Cosas de poetas…

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Quizás una de las ventajas de leer literatura no tan voceada, sea que al momento de consumirla, no estaremos contaminados por ningún tipo de paratexto que pueda condicionar nuestra lectura. Es como darle una leída objetiva; una suerte de grado cero al momento del acercamiento. No he visto mucha propaganda sobre este libro, así que considero que mi opinión está libre de ataduras. Pero, tampoco voy a engañarlos. Hay un factor relativamente determinante en el texto del día de hoy: conozco a su autor. Con esto no quiero decir tampoco que para mí resulte imposible hacer un comentario sincero sobre un texto de amigos míos. No. Solo hago la aclaración para evitar que algunos “críticos” digan “ah no, es su pata, es sobón”, o comentarios por el estilo. Sé que los habrá. En fin, luego de lo dicho, volcaré los comentarios que considero honestos hacia este texto que lleva el nombre de Naufragios.

En primer lugar, no sé si estamos hablando de un poemario propiamente, o un cover rubendarioano trasnochado, ya que existen pequeños relatos orbitando entre sus páginas. Pero en vista de que el número de estrofas excede al de párrafos, decidiré llamarlo “poemario”. Entonces, siguiendo esta línea, el “yo poético”, “hablante lírico”, o cualquiera calificativo que se le encuentre (en los poemas), nos invita a dar un paseo por su día a día, entre bares, Quilca, besos, libros, y constantes frustraciones, presentándonos una vida al mejor estilo de poeta maldito, pero ambientado en el centro de Lima. Desde el primer verso, se percibe un acercamiento hacia su intimidad, desprolija y callejera. La distensión en el lenguaje siempre es un recurso interesante, pero a la vez peligroso, pues se corre el riesgo de que destruya su propuesta (si es que la hay), atravesando la frontera que separa la “honestidad” del “mal gusto”, y me temo que es en ésta última, donde caen en ocasiones los versos. Es el caso también de las referencias herméticas, en exceso personales, que lejos de inquietar y seducir, me terminan por alejar más. Y en cuanto a los párrafos, el narrador, mantiene una distancia disímil a la de los versos, dando a entender que estas pequeñas historias preludian reflexiones que parten de experiencias concretas en la realidad, para desplegarse a través de los ecos resonantes de una voz surrealista, estampada en los poemas. Ahora, no quiero con estos comentarios, decir que el gusto e interés por Naufragios, naufragó. Pues no es así. Y me toca mencionar el porqué simplemente no lo dejé pasar, como muchos otros libros que me parecen malos o indignos de siquiera dedicarles unas líneas. En este caso, a pesar de los factores que me pudieron incomodar, tengo que aceptar que aquellas “ocasiones” en las que afirmé excesos de “mal gusto” dentro del libro, son pocas. Más que con la narrativa del libro, me quedo con los momentos, lugares, y sentimientos graficados en los versos de sus poemas.

Existen arranques sorpresivos que evidencian notoriamente un estilo maduro y original al momento de verter imágenes, aquellas que lograron despertar mi interés. Lo lamentable, es que no mantiene el mismo trote en otros poemas, brindándole así al conjunto textual, cierto cariz de inestabilidad. Aunque, si lo vemos en perspectiva, jugando con el rótulo Naufragios,  estos poemas y relatos en general, no tendrían por qué estar bajo el mismo criterio y tensión sino estar a la deriva, a la espera de un salvavidas, que tranquilamente podría ser el estado de ánimo de cualquiera de nosotros, tendiendo puentes de identificación con el poeta. En resumidas cuentas, saltando el hecho de que el libro (tengo que decirlo) esté recomendado en la contraportada por un poeta ochentoso, miembro de un grupo poético que recientemente está dando de qué hablar, debo aceptar que fue una sorpresa agradable la que me llevé al leer el que sería el primer vástago de Danny E. Barrenechea. Y si no he citado ningún ejemplo de esos versos (que es lo correcto), es porque me gustaría que no se contaminen mucho por estas humildes palabras, y lo lean libres de presión; ustedes mismos decidan, si le tienden la mano o no.

“La poesía de la pansensualidad”. Una entrevista con Julio Heredia

Por: Fausto Barragán

 

 

 

Recuerdo que hace meses tenía en mente entrevistar a uno de los miembros del grupo “Kloaka” que, a mi parecer, se diferencia notoriamente del resto. Julio Heredia (1959), poeta limeño quien hace sus primeras apariciones en 1982, con su poemario “El libro de los instintos”, con el que ganó el premio nacional José Gálvez Barrenechea, no ha cesado de sorprendernos con diversas entregas, a las cuales, curiosamente le anteceden la palabra “Libros”. Eso explica el proyecto estético que cuaja desde la década de los 80´s hasta la actualidad, un proyecto de continuidad que no implique una ruptura al final de cada poemario, sino más bien una pausa, un cambio de página, un capítulo más de su obra total. Más adelante publicaría “Libro de los muchachos chinos” (1989), texto que tiene como sustrato gran parte de su estadía en China, entre otros, cada uno de ellos, dialogando siempre entre sí. Es esta búsqueda estética de la esencia en su trabajo la que me permite hablar de él como un poeta, y me entusiasma el publicar al menos una parte, de la vida de este destacado poeta peruano.

 

¿Cuáles fueron los primeros libros que te motivaron a desarrollar el interés y la práctica literaria?

No tengo una memoria exacta de los títulos que haya podido leer en la adolescencia, lo que tengo es una noción bastante clara del clima que pudo haberme influenciado. Creo que ese clima influye y determina mi vocación literaria: los Barrios Altos, donde nací; un sector de Lima que tenía mucho de vestigio colonial y un color local criollo popular. Me parece que la decadencia de ese rincón de Lima no era aún patente, aunque ya había zonas, hacia el fondo, cerca del cementerio, con presencia delincuencial. Pero por lo menos el marco donde yo nací, alrededor de la Plaza Italia, siendo popular e incluso pobre, tenía todavía cierta pretensión de ciudad. Por momentos debo haberme sentido, curiosamente, en el Centro. Ese clima debe haberme hecho tomar conciencia, muy temprano, que continuaba una tradición cultural, y esa tradición era la llamada “criolla”, porque mis padres lo eran, y mis tíos, etc. De ello se desprende que la música criolla acompañó mis primeros años, aunque, irónicamente, de niño no me gustara, pero ya  adolescente me di cuenta que me sabía de memoria las letras de esos valses. En la universidad, me percaté que la gente de mi entorno, compañeros -poetas, profesores, gente generalmente mayor-  consumía este tipo de música, pero nunca acertaba tanto como yo con las letras. Cuando uno lee las estrofas de las canciones de Manuel Covarrubias, por ejemplo, o de Felipe Pinglo Alva, por supuesto, se encuentra con un sustrato literario bien interesante. Y eso, posiblemente, no porque fueran demasiado amantes de la literatura, sino porque entonces todavía la “Cultura” influenciaba a las capas populares, y como creo que ha dicho Borges, esas capas imitaban a la cultura “culta”. A veces son casi perfectos versos modernistas y no necesariamente románticos. Entonces mis primeras influencias son esas. Es por eso que varios de los epígrafes de mis poemarios están tomados de algunos valses de Lima.

