La marea que viene con fuerZa

Por: Fausto Barragán

 

 

imagesLa tendencia apocalíptica ha dejado la exclusividad “ficcional” hace ya algunos años. Desde fines de los 90´s e inicios de los 00’s, la destrucción del mundo por catástrofes naturales, guerras mundiales y afines, son materia de explotación por la sociedad actual; un interesante ejemplo: el séptimo arte.  Y es así, que en pleno auge destructivo, asoma la figura de estos clásicos personajes propios del género de terror contemporáneo. Hablo de los populares “no muertos”, “muertos vivientes”, o “zombies”, a secas. Al saltar a la pantalla grande a fines de la década de los 60 con “La noche de los muertos vivientes” del héroe George Romero, han dejado una inmortal huella, moldeándose a los nuevos espacios y culturas, apareciendo de improviso, e impactando a los diferentes públicos (claro, no todas, pues existen también algunos bodrios). Es así, que sin mucha antesala, volvieron de sus tumbas, con sus jadeos, estertores y fauces hambrientas de carne humana, conquistando no solo la televisión con exitosas series, la pantalla grande con millonarias inversiones, sino también, la literatura. Es el caso del especialista del género de literatura zombie, (sí, pues el éxito de esta fiebre, ha generado más y más exponentes) Max Brooks, y su novela publicada el 2006, recientemente en boca de todos, por su homónima y taquillera película: Guerra mundial Z.

Guerra mundial Z está ambientada a inicios del nuevo milenio. Se compone por un gran número de entrevistas a los partícipes y sobrevivientes del apocalipsis zombie que asoló el mundo, confinando a los hombres a una urgida resistencia contra la amenaza. Haciendo mención a su nombre, “mundial”, el narrador astutamente logra hacer del problema, algo no exclusivo de los trillados EE.UU, sino a todo el mundo. Cada uno de los testimonios, ordenados cronológicamente por el recopilador de estos documentos “top secret” en la novela, emplaza la historia de manera que muestra un antes y después de la impronta Z en el mundo, y sobre todo, los efectos (no solo físicos) dejados a la humanidad. Estos capítulos se dividen en: Advertencias; Culpa; El gran Pánico; Frente interno: Estados Unidos; En el resto del mundo y por encima de él; Guerra total; Despedidas. Como podemos ver, no hay cabida para un final feliz; nada bueno, ni consolador le depara a la humanidad.

No hay protagonistas, eso es lo mejor. Es un recurso que ayuda a diseminar el caos. La condición de emergencia global, le suma a la verosimilitud, recalcando a ésta como “primer aspecto” presente en la novela. El lector se siente parte del conflicto al dejarse empapar por datos, reportes e incidentes registrados de una masacre que retumbó el status quo, despertando de su adormecimiento al ser humano del siglo XXI.

Los tabús sobre una eventual guerra zombie siempre han generado preguntas, por mínimas que sean. ¿Qué hacer ante un ataque zombie? En los medios de comunicación se dedicaron algunos titulares sobre entrenamientos de países ante posibles ataques zombies, simulacros escolares, civiles, entre otros. ¿Estamos preparados? Es lo que con desilusión y algo de realismo nos narra Max Brooks en los apartados que competen de lleno a la guerra. No hay salvación, no hay un resto que solucione el problema, no hay más hombres que nosotros mismos para hacerlo, es más, nos hace pensar que ¿por qué resistirnos a ello? Quizás probablemente sea un proceso natural de las cosas, quizás estemos destinados a ser reemplazados por una nueva versión de “hombres”. Es monstruoso, lo sé, pero no deja de ser sumamente interesante.

La naturalización del mal, en este caso, de los zombies en la novela de Max Brooks, ha marcado de lejos un estilo, apoyado en una visión pesimista y oscura sobre el destino que le toca atravesar al hombre, sin posibilidad de cura, sin un mañana libre de la plaga, limpio, que se pueda respirar con seguridad. De forma contundente, plantea una convivencia con ese otro, enemigo, desarrollando políticas extremas, donde unos pocos sean los elegidos de repoblar el mundo, luego del sacrificio de muchas vidas, poco servibles, al fin y al cabo para los verdaderos monstruos quienes tienen aún las riendas del mundo, siempre serán, zombies o humanos, solo cuerpos fáciles de deshacer. La condición de humanidad y los planes de emergencia dialogan cómplices, justificándose unos y cuestionándose otros. No hay espacio para pestañear y sopesar la carga emocional que implica descargar una bala o una estocada letal ante un otro. Esa es la dinámica de la novela, que carente de ensimismamientos arroja brevemente a sus personajes al fuego de la violencia frontal.

