Odio “Mi pobre angelito”

Sin afán de “inflar” este texto, manifestaré un sentimiento nuevo para mí acerca de una de las películas navideñas familiares más conocida en la historia: Home alone, o recordada como Mi pobre angelito. Sé que muchos disentirán de esta afirmación, pero al verla hace unos días, no pude evitar contener la rabia e indignación. ¿Qué lo causó? Ver a uno de mis héroes del cine Joe Pesci, haciendo el ridículo. Sí, también sé que algunos me dirán “!oh, qué gran descubrimiento!”, pero qué les puedo decir, recién lo pude reconocer. Para que se ilustren más y pueden comprender algo de esto, les diré que Joe Pesci es uno de los actores que, de la mano Martin Scorsese, se popularizó como “ganster” en el mundo de millones de fanáticos adictos a las mafias y a la tensiones producto de ellas: Casino, Raging Bull y la inmortal Goodfellas, entre otras . Es que no era un simple matón, era un monstruo maniático, que podría disparar o clavar un bolígrafo en el cuello de cualquiera por pura diversión. Entonces, verlo liderando una “banda” de ladrones, junto a un torpe malhechor como asistente, y recibir una paliza por parte de un niño indefenso solo en su casa, me resulta vergonzoso. Simplemente hay que ver cuál era el espectro de los personajes que caracterizaba para desear no cruzarse en su camino. Eso es todo lo que tengo que decir: Odio Mi pobre angelito.

Imagínense ver este rostro frente a ustedes:

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La crisis de la old escul

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Seré honesto, este post, debí hacerlo hace mucho; es probable que se remonte a la creación del mismo blog.

Empecemos con la siguiente pregunta: ¿cuál es mi película de ganster favorita? Partiendo de ello, un gran número de valiosos ejemplares me asaltaron, disputándose el primer lugar. Títulos tan buenos que considero una terrible falta de respeto dejarlos de lado. Pero, qué puedo hacer, es así. La película que me tocó elegir como la mejor, repito, para mi gusto, fue Carlito´s way (1993) de Brian De Palma. No me gusta el título en español, Atrapado por su pasado, porque considero que boicotea el espectro de la trama. En cambio Carlito´s way, el estilo de Carlito, la manera de Carlito, o por último, el camino de Carlito, !Vaya! Es otra cosa. Me gustó esta película por varias razones. En breve, intentaré precisarlas.

Carlito´s way me destruye desde el arranque, porque maneja de forma  lúcida el enfrentamiento entre el pasado y el presente. Un tipo (Carlito Brigante), antiguo ganster, sale de prisión luego de cinco años, buscando sus despojos para tomar una nueva vida. No pretendo contarles la película, pero, vamos, saben que eso, viniendo de un ganster, es casi imposible. Este pasado lo mantiene atado a una idea sólida de la calle (pre-encarcelamiento), que contrasta una vez libre, con ese nuevo barrio, que por más que sea el mismo, le resulta nuevo, a medida transite por él. Ese pasado, es el primer punto a favor, pues, el hecho de que condicione sus actos y alimente su ética en función a solo un recuerdo de aquellos “buenos años” , y que en un determinado punto estos, le jueguen una mala pasada, me parece algo conmovedor; la crisis de “la vieja escuela”.  Otro punto  destacable, y aquí sí debo ser enfático, son los recursos cinematográficos, que junto con los guiones (sólidas frases bien hechas), me terminan por volar la cabeza; un ejemplo de ello pueden verlo en la escena donde la cámara gira alrededor de la mesa en la que están sentados Carlito y algunos amigos; el clima, la cámara, los diálogos, y Al pacino, es sencillamente… !brutal! Está demás decir que los actores que componen esta película le dan otro peso: Al pacino, Sean Penn, John Leguizamo, Viggo Mortensen, y actuaciones especiales como la de Ruben Blades, hasta el mismo Jorge (gordo) Porcel. Pero, aquí sí viene el aporte, y el porqué de mi descarte de excelentes películas, lo repito, EXCELENTES, como Goodfeellas y la trilogía de The godfather, y ello se debe, simplemente, a el final. Y no quiero quedar como el típico discriminador de partes (me gusta el inicio, el nudo, solo el final), no. Lo que quiero es recalcar el final como un justo desenlace a toda la agonía sufrida por Carlito. A parte, sin intención de spoilear a nadie (si no lo quieres, deja de leer), el final, para aquellos quienes nos hemos amanecido en un bar, cantina y afines, leer los últimos parlamentos de Carlito en la camilla (sospechosamente como empieza la cinta), al margen de ser una experiencia casi poética, el efecto, es devastador.

Ese es el plus que me hace preferir esta película de las demás. Otro punto, pero esto obedece más al grado “paja mental”, que a cualquier punto críticamente objetivo, es que considero a Carlito´s way una secuela de Scarface. No solo porque ambas pertenezcan al mismo director, tampoco porque ambas presenten como protagonista a Al Pacino, sino porque la primera, nos cuenta la historia de un mafioso retirado que quiere cambiar su vida, y ésta última, sería una buena muestra de la que fue; sí, sí, sé que Tony Montana muere, y es imposible mi idea, pero me gusta pensarlo. De esta manera, si no has visto aún esta película, qué esperas, serán los mejores minutos desperdiciados de tu vida.

