Una esperanza para el género: “Te sigue”

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A pesar de haberme ganado serias críticas por mi defensa a esta película, debo hacer pública mi satisfacción por haber sido parte de esta inusual y sobrecogedora propuesta cinematográfica. El film se titula It Follow (2014) de David Robert Mitchell, y plantea, de forma general, la angustia de una adolescente que, acompañada de sus jóvenes amigos, deberá pagar las consecuencias por formar parte de una abstrusa “tradición”, que se podría resumir en la promiscuidad. ¿Por qué me agrada? No solo por el sentimiento de incertidumbre en cada pasillo, corredor o cualquier espacio (abierto y cerrado) por el que la protagonista logre transitar; tampoco por la sensación de persecución a la que el espectador es sometido; sino, la destaco, por los perturbadores recursos visuales que ofrece. Así, es una película que brinda una interesante (sin pendejadas eufemistas) opción de llevar el terror a otro nivel. El juego de cámaras y el distanciamiento marcado, a partir de los personajes, arrastran al espectador, marcando en él como consigna única: mantenerse en constante movimiento.  Sí, lejos del “gore”, de  mutilaciones gratuitas (herencia ochentera), que más que aterrarnos robustecen nuestra insensibilidad, o del típico y ensordecedor “screamer”, esta película nos presenta en bandeja al antagonista, asesino, demonio, malo (como desees llamarlo), dejándonos el resto por nuestra propia cuenta.

Recomendable

¿TENEMOS TERROR CLÁSICO?

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Esta mañana, mientras viajaba en el Metropolitano, pude leer el periódico de una persona que, indiferente, le daba una rápida revisión. En él, un titular me interesó de sobre manera, y más aún, al cotejarlo con la imagen que lo acompañaba: Milene Vásquez (una de las meretrices de Mañana te cuento). Pero, en resumidas cuentas, ¿cómo bautizaron el bendito artículo? “HEMOS DECIDIDO VOLVER AL TERROR CLÁSICO”. Como es obvio, intenté recordar con qué fin se relacionaba a esta actriz con el género del terror o, por último, cuál era la naturaleza de sus comentarios, hasta que lo vi, en la bajada del texto: Cementerio General 2. Entonces, en ese preciso momento, todo adquirió un atroz sentido. La entrevista se dio en el contexto del estreno o rodaje (no lo sé con seguridad) de la secuela de Cementerio General. Es por esa razón que me pregunté ¿De qué carajos habla? Es decir, al mencionar la palabra “volver”, asumo de inmediato que ella considera que existió un viraje precedente tomado por otros directores dentro del mundo cinematográfico del terror. Pero, ello implicaba un detalle que probablemente Milene no advirtió: no tenemos más de una (siendo generosos) película de ese género, parida en nuestra capital, que dicho sea de paso, es la misma en la que ella participó. Entonces, a qué acepción (si es que presenta más de una) se refiere con “volver”, es un misterio. Por otro lado, siendo concesivos con la naturaleza de la respuesta, asumamos que no se refiere a su película, sino a la expectativa que ella le produce; solo como apreciación. Con mayor razón habría que preguntarle qué entiende por “terror clásico”. Sinceramente espero equivocarme con este comentario prejuicioso y que sus respuestas a esta eventual pregunta sean The Texas Chainsaw Masacre,  Suspiria, Hellraiser, Pesadilla en la calle Elm, hasta Rec, entre otras de la misma índole. Sinceramente no vi la precuela protagonista de este jodido texto, pero sí vi el tráiler en el cine, y déjenme decirles que deseaba hundirme en el asiento y desaparecer por la vergüenza ajena que provocaron en mí esas cámaras imprecisas, gritos gratuitos, y en general, todo su hedor a incipiencia. Lo hecho, hecho está, es cierto, no puedo revertir que esta cinta sea uno de los precedentes del cine de terror de mi país, pero sí, cruzar los dedos para que pronto lleguen producciones decentes que sepulten de una vez por todas en su maldito panteón a esta película que, estoy casi seguro, lamentablemente daré de qué hablar.