Es inquietante, al menos para alguien quien no es de consumir literatura de “terror”, llegar a estos mundos, plagado de seres infectados que reaccionan bajo sus más básicos impulsos. En primer lugar, si no encuentran interés, y no me refiero a la diversión por matar o ver matar a los “z”, sino a un interés por la dinámica y la relación de estos misteriosos seres con los hombres, es muy poco probable que se aventuren a disfrutar de estas algo más de cuatrocientas páginas.  También hay que informar a quienes aún conserven cierto prejuicio, que la orientación en estos tiempos sobre el tema  “zombie” ha dado vuelcos interesantes, insertándose con cierto recelo y renuencia en la sociedad actual. Pues ya no es simple morbo, o atracción exótica por la violencia, sangre, gore, despedazamientos, etc. No.

Las perspectivas que se le otorgan en la actualidad a este respetable género, cada día sorprende por su audacia y compromiso con la humanidad. Gracias a nuevas ventanas de acceso, somos capaces de reconocer aspectos peculiares de esos que están al otro lado de la trinchera en esta guerra. Así es, los mismos humanos. Lo que está en tela de juicio es ahora el carácter humano, qué implica ser humano, y cuánta humanidad es necesaria para sobrevivir a la catástrofe.

Sombras y murmullos de una Marcha silenciosa, a propósito del estreno de “Rec 3”

Por: Fausto Barragán

Max Brooks (New York, 1972) quien asoma en el mundo no sólo literario, sino ficcional, como una de las eminencias y experto en el tema que últimamente está dando de qué hablar, tanto en estrenos de películas por muchos meses esperadas, como también en la vida real (los recientemente aparecidos caníbales). Así es. Este tema sería: “el mundo Zombie”. Las diversas publicaciones de M. Brooks fueronZombie-guía de supervivencia (2003), Guerra mundial Z: Una historia oral de la guerra Zombie(2006) y Guía de supervivencia: ataques registrados (2009). Y ahora, nos sorprende con una de sus últimas entregas La marcha Zombie(2012).

Para los que gustan de las novelas detectivescas, o en el caso de este tipo de textos, la supervivencia, el atrincheramiento, la masacre y brutal carnicería, este libro, no es para ellos. Si bien La marcha Zombie está compuesto por cuatro relatos que, viéndolo de una manera entusiasta, serían cuatro posibilidades de acción al más puro estilo hollywoodense, o a las películas de culto como La noche de los muertos vivientes o El regreso de los muertes vivientes, no resulta así. Brooks apuesta por otro tipo de tensión, no por la acción de los personajes (humanos, no-vivos, etc.,) o cualquier elemento explosivo registrado en las historias. Esta tensión de la que hablo, radica en la perspectiva paisajística del caos, en la posibilidad del “y si hubiera…”, en el tiempo ido, reemplazado por un presente cruel, el cual sus personajes están obligados a respirar, y al parecer, lo hacen con una asombrosa naturalidad.

En la primera historia, El desfile hacia la extinción, vemos un panorama eclipsado por la catástrofe de la invasión zombie. Es una historia que revela a manera de diario, la travesía de los protagonistas, que curiosamente son unos turistas en la historia de la humanidad, comentando sus experiencias en diversos momentos (específicamente guerras) de la historia, y cómo es que lograron sobrevivir. Por momentos estos diálogos tienen vagas reminiscencias de Anne Rice y su Entrevista con el vampiro, que casualmente éste último (entre dos fuegos cruzados: los humanos y los zombies) no es algo ajeno en la historia.

La gran muralla, una historia de la guerra zombie, es el segundo título de los relatos aquí presentes, que instintivamente nos remite a una guerra, a trincheras, a sangre, pero para aquellos que esperan la “acción”, se topan de cara nuevamente ante un relato confesional. Esta vez, será una mujer la que nos cautive y asombre con su lúgubre testimonio de cómo llegó a formar parte de la última resistencia humana contra una infección letal que conminó a los de su especie a la desaparición. Casualmente encuentro un paralelismo entre una de estas escenas, con la de la exitosa película dirigida por Juan Carlos Fresnadillo, 28 weeks later, que a nuestros lares llegó como Exterminio 2, en la que los pocos sobrevivientes atrincherados en sus casas, logran ser rescatados en helicópteros por el ejército. Claro que en la película este acto obedece a otras circunstancias, pero sería poco fructífero para el texto explicarlas.

