El beso que no termina

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Acabo de leer El Beso al Leproso, novela de Francois Mauriac, y no me he llevado una agradable sorpresa. Solo cuenta la triste historia de un personaje que poco a poco experimenta un tránsito hacia el alejamiento en busca de un adecuado lugar para “descansar”; un simulacro de muerte. Me gustó la forma en que es narrada, directa, precisa, sin mucho artificio retórico. Resulté también conmovido con la violenta nostalgia de “querer ser” y “ser” del protagonista, en este caso, de  Juan Peloueyre; ese motor dentro de todos nosotros que nos vuelca a aferrarnos a la vida, a pesar de que no nos haya tratado muy bien. El Beso al Leproso, al menos en la edición que me conseguí, presenta (es curioso) ambos nombres “Beso” y “Leproso” con mayúsculas. Menciono que es curioso porque creo que definen y podrían resumir muy bien la novela. El Beso puede ser la piedad, el amor, la pena, el consuelo hacia alguien, el Leproso, incómodo, querido, odiado, en fin, un personaje víctima de sentimientos ajenos que intentan tenderle una mano, cuando realmente no lo desean así. Con todos estos elementos, puede que logre gustarles esta novela, pero en lo personal, que salí de una lectura relativamente mayor (Nudo de víboras) del mismo autor, no logró convencerme.

Las víboras que anidan en nuestros corazones

índiceSi supieras que intento desgraciarte de por vida. Si supieras que mi muerte no solo se llevará a este viejo cuerpo atribulado por los años, sino a todos esos cuervos, serpientes que me rondaron desde que su interés obsceno fue tan descarado que hablaba en vez de ellos. Escribo esta carta para que cumplas una condena, ¿la sorpresa, quizás? Lo único que lamento es no estar para verlo. Son las declaraciones de Luis, protagonista de Nudo de víboras, novela de Francois Mauriac publicada en 1932. Cada párrafo escrito transpira un frío rencor, el peor de todos, aquel que ya tiene forma, lejos de toda rabia pasional efímera. Dicen que es su mejor novela, por ello, lamento que haya sido la primera que leo de él. Es densa, por momentos el narrador se dispersa en digresiones y temas varios, restándole al semblante inicial con el que irrumpe en las primeras líneas. Al margen de todo, considero atractivo el encono contenido en estas páginas, el galopante deseo cual niño de jugarles una broma a los que durante muchos años lo rodearon, y sobre todo, el esfuerzo por mantener en pie una promesa que después de muchos años de haber sido proferida, es obligada a adaptarse a nuevos climas sentimentales, como la verdadera consciencia de morir o en función a qué estuvo girando su existir; reflexionar si de verdad su vida tuvo sentido alguna vez. Hay víboras dentro de todos nosotros, sería muy arrogante siquiera negarlo, de esa manera, aquel que haya sentido el calor de este nido en sus corazones, descenciendo como un péndulo, como un nudo que muchas veces pensó y hablo por uno, creo que disfrutará de esta novela. ¿Que si la recomiendo? Claro que sí.