El llamado de la vieja Mary Todd

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La película The Hatefull Eight (Los ocho más odiados), dirigida por Quentin Tarantino, bajo la promesa de superar a una no tan buena (floja) producción anterior (Django), sobrevive de pie luego de, aproximadamente, tres horas de duración. Compuesta por los clásicos elementos que definen a las acostumbradas películas del director, esta reciente reafirma su capacidad todavía vigente de enganchar al espectador con un clima de tensión, diálogos cuidadosamente elaborados, personajes (aunque trillados) definidos, y la habitual exhibición gratuita de sangre. Desde el punto de vista cinematográfico, la película presenta planos trabajados con mayor rigurosidad, que parecieran hablar por sí mismo. Otro de sus aciertos es la interesante elección musical para el acompañamiento de las escenas; para ahorrarme palabras: Ennio Morricone. Así, al margen de la temática, que se podría tomar como alegoría de uno de los rostros más exhibidos de América (el dinero bañado en sangre) y los elementos ya mencionados, esta película cumple con su objetivo: entretener. Sin embargo, si esperan “algo” distinto de la ya conocida propuesta de Tarantino, no se ilusionen demasiado.

Pd: Si reconocen alguna analogía con Reservoir dogs (1992) (espacios cerrados, rostros familiares, traidor infiltrado, etc.) olvídenla y solo disfruten de la película.

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!No era una comedia, Jack!

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Al parecer, uno de mis artistas favoritos de la comedia, Jack Black, se equivocó al aceptar el papel coprotagónico en la adaptación al cine de la exitosa serie (¿juvenil?) Escalofríos, en la cual interpreta al autor de los libros que componen esta historia, R.L. Stine. Probablemente no tenga más autoridad que la de un contrato millonario en sus manos, para haber podido impedir la filmación de esta, por ello, en breve, me tocará condenar de formar tajante y confinar al olvido esta terrible cinta. Es cierto, parece una pataleta escandalosa, pero, para quienes hemos visto la serie, despotricar contra aquel mamotreto, será cuestión de minutos. Desde el aspecto fílmico, los diálogos, la “¿tensión?” en el ambiente, hasta las referencias a los clásicos personajes de terror que componen la(s) historia original, fracasan. Alguien debió avisarle a los productores y, con mayor razón, al director que Escalofríos eran libros de TERROR (bueno, también de ciencia ficción) y no material para una olvidable adaptación cómica, que lo único que logró fue ser el ejemplo perfecto de cómo relegar a un segundo plano la riqueza del contenido original, para reemplazarlo por una historia barata de amor juvenil, como si de las masturbadas más cursimente desagradables de John Green se tratase. No pierdan su tiempo viéndola.

El bostezar de la fuerza

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Todo fan de las películas de Star War seguramente ha de haberse sentido emocionado con los teaser lanzados sobre la última secuela de esta saga; sin embargo, creo que, luego de haberla visto en las salas (en todo el mundo), su emoción sufrirá un ligero quiebre, transitando hacia otro tipo de sentimiento: la decepción. No es solo por el nuevo director (sí, no es G. Lucas), J.J. Abrams, quien ,seguramente por haber dirigido algunas películas de Star Trek, se aventuró a revivir el mundo jedi, y la fiebre colectiva que ello ameritaría, sino por la falta de verosimilitud en este universo que, a fin de cuentas, lo único que evidencia es que el proyecto le quedó grande.  Sin afán de “spoilear” a nadie (salvo con los que conversé personalmente), mencionaré a continuación los puntos débiles que resalto de esta película. Primero, las constantes referencias a escenas clásicas de sus viejas predecesoras (la trama de lucha contra la nueva “Estrella de la muerte”, los fines de la Resistencia, el conflicto parricida, una muerte relevante, el final comprometedor de secuelas, etc.), la convierte en un remake de la IV y V. Segundo, la inclusión de actores clásicos que interpretan a Leia, Han Solo, y hasta Luke (con sus brillantes parlamentos), obedece solo a la rastrera finalidad de asegurarse el éxito de su película. Tercero, el personaje de Fyn (el afroamericano), con su humor barato, típico de comedia gringa actual (hermanos Wayans), desentona con la trama, es decir, con la que “debería”ser la trama, y la convierte en un producto de mal gusto. Para finalizar, el antagonista de esta secuela, Kylo Ren, a pesar de que represente la lucha de dos fuerzas y la maldad en “formación”, fracasa como personaje verosímil (observación demasiada subjetiva) por su exceso de dramatismo, expresiones plásticas y la mediana comicidad que envuelve parte de sus acciones. Por esas razones, a pesar de tener ciertos “picos” de emoción, el espectador se quedará con el sinsabor de lo que pudo ser una mejor película. Sin embargo, véanle el lado positivo, la parte VIII no tendrá una vaya muy alta que superar.

