Tu herencia: mis pesadillas

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Fuiste responsable de las pesadillas de toda una generación, aunque me atrevería a decir que de muchos más. Padre de emblemáticos personajes que morarán en la calidez de nuestros miedos más profundos y desconocidos; todos, casi lo tendré por seguro, llevarán probablemente los rostros de tus vástagos, aquellos que te posicionaron como uno de los más respetados del género cinematográfico del terror. Es casi seguro que muchos te recordarán por pocos trabajos en particular, masivos claro, pero aun así, pocos; me refiero a casos como A Nightmare on Elm Street y Scream. Pero sé que nos deleitaste con más. Desde la primera vez que apostaste por los miedos inmanentes al hombre, partiendo de los tuyos, trazaste una clara línea que solo grandes monstruos del terror, tales como J. Carpenter y D. Cronenberg, pudieron igualar. De hecho, por esa abominable empatía los llegaron a bautizar como “La tres C” del cine de terror. A pesar de que los tres presenten un talento único en el juego insano de las tensiones y suspenso ajenas, debo confesar que tú siempre gozaste de mi predilección. Asimismo, me da gusto haber conocido el resto de tus trabajos, ajenos a los antes mencionados, y no verlos “luego de” este triste (para mí) momento: The Last House on the Left, The Hills Have Eyes (vista recién hace unas semanas), The Twilight Zone, la devastadora The Serpent and the Rainbow, y mi favorita (recuerdo de infancia) The People Under the Stairs, etc. Siempre los recordaré. No obstante, por más que me esfuerce por mantenerlos separados, me es imposible hablar de ti sin mencionar esas calderas humeantes, los sonidos de las gotas impactando el suelo mojado, los gritos de jóvenes perdidos en la oscuridad, y sobre todo, a ese extraño personaje salido de tus pesadillas, ese que llevaba un sombrero café, un suéter verde con rojo, notoriamente gastado, y la cara quemada. A pesar de que fuiste responsable de muchas noches sin dormir, debo agradecerte porque hayan llevado tu estilo.

Descansa en paz Wes Craven

(Este orden de película traducidas es arbitrario)

Pesadilla en la calle Elm (1984)

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Las colinas tiene ojos (1977)

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La serpiente y el arco íris (1988)

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El sótano del miedo (1991)

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Scream (1996)

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La última casa a la izquierda (1972)

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Gracias “Terminator: genisys”

Sin caer en la burda crítica de un trabajo cinematográfico que considero uno de los “menos malos” de la franquicia “Terminator”, como es el caso de “Terminator: genisys” (obviamente sin contar las dirigidas por James Cameron), tendré que mencionar que no me sorprendió esta última, aunque para serles sincero, no esperaba que lo hiciera. Pero entonces, ¿a qué se debe que le demande algunas líneas a esta película? Simplemente por un momento en ella que me remontó de forma violenta a mis primeros años de vida. ¿Y qué momento es ese? Sin desear ofender a aquellos a los que sí les gustó esta nueva versión: precisamente en la parte de los créditos; al final de la película. Apenas terminó  el film, la banda sonora me recordó la parte final de “Terminator 2: Judgment day”, cuando Sarah Connor y su hijo John despiden a un ya gastado Terminator, quien descenderá para morir. Justo en ese momento, probablemente mi trágica memoria selectiva se aferre solo a ello, rememoré cuando me atacó por primera vez un sentimiento de muerte, el mismo que me acompañaría muchos años, hasta hoy. Recordé, bisoño, el sabor  de la palabra “final”. Sentí, entre lágrimas (no lo voy a negar), lo que es dar un paso a sabiendas que dejes a alguien atrás. En pocas palabras, (sí, todo ello lo volví a sentir al ver esa escena, luego de años, en youtube) fue muy productivo ver “Terminator: genisys”. A esta película le debo haberme encontrado con viejas sensaciones esta noche.

Saludos.