 

¿Cómo crees que el panorama universitario dialogó con tu práctica de poeta, asumiendo que ingresaste a la universidad con un poemario bajo el brazo?

Bueno, ya he contado que el primer examen de ingreso, que me ilusionó mucho y  que estaba convencido de haber resuelto brillantemente, fue anulado al descubrirse un fraude. Logré ingresar a San Marcos después, pero casi de mala gana. Dentro, mi situación como estudiante fue ambigua y contradictoria. Por un lado estuve muy entusiasmado de encontrar profesores tan motivadores como Manuel Velázquez Rojas y Antonio Cornejo Polar y poetas tan  destacados como Washington Delgado y Francisco Bendezú (ahora me percato que en Literatura había en general un nivel muy alto) pero al mismo tiempo el clima político que había en San Marcos me desazonó. Yo era una persona muy tímida todavía y creo que por timidez me dejaba arrastrar por determinadas corrientes materialistas siendo que muy temprano me había convencido la democracia como sistema y ya desde adolescente mi temperamento me inducía más a la metafísica. Había un clima politizado al máximo, todo el mundo era no sólo de izquierda, sino fundamentalmente marxista y maoísta, es el caso de Roger Santiváñez y de Dalmacia Ruíz Rosas, que fueron mis primeros amigos en la Universidad. Yo era secretamente escéptico de la “revolución” armada, pero asistí algunas veces a “talleres” de adoctrinamiento. Me sentía obviamente muy del lado del pueblo, de lo popular, sentía que provenía de allí, y ansiaba una transformación en el Perú que impusiera la  justicia social en democracia. Parece que la “tercera vía” me había seducido.  San Marcos, efectivamente,  fue para mí muy motivadora desde el punto de vista literario, pero decepcionante en lo político.

Me parece que intuitivamente opté rápidamente por la libertad, es decir, preferí las opciones que consideraban al individuo y su complejidad. Quizá entonces no lo tenía muy claro, pero ahora me doy cuenta que era ya un librepensador. Tengo la convicción que el altruismo, la solidaridad, la fraternidad, el amor, sólo pueden surgir de un sujeto –el individuo? a quien se le acuerda valor absoluto. Ni siquiera la democracia puede imponerse a los pueblos bajo la coartada de su superioridad moral. Admito que es una postura más bien filosófica y que en la práctica induciría al relativismo o a la indulgencia respecto del Poder,  cualquiera que este fuere. Pero, en mi visión, tal postura debe acompañarse de una ética, y esa ética sostiene una acción crítica (y autocrítica) y contributiva. Más que al “compromiso” de que hablaba Sartre, lo que digo se emparenta a la noción del deber.

Creo que uno no solo siente sino también piensa según su temperamento, es por eso que una propuesta que se suponía revolucionaria y liberadora, como la marxista, como la comunista, a mi me aterró, y la percibí tan castradora como el catolicismo medieval. Para remate, poquísimo tiempo después, viví en carne propia la acción delirante de Sendero luminoso. Yo había comenzado a trabajar muy temprano en periodismo, después de trabajar en El Diario de Marka pasé a Caretas, entonces gente cercana, estudiantes de Letras como yo, dirigentes, en la Ciudad universitaria, comenzó a atacarme porque “me había vendido a la burguesía”, por escribir en Caretas. Incluso llegaron a agredirme físicamente. Algunos de los que ahora con ligereza me tildan de derechista, de fujimorista, o cosas por el estilo, podrían tomarse el tiempo de analizar las causas de mis posiciones actuales. Ya he contado alguna vez que comenzando nomás la década violenta de los 80, no solo me libré de lo de Uchuraccay, donde perdí a mis dos colegas entrañables de El Observador (Jorge Luis Mendívil y Willy Retto) sino también a mi compañero de carpeta de la Secundaria, y a mi mejor amigo de entonces, Miguel Portugal. Jamás he caído, sin embargo, en el macartismo ni en la delación. La gran mayoría de mis amigos sigue siendo de izquierda y yo comparto aún con ellos algunos sueños y combates. Y tengo siempre al cristianismo, al taoísmo y al budismo como mis grandes soportes ideológicos.

 

 ¿Recuerdas alguna relación con los de Hora Zero? Al ser ellos sus predecesores en cuanto a la propuesta poética iconoclasta, es seguro que la tuvieron. ¿Qué me puedes decir sobre ello?

Guardo mucho afecto por varios de los poetas de Hora Zero, por Jorge Pimentel, especialmente, y  por Juan Ramírez Ruiz, como ya te dije. A los dos nombrados y a Enrique Verástegui, me parece, debe corresponderles el título de renovadores del lenguaje de la poesía peruana de la segunda mitad del siglo XX, más que a los poetas mayores de la década del 60. Abundando en la respuesta que me pides, te contaré que Juan Ramírez Ruiz, desde que yo publiqué mis primeros poemas, trató de convencerme de que yo era “un grande”, es difícil decir esto ahora que ya está muerto y que no puede venir a desmentirme, pero te lo digo para que te hagas una idea de lo entrañable que puede ser para mí. De Verástegui guardo diálogos invalorables en mi etapa formativa en algún café o en su casa de entonces; es, sin duda, uno de los príncipes de nuestra poesía, así fuere sólo por su primer libro. Y está Eloy Jáuregui, brillante intelectual que ha sabido no salir del barrio, con quien comparto tantas cosas como es lógico, pues él sale de Surquillo y yo de los Barrios Altos. E incluso Tulio Mora tan gruñón ( o tan “niñín” como diría Vallejo) no me convoca sino admiración y respeto.

 

¿Cómo llegas al grupo literario Kloaka; cuál es el vínculo, el elemento en común que te permitió adherirte a ellos, y claro está, los comentarios que te deja?