Steve y Fred, quizás se uno de los relatos más extraños del libro, por lo mismo, que deberíamos escatimar antes de emitir cualquier comentario, que presumo por el relato, sería negativo. Por qué me atrevo a indicar esto. Por la sencilla razón de que el narrador cambia al igual que la atmósfera. Esta vez ya no estamos ante un personaje reflexivo, sino de acción. A la vieja escuela de Chuck Norris, Steve lucha contra los zombies en una moto, portando un “sable”, y a la vez con una linda acompañante. Pero dónde se encuentra lo “a escatimar”. En que se produce un vuelco ficcional, donde el buen Steve era un personaje de una historieta que leía Fred, joven atrincherado en un reducto carente de comodidades, poco espacioso, escondido y maldiciendo constantemente su infortunio tras haber elegido un lugar así para guarecerse de los no-vivos, que esperan hambrientos su salida.

Y para culminar, Punto final, S.A, una historia de la guerra mundial Z, nos hace retornar nuevamente a ese clima post-epidémico, cuando ya la plaga explotó y se ramificó en toda la extensión terrestre. Lo curioso de este relato, estriba en su atmósfera de paz y sosiego, contrastada con la Apocalipsis paralelamente desarrollada. Pero a diferencia de los otros relatos, esta paz provendrá de la “normalización” de este mal. Quiere decir, que científicos, atrincherados en un viejo depósitos de juguetes, han encontrado la manera de controlar la plaga, dándole una oportunidad de vida, de nuevo comienzo, a los afortunados que fueron seleccionados para salvarse.

Es con estas historias que Max Brooks busca impactar al lector, otorgándole reflexivos y contemplativos paisajes dentro de la (como lo menciona) “invasión Z”. Muestra así también una flexibilidad de la atmósfera en la trama, y variedad de sensibilidad de sus personajes acorde a las circunstancias en cada historia respectivamente. Sin centrarse tanto en los errores ortográficos y de edición (voy a darle la ventaja al no haberlo leído en su idioma) M. Brooks, propone lentamente con sus sagas, construir el universo Zombie, auténtico y verosímil, que todo fanático (me incluyo) de este sobrecogedor y enigmático mundo espera.

Rec 3: Una película en la que solo su estreno fue esperado

Sinceramente me apena escribir sobre un rubro que no es el mío, pero creo necesario hacerlo esta oportunidad; compartir mi experiencia tras haber sido testigo de una de las películas que más esperé a que estuviera en nuestra cartelera. Por lo mismo que una de las pocas cosas que me llevaría a escribir sobre películas, son esos personajes, esos que más me apasionan: los Zombies.

Antes de comenzar con mi comentario respectivo, debo aclarar cuál es mi posición al respecto de las dos películas que precedieron a la misma. La primera vez que vi “Rec” (Jaume Balagueró y Paco Plaza) debo confesarlo fue en la sala de mi casa, exactamente el 25 de diciembre, con mi familia –un poco bizarro-, y menciono esto, porque aún después del paisaje antedicho, creo que fue la última vez que sentí miedo, suspenso, intriga, paranoia; caí redondo en el juego de los directores. Para empezar que la propuesta me pareció original, claro, recordando un poco a La bruja de Blair, con esta idea de una cámara absoluta, a manera de reportaje. No he visto nada similar. A parte que “Rec” fue estrenada bajo el rótulo de “falso documental”.