El beso que no termina

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Acabo de leer El Beso al Leproso, novela de Francois Mauriac, y no me he llevado una agradable sorpresa. Solo cuenta la triste historia de un personaje que poco a poco experimenta un tránsito hacia el alejamiento en busca de un adecuado lugar para “descansar”; un simulacro de muerte. Me gustó la forma en que es narrada, directa, precisa, sin mucho artificio retórico. Resulté también conmovido con la violenta nostalgia de “querer ser” y “ser” del protagonista, en este caso, de  Juan Peloueyre; ese motor dentro de todos nosotros que nos vuelca a aferrarnos a la vida, a pesar de que no nos haya tratado muy bien. El Beso al Leproso, al menos en la edición que me conseguí, presenta (es curioso) ambos nombres “Beso” y “Leproso” con mayúsculas. Menciono que es curioso porque creo que definen y podrían resumir muy bien la novela. El Beso puede ser la piedad, el amor, la pena, el consuelo hacia alguien, el Leproso, incómodo, querido, odiado, en fin, un personaje víctima de sentimientos ajenos que intentan tenderle una mano, cuando realmente no lo desean así. Con todos estos elementos, puede que logre gustarles esta novela, pero en lo personal, que salí de una lectura relativamente mayor (Nudo de víboras) del mismo autor, no logró convencerme.

EL CLUB DE LOS 27… HOY?

Por: Fausto Barragán
Es curioso escribir sobre muertes, o hechos funestos en general, de cualquiera que sea su calibre. Pero en lo personal, es reconfortante hacerlo de una figura que trascendió en la vida de uno. Es en este caso, que me complace escribir sobre dos de mis héores de la música, y que hasta ahora en el blog no he podido hacerlo. Estos dos, son los norteamericanos James Douglas Morrison y Lewis Brian Jones, y por si no lo sabían, un día como hoy, un 3 de julio, ambos parten de este mundo, y curiosamente, ambos envueltos en un halo de inquietudes y misterio.
Brian Jones, fue el líder fundador y máxima voz (inicialmente) de los Rolling Stones, formados en 1962. Así es, esta mítica banda que hoy cumple 50 años, tuvo su origen, como todas, pero que es producto hoy en día de una serie de controversias con respecto a su fundador. Antes que la banda tome la batuta del clásico matrimonio del rock (Jagger y Richards), la tomó Jones, y de qué manera lo hizo. Su huella no sólo está en la cantidad de mujeres con las que se metió (y de hecho, antes de ser Stoned, fue perseguido por los padres o novios de las muchachas a las que cortejaba), los abusos de alcohol y drogas, y sobre todo,  a su excéntrica personalidad. Fue el rostro en la parte inicial de la banda, y por lo tanto, el encargado de brindar entrevistas y demás. La popularidad del grupo creció a medida componían temas sexuales y desafiantes de la sociedad conservadora de su época, llenando un vacío que la estela de los Beatles no pudo llenar. Hasta fueron considerados en su tiempo como la contraparte “mala” de los 4 de Liverpool. Pero nada podría durar tanto. Su máximo aporte a la música de los Stone se puede apreciar en discos como Aftermath y Between the Buttons. Demás está decir la influencia interna y la demanda que ejercían unos incipientes, tímidos, pero hambrientos Keith y Mick, con respecto al liderazgo del grupo. Y para colmo de males, esto, coincidía con un decaimiento anímico y participativo públicamente de Jones. Se mostraba más ensimismado y despreocupado por la necesidad de figurar con la banda, preocupándose por caprichos, vanidades, y un sin fin de cosas que astutamente los Stones aprovecharon utilizándolo contra él. Quiero decir que efectivamente Jones fue expulsado con pretextos absurdos de la banda, de la banda que él creó,  llegándose a confinar a su mansión. Y bueno, una vez solo, accidental y extrañamente, tras la contratación de un fontanero para su casa, fue hallado muerto en su piscina a la mañana siguiente. Murió a los 27 años; hoy cumple 43 años de fallecido.

Jim Morrison, uno de los personajes más controversiales y famosos, recordado por todos los tiempos como uno de las caras de rock de los 60´s. Considerado también un sex symbol, siendo eso para él una de sus principales piedras en el zapato. Líder de la emblemática banda The Doors formada en L.A en 1967. Dueños de su época, y a la vez víctimas de la misma. Gozaron de mucha fama y tuvieron numerosos problemas con la policía, y ni qué hablar del exceso de alcohol y drogas; fueron unos auténticos rock stars. Pero al margen de esto, su música fue ese milagro que logró calar en su época y trascender hasta la nuestra. Es lo que se logra cuando una banda produce canciones con alma y autenticidad. Si bien su música proyecta reminiscencia en el blues y el jazz, es considerada auténtica por la forma cómo la interpretan; es la personalidad inconfundible de su sonido lo que hace que identifiquemos instantáneamente cualquiera de sus riffs. Fueron así, unos revolucionarios, una estrella fugaz, comparada con pocas bandas sucesoras, que tras intentos por parte de sus miembros (salvo Jim) por establecerse y encaminarse en el negocio musical, la desgracia, esa marca trágica pero sentenciosa, se encargaría de silenciar a su portador, acabando con el Jim Morrison mortal, y erigiendo la figura de Jimbo, el dios. Fue encontrado muerto en su habitación de hotel en el barrio Marais, de París, aparentemente por problemas cardiacos, producto del consumo de alcohol y drogas la noche anterior. Muere a los 27 años; el día de hoy cumple 41 años de fallecido.