Varias veces me han preguntado eso, y creo que nunca he respondido como te voy a responder ahora. Yo ingresé a Kloaka porque tuve un arrobamiento amoroso con alguien que ya integraba ese grupo. En el curso del  año el 82, creo, Roger Santiváñez, Edián Novoa, Mariela Dreyfus y Guillermo Gutiérrez habían creado Kloaka. Por entonces, yo había  decidido no pertenecer a ningún grupo. Había tenido una experiencia muy temprana, apenas ingresado a San Marcos, en el grupo llamado La sagrada familia, al cual me habían llevado  Roger Santiváñez y Dalmacia Ruiz Rosas. Era un grupo que pretendía emular a Hora Zero  pero al mismo tiempo diferenciarse. Entonces los de Hora Zero veían a los integrantes de La sagrada familia como “pitucos de izquierda”, en ese tiempo no se había acuñado el término “caviar” (risas). Estaban allí además de la pareja nombrada, Edgard O´hara, Guillermo Niño de Guzmán, Luis Alberto Castillo, Eleonora Falco, creo que Juan Luis Dammert, Luis Rebaza, Enrique Sánchez Hernani, luego se integró  Carlos López Degregory, y Óscar Malca y yo, que éramos los más jóvenes. Dentro ya del grupo, me pareció una cosa infructuosa, el escenario para la lucha entre los narcisismos más desenfrenados. Me salí un tanto decepcionado y al poco tiempo el grupo se deshizo. Ahora, que lo veo en retrospectiva, me parece que fue divertido e instructivo: nos juntábamos, hacíamos bohemia, me parece que el nivel intelectual y creativo de sus miembros era alto…bueno, disculpa la sinceridad: todo lo anterior a la década del 90 me parece más nutricio en comparación con lo que tenemos ahora. Luego, los de Hora Zero quisieron jalarme, e incluso un día en una borrachera dije: “me uno a ustedes”, o una cosa por el estilo. Y después publicaron un artículo en el Diario de Marka, histórico periódico de izquierda que existía en esa época, diciendo que yo me había incorporado a Hora Zero, con Roger Santiváñez, Dalmacia, entre otros, y yo lo desmentí. Desde entonces, creo, Tulio Mora, me tiene una gran bronca…quizá sea solo aparente, pues a pesar de las diferencias, yo siempre les he profesado una gran amistad y admiración, incluyendo a Juan Ramírez Ruiz que ya se había apartado del movimiento, y que fue mi gran amigo. Volviendo a Kloaka,  ya entrado el año 82, me reencuentro con Roger, me cuenta que han fundado un nuevo movimiento llamado “Kloaka”, y como siempre hubo mucho afecto entre nosotros, decido hacerles una entrevista para la revista Gente, donde yo trabajaba en ese momento. Fue una entrevista amplia. Proponían allí la “pansensualidad”,  y si alguna postura política quedaba clara, era la apuesta por la libertad amatoria y sexual. Se reivindicaba practicas marginalizadas o estigmatizadas socialmente. Eso me pareció valiente, útil, novedoso. Y terminé incorporándome a Kloaka donde además se encontraba el sujeto de mi amor (risas). Pero al poco tiempo se radicalizó la postura desde el lado marxista militante y, sobre todo, fue mal vista y condenada por Mariela Dreyfus, una de las fundadoras, la relación que mantuve con uno de los miembros del Grupo. Entonces, fue evidente para mí que ya nada tenía que hacer allí.

 

¿Cuánta presión o influencia representó la presencia de Sendero Luminoso en Kloaka y en ti?

Mientras yo estuve en Kloaka no hubo ninguna acción ni manifestación que fuera explícitamente pro-senderista o pro-subversiva. Creo que algunos de ellos se autoconferían una misión revolucionaria, pero eran cercanos a partidos legales. Yo, en tanto periodista, estuve tres veces en Ayacucho y esa experiencia fue para mí definitiva: Sendero era una deriva desquiciada y criminal.

 

Sobre algunas las influencias de poetas mayores ¿Qué te dejó Juan Gonzalo Rose?

Guauuu….ya no me queda aliento para responderte esa pregunta. La influencia que he recibió de él, más que literaria es de vida, me ha quedado su soplo agónico que contenía toda su vitalidad tormentosa y prodigiosa. Creo que he respondido antes esta pregunta. No me cabe duda que fue un ser tocado por la divinidad, una persona que vivía en olor de poesía. Tuvo la capacidad de asumir el dolor en clave de estoicismo. Juan Gonzalo muere, ahora me doy cuenta, joven, pues tenía 55 años, un poco mayor que yo ahora. Como se sabe muere, en mis brazos, de alcoholismo, atribulado por episodios depresivos, pero,  fundamentalmente, muere habitado por el alma de la poesía. Más poeta que él no he conocido.

 

Y en relación a tu estadía fuera de Perú ¿Cuánta influencia tuvo Pekín en tu poesía?

Es verdad que estuve asentado en Pekín,  pero es China, ese pueblo, esa cultura, los que me asaltan y penetran, me trituran. Es casi un continente, ¿no?, y lo estuve recorriendo de norte a sur y también a lo ancho en apenas dos años. China es la frontera entre el que fui y el que ahora soy. Me sirvió para descubrirme, lo que he intentado plasmar en el “Libro de los muchachos chinos” (1989) y para darme cuenta que las fronteras terrenas son tan artificiosas como inexpugnables.

 

Y para terminar ¿Qué opinas de la producción artística, específicamente literaria, de los jóvenes actualmente en Lima?

Quizá sea un poco impúdico confesar que el periodo depresivo por el que estuve atravesando, me hizo perder contacto con el mundo artístico y literario, pues  me acostumbré a recorrer esos universos en una compañía que ya no está. Últimamente, gracias al programa que tengo en Radio Capital, he conocido y descubierto a algunos jóvenes escritores, hombres y mujeres, y, como es previsible, me percato que hay de todo. En general, me parece que hay inventiva e imaginación pero quizá se haya perdido la formación humanística y el rigor con que se trabajaba la palabra, la escritura, hasta mi Generación. Soy sincero, eso me parece lamentable. A veces tengo la impresión que los jóvenes creadores, tanto narradores como versificadores, están más ocupados en aparecer y en afinar sus itinerarios de viaje con destino a encuentros y festivales nacionales e internacionales, que en resolver el dilema de conciencia que supone agregarle un objeto estético a lo existente, conocerse, y publicar un libro.