VEINTE AÑOS GUSTÁNDONOS TOY STORY

Por: Pedro C. Espinoza

 

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Hace algunos días (19 de noviembre) se cumplieron veinte años del estreno mundial de Toy Story, primera película de animación realizada con efectos digitales por computadora en la historia del cine, justificación suficiente para volver a comentar ciertos aspectos del largometraje animado que, repetidas veces, vemos y lo seguiremos haciendo. No obstante, frente a esa preferencia de tantos años, puede surgir una pregunta, ¿por qué nos gusta tanto Toy Story? Nos dedicaremos a dar algunas posibles respuestas.

Desde pequeños, salvo injustos y desafortunados casos, hemos disfrutado del juego. Es una de las actividades con mayor entusiasmo e imaginación que se le dedica en la infancia; la mejor prueba la encontramos cuando creamos un mundo con diversos muñecos de juguete a los que damos vida momentáneamente para divertirnos. Creamos un mundo con nuestros juguetes, un mundo donde somos los únicos que establecen las reglas y normas, y Pixar supo jugar también con ello. Esta película nos presenta al niño Andy, para lograr identificarnos con él, y aquellas épocas donde jugábamos como él, con nuestra imaginación y nuestra propia historia. Creemos que es justamente este aspecto por el cual nos sentimos atraídos por Toy Story, pues nos presenta una época que muchos hemos compartido, gozado y, probablemente, no hemos dejado del todo: jugar y crear nuestros universos; sentirnos dioses por unos instantes.

Generalmente, dentro del mundo creado por cualquier niño, existen momentos en los que se tiene que dejar de jugar. Al suspender la creación de una historia para nuestros juguetes, es justamente ahí donde Toy Story empieza. El vaquero Woody y el astronauta Buzz Lightyear se nos presentan como protagonistas de una historia marcada por distintos aspectos que no se alejan a nuestra realidad. Es decir, el mundo de Woody y Buzz sufre una especie de humanización que implica adquirir, en buena medida, los mismos problemas de las personas. No obstante, como toda película de animación,  resulta, por varios momentos, amena y divertida. Entre las escenas de comicidad que encontramos en la película, podemos mencionar el breve cruce de palabras entre el personaje del Sr. Cara de papa al presentarse a sí mismo como “Picasso” frente a Hamm, quien se queda sin entender su forma.

Asimismo, recordamos las palabras de Woody al referirse a los soldaditos de infantería: “son profesionales ¡los mejores! Vamos, no están tirados descansando”; le sigue, a mi parecer, la escena más divertida, cuando Woody le pide a Buzz que le dé una mano y este le arroja su brazo. Todas estas escenas cumplen muy bien su propósito: divertir.

Por otro lado, encontramos escenas que muestran cierta seriedad como la organizada “Junta de Consejo”, el plan de Woody para salvar a Buzz y los soldados de plomo, al realizar sus operaciones de “Vigilancia Charlie”. Mencionadas acciones nos muestra la estructura de la cual está formada la historia de Toy Story donde se les presenta ciertas dificultades, pero obedeciendo a su norma fundamental: no mostrarse con vida ante los seres humanos. Este aspecto es quebrantado para salvar a Buzz y darle una lección al niño Sid Phillips. Aquí dos puntos para comentar; primero, cuando se transgrede su norma fundamental, realizan acciones de terror: los soldados saliendo de un charco, los autos emergiendo lentamente de la arena y la vuelta en 180 grados de la cabeza de Woody que alude a la clásica película de El exorcista. Estoy seguro que podríamos encontrar otras referencias pero nos extenderíamos más de lo debido; segundo, con Sid Phillips y Andy Davis se forma la dicotomía bueno/malo típico de diversos largometrajes y un buen recurso de las películas de animación. También, podríamos mencionar otra dicotomía como viejo/nuevo representada por Woody y Buzz.

Hasta ahora hemos intentado brindar algunas respuestas a la pregunta inicial. Toy Story entretiene, hace reír, llena aquel vacío de darle vida a nuestros juguetes, de ver realizado aquel mundo imaginado que se tiene desde niños. Consideramos que se seguirá viendo la película de Pixar, pues ya se ha convertido en un clásico animado moderno; representa una importante huella en la historia del cine. Un punto aparte sería hablar de sus secuelas que también han sido del agrado del público. Sin mucho esfuerzo, Toy Story alcanza a los escondidos niños que tenemos cada adulto, devolviéndonos a la mejor actividad infantil: el juego.