Tu herencia: mis pesadillas

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Fuiste responsable de las pesadillas de toda una generación, aunque me atrevería a decir que de muchos más. Padre de emblemáticos personajes que morarán en la calidez de nuestros miedos más profundos y desconocidos; todos, casi lo tendré por seguro, llevarán probablemente los rostros de tus vástagos, aquellos que te posicionaron como uno de los más respetados del género cinematográfico del terror. Es casi seguro que muchos te recordarán por pocos trabajos en particular, masivos claro, pero aun así, pocos; me refiero a casos como A Nightmare on Elm Street y Scream. Pero sé que nos deleitaste con más. Desde la primera vez que apostaste por los miedos inmanentes al hombre, partiendo de los tuyos, trazaste una clara línea que solo grandes monstruos del terror, tales como J. Carpenter y D. Cronenberg, pudieron igualar. De hecho, por esa abominable empatía los llegaron a bautizar como “La tres C” del cine de terror. A pesar de que los tres presenten un talento único en el juego insano de las tensiones y suspenso ajenas, debo confesar que tú siempre gozaste de mi predilección. Asimismo, me da gusto haber conocido el resto de tus trabajos, ajenos a los antes mencionados, y no verlos “luego de” este triste (para mí) momento: The Last House on the Left, The Hills Have Eyes (vista recién hace unas semanas), The Twilight Zone, la devastadora The Serpent and the Rainbow, y mi favorita (recuerdo de infancia) The People Under the Stairs, etc. Siempre los recordaré. No obstante, por más que me esfuerce por mantenerlos separados, me es imposible hablar de ti sin mencionar esas calderas humeantes, los sonidos de las gotas impactando el suelo mojado, los gritos de jóvenes perdidos en la oscuridad, y sobre todo, a ese extraño personaje salido de tus pesadillas, ese que llevaba un sombrero café, un suéter verde con rojo, notoriamente gastado, y la cara quemada. A pesar de que fuiste responsable de muchas noches sin dormir, debo agradecerte porque hayan llevado tu estilo.

Descansa en paz Wes Craven

(Este orden de película traducidas es arbitrario)

Pesadilla en la calle Elm (1984)

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Las colinas tiene ojos (1977)

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La serpiente y el arco íris (1988)

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El sótano del miedo (1991)

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Scream (1996)

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La última casa a la izquierda (1972)

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Mejor por TCM

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Una de las cosas positivas que pude sacar luego de una hora y media de inversión, atado a una butaca de cine, fue la salida de esta modorra escritural en la que estuve sumido por más de un mes. ¿Y a qué película debo agradecerle este favor? Sinceramente, a una que no me esperaba que me obligara a ello, y no necesariamente por su excelente calidad o lo interesante de su propuesta, sino por todo lo contrario: Poltergeist. Confieso que soy un irremediable escéptico del cine de terror contemporáneo (salvo por rarísimas excepciones), y que desconfío de toda propuesta de reciclar el viejo cine en la actualidad, pero en esta oportunidad, muy contradictorio a mi fascinación por la película original, que hubiera servido como argumento suficiente para evitar verla, no tuve las fuerzas necesarias para impedirlo. Y ¿cuál fue el resultado? El peor tributo que se le pueda realizar a un clásico del cine de terror. La imperdonable falta de respeto, síntoma de la miseria creativa de directores y productores en la actualidad, ya no sigue en cartelera. Es que este mamarracho de remake no tiene nada, nada, en lo absoluto, que ofrecer. No sé de dónde sacaron a ese señor alcohólico que fungía como padre; a esa joven despistada que, en su única oportunidad por demostrar estar a la altura de JoBeth Williams (ver la escena cuando entabla conversación con su hija luego del accidente), lo arruinó; a los hijos, con los que sinceramente no supe por momentos qué tipo de película era; y a un equipo de especialistas en lo paranormal que parecía una versión sin gracia de los tres chiflados (sí, el remake). La película dirigida en esta oportunidad por Gil Kenan, no arriesga en lo absoluto, todo lo contrario, decide continuar míseramente la flaca tradición del cine de “terror” del nuevo siglo. Esa es mi impresión de lo que fue para mí esta película, lo que por el contrario, me lleva a preguntarme por la razón del “susto” del resto de los asistentes la noche que vi esa película. ¿Será una reacción propia de los “screamers” que plagan ese enclenque “remake”? Pues de no ser así, sinceramente no comprendo de qué se asustaron aquella noche. Asimismo, he llegado a considerar que el que podría estar mal sería yo, al esperar más de una propuesta que, consciente de estar inmersa en la cultura “hiperartificial” contemporánea (cagada), es sincera con nosotros y nos entrega esta clase de basura cinematográfica. En resumen, si aún no la has visto y tienes la mala suerte de verla aún en cartelera: ¡NO LA VEAS!

