El día de los Bafomets

Por: Fausto Barragán

 

 

images (1)Una de las bandas que últimamente me llamó la atención, y que de seguro muchos de nosotros la hemos escuchado, o por último, hemos oído hablar de ella, es la que motiva el siguiente texto en esta oportunidad. Está conformada principalmente por un méxico-norteamericano (multi-instrumentista y compositor general de la banda), fuera de serie, un artista, un visionario, o quizás el sepulturero de música contemporánea. Trabaja en dualidad con un norteamericano (vocalista) que coincidentemente habla el español; el nombre de éste, Cedric Bixler, y el nombre del genio mentado líneas arriba, Omar Rodríguez. Claro, estoy hablando de The Mars Volta.

Esta banda se forma bajo la dictadura de Omar Rodríguez, quien compone todas las canciones por escrito (música y letra), dándoselas después a los músicos de sesión, o a los que logra contratar. ¿Es una banda convencional? Por supuesto que no. No se puede hablar de The Mars Volta como una banda con espíritu “mosquetero”, que ante todo está presente la aprobación de todos sus miembros, sus ideas y propuestas, todo, No; es una triste falacia que aunque suene increíble, les ha dado mucho resultado.


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Cuando pienso en este excepcional músico, se me viene a la mente su paisano Carlos Santana, quien liderando también a una numerosa banda, luego de pasar algunos años en EE.UU, y desarrollar sus aficiones e influencias musicales, llegó a participar en un festival a fines de los años 60 (no puedo nombrarlo pues es imposible que lo desconozcan), el cual terminaría por catapultarlos a la fama. De igual manera, The Mars Volta irrumpe en la escena musical a inicio del nuevo milenio, con un súper álbum, fuera de lo normal, escapando a las tendencias musicales del momento, creando su propio horizonte, y por lo mismo, su propio mercado dentro de la industria de la música. De tendencias eclécticas, fusionando diversos géneros, siempre resaltando las raíces latinas, pero anclando movimientos en los frenéticos y arrogantes soportes del Jazz. Toda una diversidad musical descargada a través de nuestras venas, volándonos el cerebro, desencajando la tradición “rockera” impuesta a nosotros por la fuerza.

Cada una de sus presentaciones en vivo logra electrizar, no solo por su sonido sino por la performance. Las improvisadas convulsiones de Cedrix, los arrebatos de furia de Omar -generalmente en sus primeras presentaciones-, fueron unos de los atractivos inmediatos de la banda. Es una fórmula que en lo personal considero atinada, pues es la única manera en la que podían hacerle frente a tamaña intensidad en vivo. La descarga de energía, el sudor, la psicodelia, la velocidad, y el freno abrupto se vuelven parte de un viaje que está signado a cada instante por su sello personal.

Los álbumes que componen la carrera de The Mars Volta son los siguientes: Loused in the Comatorium (2003), Frances The Mute  (2005), Amputechture  (2006), The Bedlam in Goliath  (2008), Octahedron  (2009), y Noctourniquet  (2012). Cada uno de ellos exponiendo un clima distinto, superando de lejos a sus anteriores producciones. Como carácter homogéneo de su música, podría aseverar una constante actitud iconoclasta que supera el mercado musical, y a ellos mismos. La originalidad de Omar que brota en sus composiciones, a partir de experiencias y vivencias –como él mismo lo ha mencionado- convierte a sus canciones en únicas e irrepetibles.

Si bien la música adquiere vida por sí misma, las letras son un tema aparte. No hay simples historias, hay poesía en movimiento. Las imágenes que grafican cada una de las canciones, exploran hasta el máximo el lenguaje, estirándolo al de punto de sobrepasar la idea que -de forma para nada humilde- quieren sugerir. Y todo ello deviene en la debacle entre la música y la letra. Ello puede quizás explicar el porqué de su inmarcesible éxito desde el inicio de los 2000´s; esas canciones estaban destinadas para esta generación, y ya no podían esperar más.

 
Por ello, encomiendo a los lectores que si no han tenido aún el agrado de escuchar y darle un poco de tiempo a esta no fresquita pero “nueva” banda –les aseguro que no han sido testigos de nada igual, en los últimos años, claro-, no se arrepentirán. El sonido de Omar rodríguez y su banda, les volará la cabeza, arrojándolos a los límites del buen y mal gusto musical, para volverlos a traer, una y otra vez. Eso es lo que siento cuando escucho a The Mars Volta. Y que siga la buena música.