 

Entrevista a Roger Santivañez

Por: Shéridan Medina Cabrera

A fines del año pasado, tuve la oportunidad de contactarme con uno de los miembros fundadores de “Kloaka”, grupo poético más incendiario de la década de los 80´s: Roger Santivañez. Tenía tiempo ya investigando acerca del grupo y sobre el autor en cuestión: poemarios, manifiestos, entrevistas y demás archivos que pasaron por mis manos. Así que, luego de algunas conversaciones, me sorprendió su entusiasmo al acceder a responder mis inquietudes, haciendo posible la realización de lo que más adelante se convertiría en esta entrevista. Él accedió de la mejor manera, haciéndose un espacio entre sus labores académicas para responder y entregarme el texto que a continuación veremos. No me queda más que darle nuevamente las gracias, por la entrevista, por las charlas, los datos, la bibliografía, por los consejos, y sobre todo, por la atención y la estima que me ha demostrado. Roger Santivañez tiene años publicando poesía de la mejor calidad, entre las que destacan: Antes de la muerte (1979) Homenaje para iniciados (1984) El chico que se declaraba con la mirada (1988) Symbol (1991) CorCordium (1995) Santa María (2001) Eucaristía (2004).

1) ¿Cuál fue su primer contacto con la poesía, lo recuerda? Digamos que, ¿hubo algún poeta  cuya lectura significó el nacimiento de su práctica literaria? 

Mi primer contacto con la poesía ocurrió a muy temprana edad. Estaba yo de vacaciones en Lima (vivíamos en Piura) en el verano de 1964 y un buen día escribí una suerte de poemas –en realidad juegos de palabras y ritmos- influenciado por la música rock que oía a través de mis hermanos mayores. Yo tenía siete años aquel verano que contempló mi nacimiento a la poesía, pero aún no poseía alguna idea de ella: fue un arranque solitario y personal, un impulso espontáneo que pasó como el fuego del estío. Muchos años después –en la pubertad- un mediodía piurano hacia 1969 o 1970 mi padre trajo a la casa una grabadora de caset (una novedad a la sazón) y para probarla se puso a leer en voz alta unos poemas de García Lorca que él amaba. Escuchar a mi papá leyendo al gran Federico me produjo una conmoción de la que todavía no me repongo. Pero ahí quedó la cosa. En 1971 estando en cuarto de secundaria –sin saber porqué- de súbito empecé a componer versos y entonces me animé a leer la famosa edición de Moncloa (1968) de la obra poética de Vallejo que mi papá tenía en la biblioteca de mi casa y entonces experimenté la hecatombe. Allí empezó –o prosiguió mejor dicho- todo.

2) Años después decide viajar a lima, ¿“Hora Zero” significó el primer paso “serio” como poeta?

Empecé a mudarme a Lima en el verano de 1974.  Hora Zero en ese momento era para mí la imagen de la rebelión en poesía, pero yo no conocía todavía a nadie del grupo, sólo había leído la antología Estos 13 y los primeros libros de Pimentel, Ramírez Ruíz y Verástegui. Hora Zero existía desde enero de 1970 –cuando yo entraba a tercero de secundaria en Piura- y no estaba en la poesía todavía. Me enteré de la existencia de HZ a través de ‘Estos 13’ libro que me compré en la librería Studium de Piura en el verano de 1973. En Julio de 1973 viajé a Lima en las vacaciones de Julio y allí consegui Los Nuevos la antología de la generación del 60 que me marcó muchísimo tambien. Y Vuelta a la otra margen otra antología de poesía peruana moderna que fue decisiva para mí. De modo que HZ -en ese momento- no fue ningún paso serio como poeta ya que aún no los conocía; sólo los admiraba como lector.

 

3) Qué significó “La sagrada Familia” ¿Por qué y cómo concluyo?

La Sagrada Familia (que fundé con Edgar O’hara e invitamos a Enrique Sánchez Hernani, Luis Alberto Castillo,  Willy Niño de Guzmán y Mito Tumi que se abrió antes de iniciar el camino) fue mi primer grupo literario constituído como tal. Antes de ésto yo estuve en el grupo que editaba la revista AUKI (1975-76 con Luis La Hoz y Armando Arteaga) y en el que publicaba la revistaEscritura (Mito Tumi y Lucho Castillo) pero no eran grupos propiamente dichos, sino colleras que sacaban revistas. En esta época es que conocí a los que luego –en 1977- serían mis compañeros en ‘La Sagrada Familia’. Este colectivo significó en su fundación el agrupamiento de los más jóevenes poetas de Lima en ese instante.También estábamos un poco cansados del prosaísmo y cierto descuido formal que veíamos en las secuelas del lenguaje de HZ. Nosotros buscábamos un trabajo más cuidadoso de la forma. Esto fue lo que nos unió al comienzo. Después vino el paro nacional del 19 de Julio de 1977 y la crisis política tremenda que se suscitó a la caída del reformismo del general Velasco. En ese momento los poetas jóvenes nos politizamos muy fuertemente. Y se produjo una intensa discusión en el grupo. Todos eramos marxistas. Pero de diferentes tendencias del marxismo. Yo personalmente había asumido el maoísmo y no me sentía cómodo en el grupo, de modo que lo critiqué abiertamente y eso produjo un cisma. La solución final fue el acuerdo común de dissolver el grupo. Y asi fue en abril de 1979. También fueron de La Sagrada Familia Dalmacia Ruíz- Rosas, Marisol Bello, Luis Rebaza, Guillermo Saravia, Ernesto Mora, Luis Angulo, Eleonora Falco, Oscar Malca y Julio Heredia.

4) ¿Cómo inicio “kloaka”?  Fue una urgencia del momento o un proyecto ya cuajado.