Al verla, para mí, fue como la consumación de algo hermoso, utópico, imposible. Siempre soñé con la existencia de estos personajes, con la idea de que en algún lugar habían existido, sea como accidente, como encubrimiento de los EE.UU, de cualquier manera. Y esta película entra de la nada, logrando gráficamente este matrimonio entre la realidad del reortaje día a día, común, simplón, y de repente una epidemia zombie, incontrolable, viral; simplemente, soberbia. Fue al verla, que sentí realizado todas las expectativas. Creo que en parte se debe a que los directores jugaron bien las cartas, eligiendo cuidadosamente el contexto menos pensado para una película de zombies en pleno siglo XXI. Así es. No apostaron por ciudades inventadas, ni por aldeas alejadas de cualquier posibilidad de rescate, ni amotinamientos en supermercados, en el que los pocos sobrevivientes disparan sádicamente a lo lejos a una turba momentáneamente contenida de no-vivos. No se complicó la vida, y apostaron por el absurdo. Sinceramente, un ejemplo de cómo la cotidianidad muchas veces puede resolver los problemas de exceso de ficción. Sin contar con la tensión desde la primera aparición de los “infectados” en la película, hasta el final. Definitivamente una buena película.

Hablando ahora de la sucesora, Rec 2 (mismos directores), lamentablemente no puedo comentar nada entusiasta de ella. En primer lugar porque rompe con la lógica de la primera. Si bien intenta parchar ese desliz con la idea de cámaras conectadas entre todos los miembros del escuadrón para-militar que ingresa a la residencia, se arruina con la historia paralela de los jóvenes que irrumpen clandestinamente en la misma, cargados solamente con su cámara digital. Otro de los elementos que le intentan sumar a la película serían: el primero, la religión, pues ya no van a ser simplemente infectados sino “demonios”; y la segunda, la posibilidad de una infección masiva (recordemos que “La niña Medeiros” bajo la apariencia de la reportera, amenazaba con salir del recinto). Eso, en lo personal me pareció tan común y de mal gusto, que ya podía adivinar una tercera parte, a lo Resident Evil, que dilapidaba ese halo de intriga y novedad para caer en la trillada “película de Zombies”.

Siguiendo esta secuencia, es casi seguro que no tendría nada que decir de esta última entrega. Pero se equivocan, tengo algunas ideas que no me permiten sepultarla por completo; la idea está media viva y muerta a la vez. En el fondo, podría ser conceptual.

Cuál es el problema de Rec 3 (Paco Plaza). Si podría celebrar algo de esta película, es el gran esfuerzo del director por evitar que caiga en un rotundo fracaso. Es que, cómo mantener un monstruo de tamaña magnitud. Cómo darle vida a algo que ni siquiera debió tener una segunda parte. Pero en fin, para bien o para mal, ya se hizo.

Creo que el hecho de la deformidad de esta película, evitó que (a mi parecer) cayera en el total absurdo. Me refiero a que esta nueva entrega de Rec, se aleja totalmente del modelo realista, para optar por la “sinceridad”: una película, pomposa, sí, pero película al fin y al cabo. Eso, en primer lugar es sacrílego para la línea que marcó Rec. Y a raíz de esta ruptura (llamada violentamente por mí “sinceridad”) de Rec 3, en relación al pacto ficcional de película de “reportaje”, las licencias que se toman en esta, se encargarán de rellenar y darle forma en lo que dure. Quiero decir que sí, esta nueva entrega cuenta con “banda sonora”; “manejo arbitrario de la imagen”, que podemos verlo en las tomas panorámicas, close up, etc.; “fragmentos de comedia” que incluso colindan con el absurdo; “inverosimilitud de los personajes”, visto en el cambio de 180 grados de lo heroína… porque sí señores, ¡tuvo heroína!; y sobre todo, el final, que es definitivamente la experiencia más catártica y sorpresiva que todo asistente a ver “Rec3”, esperaba vivir.

Son estas razones la que me obligan a sospechar de la “astucia” del director. Porque se puede ver que intenta tomar a la película de muchos lados (las ya mencionadas, líneas arriba), seguro para evitar el fracaso, o para exponer algo más, claro, mediante el pasmo del espectador. La sorpresa es lo que devino de la “sinceridad” en Rec 3; nadie esperó algo así, es seguro. Nos queda ver si el tiempo enterrará lo que pudo y (a mi parecer) debió enterrarse al comienzo, pero ahora, con esa cachetada al espectador, nada se sabe.

La mejor estrategia contra el hostil mundo de los zombies

Por: Alberto Luna

Uno de mis subgéneros favoritos se encuentra dentro de uno de mis géneros menos preferidos, estoy hablando de las películas de zombis ubicadas dentro del rubro del terror, este último, salvo notables excepciones, me parece bastante flojo, quiero decir que es difícil sorprenderse cuando uno va a ver alguna película parametrada como tal. Así que para hoy comentaré lo que considero un verdadero aporte, desde mi punto de vista, a la temática zombi, una película que carga de frescura y le da una nueva perspectiva al ya conocido tópico de los muertos que andan por la tierra canibalizando a los que todavía quedan vivos.