La madre de las ovejas negras

Por: Fausto Barragán.

 

 

 

la mmaLas grandes obras en la literatura nos suelen sorprender sea por la historia que nos cuentan, o por la manera en que el autor decide presentarlas. De ello tenemos una lista enorme de ejemplos que descuellan entre sí. En lo personal, una gran historia puede ser suficiente para convencerme en el negocio (sano a veces) que resulta ser la ficción literaria. Muchas son de ellas me han atrapado, pero en definitiva, tienen un lugar especial las que presentan enormes tramas familiares. En resumidas cuentas: la unidad familiar.  Aunque parezca un tema secundario, o exclusivo para material de telenovelas, pienso que el tema familiar se esconde detrás de muchos otros grandes temas, que sin los cuales, no sería posible su completo y adecuado desarrollo. Es así, que en este texto, pretendo compartir mi lectura de una de las novelas (primeras), poco conocidas de este escritor gringo, llamado Mario Puzo, el cual, es probable que aún no les suene muy bien, pero estoy seguro de que al mencionar el rótulo de “The goodfather”, ya las cosas se empezarán a aclarar. Se trata de la novela La mamma (The fortunate Pilgrim), publicada en 1965, cuatro años antes de la épica, llevada al cine gracias a Francis Ford Coppola, “El padrino”.

Muchas veces nosotros, especialmente los jóvenes, quienes despreocupados por la vida, arremetemos contra ella con una violencia ciega, teniendo como consigna adueñarnos del mundo, o simplemente aprovechar todo lo que nos sirva de él. No solemos mirar hacia los costados, ya que solo la experiencia nos hace darnos cuenta de esos aciertos y errores, evocados de forma futura como simpáticas anécdotas o como una eventual parte oscura de nuestra historia. Esos somos nosotros, los jóvenes: impetuosos, sagaces, explotadores de nosotros mismos.  Y por lo general, si hacemos un recuento, sé que en muchos de los casos, uno de los grandes personajes que nos han acompañado toda, o al menos gran parte de la vida, fue nuestra madre. Es que ella, cargando a cuestas los problemas contra su familia, y para sí, soporta con coraje (evitando la sombra de Gorki) todos ellos, teniendo como único afán no apartarse de la luz, asumida en este caso como la estabilidad, el bienestar y la tranquilidad que todos anhelan en su hogar.

La protagonista de esta historia es Lucía Santa Angeluzzi Corbo, mujer nacida en Italia, y hecha la idea en esas tierras de morir en el campo, sin sueños, sin metas, y sin más deseos de mitigar la carga a sus espaldas que algún día terminaría por acabarla. Mujer luchadora, con una ética basada en la dura raigambre machista, propia de la atroz nación italiana de la segunda década del siglo XX. Las condiciones poco favorables en sus tierras, los duros golpes de la vida (muerte de su padre y futura muerte de su primer esposo), la llevan a tomar un buque, ya con hijos en sus regazos (Larry y Octavia), y marcharse a la tierra donde las promesas y sueños no solo se quedan en palabras, sino que se vuelven realidad: América. En la novela se grafica en parte la llega de los migrantes italianos en las primeras décadas del turbulento siglo que resultó plagado de guerras, con desventajas para algunos, y golpes de suerte para otros. Tiene a su cargo a toda una familia (sus hijos: Larry, Octavia, Vincent, Gino, Sal y Bianca) que, si bien más adelante le ayudarían a sobrellevar los gastos del hogar, no estarían libres de causarle severos dolores de cabeza (uno más que otros) a su madre.

Si bien no nos aventuramos a elegir un protagonista en esta “trillada” historia de mujeres que luchan contra la adversidad del destino, podemos entonces con toda seguridad optar por el simple, pero contundente vehículo de aquella historia: el lenguaje. Mario Puzo conduce diestramente con un lenguaje guía, las vivencias de la familia Angeluzzi-Corbo, arrojándonos con cautela entre las paredes destartaladas, las cenas humildes, deliciosas, las lisuras, las sonrisas, las lágrimas, todo un brutal repertorio puesto en resplandeciente palangana para nuestro deleite. Es el morbo ante la intimidad de una familia, que lentamente escaló a un estrato social lejos de la miseria inicial con la que asomó, y cuál fue el precio que debió pagar para ello. Solo una madre sabe cuánto perdió en la vida por el futuro de los suyos; solo una madre llora en silencio, esbozando una artificial sonrisa de confort para todos nosotros; solo esta madre, específicamente la de esta novela, decide por su voluntad llevar un vida turbulenta, sacrificando lo que tiene y lo que no. Por ello, la reacción de esta al perder a uno de sus retoños, que aunque mayor, sigue siendo (a partir de sus constantes saltos al pasado) el niño que corría junto a sus hermanos por la vieja casona, y aunque en miseria, desbordante de un calor hogareño sin igual.