 

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Radiohead: El precio de la evolución musical

Por:  César Espino

 

 

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Distorsiones rítmicas de guitarras, voces estruendosas y melódicas, eran los Ochenta y el rock de ese tiempo estaba en auge, era el ímpetu musical mundial. Pero en Inglaterra unos jóvenes de Oxford trataban de buscar un estilo propio que pueda otorgarle otras afinidades musicales. TNT, fue la primera banda musical de Thom Yorke y Colin Greenwood con estilo Punk y que más adelante lo llamarían On a Friday, pues sólo ensayaban los viernes, y que contarían con la presencia de Ed O’ Brien, Phil Selway y Jonny Greenwood, este último, hermano menor de Colin. Tuvieron su primera presentación en la Taberna de Jericho en Oxford  en 1986. Su estilo musical era diferente, presentaban un estilo glamoroso, bailable, en ciertos momentos rudos y otros con ritmos despampanantes. Estaba claro desde el principio, se buscaba un hito musical que los pudiera consagrar en cualquier momento. Pero era un futuro lejano, ya que sólo se dedicaban a sus Demos.

Es así que después de 3 años y con Chris Hufford, como productor, empezarían su carrera musical con EMI en 1992 y bajo el sello discográfico Parlophone[1]. Pero había un inconveniente, el nombre de la banda. Tenía que ser simple, que resalte y que sea fácil de recordar: Radiohead[2]. Ese fue el nombre que catapultó a la banda a inicios de los 90. En el año 1992, su single Creep no obtuvo la acogida que se esperaba, se tuvo que realizar ciertos cambios para que éste llegase a ser el boom musical.

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Pre-inicio (1990-1992)

Anterior al Pablo Honey hubo demos que sirvieron de base para formalizar el primer disco de la banda. Como relevancia prefiero tomar tres de ellos: Dungeon Demo (1990) Manic Hedgedog (1991) y el Drill EP (1992). Algunos demos, tuvieron su acogida en el primer disco que marcó su inicio de carrera musical. Todavía no eran Radiohead, sino On a Friday. En el demo de 1990 se encuentra Stop Whispering, el del año 1991 tenemos a I Can’t, Thinking about you y You. En el Drill EP, tanto You y Thinking About You, suelen ser más rítmicas, las guitarras son más efusivas en sonido. Todas estas canciones nombradas anteriormente fueron incluidas en el álbum musical de 1993.

 

Inicio y avance de carrera musical (1993-1996)

 

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Ya siendo Radiohead en 1993 sale a la venta el Pablo Honey donde Creep se catapulta junto a otras canciones. Este álbum producido por Sean Slade y Paul Q. Kolderie, se encuentra en la época de las distorsiones de guitarra, de las letras amorosas, desgarradoras y egocentristas. Como que la banda iba más a lo comercial, aunque más que comercial era un inicio, un despegue en la cual se tenía que captar la atención del público. You, Creep, Lurgee y I Can’t, por nombrar algunas, suelen tener su tendencia rock alternativa, pero en las letras rondan temas como el amor, el desamor, el consuelo y el perdón.

 

En el año 1995 sacan el The Bends, teniendo como productores a John Leckie y a Nigel Godrich, éste último será el sexto integrante debido a que la banda no se separará de él al ser un buen productor musical. Este álbum va más allá del Pablo Honey, las letras de las canciones dejan de ser de cierto modo amorosas, buscándose un estilo más crudo, más rudo, pero también melancólico. Esto ya nos lleva a pensar que Radiohead está en un punto de cambio. Escuchar Fake Plastic Trees, Bulletproof, Nice Dream y Street Spirit, se dirige a un mundo reflexivo, ensoñador y por qué no decirlo, triste. A partir de aquí su carrera musical sigue en avance y son teloneros de R.E.M, que más adelante consiguieron estrechar una amistad.