Kloaka vino mucho después. Luego de la disolución de la LSF pasé un tiempo solitario dedicado a preparar mi primer cuaderno ‘Antes de la muerte’  que salió publicado en diciembre de 1979. En 1980 hubo un intento de agrupar a todos los escritores y artistas de izquierda en Lima. Eso se iba a llamar ‘La Unión Libre’. Pero jamás cuajó. En las reuniones de ‘La Unión Libre’ trabé amistad muy cercana  (aunque ya lo había conocido unos años antes) con Jorge Pimentel, quien m - e invitó a intregrarme a HZ, cosa que hice en diciembre de 1980. Milité allí hasta abril de 1982, cuando me reunía con José Mazzotti, Dalmacia Ruiz-Rosas, Rafael Dávila-Franco y Mariela Dreyfus para organizar un nuevo movimiento literario. Este intento no funcionó. Y así fue como un dia de agosto de 1982 me encontré de casualidad con Mariela Dreyfus en el restaurant Wony del centro de Lima y decidimos fundar el Movimiento Kloaka. Fue una urgencia del momento. Nos parecía que  la sociedad peruana era una cloaca. Pore so tomamos ese nombre (y para significar la ciudad también) pero con las letras K en una onda de vanguardia. Queríamos reivindicar todo lo subterraneo –eramosunderground– estábamos influidos por los beatniks, por el movimiento hippie, y por todas las vanguardias que en el mundo han sido, principalmente DADA y el surreealismo. Representábamos la Contracultura en el Perú de esos días. No, no fue un proyecto cuajado, fue una creación espontánea motivada por la necesidad de expresarnos frente a todo lo que sucedía en nuestro país –empezando por la guerra de Sendero que acababa de inciarse-  así como el narcotráfico copando las esferas del poder y el gobierno “democrático” de Belaúnde que no hacía nada por resolver los graves problemas del pueblo peruano, sino que profundizaba la crisis llevándolo a extremos de miseria y desesperación. Kloaka quería responder –desde la poesía- a toda esta terrible y dramática realidad. Integraron también el MK: Domingo de Ramos, José Alberto Velarde, Mary Soto, Guillermo Gutiérrez, Julio Heredia, el narrador Edián Novoa y el pintor Enrique Polanco. Participaron como alidos principales José Antonio Mazzotti, Dalmacia Ruíz- Rosas y en su onda expansiva Rodrigo Quijano, Rafael Dávila-Franco, Frido Martin, Bruno Mendizábal y el pintor Fernando Bryce. Piero Bustos y sus bandas de rock-fusión Delpueblo y Delpueblo & Delbarrio, así como los proto-subtes Kilowatt y el grupo Medias sucias,  estuvieron muy cerca del Movimiento Kloaka.

5)¿Tenían algún sustento teórico, algún texto fundacional por así decirlo?

Nuestro sustento teórico eran las lecturas colectivas que realizábamos. Entre las obras fundamentales:  Gramática de la vida del antisiquiatra David Cooper,  Manifiestos del Surrealismo de Andre Bretón,  Aullido de Allen Gisnberg, Una estación en el infierno de Rimbaud, El Matrimionio del cielo y el infierno de Blake, Obra Negra de Gonzalo Arango, Trópico de Cáncer de Henry Miller, El Caos de Pier Paolo Passollini, Visiones de Cody de Kerouac, Vox Horrísona de Luis Hernández, The Wall la película basada en la música de Pynk Floyd, los  poemas de María Emilia Cornejo, Hotel del Cuzo y otras provinciaas del Perú de Pablo Guevara. Estos títulos son los que mi memoria rescata en este instante.

6) ¿Define a “kloaka” como un grupo anarquista?

Efectívamente el Movimiento Kloaka fue un colectivo de ideología anarquista. Bandera negra totalmente. Nosotros negamos esta sociedad, queríamos fundar una nueva, sin estado, sin patria, sin propiedad privada, donde primara la libertad humana y la propiedad colectiva.

7)Cuáles son las semejanzas y diferencia con “Hora zero”,  grupo con el que muchos asocian a “kloaka” como continuadores?

No fuimos continuadores de HZ. Kloaka tuvo su propio e independiente proceso de gestación y de actuación. Obviamente HZ estuvo antes en la cronología histórica y fue una inspiración para nosotros, pero no somos su continuación. Kloaka brotó de una nueva realidad en los 80s que no tenia nada que ver con las condiciones  de los 70s que es de donde nace HZ. Kloaka surge de las condiciones de los 80s: el surgimiento de la guerra de Sendero, la corrupción del narcotráfico a nivel de toda la sociedad incluyendo las esferas del poder, el altísmo nivel de miseria a la que se llegaba por vez primera en el Perú de Belaúnde en los 80s, la aparición del movimiento punk en el mundo, la propagación de la chicha –música y cultura-  en el Perú. Todo ésto no existía cuando surge HZ en 1970. HZ es producto de otra época: la de las condiciones que llevaron a la toma del poder por Velasco Alvarado en 1968. Además y haciendo un símil: HZ intentó lanzar pedradas al edificio de la poesía peruana; mientras Kloaka se propuso dinamitar ese edificio, hacerlo volar en mil pedazos.

 

8) Muchos jóvenes se sienten identificados con “kloaka” por el espíritu idealista y rebelde, por el activismo y la postura guerrera que tuvieron en su momento, pero más allá de la “anti-pose” o la llamada pose de odio ante la sociedad que tuvieron , ¿cuál fue el común denominador que permitió el nacimiento y la breve vida del grupo?

El común denominador era el odio que sentíamos contra una sociedad tan injusta y salvaje como la sociedad burguesa del Perú. No podíamos quedarnos callados, teníamos que gritar nuestro rechazo a un mundo degradado, opresor, antihumano. Esa fue la razón del activismo del Movimiento Kloaka y la base de su propuesta artístico-literaria. En el último tramo de la existencia del colectivo nos declaramos una conciencia vigilante de la sociedad y planteábamos un radiante utopismo hacia la anarquía creadora.

 

9) Tengo entendido que en un primer momento apoyaron la revolución, sin embargo nunca se suscribieron a ningún partido, hablo en particular del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso. ¿Cual fue la posición del grupo y la suya especialmente sobre este grupo maoísta?

 El Movimiento Kloaka simpatizó con la Revolución pero lo hacíamos desde nuestrro anarquista punto de vista. Yo –en lo personal- estaba hastiado y dececionado tanto de la derecha como de la izquierda. Jamas estuvimos suscritos ni adherimos a ningún partido politico. No existe ningún documento  en el que Kloaka manifieste su filiación a nada ni a nadie. Kloaka fue un movimiento artístico de neovanguardia autónomo y absolutamente independiente. Mi posición personal sobre Sendero Luminoso fue la de un observador conciente de lo que estaba ocurriendo.

 

10)  Qué tan importante fue contar con los “aliados principales”.

 Los aliados principales (José Antonio Mazzotti y Dalmacia Ruíz- Rosas) se plegaron en la parte final de la historia del Movimiento. Fueron muy importantes porque –en la práctica- actuaron como militantes de Kloaka.

 

11)  Como miembro fundador del grupo, ¿cree que “Kloaka” llegó a definir su propia poética? Y si lo hizo, qué nos puede comentar sobre ella.

