha demostrado ser un actor destacado dentro de toda la fauna que se podría llamar su “generación” en estos años. Por último, temáticamente, esa historia pasó como si nada, sosa, inflada, impostada e inverosímil; de repente los apuntes sobre jazz serían lo único que rescate de ella, pero nada más. En conclusión, lejos de la notable Wiplash (2014), desconozco en esta nueva película a ese director que me suspendió de un hilo durante más de una hora pegado a la pantalla, rendido a una propuesta que, en lo personal, no había visto. Ahora, en cambio, me topo con la sorpresa, por muchos de los comentarios que he escuchado sobre la película, de que con este texto estoy despotricando de la mejor película de todos los años. Sí, así de jodido estamos, señores.

 

Cuando la Bruja de Blair se convirtió en Jason

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Este es otro ejemplo de la irresponsabilidad y falta de imaginación de los cineastas gringos contemporáneos. Es que no pudieron hacerlo mejor, y vaya que se empiezan a esforzar por arruinar los pocos bastiones en la cinematografía de terror que ellos mismos erigieron. Este remake no estuvo a la altura de su predecesora noventera que marcó un antes y un después en el terror documental en primera persona, sino que logró atravesar con facilidad la frontera entre la realidad y la ficción. Sin embargo, esta última destaca por la notoria ausencia de norte, reciclaje de pobres fórmulas del cine de terror actual, y un cúmulo de malas decisiones en la manipulación de la historia original que, si por alguna razón no llegaste a verla, descuida, no te pierdes de nada.

Blair Witch

2016

De Cuba con amor

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Sutil y apasionado repaso por la escena musical cubana y norteamericana de mediados del siglo XX. El encuentro azaroso de un pianista y una cantante, ambos sumidos en la vida popular de Cuba, conducirá toda la trama. Asimismo, relata los acontecimientos históricos que no solo definieron el destino de un país, sino que sentenciaron la vida de dos almas que nos recuerda el rostro inmarcesible del amor, a pesar del inexorable paso de los años. Más que seguro el disfrute de esta película; no se arrepentirán.

Chico y Rita

(2010)

Mal día…

Afrontar al mundo día a día probablemente nos resulte un tema agobiante. Las amistades plásticas que estamos forzados a establecer, o en todo caso, mantener, terminan por agotar nuestra paciencia. La actividad diaria, llámese “rutina”, o el proyecto mayor de estabilidad y tranquilidad social llamado “status quo”, nos arroja combustible y esperamos no toparnos con alguna chispa en lo que va del día, aunque en ocasiones quedamos proclives a ello. Por otro lado, podemos ser víctimas de los mismos arrebatos de insatisfacción sin experimentar las mismas “¿causas?”; simplemente por todo lo contrario. La soledad, el ostracismo y el abandono juegan el mismo papel dentro de este esquema, aunque, me atrevería a decir, contienen una carga nociva adicional. De esa manera, si alguna vez sienten el cosquilleo estresante de ser un “ciudadano”, aprovechen en dar un paseo en la soledad de la noche; sin preguntas, sin respuestas, solo contemplen la naturaleza abstrusa de la noche.

Textura Artefacto

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Justo ayer, mientras iba al trabajo, escuchaba en el carro la canción “La ciudad de la furia” de Soda Stereo. Hace tiempo que no lo hacía. Pero solo bastó que el conductor la dejara sonar completa, para darme cuenta del porqué Soda Stereo seguirá siendo una de mis bandas favoritas. Ese ritmo, esa oscuridad, esa solemnidad de la voz; “me dejarás dormir al amanecer… entre tus piernas”. Escuchar esa parte me transportó de inmediato a mis años universitarios, y hacia algunas cosas más. Y hoy, yendo nuevamente al trabajo, en la mañana, me asaltó un terrible sentimiento sobre la muerte, sobre la mía (quizás), no lo sé; una profunda pena, un extrañamiento de mí mismo; indescriptible. Pero ahora es que lo entiendo. Mientras almorzaba, recibí un mensaje en el cual se me avisó esta extraña noticia: “Cerati murió”. No supe cómo tomarlo. Sé que nunca lo conocí, además, soy consciente de mi rotunda oposición contra los que lloran a los artistas de forma dramática, sin haberlos conocido personalmente, pero creo que esta vez, me tocará morderme la lengua. Cambiarán mis madrugadas con Bocada, Amor amarillo, Río Babel, Perdonar es divino, Luna roja, En remolinos. Cambiará. Con esta pérdida, estos días quedarán empañados por una indescriptible pena, silenciosa, oscura, personal. Es más que un artista, es más que un poster, es más que unas frases que seguro inundarán el facebook en estos días, es más que la promesa, aquella que nos hizo a todos nosotros, en la que creía, !carajo, sí que la creía! que decía “me verás volver…” pues, señores, yo esperaba, en lo más profundo de mí, verlo volver. Probablemente fue lo mejor dentro de toda esta agonía que resultó ser su dramática desaparición de los escenarios. Probablemente. Tu oscuridad me guió, gracias por eso. No solo por estar a mi lado todos estos años, sino por todo lo demás.