 

El cambio: 1997-2001

 Con la salida del Ok Computer (1997), Radiohead se torna más melódico, reflexivo y melancólico. Sus canciones provocan un éxtasis de tristeza que logran ser combinados con rudeza, ese es el caso de Paranoid Android. Se utilizan otros tipos de instrumentos musicales: el xilófono electrónico, el piano, la cabasa, etc. Los temas que recurren en las canciones son producto de la vida social y del entorno en que se está viviendo: el mundo moderno, el inconformismo político, el consumismo entre otros temas, son abordados en este álbum. Esto hace que la banda tome otro rumbo y vaya experimentado con otros instrumentos musicales, por eso el Ok Computer, es el puente entre sus dos primeros discos y el que vendría a ser el de la nueva era radioheadniana: Kid A

Con el Kid A, que salió a la luz en el año 2000, Radiohead no era la banda emblemática que muchos habían adorado en la época del Ok Computer o antes de este. Las guitarras dejan de sonar de manera estruendosa, el bajo trata de suplirlas con un sonido grave, se usa las ondas Martenot, los instrumentos de viento, sintetizador, es decir, era un disco experimental con influencias de Aphex Twin,  Autechre, entre otros. Era un disco que guardaba parsimonia; al parecer los integrantes de la banda ya estaban saturados de tanta explosión de guitarras o del mismo sonido tradicional. Experimentar está bien, pero era algo arriesgado. No les importó y lo hicieron. Esto hay que rescatar de Radiohead, ya que muchas bandas suelen estancarse en su propio género musical provocando en el receptor el hartazgo del mismo sonido y la misma costumbre. Fue muy difícil que sean aceptados con esta nueva característica experimental, pero con el tiempo poco a poco fueron ganándose al público nuevamente. Por otro lado Nigel aún seguía con la banda como productor, pero hubo una persona que dio origen a ciertas rarezas o extrañezas que encontramos en el booklet; estos dibujos fueron la sensación. Verlos tan grotescamente llamaban la atención y esto, era la prueba contundente del cambio musical de Radiohead, ver personas distorsionadas, letras por todos lados, era el nuevo estilo de la banda. Todos estos dibujos se logró gracias a Stanley Donwood y Tchock, este último fue el seudónimo de Thom Yorke. En este álbum se rescata una canción del pasado que es Motion Picture Sountrack, tema que fue tocado acústicamente por Thom. Por eso lo que le gusta a la banda es reciclar las canciones que tienen guardadas bajo siete llaves, cuando llega el momento de la salida de un nuevo álbum estas son tocadas en los conciertos sirviendo de antesala de un futuro proyecto.

Con el Amnesiac (2001), la situación sigue igual. Los sonidos son tan parecidos al del Kid A, pero son más melódicos. La guitarra toma una posición sonora y emotivamente distorsionada; eso podría ser la pequeña diferencia entre estos dos álbumes. Se dice que Amnesiac vendría ser la segunda parte del Kid A, ya que Thom Yorke no había querido realizar un disco doble y por eso algunas canciones se editaron para este álbum. Lo bueno es que el público ya los había aceptado tal como son. Los que escuchen los lados B de estos dos últimos discos, verán la diferencia abismal y del sonido es tan penetrante que permite que uno esté fuera de sí. Después se editó el EP I Might Be Wrong: Live Recordings, compuesta por ocho pistas musicales y todas las canciones fueron grabadas de los diferentes conciertos que tuvieron.

 

De regreso al pasado (2003-2011)

 Los últimos discos de Radiohead como el Hail to the Thief (2003), In Rainbows (2007) y el The King of Limbs (2011) fueron aquellos en la cual se ve el trabajo completo de la banda. En dichos discos vemos todo un mix de géneros musicales que ahondan como lo electrónico, la música experimental y el rock alternativo, es una música híbrida por la cual los integrantes de Radiohead buscan seguir experimentando con nuevos aires. Está claro que no olvidan su pasado y regresan a las guitarras estridentes, pero sin dejar la característica experimental que los había opacado en los inicios del 2000. Ahora la lucha no sólo se torna política mediante las letras, también suelen ser sociales.


En conclusión, Radiohead es una banda de armas tomar, que cuando desea evolucionar o progresar de un estilo a otro, al parecer, no les importa. Siguen experimentando, así la crítica los trate mal. Ellos siguen haciendo música, reclaman contra la injusticia como mal cancerígeno, y nos han demostrado que, a los largo de los años, hay una etapa de madurez que toda banda debe seguir y hacer entender a su público, puesto que un disco es como un libro: se vive cierto conflicto en la cual se pone en juego su destino.


[1] En Estados Unidos la subsidiaria de EMI es Capitol, que también formó parte de Radiohead en dicho país.

[2] Este nombre tuvo origen en la canción Radio Head  de Talking Heads, dicha pista musical se encuentra en el álbum True Stories.