 La poética común de Kloaka fue  un pensamiento y sentimiento anárquicos compartidos, y en el plano del lenguaje la propuesta de trabajar con el habla de las calles, la expresión cotidiana de las sencillas gentes. Estaríamos cerca de un expresionismo urbano en el ámbito hegemónico de la poesía conversacional –modo y estilo que primaba cuando nuestra generación nació a la poesía- en una continuidad de ruptura que venía desde la Antipoesía de Nicanor Parra y el Exteriorismo de Ernesto Cardenal en los 1950s y la obra de los poetas peruanos de la generación del 60 y del 70. Sin embargo en Kloaka habían otras fuentes, como el surrealismo en Guillermo Gutiérrez o en Frido Martín (muy cercano al colectivo).  En la pintura de Polanco el expresionismo es clave y un color distinto, creativo, cerca de lo que se ha dado en llamarchicha en el Perú. A propósito de ésto, de hecho la banda Durazno Sangrando(Quijano, Bryce, Susti, Brodiano) que participó en los recitales de Kloaka hacía un pionero chicha-rock.

 

 12)  Cómo llega a su fin “kloaka” ¿Cuáles fueron los factores?

 Kloaka llegó a su fín por un proceso natural de desgaste, como sucede en casi todas las agrupaciones poéticas.  Después de un tiempo los miembros desean seguir su propio camino individual.  La poesía es un acto solitario. Kloaka se diluyó lentamente en el panorama, para que cada uno de sus integrantes desarrollara su obra. Y tras 30 años que han pasado vemos que cada quien construyó lo suyo, pero que –de todos modos- la experiencia del Movimiento es inolvidable.

13)  ¿Qué fue lo que significó para usted “kloaka”, y de alguna manera, viéndolo en retrospectiva, 30 años después, qué sentimientos le deja?

 Kloaka significó para mí la rebeldía que bullía en nuestros corazones. Un movimiento de neovanguardia artística que representara a nuestra generación: la de los 1980s. En lo personal fue el logro de la organización de un nuevo movimiento que cuestionara todas las bases de un sistema injusto e irracional con el que no estábamos de acuerdo. 30 años después su recuerdo me deja muy satisfecho porque nosotros fuimos consecuentes con lo que pensábamos y sentíamos. Y nos entregamos a eso. Me deja un sentimiento de alegría porque estoy seguro que teníamos razón. Y porque la obra de la mayoría de los integrantes de Kloaka es hoy por hoy un referente insoslayable del arte y la poesía peruanos contemporáneos.

 

14)  ¿Hubo la tentativa de algún proyecto “post-Kloaka”, que intentara expresar esta actitud rebelde ante el descontento social y literario?

 Existió un rebrote denominado Kloaka Internacional en 1986 liderado por el poeta José Alberto Velarde en Paris. Allí se editó un vocero y tambien una plaquette de Domingo de Ramos así como el libro Aproximación a S. Colonia & otros poemas  de Rodrigo Quijano. Posteriormente y en lo que podriamos llamar un espíritu del Movimiento, con el poeta César Angeles creamos el sello The-Posición en el que participó –de alguna manera- el taller de artistas plásticos NN a fines de los 80s y princiopios de los 90s. El evento Thanatos go home de donde nació el Comité Killka en el primer tramo de los 90s –en cierto modo- también recogió la memoria viva de Kloaka.

 

15)  Curiosa la experiencia de la lima en los 80´s, la asumen como un lugar que odian pero que no dejan de hacerla tema recurrente y hasta obsesivo en su literatura. Particularmente Roger, tomas bastante de la Piura natal para escapar de la Lima de “kloaka”, ¿cómo se da el tránsito entre la Piura de tu adolescencia y la Lima de tu juventud?

 El tránsito entre mi natal Piura y la Lima de la juventud fue un proceso que lo viví intensamente. O sea, Lima era un monstruo para mí viniendo de una ciudad chiquita. Sinceramente me fascinó Lima y durante un buen tiempo me dediqué a recorrerla lateando para inmiscuirme en ella y conocerla a fondo. Y cuando trabajé en la revisra OIGA pude conocer prácticamente todos los barrios y distritos de la gran Lima en misión periodística. De hecho Kloaka es Lima. La ciudad tentacular, violenta y salvaje que devora a sus hijos. Es verdad que –en cierto modo- Piura en mi poesía (o mejor dicho la memoria de Piura que yo llevo en el alma) es una vía para escaper del mundo y permanecer un tiempo en la región del paraíso. Para nadie es un sectreto que la infancia y la adolescencia son los edenes del recuerdo del ser humano. Y Lima fue para mí –en una época muy dura- una suerte de infierno, pero también fue la experiencia del amor y la belleza.  Buena parte de mi poesía tiene que ver con la ciudad de Lima, o con el habla de la gente en las esquinas de ella –por ejemplo después de la medianoche- como ocurre en mi libro Symbol.

16)  Cómo fue la relación con la música y el cine, pues vemos que mucha de su poesía hace alusión a estos elementos como referentes.

 La música y el cine –las artes en general- siempre han sido elementos fundamentales de mi visión poética del mundo. De hecho yo hice teatro en la secundaria en Piura y soñé con hacer películas ya que durante mucho tiempo y hasta hoy he sido cinéfilo. En los 70s era fanático de Hablemos de cine revista de nivel mundial (y no exagero) que se publicaba en Lima en esa época. El llamado cine de autor – la nueva ola francesa, el free cinema inglés, la escuela de Nueva York, el nuevo cine latinoamericano de los 60s/70s, el neorrealismo italiano- tuvieron una gran influencia en nuestra generación. Lo mismo que el rock, desde sus orígenes con Elvis, los Beatles, los Rolling, y todo el movimiento hippie-psicodélico de 1967-1973 desde San Francisco hasta Lima, marcó nuestra sensibilidad poética con indeleble huella. Y tambien el punk-rock de 1977.

17)  Hoy, qué espera Roger Santivañez de la poesía. ¿Cual es el próximo paso?

 Lo espero todo y nada de la poesía. Es decir, uno no puede esperar nada de ella, e igualmente en la poesía ponemos toda nuestra esperanza. Sino no escribiríamos. Pero la poesía es libre, como el viento que pasa por las calles o por las playas y nadie sabe nada de ella. El próximo paso –naturalmente- es componer el siguiente poema.

 Orillas del río Copper, praderas de New Jersey Sur, febrero 2012.

