EL CLUB DE LOS 27… HOY?

Por: Fausto Barragán
Es curioso escribir sobre muertes, o hechos funestos en general, de cualquiera que sea su calibre. Pero en lo personal, es reconfortante hacerlo de una figura que trascendió en la vida de uno. Es en este caso, que me complace escribir sobre dos de mis héores de la música, y que hasta ahora en el blog no he podido hacerlo. Estos dos, son los norteamericanos James Douglas Morrison y Lewis Brian Jones, y por si no lo sabían, un día como hoy, un 3 de julio, ambos parten de este mundo, y curiosamente, ambos envueltos en un halo de inquietudes y misterio.
Brian Jones, fue el líder fundador y máxima voz (inicialmente) de los Rolling Stones, formados en 1962. Así es, esta mítica banda que hoy cumple 50 años, tuvo su origen, como todas, pero que es producto hoy en día de una serie de controversias con respecto a su fundador. Antes que la banda tome la batuta del clásico matrimonio del rock (Jagger y Richards), la tomó Jones, y de qué manera lo hizo. Su huella no sólo está en la cantidad de mujeres con las que se metió (y de hecho, antes de ser Stoned, fue perseguido por los padres o novios de las muchachas a las que cortejaba), los abusos de alcohol y drogas, y sobre todo,  a su excéntrica personalidad. Fue el rostro en la parte inicial de la banda, y por lo tanto, el encargado de brindar entrevistas y demás. La popularidad del grupo creció a medida componían temas sexuales y desafiantes de la sociedad conservadora de su época, llenando un vacío que la estela de los Beatles no pudo llenar. Hasta fueron considerados en su tiempo como la contraparte “mala” de los 4 de Liverpool. Pero nada podría durar tanto. Su máximo aporte a la música de los Stone se puede apreciar en discos como Aftermath y Between the Buttons. Demás está decir la influencia interna y la demanda que ejercían unos incipientes, tímidos, pero hambrientos Keith y Mick, con respecto al liderazgo del grupo. Y para colmo de males, esto, coincidía con un decaimiento anímico y participativo públicamente de Jones. Se mostraba más ensimismado y despreocupado por la necesidad de figurar con la banda, preocupándose por caprichos, vanidades, y un sin fin de cosas que astutamente los Stones aprovecharon utilizándolo contra él. Quiero decir que efectivamente Jones fue expulsado con pretextos absurdos de la banda, de la banda que él creó,  llegándose a confinar a su mansión. Y bueno, una vez solo, accidental y extrañamente, tras la contratación de un fontanero para su casa, fue hallado muerto en su piscina a la mañana siguiente. Murió a los 27 años; hoy cumple 43 años de fallecido.

Jim Morrison, uno de los personajes más controversiales y famosos, recordado por todos los tiempos como uno de las caras de rock de los 60´s. Considerado también un sex symbol, siendo eso para él una de sus principales piedras en el zapato. Líder de la emblemática banda The Doors formada en L.A en 1967. Dueños de su época, y a la vez víctimas de la misma. Gozaron de mucha fama y tuvieron numerosos problemas con la policía, y ni qué hablar del exceso de alcohol y drogas; fueron unos auténticos rock stars. Pero al margen de esto, su música fue ese milagro que logró calar en su época y trascender hasta la nuestra. Es lo que se logra cuando una banda produce canciones con alma y autenticidad. Si bien su música proyecta reminiscencia en el blues y el jazz, es considerada auténtica por la forma cómo la interpretan; es la personalidad inconfundible de su sonido lo que hace que identifiquemos instantáneamente cualquiera de sus riffs. Fueron así, unos revolucionarios, una estrella fugaz, comparada con pocas bandas sucesoras, que tras intentos por parte de sus miembros (salvo Jim) por establecerse y encaminarse en el negocio musical, la desgracia, esa marca trágica pero sentenciosa, se encargaría de silenciar a su portador, acabando con el Jim Morrison mortal, y erigiendo la figura de Jimbo, el dios. Fue encontrado muerto en su habitación de hotel en el barrio Marais, de París, aparentemente por problemas cardiacos, producto del consumo de alcohol y drogas la noche anterior. Muere a los 27 años; el día de hoy cumple 41 años de fallecido.