Entrevista a Fredy Ortiz

Por: Fausto Barragán

La primera vez que vi tocar a Uchpa fue en el recordado programa de televisión Tv Rock, hace muchos años. Cuando los vi, no sabía bien qué pensar al comienzo. Me había acostumbrado tanto al rock importado (inglés), que escuchar la misma calidad, pero en otro idioma, me resultó sumamente extraño. Pero ello, no impidió que lo disfrutara de todas maneras. Y con el paso del tiempo, después de escuchar y ser testigo del ascenso de esta banda, encontrando su estilo, incorporando nuevos elementos, pero todo dentro de una propuesta ya trazada desde el comienzo, sumó de tal manera en mí, que puedo considerarme fan de Uchpa.

Es así que, hace un par de semanas, entrevisté al cantante de esta extraordinaria banda, aprovechando su estadía en Lima, el cual accedió gustosamente. En esta breve entrevista, Fredy Ortiz nos revelará muchas cosas antes no dichas, datos equivocados acerca de la banda, primicias, con la humildad y la escuela que lo caracteriza.

Música Caleidoscópica

Por: Fausto Barragán

Para los que recuerden el primer festival musical más importante de todos los tiempos. Sí, ese espacio donde todas las almas podrían convivir en una sola voz, estar libres, solo al ritmo de la música dionisiaca; para todos aquellos quienes piensan que la música de los 60´s fue lo mejor y que después de ello nada más vale la pena escuchar, seguro que saben a qué tipo de espectáculo me refiero.

El festival que a nuestras tierras llegó bajo el nombre de “Woodstock. Tres días de paz, música y amor”, conocido mundialmente como Woodstock 69. Y en él, muchas de las estrellas de rock de esa época se hicieron presentes, haciendo que el evento agarre vuelo y viaje por los confines de la historia, a través del recuerdo y anhelo por ver juntos a otros tantos dioses del rock que descollaron por su ausencia (The Doors, Bob Dylan, Led Zeppelin, The Beatles, entre otros). Pero en definitiva, podemos referirnos a Woodstock como esa fiera salvaje, que duró tres días, y contra ello, nada ni nadie pudo interponerse, arruinar su espectro, su aura, su magia, ese efecto que más de medio millón de personas pudo sentir en vivo y en directo, pero que ahora, gracias a la visión y sensibilidad de un director cinematográfico, es posible que mucho más personas sean testigos de al menos una parte de esa magia que sostuvo gran parte del espíritu del amor y  la paz, propalado religiosamente entre los concurrentes de esos lejanos días de amor libre y rock.

Para muchos de los que vimos la película o el documental de “Woodstock 69. Tres días de paz, música y amor” nos queda la imagen de jóvenes hippies jugando en el lodo, amándose furtivos entre los arbustos, o bailando semidesnudos entre miles y miles de personas. Claro, todo ello, acompañado de la mejor música, rústica, tribal, blues, funk, folk, entre otros géneros que encontraron agradecidos y fieles escuchas. Pero solo eso. Fragmentadas imágenes que nos diagraman todo la expectativa generada a raíz de esa fiesta con una constante buena banda sonora. Los comentarios de vecinos, de los organizadores, del mismo público asistente en pleno trayecto por la carretera hacia el ruido, las flores y el color. Toda la bella exposición de un evento, que al fin y al cabo resultó un éxito, no solo económico, sino en muchos otros aspectos. Rompió todas las expectativas dejando su impronta indeleble en la conciencia de muchos, y redefiniendo el concepto de espectáculos musicales.

Pero, sin afán de querer evadir el propósito de este post, quisiera dejar en claro mi agrado por la película/reportaje del festival Woodstock 69, a pesar que ella deje muchos vacíos, claro, innecesarios de explotar, pues el motivo principal y el encanto de la película fue el de mostrar un documental de esa fiesta de la música, en toda su extensión, con los paisajes, el clima, la música, y por momentos, algunos extras, sí, aquellos vecinos extrañados por la presencia de peculiares advenedizos invasores, aquellos, con quienes estará en eterna deuda Ang Lee, director del hermoso y elocuente film, Taking Woodstock.