 

Entrevista a José Luis Ayala

Por: Fausto Barragán

El texto que en breve leerán, fue motivado como parte de un proyecto a mediados del año pasado. Lamentablemente éste se vio trunco, obstaculizando la publicación de dicho material. De manera que, esta “repentina” salida, no obedece a ningún interés salvo al del entusiasmo y deseo por compartir con ustedes la primera entrevista que realicé, y sobre todo, celebrar con ello, la última publicación del autor en cuestión “El pez de oro” (2011) Edición crítica. El texto conserva su estado íntegro, con el único propósito de que logren comparar su postura, sus proyectos (algunos ya logrados), y cualquier tipo de comentario, con los que tenga en la actualidad.

La posibilidad de realizar una entrevista a José Luis Ayala, luego de darle una revisión general a su trabajo, me sobrevolaba a cada momento, pues me pareció sorprendente que tamaño investigador sea casi invisible en el medio académico. En esta oportunidad le realizo una breve entrevista, para saber un poco más sobre este escritor, su vida, obras en particular, y los proyectos que pretende abordar.

 ¿Cuándo y cómo inicia su interés por la cultura aimara?

Bueno yo nací en Huancané, que es un pueblo netamente aimara, aunque la otra parte también habla quechua. Provengo de una familia de la clase media baja. Al haber nacido allí, encontré que mi abuelo era un agricultor, y todos los fines de semana me llevaba a su pequeño predio, que se llamaba “Tumuco”, en las vacaciones de niño, y así  he aprendido a hablar aimara. He vivido con los trabajadores, con gente muy sencilla, muy trabajadora; y de ellos he escuchado mitos, cuentos y leyendas, historias, sobretodo, la historia de la sublevación de Huancané en 1923, que se llama Wancho Lima. Ese hecho  me marcó de forma absolutamente profunda.

¿Cuál fue el grado de influencia que encontró en su contexto para su futura investigación sobre el mismo?

Huancané era un pueblo lleno de gamonales, de dueños de haciendas, y todos tenían un criterio de odio a los campesinos, había un desprecio por la vida de ellos. Tuve la suerte de conocer las grandes haciendas, pues mi padre fue un administrador de una de ellas. Conocí a los pomas, a los mitanes, a los muleros; y cuando ya fui adulto, trabajé veinte años en el tributal agrario, y vi, soy testigo de la reforma agraria. Entonces mi vocación por la investigación, y fundamentalmente por la literatura andina, viene de haber sido un testigo de niño de la tragedia humana que significa ser aimara en el Perú. Entonces me he ido después orientando hacia las ciencias sociales, y hoy día pues, creo que puedo con autoridad opinar sobre el mundo aimara. Y a propósito hay tres vertientes: una vertiente digamos oficial, que viene desde el estado; una vertiente con una mentalidad colonial, que viene de algunos investigadores o de algunos periodistas; y una vertiente que viene desde el desde el fondo del pueblo aimara, que tiene otra visión del mundo.

 ¿Cómo descubre su vena poética José Luis Ayala?

Bueno, yo soy resultado de la dictadura de Odría. Mi padre era aprista, y era una persona perseguida; estuvo detenido, preso. Y encontré en la biblioteca de mi padre los poemas de Magda Portal, los poemas de Cerafín del Mar, y también poemas de anarcosindicalistas que venían a través de la Paz (Bolivia), que eran publicados en Argentina, entonces leyendo esos libros y luego cuando ya fui adolescente, y cuando fui al colegio, dije que yo también tenía un mundo que revelar, puesto que ellos habían revelado un mundo de obreros, de fábricas; y luego cuando leí a Chocano, cuando leí a Vallejo, sin ninguna formación literaria, dije “bueno, yo vengo de un mundo distinto al de ellos”, un mundo en el que el ser humano sufre más de lo que ellos creen que el ser humano que ellos revelan tienen un sufrimiento mayor. El mundo del que procedo es un mundo lacerante, negado, desconocido, y es por esa razón que he seguido esa vena, esa ruta, esa orientación. Mucha gente me decía “pero que vas a sacar haciendo literatura aimara, es una estupidez.”, pero en realidad creo que no ha sido así, porque creo haber sufrido una labor importante.

Usted me mencionó con anterioridad la oportunidad de publicar un libro sobre “el Pez de Oro”, ¿cuáles son las certezas de dicho proyecto y en qué consistiría?

Son seis libros, libros del Pez de oro, después todos sus ensayos, su narrativa, su poesía, su biografía, textos referente a “Gesta bárbara” (en Bolivia), el “Grupo Orkopata”, y El  boletín Titikaka. Entonces todos estos libros me han tomado mucho tiempo, muchos años, y ya he concluido; ahora lo que estoy haciendo es trata de publicar, tratar de encontrar editores, y espero  encontrarlos para que en breve empiecen a circular.

La cronivela es un término tomado con pinzas en la actualidad, ya sea por su carácter híbrido, como por el atrevimiento del nombre, pero, tengo entendido que Manuel Scorza con su pentalogía “la guerra silenciosa” ya comenzaba a poner las bases de dicha propuesta. ¿Cómo se diferencia su cronivela (Wancho Lima) con aquél precedente?

La cronivela es una tentativa de poder liberar a la novela de conceptos demasiado estrictos, conceptos que se han venido repitiendo durante muchos años, y poderle dar libertad, a fin de adicionarle algunos textos que puedan dársela. Efectivamente uno de los escritores que inició la “cronivela” en el Perú es Manuel Scorza, porque en Scorza aparecen textos de novela propiamente dicho, y la incrustación de textos como por ejemplo pronunciamientos, recortes de periódicos y cartas. Pero me di cuenta que trabajando el libro sobre “Wancho lima” no era posible narrar todo, sino que además, por ejemplo los informes que había escrito el obispo Cossio era mucho más hermoso, más mágico que una ficción, entonces lo que hice es incrustar en la novela esos informes y otros textos, de tal manera que no se percibe desde dónde y hasta cuándo es la crónica y la novela. 

¿Háblenos sobre lo que implica haber elaborado biografías de personajes tan desconocidos como Mariano Larico, Manuelita Sáenz, Juan Basilio Catacora Heredia, entre otros?

Bueno, todos estos personajes han estado negados en la historia del Perú. Por ejemplo el caso del Dr. Juan Basilio Catacora es pues, clamoroso. En ningún libro de historia del Perú aparece, y tampoco en ningún libro de literatura peruana aparece Alberto Mostajo; y antes de este libro no había una biografía completa de Carlos Oquendo de Amat, igual sucede con Rita Puma. En lo que se refiere específicamente a la biografía he tratado de ocuparme de los personajes más importantes y más desconocidos, de desenterrar en cierta manera, y sacarlos. Hay una frase de Ernesto More, que hablaba de la “fosa común del olvido”, entonces yo creo que esa frase es muy oportuna cuando me he orientado a rescatar personajes que estuvieron absolutamente olvidados en la historia del Perú. Espero que ahora con la contribución de estos libros, los historiadores pongan mayor atención a los personajes y puedan cambiar el curso de la historia.