El fenix que no resucitó

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Muchos te podrán comparar con James Dean, por el parecido inquietante, mas no se ajustan las nobles razones de su desaparición con la tuya. Te cagaste en el club de los 27, pues, a pesar de que no hayas formado parte de alguna banda, a tu manera, rompiste los esquemas de tu profesión, acaparando todas las portadas de tu época: fuiste un rock star; hiciste demasiado antes de marcharte, con 23 miserables (¿suficientes?) años de edad. De tu vida ya se ha comentado demasiado, al igual que sobre las circunstancias de tu muerte, por ello, evitaré hacerlo. No supiste controlar al engendro que llevabas dentro, y acabaste asfixiado por su propia libertad, boca arriba, tendido a las afueras del Viper Room (L.A.) una noche como la de hoy, hace veintidós años. Tuya era la década del 90, esa que rechazaste con el despertar de una aterradora concepción (aunque cierta) sobre la vida. Qué hubiera sido de la historia cinematográfica occidental si hubieras reemplazado a (por ejemplo) Leo DiCaprio, o a otras jóvenes promesas que tomaron los papeles que dejaste con tu sombra, tras tu repentina partida. ¿Estarás ahora bien? ¿Habrá sido un error tentar así a la muerte? Quizás sea como dijo alguna vez Frusciante: “Era lo mejor, él no quería vivir en este mundo; diría que no fue trágico que muriera, sino que naciera.”

Hoy se cumple un aniversario más de su partida.

R.I.P.

River Phoenix

Una esperanza para el género: “Te sigue”

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A pesar de haberme ganado serias críticas por mi defensa a esta película, debo hacer pública mi satisfacción por haber sido parte de esta inusual y sobrecogedora propuesta cinematográfica. El film se titula It Follow (2014) de David Robert Mitchell, y plantea, de forma general, la angustia de una adolescente que, acompañada de sus jóvenes amigos, deberá pagar las consecuencias por formar parte de una abstrusa “tradición”, que se podría resumir en la promiscuidad. ¿Por qué me agrada? No solo por el sentimiento de incertidumbre en cada pasillo, corredor o cualquier espacio (abierto y cerrado) por el que la protagonista logre transitar; tampoco por la sensación de persecución a la que el espectador es sometido; sino, la destaco, por los perturbadores recursos visuales que ofrece. Así, es una película que brinda una interesante (sin pendejadas eufemistas) opción de llevar el terror a otro nivel. El juego de cámaras y el distanciamiento marcado, a partir de los personajes, arrastran al espectador, marcando en él como consigna única: mantenerse en constante movimiento.  Sí, lejos del “gore”, de  mutilaciones gratuitas (herencia ochentera), que más que aterrarnos robustecen nuestra insensibilidad, o del típico y ensordecedor “screamer”, esta película nos presenta en bandeja al antagonista, asesino, demonio, malo (como desees llamarlo), dejándonos el resto por nuestra propia cuenta.

Recomendable

¿TENEMOS TERROR CLÁSICO?

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Esta mañana, mientras viajaba en el Metropolitano, pude leer el periódico de una persona que, indiferente, le daba una rápida revisión. En él, un titular me interesó de sobre manera, y más aún, al cotejarlo con la imagen que lo acompañaba: Milene Vásquez (una de las meretrices de Mañana te cuento). Pero, en resumidas cuentas, ¿cómo bautizaron el bendito artículo? “HEMOS DECIDIDO VOLVER AL TERROR CLÁSICO”. Como es obvio, intenté recordar con qué fin se relacionaba a esta actriz con el género del terror o, por último, cuál era la naturaleza de sus comentarios, hasta que lo vi, en la bajada del texto: Cementerio General 2. Entonces, en ese preciso momento, todo adquirió un atroz sentido. La entrevista se dio en el contexto del estreno o rodaje (no lo sé con seguridad) de la secuela de Cementerio General. Es por esa razón que me pregunté ¿De qué carajos habla? Es decir, al mencionar la palabra “volver”, asumo de inmediato que ella considera que existió un viraje precedente tomado por otros directores dentro del mundo cinematográfico del terror. Pero, ello implicaba un detalle que probablemente Milene no advirtió: no tenemos más de una (siendo generosos) película de ese género, parida en nuestra capital, que dicho sea de paso, es la misma en la que ella participó. Entonces, a qué acepción (si es que presenta más de una) se refiere con “volver”, es un misterio. Por otro lado, siendo concesivos con la naturaleza de la respuesta, asumamos que no se refiere a su película, sino a la expectativa que ella le produce; solo como apreciación. Con mayor razón habría que preguntarle qué entiende por “terror clásico”. Sinceramente espero equivocarme con este comentario prejuicioso y que sus respuestas a esta eventual pregunta sean The Texas Chainsaw Masacre,  Suspiria, Hellraiser, Pesadilla en la calle Elm, hasta Rec, entre otras de la misma índole. Sinceramente no vi la precuela protagonista de este jodido texto, pero sí vi el tráiler en el cine, y déjenme decirles que deseaba hundirme en el asiento y desaparecer por la vergüenza ajena que provocaron en mí esas cámaras imprecisas, gritos gratuitos, y en general, todo su hedor a incipiencia. Lo hecho, hecho está, es cierto, no puedo revertir que esta cinta sea uno de los precedentes del cine de terror de mi país, pero sí, cruzar los dedos para que pronto lleguen producciones decentes que sepulten de una vez por todas en su maldito panteón a esta película que, estoy casi seguro, lamentablemente daré de qué hablar.