Taking Woodstock, película dirigida por el cineasta Ang Lee en el 2009, nos muestra los avatares de una rústica familia propietaria del motel Mónaco, en las inmediaciones de la granja Bethel en EE.UU. A través de la mirada de su protagonista, Elliot Tiber, la película nos muestra en una conmovedora visión capitalista los problemas tras bambalinas del evento hippy más importante de la historia. Cubierto por un halo de misticismo y bordeando lo surreal, vemos cómo el joven Elliot (encargado de recepcionar, limpiar y atender a los clientes del motel) instiga a uno curiosos visitantes quienes tienen la intención de montar un evento musical que traiga paz y amor a la gente que pueda participar de él, a desarrollarlo en una vieja granja colindante a su casa, con muchas hectáreas vacías, siendo ideal para su realización. Si bien, inicialmente la historia presenta diversas dificultades que opacan el brillo del evento, es gracias a la astucia y, algo de fortuna, que logra negociar con algunos de sus vecinos dueños de dichas hectáreas, para que faciliten la posibilidad de poner en marcha del evento. Es así que Elliot se erige como una de las figuras más importantes y co-autoras del mismo, todo ello, siendo visto siempre por el resto de su comunidad como una artera y vergonzosa traición.

Los anclajes con hechos de su referente en la realidad. Sirve en muchos aspectos como un astuto, aunque ya visto, recurso ficcional. Es como toda gran película que se enfrenta con la realidad y sale ganando, sin evadirla, cambiándole la cara, sin temor a no poder hacerle frente. Ese quizás sea uno de lo méritos no celebrados de esta película. Existen muchos intentos fílmicos que reconstruyen, o al menos lo intentan, la realidad, abriendo nuestro panorama y permitiéndonos considerar el “¿y si hubiera pasado esto?”. Pero pocas veces vemos intentos que acuñen constantemente como soporte la realidad. Se me ocurren títulos como Forrest Gump, por los claros manejos de estos soportes hallados en la realidad (John Lennon, Elvis Presley, Vietnam, etc.). La ventaja que podría tener quizás sea la mayor cantidad de material histórico sobre el cual vierte su ficción, empalmando cada uno de los acontecimientos con los procesos existenciales que atraviesan los personajes. Eso podría ser más interesante, pero también más peligroso, pues queda al descubierto el uso y abuso de la historia en función de los personajes. La ausencia del efecto “histórico” en la película, hace que su presencia se disipe y pierda el peso necesario para condicionar su atmósfera. Lo que no pasa con Elliot en Taking Woodstock. La película nos presenta la experiencia que atraviesa Elliot, ese despertar emocional sucedido a partir de la imprevista llegada de un enorme festival musical. En ningún momento se pretende tratar o encaminar los hechos reales a partir de la sensibilidad de los personajes; es el lugar, el contexto, el momento, el Hito que significa el festival de Woodstock 69 que define a Elliot y a los demás personajes de la película.

Por otro lado, la instancia que se quiebra en la trama es una de sus fortalezas. Los dos momentos que Elliot experimenta al pasar de una a de otra familia, a una comunidad mucho más grande y diversas que esa pequeña, recta y lúgubre a la que por muchos años consideró su verdadero hogar. Desde el primer plano, en el que presenta una conservadora vida dentro de ese reducto, en el cual es encargado de satisfacer y atender a extraños, viviendo su vida a través de ellos, ajena por completo, a pasar a otra vida mucho más auténtica, abandonándolo todo al azar, arrojando su vetusta existencia al viento de los nuevos cambios que se avecinan encarnados en rostros pintados, automóviles llenos de flores, drogas y sexos desnudos por doquier. Lo que vuelve a esta película en una elocuente y justa “exposición” de un momento específico de la historia, es el estado de “abyección” del concierto, que sería lo más notorio, pero justamente, en ese trato estriba su éxito. Muchos podemos creer que esta película nos presentará a versionados Hendrix, Joplin, who, etc., siendo comprensiblemente evidente. Pero no. Ang Lee apuesta por la distancia, por esa barrera de misticismo y energía sobrenatural, omitiendo imágenes del concierto y solo dejándolo como una proyección o representación de los mismos personajes; por esa otra parte no mostrada en el documental que de alguna manera complementaba esa fiesta de la música: el público en general.

Elliot, y su abandono en la carretera, su deambular por carpas y caravanas de extraños, de probar por primera vez la carne, drogas y demás, pero todo a un mismo ritmo, colectivo, al unísono de un bello y gigantesco monstruo, víctimas de una cósmica renovación solo aquellos quienes se vieron involucrados en Woodstock. Ese es la propuesta de Ang Lee. No reconstruir la historia, simplemente ofrecernos otra ventana por la cual apreciarla. Nos permite comprender cuánta gente estuvo involucrada y se vio afectada de una u otra forma por una de las revoluciones culturales más significativas de la historia.