Mejor véanla por TCM.

Uno de nosotros!!!

índiceDirigida por Tod Browning en el año 1932, Freaks irrumpe en la escena cinematográfica de forma polémica, plasmado en el rechazo y pronto olvido. Pero como siempre, los años, jueces definitivos al final de todo, le dieron un justo reconocimiento a una película, que aunque sea ubicada erróneamente bajo el género de “terror”, es considerada por la mayoría de cinéfilos como película de “culto”, que rebasa de lejos tales esquemas. No esperen ver escenas escalofriantes, o “típicas” de terror, que no las hallarán, salvo en el última escena, y eso es, hablando de lo que se consideraría como “aterradora”. Les recomiendo que vean esta película con ojos muy humanos, capaces de comprender una forma distinta y bella de convivencia de personas extraordinarias, trabajadoras, ingenuas, y sobre todo, protectoras entre sí, mediante el velo exótico de su naturaleza nómada. Dueñas de una cultura cerrada, aparentemente hostil, pero cálida y hospitalaria con aquellos a quienes decidan invitar. Si nos preguntamos el porqué del nombre de la película, podría decir al menos que no tiene nada que ver con sus aparentes protagonistas. Pero cuidado, que freaks, esos aparentes monstruos quienes esperan ver, vayan camuflados tan familiarmente, que podrían reconocerlos si solo mirasen el espejo; veremos así quiénes son los verdaderos Freaks.

Todos flotan aquí abajo

Por: Fausto Barragán.

 

 

imagesLa manera como una película puede marcarnos recae de formas distintas. Están los que se dejan atrapar por la historia, aunque muchas veces los recursos fílmicos adolezcan de las condiciones necesarias para ello, y los que van en busca más que de una gran historia, de las astucias cinematográficos del director. Es complicado situarse en uno de estos bandos, que dicho sea de paso resultan sumamente básicos, por la enorme cantidad de cineastas que transitan a su gusto por tales dominios. Pero en mi caso, que no me precio de cinéfilo (o similar calificativo) he tenido la oportunidad de ver una de las películas más ricas (incido nuevamente, para mí) después de mucho, que sentí mía desde siempre, desde el leer parte de su sinopsis, o desde el ver la simple portada. Es curioso que nos ataque tal sensación, pero estoy seguro de no ser el único.

Parte de este entusiasmo es probable que se deba a mi humilde educación como consumidor del séptimo arte, orientada específicamente a películas de terror del conocido cine “serie B”. Dentro de este grupo, creo que se encuentran las clásicas, ahora consideradas películas de “culto”, las de Wes Craven, J. Carpenter. David Cronenberg, Tommy L. Wallace, entre otros. Estas muestras, es probable que por su autenticidad, o por su falta de “animación”, producto obviamente de la época, hayan calado en mí de tal manera que, disfrutar de obras de tamaño calibre, es casi como encontrarme con partes de mí, que sin haberlas conocido antes, sé que me pertenecen.

Esa misma sensación fue la que me acompañó al ver un clásico (para muchos) del género de terror, ese que toma como ícono la figura de un personaje tétrico de por sí, sin ornamentos que lo vuelvan terrorífico, pero que al estarlo (para esta película), ha logrado perturbar seguro a más de una generación. La película de la que hablo, es nada más y nada menos que la conocida y recordada “IT”, o “ESO”, basada en la novela homónima (para variar) del maestro de terror norteamericano, Stephen King, siendo considerado también como un personaje de “culto” no solo por los seguidores de su obra sino, por los fanáticos de este tipo de películas . Es así que este payaso, se vuelve un elemento recurrente en alguna de sus novelas, apareciendo esporádicamente y ayudando a propalar la todavía existencia de su espectro en su mundo, el que al fin y al cabo importa, el mundo de la ficción.

La película IT (1990 ) dirigida por Tommy Lee Wallace, en colaboración con Stephen King (guión), le da vida a un peculiar pueblo azotado por inexplicables desgracias, las cuales presentan víctimas en común: niños. El nombre de IT o “ESO”, responde a la variada e imprecisa forma que adopta el mal en la película. En un momento puede ser una persona, un animal, etc., aunque frecuentemente tome la forma de un payaso. Es por ello que lo mencionan como “Eso”, al sentir más que cualquier materialización física, una terrible e intimidante maldad, incapaz de nombrar.