Para empezar intentaré teorizar o darle un aspecto medio de ensayo procurando desarrollar un poco los temas que plantearé, inicialmente quisiera reflexionar brevemente sobre los zombis que conocemos en la actualidad. El zombi nace de una tradición vudú caribeña en la cual, mediante algún tipo de magia negra (que podría ser rastrada hasta el continente africano probablemente), se daba vida a un cadáver y se le convertía en un sirviente sin voluntad, sin embargo es a partir de la legendaria “Night of the living dead” donde los muertos andantes toman la forma que más o menos conocemos hoy, es decir como seres incontrolables con un hambre insaciable de carne humana, con el tiempo se les dotaron de algunas características extras, la más notable definitivamente fue la capacidad de correr y otras más infames como el desarrollo de emociones. Este subgénero no ha evolucionado mucho desde la época, y es aquí donde llega el punto de quiebre, me refiero a la película en la que me centraré: “Zombieland”. Hasta antes de esta película y basándome en la películas de zombis que conocía, que tampoco son escasas, aquellos que intentaban actualizar o aportar a los films de zombis se me ocurre que no estaban observando todo el panorama, sólo se concentraban en el factor principal de los mismos (sí, me refiero a los zombis), cualquier posible modificación del formato parecía ajena al resto de elementos que componen una trama zombi, como los Supervivientes por ejemplo.

¿Qué sucede en Zombieland? En la película aparecen cuatro personajes un tanto arquetípicos, el chico nerd y antisocial que logra sobreponerse a la crisis mediante un sencillo pero eficiente sistema de reglas las cuales cumple con devoción neurótica, el tipo duro y valiente que disfruta cazando zombis mientras busca un tipo de golosina y dos hermanas bandidas que usan sus habilidades como estafadoras para abrirse paso en el nuevo mundo post-apocalipsis. Lo verdaderamente importante dentro del film es la visión que tiene los guionistas y, seguramente también, el director sobre los roles que deben desempeñar los protagonistas con respecto a la idea de la supervivencia, relajando la atmósfera del mundo después del colapso social con una nada despreciable carga de hilaridad sin hacerle perder el peso característico del género. ¿Qué es lo que entendemos como supervivencia? Desde mi punto de vista el termino sugiere mantenerse al margen de la muerte, es decir, tener el sustento mínimo necesario para permanecer con vida, ya conocemos lo que representa eso en un panorama de muertos andantes: comida, agua, armas y algún lugar seguro; lo interesante deZombieland es que la supervivencia de los cuatro personajes, en determinado momento, sobrepasa la frontera de lo-mínimo-necesario y ellos comienzan a disfrutar, en la medida de lo posible y sin caer en lo ridículo, su tránsito por el nuevo orden de las cosas. La situación parece más fácil de sobrellevar cuando cambian su perspectiva, cooperando entre ellos, haciendo las cosas más lúdicas, en otras palabras se podría decir que dejan de sobrevivir y procuran continuar viviendo, sin las comodidades de un mundo normal pero haciendo lo posible para eliminar la tensión típica de la situación. Este clima es una de las cosas que más me gustan del género, pero en esta ocasión no presento ninguna queja ya que me parce perfectamente reemplazado y sostenido a lo largo del desarrollo de los acontecimientos, los personajes no se tornan inverosímiles en ningún momento y, lo más importante, es que a pesar de plantear un formato de contrariedad ante lo adverso de los acontecimientos no caen en el antipático y acartonado papel del guerrero americano tan agotado en tantos géneros diferentes.

Lo mencionado le da un matiz algo desaliñado pero agradable a la película, es éste motivo precisamente el que ha dificultado bastante el poder ponerlo un rótulo a la misma, catalogada como acción, comedia o aventura por diversas fuentes, cualquiera excepto terror.

Les dejo una de las escenas más interesantes de la película, una que trae esa combinación fantástica de música clásica y violencia, la cual nos deja un gran mensaje: “Disfruta las pequeñas cosas de la vida, aunque esto represente romper un montón de otras pequeñas cosas”.