Day of the Baphomets

Omar-Rodriguez-Lopez

En la tierra de Héctor Lavoe (Bayamón, Puerto Rico), un día como hoy, 1 de septiembre, hace ya cuarenta años, nació un personaje al que le atribuyo el mismo espectro que el anterior. Una ecléctica sombra admirada por muchos y envidiada por otros, que supo estar  en el momento y lugar indicado para posicionarse hasta la fecha como uno de los genios que ha espectorado el mundo contemporáneo. Es el músico, actor, director cinematográfico, productor, y un largo etcétera., (que estoy seguro continuará medrando con el pasar de los años) más valorado por mí: Omar Rodríguez López. Dueño de una voz propia, y consecuente con su personalidad creativa, no diferencia entre las complejas y variadas actividades que componen su obra (música, cine, etc.), pues, para él, forman parte de un todo “mayor”, motivado geneimagesralmente por una inagotable catarsis terapéutica, que me arriesgaría a llamar “su vida”.  Desde los Dead Kenedys, Frida Kahlo, Fela Kuti hasta Fellini y tablas de Quija, el recipiente de influencias de Rodríguez López parece no discriminar al momento de componer; todo le sirve para crear. Perteneció principalmente a las bandas At the Drive-in, The Mars Volta, Bosnian Rainbows, al igual que desarrolló diversos proyectos independientes (tocando instrumentos o frente a la consola de edición). Dirigió, escribió y produjo las películas The Sentimental Engine Slayer y Los Chidos, así como sus propios videos musicales. Asimismo, produjo el disco de bandas como Radio Vago y Juliette and The New Romantiques. Su actual banda es Antemasque, junto a su inseparable alma gemela, Cedric Bixler Zavala. En este nuevo proyecto se aleja de la senda trazada en The Mars Volta (rock progresivo, psicodélico, experimental, etc.), para apostar por una guitarra definida, un claro bajo, y una sólida batería; en resumen, un sonido duro, nada pretencioso.

Lo mejor que podría pasar en su onomástico, a partir de este post, es que se acerquen más al resto de su trabajo, y si no lo conocen, es la ocasión perfecta para que empiecen a hacerlo.

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El día de los Bafomets

Por: Fausto Barragán

 

 

images (1)Una de las bandas que últimamente me llamó la atención, y que de seguro muchos de nosotros la hemos escuchado, o por último, hemos oído hablar de ella, es la que motiva el siguiente texto en esta oportunidad. Está conformada principalmente por un méxico-norteamericano (multi-instrumentista y compositor general de la banda), fuera de serie, un artista, un visionario, o quizás el sepulturero de música contemporánea. Trabaja en dualidad con un norteamericano (vocalista) que coincidentemente habla el español; el nombre de éste, Cedric Bixler, y el nombre del genio mentado líneas arriba, Omar Rodríguez. Claro, estoy hablando de The Mars Volta.

Esta banda se forma bajo la dictadura de Omar Rodríguez, quien compone todas las canciones por escrito (música y letra), dándoselas después a los músicos de sesión, o a los que logra contratar. ¿Es una banda convencional? Por supuesto que no. No se puede hablar de The Mars Volta como una banda con espíritu “mosquetero”, que ante todo está presente la aprobación de todos sus miembros, sus ideas y propuestas, todo, No; es una triste falacia que aunque suene increíble, les ha dado mucho resultado.


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Cuando pienso en este excepcional músico, se me viene a la mente su paisano Carlos Santana, quien liderando también a una numerosa banda, luego de pasar algunos años en EE.UU, y desarrollar sus aficiones e influencias musicales, llegó a participar en un festival a fines de los años 60 (no puedo nombrarlo pues es imposible que lo desconozcan), el cual terminaría por catapultarlos a la fama. De igual manera, The Mars Volta irrumpe en la escena musical a inicio del nuevo milenio, con un súper álbum, fuera de lo normal, escapando a las tendencias musicales del momento, creando su propio horizonte, y por lo mismo, su propio mercado dentro de la industria de la música. De tendencias eclécticas, fusionando diversos géneros, siempre resaltando las raíces latinas, pero anclando movimientos en los frenéticos y arrogantes soportes del Jazz. Toda una diversidad musical descargada a través de nuestras venas, volándonos el cerebro, desencajando la tradición “rockera” impuesta a nosotros por la fuerza.

Cada una de sus presentaciones en vivo logra electrizar, no solo por su sonido sino por la performance. Las improvisadas convulsiones de Cedrix, los arrebatos de furia de Omar -generalmente en sus primeras presentaciones-, fueron unos de los atractivos inmediatos de la banda. Es una fórmula que en lo personal considero atinada, pues es la única manera en la que podían hacerle frente a tamaña intensidad en vivo. La descarga de energía, el sudor, la psicodelia, la velocidad, y el freno abrupto se vuelven parte de un viaje que está signado a cada instante por su sello personal.

Los álbumes que componen la carrera de The Mars Volta son los siguientes: Loused in the Comatorium (2003), Frances The Mute  (2005), Amputechture  (2006), The Bedlam in Goliath  (2008), Octahedron  (2009), y Noctourniquet  (2012). Cada uno de ellos exponiendo un clima distinto, superando de lejos a sus anteriores producciones. Como carácter homogéneo de su música, podría aseverar una constante actitud iconoclasta que supera el mercado musical, y a ellos mismos. La originalidad de Omar que brota en sus composiciones, a partir de experiencias y vivencias –como él mismo lo ha mencionado- convierte a sus canciones en únicas e irrepetibles.

Si bien la música adquiere vida por sí misma, las letras son un tema aparte. No hay simples historias, hay poesía en movimiento. Las imágenes que grafican cada una de las canciones, exploran hasta el máximo el lenguaje, estirándolo al de punto de sobrepasar la idea que -de forma para nada humilde- quieren sugerir. Y todo ello deviene en la debacle entre la música y la letra. Ello puede quizás explicar el porqué de su inmarcesible éxito desde el inicio de los 2000´s; esas canciones estaban destinadas para esta generación, y ya no podían esperar más.

 
Por ello, encomiendo a los lectores que si no han tenido aún el agrado de escuchar y darle un poco de tiempo a esta no fresquita pero “nueva” banda –les aseguro que no han sido testigos de nada igual, en los últimos años, claro-, no se arrepentirán. El sonido de Omar rodríguez y su banda, les volará la cabeza, arrojándolos a los límites del buen y mal gusto musical, para volverlos a traer, una y otra vez. Eso es lo que siento cuando escucho a The Mars Volta. Y que siga la buena música.