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La historia presenta como protagonistas a un grupo de niños que se hacen llamar “El club de los perdedores”, conformado por Bill, Ben, Beverlie, Richie, Eddie, Mike y Stan, objetivo del mencionado payaso, conocido también como Pennywise, quien intenta acabar con ellos a como dé lugar. Su aparición se da de forma inmediata, en la primera escena, y esto de hecho es un punto que atrae mi inquietud, al no gastarse en posibles explicaciones sobre su origen, vuelve a los espectadores testigos mudos de un problema ya iniciado, de uno más en una larga lista que esquiva todo tipo de explicación (al menos en la película), sino más bien expone una continuidad. Esto, funciona astutamente con la propuesta del director, al entrelazarse de maravilla con los saltos en el tiempo de los personajes, inicialmente niños, hasta sus respectivas versiones adultas, teniendo todos ellos como fin, acabar con ESO.

El porqué esta película me inquietó responde a condiciones que en lo personal siento carente en el cine actual, hablando del género de terror específicamente. Desde el punto de la continuidad, (véase al inicio de la película) del saber que estamos siendo testigos de un proceso mayor, que escapa a nosotros, resulta atractivo. Las desapariciones en serie bajo el mismo patrón, y la necesidad de encontrar al asesino, urge la aparición del típico detective o civil (pero con dotes innatas de agente de FBI) que logre descubrir el meollo del asunto. A esto, la historia nos sorprende al ofrecernos a un grupo de niños como los encargados de resolverlo. Desde este punto de vista, la película no es condescendiente, para nada. Si los niños son las principales víctimas, ellos mismos deben velar por su seguridad, enfrentándose con el problema cara a cara. Y es ahí donde radica su valor, que la visión predominante, que gobierna en las escenas, es la de los niños, esa, la del temor que implica luchar contra el miedo de cada uno de nosotros, el cual, está presente toda nuestra vida, por más que se comiencen a usar pantalones largos, trabajar, pagar impuestos, etc.

“El club de los perdedores”, los cambios constantes de tiempo, las terribles imágenes de terror, desarrolladas con la música e indumentaria atinadas, los mínimos detalles que nunca están de más (el caso de los aretes de plata), la trama aparentemente simple, pero envuelta de misterio, de un pasado que no logra ser disipado, y la sensación de continuidad del mal, son los elementos que más me atraen de IT. Más allá de ello, la pasión, ingenuidad, lentitud y sobre todo el factor de la “promesa”, de que pase lo que pase, si el mal (ESO) llegara a retornar, ellos no dudarían en volver para sofocarlo nueva y definitivamente;  esta promesa es la que sostiene la película, ya que se compone de los recuerdos (niños) de cada uno de estos adultos mientras se dirigen a su pueblo, lugar donde sucedieron y treinta años después vuelven a suceder las misteriosas desapariciones, predominando siempre la mirada pueril persistentemente mencionada.

La zozobra en los personajes, los lúgubres espacios dentro de sus dominios, el espíritu de lucha, la lealtad, los viajes en el tiempo, y todo bajo la sonriente mueca de Pennywise, estoy seguro que superan las un poco más de tres horas que dura esta joya cinematográfica. Los transportará a un espacio auténtico, del mismo corte que los de pesadilla en la calle Elm, o los tétricos parajes de Cristal Lake, etc. El sentimiento de persecución y el llamamiento a terminar con una amenaza que después de treinta años vuelve a asomar como peligrosa, esperando que cada uno de los “perdedores”, esos que lejos de súper héroes o protagonistas detectivescos, logren vencer sus miedos, para no terminar como los que sí perecieron en ese intento, los que en palabras de Pennywise, “siguen flotando allí abajo”…

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La mejor estrategia contra el hostil mundo de los zombies

Por: Alberto Luna

Uno de mis subgéneros favoritos se encuentra dentro de uno de mis géneros menos preferidos, estoy hablando de las películas de zombis ubicadas dentro del rubro del terror, este último, salvo notables excepciones, me parece bastante flojo, quiero decir que es difícil sorprenderse cuando uno va a ver alguna película parametrada como tal. Así que para hoy comentaré lo que considero un verdadero aporte, desde mi punto de vista, a la temática zombi, una película que carga de frescura y le da una nueva perspectiva al ya conocido tópico de los muertos que andan por la tierra canibalizando a los que todavía quedan vivos.