Resistencia a la arqueología del espectáculo: ¿Led Zeppelin o Robert Plant?

Por Fausto Barragán

Lo que se nos vende

Sentado en mi escritorio, escuchando un poco de “Kashmir”, decido por fin escribir este pequeño texto, que de alguna manera condensa la (nuevamente) desilusión que siento por la difusión de los medios de comunicación, más que nada, de los spots publicitarios, surgidos a raíz de la extraordinaria noticia que nos dejó con la boca abierta a todos los admiradores de la buena música, no sólo a aquellos curtidos conocedores, sino también al más neófito aventurero dentro de los terrenos del rock: la llega a Lima de la leyenda viviente, Robert Plant.

No voy a negar, que después de la llegada de Paul McCartney el 2011, este, es el segundo arribo más esperado que registra nuestra joven historia de espectáculos musicales internacionales en Lima. Claro, para muchos admiradores de Led Zeppelin, la comparación con el Macca es inadmisible, por el mismo género musical, la tendencia de la banda, la apariencia con la que se vendían al público, etc. Pero, en cierto sentido comparten cosas en común, grandes facultades vocales, destreza en el escenario, vida llena de mitos y oscuras historias. Grandes músicos definitivamente que fueron… ¿fueron? o ¿Son? Qué podríamos decir de ambas leyendas vivientes hoy por hoy. Sin pretender restarle mérito a su trayectoria, ni siquiera cuestionarla, me permito sí hacerme la pregunta de ¿es justo que se cree la misma expectativa por Robert Plant que por bandas, como por ejemplo, la de Paul McCartney? ¿Sinceramente podemos considerar que ambos espectáculos coincidirán con lo que el público peruano desea escuchar? Yo creo que no. Pues existen diversos factores que vuelven todo el repertorio y espectro con el que está llegando el intérprete de “Black dog” y “Rock n roll”, como algo único dentro de los conciertos precedentes en nuestra capital. En estas siguientes líneas descargaré algunas ideas que pretendan centrar y tomar con agua fría la  pronta llegada del mítico Robert Plant.

Todo empieza desde que, hace algunas semanas, estando en mi habitación, en la mañana, me tomó por sorpresa la publicación en la radio (doble nueve, obviamente), que el cantante de la titánica banda Led Zeppelin, Robert Plant, vendría a nuestra capital. Inicialmente pensé que era una broma. Después reparé en la fuente, y nunca he escuchado en esta radio que se hiciesen bromas de tamaño calibre. Entonces un entusiasmo me embargó inicialmente, no lo voy negar. Hasta que, de forma rápida, sucediéndole a la noticia, una pista, una rara canción que acompañó al instante el titular, que me hizo pensar… “¿qué tiene que ver eso que estoy oyendo con Led Zeppelin?” Y fue en ese momento que recordé algo vital, y creo, fundamental tener en cuenta para toda persona que vaya a disfrutar de este espectáculo: Robert Plant no es, ni será (al menos solo) Led Zeppelin. La canción que acompañaba la noticia, era una versión de “Black dog” que Robert Plant suele tocar en sus conciertos hace algunos años. Siendo así, que en un primer momento, Radio Doble nueve fue honesta en la difusión de la noticia, algo extraña no lo voy a negar, pero honesta al fin y al cabo. Cosa que no podemos decir ahora de la misma.

Es probable que se pregunten cuál es el problema de pasar en los spots o videos promocionales del concierto las mejores canciones de la banda, interpretadas en su mejor época por sus miembros, o los temas clásicos en sus versiones originales, o cualquier muestra de lo que “fue” el cantante en cuestión. Nada. Si lo vemos de esa forma. Nada. Por ejemplo qué pasa con las bandas como Aerosmith, Kiss, Guns N roses, Iron Maiden, Deep purple, Ozzy Osbourne, entre otras. Por qué cuando llegaron estas agrupaciones sí se les puso como videos promocionales sus antiguos hits, y estuvo bien. Por la sencilla razón de que todas esas, eran las canciones que las bandas precisamente iban y debían tocar. Nada más que eso. Por eso que no hubo problemas, y es más, era un deber por parte de los organizadores crear la euforia de los conciertos con sus respectivas canciones. El caso de Plant es más complicado, ya que el público se enfrentará a una vieja figura del rock, la cual no se siente comprometida de tocar el repertorio que popularizó a su banda a finales de los años 60´s, claro está, en su forma “original”.