A propósito del centenario de José María Arguedas, ¿cuáles son los rasgos que puede reconocer de él en su obra?

Bueno, si yo no lo hubiera conocido a Arguedas no hubiera sido lo que soy ahora. José María Arguedas llegó a Puno por ocasión de un concurso de danza y música andina puneña, y donde en la memoria, en el imaginario puneño se ha estructurado un fecha con datos falsos, que se llamaba “el centenario de la fundación española de Puno”. Llegó meses antes de su muerte, exactamente en 1968, como invitado, y ahí tuvo un comportamiento excelente, lo invitamos a mi casa varios escritores jóvenes, y ahí conseguimos que Arguedas cantara, bailara, y se puso a llorar, y nos contó “el sueño del pongo” en quechua. Ninguno de nosotros sabíamos que Arguedas estaba en trance de encontrar el revolver con el que se mató. Sin embargo más allá de esas anécdotas, la literatura peruana tiene dos vertientes muy claras: la primera empieza con Concolocorvo y continúa con Mario Vargas Llosa; y la segunda empieza con Guamán Poma y continúa con Arguedas. Son dos versiones, dos visiones del Perú absolutamente contrapuestas, irreconciliables. Creo que Arguedas en ese sentido debió haber merecido el premio nobel en su tiempo, creo que debe haber sido tratado por el estado peruano de una forma distinta, como por ejemplo México tratado a Octavio Paz y Chile a Neruda, sin la ideología que uno tenga. Creo que Arguedas sin haber recibido el premio nobel, y aun la oposición oficial del presidente García, ha recibido los más grandes actos de homenaje, de reconocimiento que se merece.

El libro que más le haya impactado de nuestro baluarte indigenista.

“Los ríos profundos”, primeramente, pero si me dieran a escoger, me quedo con “El zorro de arriba y el zorro de abajo”, por tres condiciones: primero porque es un libro experimental, segundo porque es una cronivela, y tercero porque Arguedas escribe con la vida y con la muerte. Ese es un libro fundamental en la literatura de la humanidad. Es decir, escribir “yo mañana me voy a matar”, y después comienza a escribir otros diarios, es una cosa terrible. Por eso creo que es un libro fundamental en la literatura del siglo XX, porque tiene de todo, tiene teatro, cuento, novela, poesía, testimonio, biografía, y tiene sobre todo la posibilidad de buscar una forma distinta de novelar.

En estos tiempos ¿en qué consiste la labor difusora de la cultura aimara?

Yo tengo la responsabilidad de escribir estos textos a fin de explicar desde adentro qué es lo que está sucediendo, qué ha pasado, y que es lo que puede suceder; creo que los últimos textos que he publicado de alguna manera ha servido para que las personas interesadas puedan entender, ahora, no es la única versión, yo no pretendo ser el dueño de la verdad absoluta; hay distintas maneras de ver el mundo aimara. Pero creo que los últimos acontecimientos en el Perú, ha demostrado que el estado peruano tiene que necesariamente tener un cambio de actitud frente a los aimaras, a los quechuas, y a los grupos humanos de la amazonía peruana.

Lima, 30 de Junio de 2011

Zero

Por: JulioAlberto

Después de la explosión de la vanguardia en las primeras décadas de 1900, la poesía en el Perú estuvo marcada por la aparición de dos generaciones: la del 50, salidos en su mayoría de los claustros sanmarquinos y la del 60, relacionada mayormente a la PUCP. A inicios del 70 hizo su irrupción Hora Zero, provenientes de la por entonces recientemente creada Universidad Federico Villarreal; este nuevo grupo de poetas vendría, de alguna manera, a terciar dentro del movimiento poético en Lima. Si bien Hora Zero empieza su actividad en Lima, propondrán una descentralización en el quehacer poético peruano intentando darles una mayor voz a los escritores de provincias. Antes de Hora Zero, existieron en la misma época otros grupos que se enmarcaban en alguna ideología determinada, por ejemplo tenemos a Gleba o Estación Reunida. Los “horazerianos” marcaron también un nuevo quiebre al aceptar dentro de sus filas a poetas de distintas ideologías y tonos políticos en concordancia con su afán democratizador y descentralizador. Democrático, a pesar de tener a Jorge Pimentel como principal eje rector dentro del movimiento a lo largo de su existencia; Enrique Verástegui funcionará como mediador, luego de la salida de Juan Ramírez Ruiz, en disputas que se generaron dentro del colectivo además, de ser el poeta que más atención ha recibido por parte de la crítica nacional y extranjera. Si bien la producción del movimiento (grupo Hora Zero) ha sido destacada como un intento de renovación dentro de la poesía peruana de la década del 70, la misma no ha sido objeto de un exhaustivo estudio, tan sólo ha sido mencionada en innumerables reseñas, entrevistas y artículos periodísticos, en el mejor de los casos. Hora Zero es considerado por algunos como un simple grupo de jóvenes inconformes e incendiarios capaces de renegar de toda la tradición literaria anterior, sin tener mayor mérito que ser el eco de los cambios sociales producidos por las migraciones hacia la capital. Dentro de este movimiento destacará la figura de Juan Ramírez Ruiz como fundador, junto a Jorge Pimentel. Ramírez Ruiz publicará su primer poemario Un par de vueltas por la realidad en 1971 en el que manifiesta las primeras intenciones del grupo en cuanto a romper con la tradición poética anterior, rescatando únicamente a Cesar Vallejo; y buscar representar las circunstancias en las cuales se ve sumergido el hombre. Así por medio de una búsqueda de identidad se forjará una nueva forma de poesía cuya formación identitaria, al no poder realizarse en un nivel étnico, económico y social, buscará afianzarse por intervención del cuerpo, que logra una relación directa con las circunstancias adscritas al hombre, las cuales son el ingrediente necesario para la renovación poética propuesta por Ramírez Ruiz y su grupo. El cuerpo funcionaría como la extensión y parte necesaria del acto creador que el artista deberá buscar. Se entiende al acto creador como todas las manifestaciones del poeta, ya sean en sus escritos o en cualquier acción que realice, así estas acciones deberán buscar un cambio en su medio circundante, lo cual se logrará por la mediación corporal.