En busca de teorías salvajes

Pola Oloixarac (Buenos aires, 1977) es una joven escritora y traductora argentina, que, a raíz de la publicación de su única novela Las teorías salvajes(Entropía, 2008), irrumpe en la escena narrativa argentina contemporánea. Reeditada en dos oportunidades, en Alpha Decay (Madrid) y Estruendomudo (Perú) el 2010, fue seleccionada entre “Los mejores narradores en español” por la revista Granta, ese mismo año. Actualmente trabaja en la próxima traducción de la misma, al francés, finlandés, italiano, y portugués, siendo ésta, muestra positiva de la gran acogida y expectativa suscitada desde su primera edición. El hecho de que gran parte de su trabajo se agote en el marketeo de ésta única producción, no me permite cotejarla con anteriores referentes, pero sí, evaluar cierta “propuesta”, al igual que aspectos criticables y rescatables.

Las teorías salvajes está compuesta por cinco historias ambientadas en lugares y tiempos diferentes, entre las que destacan: la pérdida de un científico holandés en tierras inhóspitas, la frecuencia con la que una militante comunista de 60 años le escribe cartas a Mao, y curiosos rituales de iniciación en comunidades nativas africanas, pero principalmente, son dos las historias que sostienen esta novela: la vida extravagante de la pequeña Kamtchowsky, y la obsesiva fijación de una estudiante de la facultad de filosofía en su profesor. Son estas dos mujeres las que llevarán la posta de la narración, haciendo partícipe al lector de una particular concepción del entorno que las rodea.

En el primer caso tenemos a la hija del matrimonio Kamtchowsky, quien está a la constante búsqueda de experiencias nuevas, de responder preguntas sobre sí misma, de explorar no sólo su cuerpo, si no los retorcidos meollos de su excéntrica personalidad. Como también está la “estudiante de filosofía”, quien no destaca por un nombre curioso -es más, carece de uno-, sino por la extraña fijación con su profesor, Augusto García Roxler, investigador que revoluciona el ambiente académico con su teoría de las transmisiones yoicas, siendo ésta, un elemento recurrente e imprescindible para el entendimiento de la novela, al actuar como eslabón de todas las historias presentes.

En el despliegue de los acontecimientos existe un aspecto -quizá no tan relevante- que quisiera señalar: la discontinuidad en la sucesión de capítulos y apartados, por ejemplo, cuando continúa la misma historia en tres apartados seguidos, si bien no encuentra justificación en la estructura de la historia, podría tenerla en el mismo capricho del narrador; no se deja entrever. Otro aspecto es el exagerado uso de cursivas, que podrían comprenderse en palabras como en ingles, francés u otros idiomas, pero no en simples palabras como: explorando, control, Montaña, retorcía, entre otras; es más, ni siquiera se las puede dejar en manos de sus contextos, pues ni ellos mismos explican dicha naturaleza: es como si, absortos, estuvieran obligados a responder por tales ligerezas. Similar impresión deja el intento de convertir la novela en un catálogo enciclopédico, reuniendo a los personajes más influyentes no sólo de la cultura latinoamericana, sino mundial del siglo XX (Marx, Bacón, Leibniz, Freud, Cortázar, entre otros.), retardando con pausas innecesarias -en algunos casos- el devenir de la historia.

Por otra lado, la rigurosidad y destreza del lenguaje, como también, la personalidad que imprime ese atrevido discurso femenino en la voz de una pequeña argentina de clase media, rescatan a la novela de ser un fracaso, pues, si bien no es una gran historia, la manera cómo aborda a los personajes, articula las –aparentemente- disímiles historias bajo un mismo patrón, y por último, divierte al lector con un estilo narrativo peculiar:

“Dada la repetición uniformemente acelerada de centímetros avanzando dentro de ella, estocadas a los largo de una línea recta (glande (G) = vector de fuerza) la operatoria dejaría a Kamtchowsky estrolada contra la pared, con la cabeza perforada a lo largo del eje horizontal (la abscisa).”(pág. 29)

La constante comparación de los personajes y las características que se desprenden de ellos, con animales en general, da la apariencia de que la novela es una continua evaluación y descripción científica de los mismos:

“Mati era gordito, tenía una boca bembona y ojos saltones, como escarabajos lelos; en un par de años cuando pegara el estirón, los ojos se la separarían hacia los costados de la cara, acentuando el índice de renacuajo potencial que ya croaba suavemente en su interior.” (pág. 28-29)

Así como reflexiones por parte del narrador, en un intento de definir no sólo las nimias sensaciones propias de la curiosidad de sus personajes:

“la noción abstracta del placer se presentaba como la sección de pensamiento contigua al accionar del estrógeno y la testosterona del cuerpo, evidente en la acumulación de grasa bajo las nalgas, el busto en las chicas, y el llenado de las bolsitas escrútales de los varones” (pág. 40)

Sino sobre su complicada e indefinida condición existencial:

“la transformación de las observaciones iniciáticas en sistemas iniciales implica la transformación activa de los pequeños “sujetos sujetados” en el buceo de sus propios pasados.”(pág. 30)

Como mencioné, definitivamente no es la “La novela”, lo cual no implica que debiera pasar desapercibida, pues, superando las ocasionales impresiones señaladas, me parece una novela divertida, provista de un lenguaje técnico, ágil, locuaz, y sobretodo, gestora de una original propuesta estética, que si bien no logra desarrollarse del todo, presenta en esta novela, un bosquejo nada despreciable. Es que, La teorías salvajes no sólo muestra diversas vidas que giran entorno a teorías, las cuales -sean existentes o creadas-, intentan dar soluciones a un ritmo vida constante de autodescubrimiento y experimentación, demostrando que ellas no sólo quedan en el papel, o como su mismo estado acusa, en la “teoría”, sino, que sea la herramienta perfecta para darle sentido a una.