La incomodidad de volar

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A veces el orgullo es lo único que nos queda para encarar el día a día, para ver a las personas a los ojos, y para convencernos de que aún somos especiales. Pocas proezas muchas veces nos definen para siempre posando su enorme mano sobre el resto de cosas que hicimos diferente, borrándolas de la memoria de todos. Nos quedamos encerrados en los años dorados del pasado, evitando salir por temor a que la nueva realidad despeine el bello recuerdo atesorado con celo (enfermizo en algunos casos) por nosotros. Pero ella vendrá con fuerza, insolente, llevándose todo lo que encuentre a su paso por delante. Es inevitable.

Y así como existen quienes desean conservar para siempre imágenes o momentos especiales, algunos están dispuestos a luchar contra aquella sombra omnipotente a pesar de todo, cueste lo que cueste. Mas pocos saben que solo tendrán éxito quienes se enfrenten a ella con el corazón, sin miedo a perder lo que tanto se demoró en construir, y decidan empezar desde los escombros con auténtica tenacidad; aunque si existe una voz interior recordando el fracaso al que se estaría irremediablemente ligado, puede complicarse de manera considerable esta hazaña, como en el dramático caso de Riggan Thompson:

“Érase una vez un actor, Riggan Thompson, que en tiempos pasados llenos de lujo y fama, por interpretar un personaje que lo volvería inolvidable, olvidó a quienes realmente importaban: su familia. El nombre de este personaje: Birdman. Riggan vivía atado a él por temor a crecer y ver más allá. Pero un día se dio cuenta de que podía hacer algo distinto con su vida, algo auténtico, que lo llenara de satisfacción, y lo hizo: una obra de teatro, basada en un clásico, con un verdadero sentido de la actuación, del arte con todas sus letras. Mas ¿quién la vería? ¿El mismo público joven que le reclama vestir el traje de pájaro nuevamente y salvar a la ciudad? ¿La misma generación de adultos, su público, que aún conservan esas películas  en anaqueles solo porque en ellas ven también sus años juveniles? Esas incógnitas lo llegaron a preocupar en un comienzo, pero…”

Birdman (2014) película dirigida por Alejandro Iñárritu, nos dará un duro golpe a través de la vida de un actor interpretado por Michael Keaton quien tendrá que arriesgarlo todo, si es posible hasta su propia vida en la ficción, para prevalecer en la realidad, y darse cuenta, si lo que hizo años atrás valió realmente la pena.

El teatro en La gaviota de Chéjov

Por: César Espino

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Mucho se ha hablado de Chéjov, específicamente de su narrativa, pero muy poco se ha dicho de su teatro. Muy aparte de reconocerlo como un maestro de los relatos cortos, es necesario explorar su imagen de dramaturgo. Lamentablemente en un primer momento no tuvo el privilegio de gozar de fama y elogios por parte del público, todo lo contrario, fue un fracaso total y sobre todo, al momento de estrenarse La gaviota (1896).

Aparte de ver temas recurrentes como el amor, el desamor, el fracaso, el éxito, etc., se maneja un mundo teatral de la vida misma. Es decir, para Chéjov la vida es como el teatro en donde nada debe hacerse sin gracia, sin forzar la voz, donde hay que expresar de manera natural el dolor y los sentimientos, asumiendo todos los pesares como una carga instintiva de la vida. Por eso Chéjov ha descrito un mundo triste y apagado[1].

Partiendo de la obra teatral La gaviota, el autor nos expone una vida de fracasos que nos lleva al exterminio de nuestra existencia. ¿No es así también el mundo en que vivimos?. Centrándonos en Trepliov y Trigorin. El primero es hijo de Arkádina, que se encuentra enamorado de Nina. Vive en un mundo lleno de fracasos por la incomprensión hacia sus proyectos teatrales. Muchos no lo entienden, hasta su madre siente que su hijo no tiene esa perseverancia que lo haga prevalecer, ella lo hace sentir como una persona decadente. Más adelante, él llega a suicidarse. El segundo, es un literato que goza de fama, pero al ver su realidad hace que no le interese el éxito. Lo único que lo hace diferente de Trepliov, es que goza de inspiración, o diciéndolo de las propias palabras de Trigorin: Al escribir, experimento una sensación agradable. (pp. 33). Esto es algo que Chéjov recomienda a los dramaturgos o a los que se dedican a la literatura.