Para facilitar las cosas, el público debería diferenciar que la llegada de Robert Plant no significa la llegada de Led Zeppelin. Otra sería la historia claro está, si en vez de que viniera solo Plant, llegaran de gira Plant y Page. Tal es el caso que no estaría ni siquiera pensando en escribir este texto. Eso es otra cosa porque la presencia de Page, garantiza (se puede confirmar por videos) que el concierto sería exclusivamente una retrospección de la trayectoria de la banda. Pero, lamento desilusionarlos, no será así. Por ejemplo, mentando nuevamente a  Paul McCartney, su difusión coincidía con el repertorio que tocó no solo aquí, sino el todos los países del mundo desde la separación de los “cuatro de Liverpool” a inicios de los años 70´s. De esa manera se gana la vida. Pero Plant, a diferencia de él, no. Robert Plant es un artista sumamente atractivo, que siempre tiene algo que ofrecer, nunca estático, cambiando, buscando nuevas formas, asideros musicales que le sirvan para desarrollar su genio, violente y explore las culturas que se le pongan en medio. Como sabemos ya, Plant es un trotamundo, un viajero, que no cree en “Great hits”, salvo si la circunstancia lo amerita (reuniones de Led Zeppelin) pero ella, no estará la noche del 9 de noviembre, cuando pise el escenario en suelo limeño.

De esta manera, imprimo mi inconformidad para con los medios de prensa y difusión en general, creando falsas esperanzas al público; que lo único que logran es moldear una figura de barro, algo curioso que presumo si no se toman las provisiones del caso, puedan lamentar con su disconformidad. No pretendo con este texto arremeter contra Plant, pues lo considero un genio, y lo respeto musicalmente; tampoco pretendo restarle mérito a su trayectoria como solista, pues cualquier fan de Plant tranquilamente puede leer este texto y descargar su sincera indignación contra mí, ya que no soy seguidor de tal trayectoria, y mis palabras podrían herir susceptibilidades. Simplemente tomen este texto como la indignación de un fan de Led Zeppelin, que no está de acuerdo en restarle mérito a la (demás está decirlo) respetable trayectoria solista de uno de sus miembros, con falsas imposiciones de una figura que se perdió ya hace mucho, de un anacrónico ícono sexual, con el cual solo pueden encontrar consuelo en sus casas, con videos de sus gloriosos conciertos. Entonces, para los que piensas pasar una mágica noche con Robert Plant ese de octubre, no está demás darle una mirada a sus actuales conciertos. Nunca está demás conocer lo que realmente se consumirá.

Lo que será

Entrevista a Pipe Villarán

Por: Fausto Barragán

A inicios de año, tuvimos la oportunidad de realizarle (con tiempo de anticipación) esta entrevista a uno de los músicos más reconocidos en el medio rockero peruano: Pipe Villarán. Ha participado en bandas como G3, en los extrañados Fuckin sombreros, sorprendiéndonos también en  proyectos personales como Long player, entre otras colaboraciones. 

En definitiva, con sus nuevos singles lanzados este año (Island on the second sun y Curtain call) , y el reencuentro de sus dos bandas (G3 y los Fuckin…), podemos decir con toda seguridad no solo que este es el año de Pipe Villarán, sino que musicalmente, dará mucho que hablar.

A dos meses de tu partida…

Por: Fausto Barragán

Hoy se cumplen dos meses del sentido fallecimiento de un gran músico y artista, querido y respetado no sólo en la industria del hip hop, sino de la música en general: Adam Yauch, o más conocido como MCA. Después de largos meses de una intensa lucha contra el cáncer que se le diagnosticó el 2009, terminó siendo derrotado  por ella, el 4 de mayo del 2012, dándole una amarga sorpresa a todos los que conocían y respetaban su trayectoria musical, como miembro de los siempre recordados Beastie boys, formados (antes de llamarse así) en 1979.

Les recomiendo que se tomen la molestia de escuchar algunas canciones, a parte de la ya renombrado Sabotage, y conocerán porqué del respeto para con ellos, y su aporte a la música, que dicho sea de paso, se sirvió del jazz, funk, punk, rap, etc. Descansa en paz MCA.