9 Songs: Sexo, ¿drogas y rock alternativo?

Por: Alberto Luna

Anteriormente he dado alguna idea bastante apresurada sobre el cine independiente, un concepto muy mío, en el que me refiero a las producciones de esta “industria” como material aberrante que nos replantea internamente y demás, sin embargo no siempre es así, si bien el cine indie destaca por su constante invitación a mirar desde puntos de vista totalmente diferentes a los parámetros clásicos y acartonados del cine de género (con el cual no tengo ningún ensañamiento particular, casi totalitariamente está hecho para entretener y cumple muy bien con su función), no todas sus películas serán de carácter bizarro, ni mucho menos perturbador; esta labor (la de tomar nuevas perspectivas) acompañada por aquella otra de tocar la sensibilidad del espectador puede llevarse a cabo sin recurrir necesariamente a la provocación de harcadas en el público, también puede tocarse en lo más profundo con historias motivadoras o románticas sin caer en lo cursi como se ha hecho magistralmente con Once hace un par de años aproximadamente. Pues, hoy abordaré una película que me conmovió profundamente por su sinceridad y poesía (si se me permite la palabra) técnica y visual.

La película a la que me refiero se llama “9 Songs” y es del año 2004, dirigida por el realizador británico Michael Winterbottom el cual no sólo destaca por sus películas sino también por sus documentales. Cuenta una anécdota que Winterbottom había terminado de leer la novela “Plateforme” de Michel Houellebecq, una obra con una gran cantidad de contenido sexual y pensó “un gran libro, lleno de sexo y volví a preguntarme cómo los libros pueden hacer esto y el cine, que está mucho más preparado para ello, no”, así surgió la idea de hacer algo en respuesta a ese tabú tan marcado, en algún momento nos habremos topado con alguna escena en la que los personajes en pantalla se muestran bastante apasionados van subiendo por una escalera mientras se besan y desprenden de sus ropas, luego se tira en una cama o en el suelo y a la escena siguiente se les ve recostados conversando con rostro de satisfacción o vistiéndose apurados por la mañana; a través de los años ha existido ese terror a la sexualidad y el acto de retratarla no escapa de eso, por eso siempre es mejor dejarla en puntos suspensivos, además, también pienso que es algo que debe tratarse con mucho cuidado, como cuando se escribe sobre una relación sexual, un lenguaje inadecuado lo convertirá en algo grotesco por un lado o demasiado divino por otro, pienso que en este tema se requiera las dosis exactas de vulgaridad y endiosamiento, esto si se quiere elaborar algo real, lo demás se puede dejar en manos de la pornografía.

Los protagonistas, Matt y Lisa, se conocen en un concierto y comienzan una relación, él es un joven inglés y ella un estudiante norteamericana, lo datos particulares sobre ellos como individuos son escaso, no se sabe más salvo por algunas referencias, todo sucede en su privacidad, esa especie de espacio íntimo inmaterial que aparece en toda relación de este tipo. El título resulta de lo más simple, el tiempo en el que se narra la historia parece estar medido por los nueve conciertos que se intercalan con los episodios de intimidad que es el verdadero punto fuerte de la historia pero no pretendo

menospreciar la banda sonora, las nueve canciones escogidas son excelentes, pero con el resto de imágenes uno podría pasarlas por alto. Sin embargo, se amalgaman bastante bien con el ambiente que mencioné en el título de este post, el director parece actualizar esa máxima todavía vigente, aunque de manera tácita de “sexo, drogas y rock n’ roll”, ésta frase exaltaba el exceso y desenfreno de una época, en 9 songs todo es más mesurado, consumo ocasional de cocaína, concierto de rock alternativo donde la gente va a relajarse por la noche sin ánimos de perder el conocimiento y sexo de pareja, sensual y estimulante.

Cuando menciono la sinceridad técnica y visual (luego hablaré de lo poético) lo hago porque la película fue rodada sin guión, todo fue improvisación de los actores en cuanto a lo técnico y visual porque la cámara no se esconde de lo que sucede en la cama (cocina, baño, etc.). Sobre lo poético es muy difícil hablar, para ello es necesario haber visto las escenas, como aquella en la que Matt le da sexo oral a Lisa mientras se cuelan por las persianas entreabiertas algunos rayos de sol, el lugar es cálido y las sensaciones se transmiten más allá de la pantalla y más allá de la vista, es imposible no sentirse conmovido, y no sólo emocionalmente, lo cual me lleva al verdadero punto fuerte del film y es precisamente la manera en la que el director logra explotar más allá de los límites un medio audio-visual generando otro tipo de sensaciones utilizando el oído y la vista. Como dije antes, estimulante, es exactamente lo que hace, artístico y excitante, incluso se me ocurriría definir 9 Songs como pornografía para parejas, la cual debo aclarar, es extremadamente diferente a la que está pensada para la autosatisfacción.

Como siempre, invito a consumir este tipo de producciones. Por otro lado quiero decir que mi interpretación sobre el desarrollo de la historia lo he suprimido porque luego de releerlo me pareció totalmente innecesario, los aparentes simbolismos se los dejo a cada uno, creo que analizar esta pela como un texto es un tanto ofensivo al menos para la línea que he seguido con mis anteriores publicaciones y el blog en general.

Aquí, para los curiosos la lista de canciones que se pueden escuchar en los conciertos, si no he convencido con los puntos anteriores esto podría cambiar las cosas: -Black Rebel Motorcycle Club, “Whatever happened to my rock and roll” -The Von Bondies, “C’mon, c’mon” -Elbow, “Fallen angel” -Primal Scream, “Movin’ on up” -The Dandy Warhols, “You Were the Last High” -Super Furry Animals, “Slow life” -Franz Ferdinand, “Jacqueline” -Michael Nyman, “Nadia” Black Rebel Motorcycle Club, “Love Burns” .