Las puertas y el Other side

Por: Fausto Barragán

La idea a la que inmediatamente me arrastra ese título, a parte de la curiosa reflexión de W. Blake, condensada en su clásica frase “Si las puertas de la percepción quedaran depuradas todo se habría de mostrar tal cual es: infinito”, no es más que a una de mis bandas preferidas, así es, hablo de The Doors, y de todo el halo de misticismo que los acompañó. Pero en esta oportunidad, estas humildes letras no serán dedicadas a ellos, sino al libro que lleva como título parte de aquella cita, Las puertas de la percepción obra del escritor inglés Aldous Huxley, la cual fue publicada en 1954. Es en este esfuerzo por parte del autor de querer hacer partícipe al público sobre sus experiencias con alucinógenos, que termina redactando uno de los textos más interesantes en relación a los efectos de esta droga, y de los alcances reflexivos y sensitivos que se llegan a tener.

En las primeras páginas se da un breve panorama sobre los pioneros en el estudio científico del Peyot,-nombre que le dan los mexicanos al Cacto-, el cual data de finales del siglo XXI, estudiando precisamente el aditivo base de esta planta (Peyot), la mescalina, elemento recurrente y casi protagónico en el libro. Tras arrojar el contexto del estudio de dicha planta, y su afán por ser víctima de sus efectos, el autor procede a ingerir una moderada dosis de la mentada “mescalina”, desatándose así una serie de elucubraciones decoradas con imágenes psicodélicas, bellos paisajes internos, y arranques de siniestras meditaciones existenciales. Muchas de ellas, terminan siendo reveladoras, cuestionando el registro de percibir e interactuar en el mundo, motejándolo de “utilitario”, es decir, que nuestros actos, motivaciones, distracciones, y percepciones en general dependen de la utilidad que encontremos en ellas, y tales utilidades, son consecuencia de arbitrarias imposiciones heredadas a lo largo de la historia. Pero, todo esto se puede suspender mediante la experiencia –en el caso del libro- del consumo de la droga, dándoles prioridad por ejemplo a las patas de una silla, a una mosca volando, a una pequeña grieta en la pared, en vez que a un perro suelto que amenace con morder, ser testigo o estar en un incendio y no preocuparse por su seguridad, salvar a una anciana o bebé de un accidente, etc. Todo valor, condición, conciencia de “normalidad y deber” se anula. Al igual que la noción de espacio y tiempo, todo se suspendente; así, clásicas preguntas como dónde, cuándo, y cómo dejan de tener relevancia.

Las divagaciones que experimenta el autor mientras es grabado así mismo bajo los efectos de la droga, le permiten aseverar la idea de que la percepción humana, la cual rige y dosifica nuestra vida cotidiana, es manipulable, por lo que se puede reducir considerablemente su riguroso filtro. Las posibilidades de llevarlo a cabo -menciona él mismo – pueden ser de dos maneras: la primera, que consta de habilidades propias, naturales, con las que contaría cada ser humano, claro, que eso sería algo extraordinario, esa facilidad de poder captar las cosas de forma supra-natural, en su peculiaridad y generalidad, poniendo como ejemplo a la eminente figura de William Blake; y la segunda, que sería por el lado inmediato, a través de la mescalina, causando evidentes cambios sensoriales similares pero pasajeros, a diferencia del primero, que es congénito. De esto, se desprende su condición inocua en relación a la adicción que pueda acarrear, diciendo que “después de usarla, el organismo no tendrá la necesidad de repetir la dosis”. Un factor interesante también estriba en sus aseveraciones en cuanto al arte, poniendo en el tapete una suerte de dos tiempos, donde un mismo objeto (en este caso una pintura o un paisaje) es asimilado de forma distinta. En la etapa lúcida, el objeto puede ser una “simple” muestra del furor y creatividad del artista, muestra de originalidad, en el sentido de construcciones que hiperbolicen la realidad, percepción que cambia sentenciosamente bajo los efectos de la mescalina, pues se observa cuán cierto, cuán real, y cuán absoluta es, no la obra de arte, sino el objeto representado, al cotejar ambas experiencias sensitivas –la del artista (Pintura) y la de él mismo-, dándose cuenta de su gran similitud. Esto acusa en el artista cierto grado de percepción superior al de los demás, un grado superior de representar la “realidad”, claro, la que él concibe.

Este libro podría considerarse como antecedente del otro gran ejemplar, referencia inmediata en cuanto a experiencias con el peyot se trate, Las enseñanzas de don Juan (1968), por Carlos Castaneda, que asomó años después como otro representante de este tan interesante como misterioso tema: el abandono de la percepción mundana, por una revitalizante y nueva forma de no sólo concebir el exterior, sino de redefinir los soportes que constituyen la “realidad”. Es ahora que le encuentro otro sentido a la canción de The Doors “Break on through”, esa búsqueda de romper las barreras, esa búsqueda por pasar al “other side”.