Para empezar intentaré teorizar o darle un aspecto medio de ensayo procurando desarrollar un poco los temas que plantearé, inicialmente quisiera reflexionar brevemente sobre los zombis que conocemos en la actualidad. El zombi nace de una tradición vudú caribeña en la cual, mediante algún tipo de magia negra (que podría ser rastrada hasta el continente africano probablemente), se daba vida a un cadáver y se le convertía en un sirviente sin voluntad, sin embargo es a partir de la legendaria “Night of the living dead” donde los muertos andantes toman la forma que más o menos conocemos hoy, es decir como seres incontrolables con un hambre insaciable de carne humana, con el tiempo se les dotaron de algunas características extras, la más notable definitivamente fue la capacidad de correr y otras más infames como el desarrollo de emociones. Este subgénero no ha evolucionado mucho desde la época, y es aquí donde llega el punto de quiebre, me refiero a la película en la que me centraré: “Zombieland”. Hasta antes de esta película y basándome en la películas de zombis que conocía, que tampoco son escasas, aquellos que intentaban actualizar o aportar a los films de zombis se me ocurre que no estaban observando todo el panorama, sólo se concentraban en el factor principal de los mismos (sí, me refiero a los zombis), cualquier posible modificación del formato parecía ajena al resto de elementos que componen una trama zombi, como los Supervivientes por ejemplo.

¿Qué sucede en Zombieland? En la película aparecen cuatro personajes un tanto arquetípicos, el chico nerd y antisocial que logra sobreponerse a la crisis mediante un sencillo pero eficiente sistema de reglas las cuales cumple con devoción neurótica, el tipo duro y valiente que disfruta cazando zombis mientras busca un tipo de golosina y dos hermanas bandidas que usan sus habilidades como estafadoras para abrirse paso en el nuevo mundo post-apocalipsis. Lo verdaderamente importante dentro del film es la visión que tiene los guionistas y, seguramente también, el director sobre los roles que deben desempeñar los protagonistas con respecto a la idea de la supervivencia, relajando la atmósfera del mundo después del colapso social con una nada despreciable carga de hilaridad sin hacerle perder el peso característico del género. ¿Qué es lo que entendemos como supervivencia? Desde mi punto de vista el termino sugiere mantenerse al margen de la muerte, es decir, tener el sustento mínimo necesario para permanecer con vida, ya conocemos lo que representa eso en un panorama de muertos andantes: comida, agua, armas y algún lugar seguro; lo interesante deZombieland es que la supervivencia de los cuatro personajes, en determinado momento, sobrepasa la frontera de lo-mínimo-necesario y ellos comienzan a disfrutar, en la medida de lo posible y sin caer en lo ridículo, su tránsito por el nuevo orden de las cosas. La situación parece más fácil de sobrellevar cuando cambian su perspectiva, cooperando entre ellos, haciendo las cosas más lúdicas, en otras palabras se podría decir que dejan de sobrevivir y procuran continuar viviendo, sin las comodidades de un mundo normal pero haciendo lo posible para eliminar la tensión típica de la situación. Este clima es una de las cosas que más me gustan del género, pero en esta ocasión no presento ninguna queja ya que me parce perfectamente reemplazado y sostenido a lo largo del desarrollo de los acontecimientos, los personajes no se tornan inverosímiles en ningún momento y, lo más importante, es que a pesar de plantear un formato de contrariedad ante lo adverso de los acontecimientos no caen en el antipático y acartonado papel del guerrero americano tan agotado en tantos géneros diferentes.

Lo mencionado le da un matiz algo desaliñado pero agradable a la película, es éste motivo precisamente el que ha dificultado bastante el poder ponerlo un rótulo a la misma, catalogada como acción, comedia o aventura por diversas fuentes, cualquiera excepto terror.

Les dejo una de las escenas más interesantes de la película, una que trae esa combinación fantástica de música clásica y violencia, la cual nos deja un gran mensaje: “Disfruta las pequeñas cosas de la vida, aunque esto represente romper un montón de otras pequeñas cosas”.