 

TEXTURA  ARTEFACTO

 

La crisis de la old escul

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Seré honesto, este post, debí hacerlo hace mucho; es probable que se remonte a la creación del mismo blog.

Empecemos con la siguiente pregunta: ¿cuál es mi película de ganster favorita? Partiendo de ello, un gran número de valiosos ejemplares me asaltaron, disputándose el primer lugar. Títulos tan buenos que considero una terrible falta de respeto dejarlos de lado. Pero, qué puedo hacer, es así. La película que me tocó elegir como la mejor, repito, para mi gusto, fue Carlito´s way (1993) de Brian De Palma. No me gusta el título en español, Atrapado por su pasado, porque considero que boicotea el espectro de la trama. En cambio Carlito´s way, el estilo de Carlito, la manera de Carlito, o por último, el camino de Carlito, !Vaya! Es otra cosa. Me gustó esta película por varias razones. En breve, intentaré precisarlas.

Carlito´s way me destruye desde el arranque, porque maneja de forma  lúcida el enfrentamiento entre el pasado y el presente. Un tipo (Carlito Brigante), antiguo ganster, sale de prisión luego de cinco años, buscando sus despojos para tomar una nueva vida. No pretendo contarles la película, pero, vamos, saben que eso, viniendo de un ganster, es casi imposible. Este pasado lo mantiene atado a una idea sólida de la calle (pre-encarcelamiento), que contrasta una vez libre, con ese nuevo barrio, que por más que sea el mismo, le resulta nuevo, a medida transite por él. Ese pasado, es el primer punto a favor, pues, el hecho de que condicione sus actos y alimente su ética en función a solo un recuerdo de aquellos “buenos años” , y que en un determinado punto estos, le jueguen una mala pasada, me parece algo conmovedor; la crisis de “la vieja escuela”.  Otro punto  destacable, y aquí sí debo ser enfático, son los recursos cinematográficos, que junto con los guiones (sólidas frases bien hechas), me terminan por volar la cabeza; un ejemplo de ello pueden verlo en la escena donde la cámara gira alrededor de la mesa en la que están sentados Carlito y algunos amigos; el clima, la cámara, los diálogos, y Al pacino, es sencillamente… !brutal! Está demás decir que los actores que componen esta película le dan otro peso: Al pacino, Sean Penn, John Leguizamo, Viggo Mortensen, y actuaciones especiales como la de Ruben Blades, hasta el mismo Jorge (gordo) Porcel. Pero, aquí sí viene el aporte, y el porqué de mi descarte de excelentes películas, lo repito, EXCELENTES, como Goodfeellas y la trilogía de The godfather, y ello se debe, simplemente, a el final. Y no quiero quedar como el típico discriminador de partes (me gusta el inicio, el nudo, solo el final), no. Lo que quiero es recalcar el final como un justo desenlace a toda la agonía sufrida por Carlito. A parte, sin intención de spoilear a nadie (si no lo quieres, deja de leer), el final, para aquellos quienes nos hemos amanecido en un bar, cantina y afines, leer los últimos parlamentos de Carlito en la camilla (sospechosamente como empieza la cinta), al margen de ser una experiencia casi poética, el efecto, es devastador.

Ese es el plus que me hace preferir esta película de las demás. Otro punto, pero esto obedece más al grado “paja mental”, que a cualquier punto críticamente objetivo, es que considero a Carlito´s way una secuela de Scarface. No solo porque ambas pertenezcan al mismo director, tampoco porque ambas presenten como protagonista a Al Pacino, sino porque la primera, nos cuenta la historia de un mafioso retirado que quiere cambiar su vida, y ésta última, sería una buena muestra de la que fue; sí, sí, sé que Tony Montana muere, y es imposible mi idea, pero me gusta pensarlo. De esta manera, si no has visto aún esta película, qué esperas, serán los mejores minutos desperdiciados de tu vida.

Nadie ve a través del cristal

 