La mamma nos muestra también de forma cruda cómo se constituye la ciudad americana, alimentándose insaciable de sueños y desgracias. Mediante los esfuerzos, o las bocanadas de sus hijos al levantarse cada día y vivir la impostura de metas y sueños ajenos, pero necesarios para darle la cara a su rutinaria vida, mantienen encendida las chispas de esperanza en los ojos de su madre, sostén al que asisten todos los personajes. Mediante algunas anclas en la historia, el narrador le da un vistazo a la crisis social y económica atravesada por EE.UU, es el caso de la Gran Depresión, la que generó caos, congoja, sufrimiento, suicidios, y sobre todo, la llegada de un sinuoso momento en la vida de los Angeluzzi-Corbo. De similar forma está el caso de la 2da guerra mundial, y cómo implicó un oscurantismo mucho más agudo que el primero, donde todos vivían con el fantasma de sus propios hijos, quienes vivos aún, temían la llegada de las fuerzas del orden exigiendo que peleen por la patria, aquella que, contrariamente al sentimiento popular, veía una gran oportunidad para levantarse de su traspiés económico y enrumbar como gran potencia, mediante la venta de armas y su fabricación. Es así que la novela nos da un interesante acercamiento sobre lo que significó “el sueño americano”, y cuánto dolor, sufrimiento, y sacrificio, fue necesario para edificar entre sus muros, una considerable cuota de sangre y sudor del migrante, quien con justicia se atreve a proferir la clásica frase “nosotros construimos este país”.

Como dato final, al leer La mamma, pensamos seguro bajo las ideas antes expuestas, encontrarnos con una versión femenina del popular “Vito Corleone”, pero no. Cuando hablamos de esta novela, no nos referimos a una mujer que crió un nido de “mafiosos”, o preconizó la ya conocida “cosa nostra” en tierras yanquis. La relación que percibo, va más allá de ello. Teniendo como protagonismo la fortaleza de la cabeza de familia, Lucía Santa (La madre), y su esfuerzo por conservar la unidad de los suyos, asoma como vínculo sí con esta posterior novela (El padrino) y por ende con las películas surgidas a partir de esta, la necesidad de preservar la unidad familiar. Es un hecho.

mama 2Los invito a revisar nuevamente las películas para que comprueben la hipótesis que expongo: que el soporte de El padrino, más aún que la ínclita figura de las mafias, es la de conservar la unidad familiar. Un claro ejemplo de ello es la desgracia en la que está sumido Michael Corleone (su hijo, para los desentendidos), al ver a su familia desmoronada y dispersa ante sus ojos. Ese peso recae sobre él, convirtiéndolo en un personaje al cual le está prohibido la auténtica felicidad. Sino, comparen a Vito y Michael, y saquen sus propias conclusiones. Verán que la necesidad de mantener unida a la familia, está por encima de todo,  incluso que los mismos negocios. Esa necesidad es percibida en esta novela, en un extraordinario lienzo de unidad familiar, con sufrimiento claro está, pero al fin y al cabo,  unidad. Y sobre el tema de la mafia, como la esperada figura del “gánster”, déjenme arruinarles la sorpresa, no sobresale en esta novela. El tema del “gánster” es  tocado de forma tangencial, casi en las últimas cincuenta páginas, como el oficio que toma el mayor de los hijos de Lucía Santa, y gracias al cual (no en lo absoluto, pues todos los hijos trabajan) llegan a escalar social y económicamente. Es más, me atrevería a decir que la futura novela de Puzo, El padrino, explota el tema de las mafias italianas, a partir del bosquejo someramente desarrollado en esta predecesora novela, preservando el tema familiar.

Y para finalizar este texto, me gustaría compartir un cita, de la penúltima página, cómo el autor resume bellamente toda la novela en solo este párrafo, siempre utilizando las vueltas al pasado, mostrando el aciago rostro de su vida, mientras abandona el tugurio que la abrigó durante toda su vida en América, con lágrimas en los ojos, vislumbrando al fin la luz por la que tanto luchó:

“Vio con tremenda claridad que Gino no volvería a casa cuando la guerra terminara. Se dio cuenta de que la odiaba, como antes había odiado a su padre. Estaba segura de que se convertiría en un instrumento en busca de extrañas Américas, existentes solo en sus sueños. Y ahora por vez primera, Lucía Santa mendigó piedad. Déjame oír sus pasos en puerta y estaré dispuesta a vivir nuevamente esos cuarenta años. Volveré a hacer llorar a mi padre, y convertida en peregrina cruzaré nuevamente el peligroso océano. Dejaré que muera mi marido y volveré a esa casa de Jersey a maldecir a Filomena, con Vincenzo en mis brazos, y luego volveré a llorar al lado de su ataúd. Y volveré a pasar por todo una vez más.” (pág. 304)

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