A la memoria de un olvidado

Por: Fausto Barragán

Si bien es cierto que no tengo vela en este entierro, o que no soy alguien que debiera emitir un juicio sobre el tema que estoy por contarles, me tomo el atrevimiento, por considerarme un incondicional admirador de esta banda. Y bueno, la banda de la que hablaré es “Alice in chains”, que actualmente, bajo ese “sagrado” nombre, están dando vueltas por ahí, recaudando dinero, estando en presentaciones, sacando discos, y (creo yo) manchando un nombre que debió morir hace 10 años, y más aún, hace un año y un par de meses, para ser exacto.

Cuenta la historia que mientras Layne Staley, tras bastidores, vomitando cada 5 minutos, y con la adicción a la heroína en su rostro, ingeniándoselas para salir al escenario, su “amigo”, el fundador y compositor Jerry Cantrell, tenía planes para “Alice…”, más de los que la misma banda podría soportar.

Pero este texto, más que hablar de la banda, o hablar de las arteras acciones cometidas por Jerry Cantrell dentro de la misma, me referiré principalmente a la muerte, ya hace más de un año, de uno de sus miembros. No. No será de Layne, ni de ese “desafortunadamente” antipático reemplazo, llamado Mick Inez, ni de su baterista, que si bien es un miembro fundador, siempre me pareció un perro faldero de Jerry Cantrell. Me refiero a Mike Starr, que a parte de ser miembro fundador de “Alice in chains”, fue el mejor amigo de (para mí) el oro de esa banda: Layne Staley.

Por qué escribo este texto si no coincide ni con la fecha de su natalicio y con la de su deceso… Bueno, es que simplemente tengo la necesidad de expresar mi desacuerdo con esos personajes, montados actualmente bajo el nombre de “Alice in chains”, cuando no son ni la sombra de lo que fue esa sorprendente banda. Y ¿por qué? Bueno, porque simplemente al “genio” de Jerry Cantrell no le dio la gana de dejar morir a ese monstruo que estuvo destinado a una corta existencia, y que lamentablemente, es lo que es ahora.

En otra oportunidad descargaré mi desacuerdo por “Alice in chains”, que debió llamarse “Jerry Cantrell y sus amigos invitados” como lo sugirió irónicamente Mike Starr años después de su salida de la banda. Y es a este último personaje a quien le dedico mi post. Es que mucho de él me trae inevitablemente a criticar las decisiones o rumbos que comenzó a tomar la banda, y que claro, quellevarían por acabar con Layne. No acuso premeditadamente a alguien, simplemente expongo mis dudas sobre la seguidilla de malas ideas que se tomaron en la banda, la cual, una de ellas, sería la salida de Mike Starr. Es evidente con ello que Cantrell pretendía formar su “propio” grupo, uno a disposición de él. Con la salida de Mike, y un Layne adormecido por las drogas, las cuales empezaban a consumirlo, no sería muy difícil. Ya de por sí, el mismo carácter sumiso de Layne lo permitía, pero… ¿por qué expulsar a Mike? Algo muy grave tuvo que haber pasado para eso. Quizás fue el único que se atrevió a decirle sus verdades a Jerry, o el único que no estaba en  desacuerdo con la tiranía dentro de la banda. Pero bueno, él (Mike) fue el primero en abandonar la tripulación, que dentro de todos los problemas de diversa índole (drogas, excesos, abusos, antipatías) funcionaba como conjunto. Me refiero estrictamente al producto final: su música.

Es así que, mientras Cantrell se esforzaba por hacer más profesional su equipo (arruinando la energía creada por esos cuatro chicos de barrio), acabando con ellos, y cumplía su sueño de crear su propia banda, su sonido, su música. De hecho, lo consiguió: una banda del montón. Nadie me sacará de la cabeza que no sólo tras la muerte de Layne ese grupo musical dejó de ser “Alice in chains”, sino desde la misma salida de Mike Starr, la cual, ya pronosticaba su triste final.