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Acostumbrado a que tus enormes ojos siempre estén vigilando, a la expectativa, a cada movimiento realizado, siempre, en silencio, observando, nunca reparé en la sola idea de que un día, así como la vez que sorpresivamente llegaste, te marcharías por la puerta trasera, sin avisar a nadie. Con el burbujear de tu respiración, estuviste en los mejores años de mi vida, sin decir nada. Claro, solo te hacías presente cuando agitabas tu cola reclamando alimento o manifestando un malestar. Pero de eso, era rara vez. Recuerdo cuando llegaste hace casi exactamente trece años, mi padre te trajo al igual que un cardumen más, y los puso en una hermosa y gran pecera, en el primer piso, cuando aún vivíamos en toda la casa; fuiste de la primera promo. Todos ellos, salvo tú, murieron con el pasar del tiempo. Tu raza era esa tan famosa, goldfish la llaman. De lo pequeñito que eras, empezaste a crecer, de pronto haciéndote significativamente notorio. Te convertiste en la atracción de la casa. Fue cuando despertó mi interés hacia ti. Cuando nos mudamos exiliados al segundo piso, le diste presencia a la sala con tu elegante trajinar. “Qué lindo”. “¿Tanto crece?”. Hasta algunos hijos de puta soltaban “Hay que hacerlo ceviche”. Pero bueno, creciste mucho. Mis reuniones nocturnas, amistades efervescentes, sintéticas, innombrables excesos, de todas fuiste cómplice. Hasta llegaste a participar en ellas, con el licor, el humo de los lucky strike, y todo; un auténtico guerrero. Estuviste en todas. Si pudieras hablar, mi gran amigo. Hace 1 año y medio, uno de mis gatos en un intento por cazarte, rompió el vidrio que protegía tu morada, cayendo un pedazo sobre tu suave lomo. Lamentablemente de ello, devino un horrible tumor que te dejó lisiado de por vida. Pero ¿lisiado? ¿Es posible? Al menos para mí, que te vi, sí. Estuviste nadando de costado, hasta llegar a hacerlo boca abajo. Todos te daban por muerto, aún así, seguías resistiendo. Tus agallas empezaron a enrojecer más de lo normal, ya no comías como antes, comenzabas a morir. De esas cosas que trae la vida, mi tío, uno demasiado irresoluto, parco (y del que seguramente contaré cosas más adelante), nos abordó, con una idea radical: “hay que extirpárselo”. Al comienzo lo mandé obviamente al carajo, pero, meditándolo bien, pensé (irrespetuosamente) que no había nada que perder. De pronto mi madre y prima eran las asistentes de un improvisado cirujano, Dr. Hollywood (homenaje a Los Simpson), como me hacía llamar para la ocasión. La intervención tuvo dos tiempos. Así es. Dos veces estuvo afuera, en un intervalo de 45 a 60 segundos en cada oportunidad. ¿Resultó exitosa? Sí, porque no murió en la operación, y luego de ello, empezó a nadar casi con normalidad. Pero, a pesar de la alegría imperante en mi hogar, sentía en su mirada cierto reclamo, cierta incomodidad, cierto rencor. Como si le hubiera arrebatado su justo derecho, luego de más de una década de ser un respetado miembro de mi hogar, a morir. Su andar era incierto, como un milagro. Todos lo veían y comentaban ya no como el gran y hermoso pez (aquellos tiempos), sino como el milagro viviente, producto de una improvisada y jocosa hazaña. Mientras todos lo veían hace un par de semanas, deseándole ya una muerte próxima, para retirar la pecera de la sala y darle otro uso al espacio, yo sentía que algo de mí se estaba muriendo, marchándose con él. Su pesar era el mío, su incertidumbre de vivir otro día más lo soportaba en mi espalda, ahora, ayudando a la suya, que nuevamente se empezaba a descomponer. Hace un par de días, cuando mis padres se marcharon de viaje, pronosticaron su muerte y lo que debería hacer con ese lugar. Yo no lo quería creer. Pensaba que como siempre, le sacaría la vuelta a los pronósticos y viviría, uno, dos, tres meses más, quizás con suerte, para siempre. Pero no. Hace un par de horas, después de relajarme y tomar un baño producto de un agotador día en el trabajo, me disponía a darle su habitual comida, esa de bolitas marrones, cuando me di cuenta de algo que me congeló por segundos el alma. Esa mirada, inquisidora, tan suya, de pronto ya no escarbaba en mi alma, y se alejaba con un ritmo sin compás, meciéndose, estática, tan ajena que no podía reconocerla. No pude llorar porque mi prima estaba viendo televisión en la sala, lo cual me pesó más, pues sabía que le debía todas las lágrimas que he contenido en los últimos años de mi vida. Lo primero que hice fue intentar devolverlo a la vida, pero fue en vano, ya se había marchado, con seguridad en la tarde. Le pedí perdón, no sé por qué exactamente, pero lo hice. Lo retiré con un papel absorbente (o no sé cómo se llame), saqué la espátula, y sus frascos de comida. Cavé discretamente un agujero en mi jardín, nuevamente, y lo deposité en donde considero descansan los héroes de mi hogar, aquellos que nos llenaron de alegría, al menos por un momento, y colaboraron por unir más a mi familia. Lo enterré, hace dos horas. El vacío en mi pecho aún no se ha marchado. Trece años de mi vida acaban de serme arrebatados de una forma tan extraña que no sé cómo explicarla; simplemente se fueron. Y esto no es un intento de cuento, o algo por el estilo, acaba de pasar, hoy, 11 de julio del 2014, a las 9:30 p.m… y a pesar de que estas palabras no sirvan de nada, pues no sabía leer, me pesa decir que nunca lo bautizamos, o al menos, no lo conocía por un nombre, simplemente era él, y este es un pequeño homenaje a su ausencia, a mi ausencia; al igual que un llamado a rescatar la vida que muere a mi alrededor, y a estar alerta de las nuevas tempestades que se avecinan; lo puedo sentir…