Hi, How are you?

  Recuerdo

Por: Fausto Barragán

el verano del 2009, específicamente, una noche de verano de 2009, ]cuando sentado en mi sofá -11 p.m aproximadamente-, veía en la televisión cierto comercial, el cual anunciaba que en breve daría inicio un documental. La verdad, sólo me interesó porque sabía que el protagonista era un músico, no quién específicamente, pero uno al fin y al cabo. The Devil and Daniel Johnston figuraba como título, quedé impacto, knock out para ser sincero. Muchas ideas pasaron por mi cabeza, pero como siempre, la mayoría de ellas descansaba sobre la esperanza de ver oscuros pasajes biográficos –ligados obviamente a Satán- influyentes en la producción musical del –hasta ese momento- desconocido protagonista, del cual sin pensarlo, quedaría enganchado hasta la actualidad.

Dentro de todos los rumbos que podía tomar el documental, con un rótulo tan elocuente, y atiborrado de imágenes y ambientes abrumadores, me sorprendía cada vez más la original introspección en la que era sumido como espectador; el intenso viaje a su dispersa y tenebrosa mente. Pero, dejando de lado la extrañeza causada por las vicisitudes y ocurrencias de su vida personal, el pasmo por su música, tan desgarradora como visceral, definitivamente sobrepasaba cualquier tipo de sensación. Era el espectro, la energía que irradiaban sus canciones, todas ellas, oscilantes entre la genialidad y lo absurdo, donde muchas veces al escucharlas se las toma sin atención, o se las considera por último malos chistes. Es simplemente por el hecho de que Daniel Johnston cumple con una llana y básica función: tomar una guitarra y escupir lo que lleva dentro. Sólo así es capaz de dibujar con sus torpes manos una atmósfera turbia, pesada, lerda y simple, para rápidamente cabalgar sobre las mismas, violenta e intempestivamente. En resumidas cuentas, la música de D. Johnston la defino como “intensa”.

Al igual que la melodía, oscura e intimidante, las letras rezuman una particular belleza, ingenuidad, y obsesiva proyección de una vida inocentemente trágica. La densidad en este caso se compone por un lenguaje simple, pero atrevido, tomando del aire los elementos necesarios para armar el rompecabezas de su música, y por qué no, el de su vida misma; esa que podríamos llamar “Laurie”, “Dios”, “los superhéroes de Jack Kirby”, y hasta “Gasparín”, todos, retazos de una vida construida sobre la ignorancia de vivir. Es que al escuchar su espontánea música, no sólo estamos ante un auténtico outsider, sino ante un (siempre cambiante) artista particular. Desde bombardeos fotográficos a lo Subterranean homesick blues, hasta simples y elocuentes frases trilladas, al más puro estilo Beatles, dan un sello personal a la discontinua y heterogénea trayectoria del pequeño Danny.

Parte del interés que despierta en el ambiente musical descansa en la enorme inseguridad que implica un contrato serio, por lo tanto, discos, giras, etc., -todo tipo de interés mercantil- transformando su música literalmente en una experiencia única e irrepetible. Daniel Johnston no es un rockstar -ni pretende serlo-, es un hecho, así como también lo es, la indiscutible magia que envuelve muchas de sus canciones. Es una de esas –curiosas e interesantes- estrellas fugaces, que lamentable o afortunadamente, no gozó en su tiempo de popularidad. Pero ese no parece haber sido un obstáculo, por el contrario, ayudó a impulsar y difundir su leyenda a un ecléctico público impaciente por sumergirse en sus desconcertantes sesiones acústicas. Ahora, cómo se da a conocer en el ambiente musical, bueno, no fue precisamente por su música, sino gracias a un auténtico rockstar. Kurt Cobain, principal representante de la generación X, y batuta del movimiento musical desarrollado en los 90´s conocido como Grunge, usó la portada del álbum Hi, how are you en su camiseta, en uno de sus recitales, llamando instantáneamente la atención de la prensa, y convirtiéndola así, en una de las clásicas imágenes referentes al desconocido y enigmático autor.

Mentiría si dijera que soy devoto de su actual producción, pues la verdad si no la ignoro, no me parece tan intensa, y sobretodo, tan natural como la de sus primeras apariciones. Sería interesante y definitivamente una experiencia, revisar la figura de un genio como él, quien opacado por una crónica alteración mental, sigue en pie, si no es sobre un escenario, lo es con sus clásicos y simpáticos dibujos, en los muros de algunas galerías –cada vez en aumento.

Daniel Johnston es uno de esos personajes que siempre sobrevolará mi mente, recordándome con su música, que existe un refugio, un lugar capaz de entrañar dudas, ilusiones, anhelos, y pueriles deseos, tan seguros y verdaderos, como la intensidad y honestidad con la que fueron compuestas las que serán sus memorables creaciones, y en lo personal, por las que espero sea recordado.

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