Cuando uno lee La gaviota, se va dando cuenta que los temas teatrales, al transcurrir la obra, adoptan un aspecto pedagógico hacia los futuros dramaturgos. Entre Arkádina, Trepliov, Nina y Trigorin se forma una esfera teatral, y los demás personajes actúan de público que los valora. Estos cuatro personajes se presentan como dicotomías. Los femeninos son actrices que por un lado, una es consagrada (Arkádina) y la otra está emergiendo (Nina). En los masculinos Trigorin y Trepliov tornan a representar lo clásico y lo no clásico, respectivamente.

La imagen de Trepliov nos resulta muy cercana a la de Chéjov, puesto que estas ideas son las que el dramaturgo ruso quiso expresar en su teatro al momento de montarlas en escena. Fue muy difícil que el público lo aceptase, puesto que ellos aún tenían en mente el teatro con ideas clásicas(2), la cual no se llegó a compatibilizar con las innovaciones que Chéjov quería dar a relucir. Lo bueno fue que Stanislavsky  y Nemirovich-Danchenko, dan un salto con La gaviota que se estrena el 29 de diciembre de 1898[3], produciendo una serie de loas por parte de los espectadores que enloquecieron por ver una obra netamente crucial en la historia de Rusia. Stanislavsky había pronunciado las siguientes palabras:

Nuestro proyecto era la revolución. Nosotros protestábamos contra las             viejas formas de actuación, contra la falsa teatralidad, contra el falso énfasis de la declamación, contra las insensatas convenciones de los decorados, contra los “primeros” actores que desequilibraban el conjunto, contra el frívolo repertorio de los restantes teatros.

En conclusión, dejar a Chéjov como una imagen sólo de cuentista, ensayista, novelista es permanecer en lo ceñido y mezquino. Él transgrede los límites, va más allá del sentimiento y del entendimiento humano, mueve el mundo teatral con innovaciones que hay que saber aprovechar. El teatro no sólo es euforia y aplausos, es toda una vida por delante.


[1] Parte del prólogo de Enrique Llovet.

[2] Por el siglo XVII y XVIII, el teatro ruso era empleado como herramienta pedagógica en las Escuelas Clericales, aparte que en su mayoría los actores no eran rusos.

[3] Stanislavsky realizó el papel de Trigorin y Meyerhold en el de Trepliov.

Bibliografía:

-Chéjov, Antón. La gaviota – El jardín de los cerezos. Editorial Planeta. 2000. Lima.

Superhéroes y fantasmas de la Modernidad *

Por: Shéridan Medina

 

 

imagesCésar De María es autor y director de teatro desde la década de los 70’s. A ganado en 1978 el “Premio Nacional de Obras de Corto Reparto” convocado por el TUSM y CELCIT PERU, ha recibido premios y menciones en concursos de teatro y narración, entre ellos, un accésit en el “Tirso de Molina” (1992) y el primer premio del “Hermanos Machado” (1995). Entre sus publicaciones están Salidas de emergencia: El ultimo barco y Superpopper (2007), Kamikaze o la historia del Cobarde Japonés (1999), Teatro: A ver un aplauso!, Escorpiones mirando al cielo, La caja negra (1995).

 
Super Popper es un héroe de historieta que habita en dentro la mente de Brunella (una joven que asesinó a sus padres adoptivos) y que a través de ello, fue internada en un manicomio de niños. Pero, cuando conoce a Joe, el chico de la limpieza, ella lo confundirá con su personaje de ficción. Y éste, con la intención de velar por su seguridad, asumirá el papel del mentado superhéroe para buscar venganza. Mientras tanto, en el manicomio, los internos planean una fuga, incrementándose los niveles de violencia, al igual que las alucinaciones de la protagonista, y con ello, de la historia en general, presentándose así un completo mundo al revés.

En el aspecto formal, la obra es señalada por el paratexto como “tragicómic”, esto porque la caracterización de varios personajes corresponde a- valga la redundancia- personajes de cómic. No cuenta con los clásicos actos ni escenas, todo transcurre sin las habituales  pausas a las que se predispone el lector con una texto dramático. La narración es lineal, con intervenciones pertinentes que indican ciertos giros de escenario, acción o tiempo. Por otro lado, es elogiable el lirismo de los diálogos, la fuerza ilocutiva de los monólogos y la atmosfera lúgubre que se logra gracias a la locura con que se tiñen los episodiso.

Lo que se propone en el texto es una vuelta a las raíces naturales del hombre, al estado salvaje que describe, por ejemplo, Freud en El malestar de la cultura. Hay una necesidad de “limpiarse” de la locura, disfrazada de razón, de los tiempos modernos, de sustraerse de la alienación a la que la televisión, la ciencia, la religión, etc., nos han llevado.

Es capital la crítica que hace la obra de aquellos discursos y aparatos que gobiernan la civilización contemporánea, parece remitirse a lo que el psicoanálisis llama “la caída del padre” que explica como los grandes metarrelatos como Dios, la ciencia, la verdad, la razón moderna, etc., han sido relativizados hasta ser anulados. Esto se explica como que a falta de la ley del padre, que como tal regula los lazos sociales, impera la ley del superyó, que empuja a gozar al infinito, y con ella, un efecto devastador en la subjetividad de los individuos inmersos en esa sociedad.

La muerte de los personajes alegóricos y los de la fantasía del cómic no es casual, resulta de la crítica a la civilización contemporánea y culmina en la propuesta de volver a un estado de inocencia que hemos perdido en el transcurso de la historia de la cultura. En ese sentido Freud en un ensayo sobre la historia de la humanidad, El malestar en la cultura dice al respecto: “Según ella, nuestra llamada cultura llevaría gran parte de la culpa por la miseria que sufrimos, y podríamos ser mucho más felices si la abandonásemos para retornar a condiciones de vida más primitivas.” (pp.31) o cuando dice también, “(…) cualquiera que sea el sentido que se dé al concepto de cultura – es innegable que todos los recursos con los cuales intentamos defendernos contra los sufrimientos amenazantes proceden de esa cultura.” (pp.31).

En el texto, el mundo contemporáneo parece insoportablemente inefable, como para ser representado por personajes reales, adultos, en lugares y situaciones concretas y se sirve de metáforas, alegorías y espacios surreales para expresarlo en su real magnitud, como el mismo autor diría: “Es que la realidad es inasumible para muchos, y es reelaborada para soportarla.” La crítica se sirve de alegorías para representar al mundo contemporáneo, sumido en el caos y en la alienación propia de la posmodernidad, y contrastarlas con los personajes del mundo del manicomio, en el que el goce y la sinrazón imperan. Ambos mundos se confrontan y luchan por ganar el control sobre el otro, sin embargo, al final, se sugiere la victoria del héroe de cómic, quien ajusticia y asecha en el mundo real.

Superpoper es una obra de niños, para niños que habitan en hombres. Sus protagonistas son encerrados por su locura pero, curiosamente, en la obra, quienes más locos parecen estar son los de afuera. *

 

 

 

* Proviene de un trabajo mayor titulado Superhéroes y fantasmas de la Modernidad: la critica a la civilizacion contemporanea en super popper. De la misma autora.

* Bibliografía básica (textos citados):

-Freud, Sigmund El malestar en la cultura Madrid alianza editorial
1999

-De María, Cesar Salidas de emergencia: El último barco /Superpopper Lima, Edit. Sol central de proyectos
2007

-Touraine, Alain Crítica de la modernidad Edit.Fondo de Cultura Económica. Buenos aires, 1995.